Lección 3:
EL GOBIERNO DE LA SABIDURÍA
Textos clave y referencias:
1 Reyes 3: 16-28;
Profetas y reyes, cap. 3;
Creencias fundamentales 17, 22, 7.
Versículo para Memorizar:
“Más bien sírvanse.los unos a los otros por amor”
(Galatass 5:13).
Mensaje:
El amorde Dios nos motiva a servir a los demás con amor.
1 Reyes 3: 16-28;
Profetas y reyes, cap. 3;
Creencias fundamentales 17, 22, 7.
Versículo para Memorizar:
“Más bien sírvanse.los unos a los otros por amor”
(Galatass 5:13).
Mensaje:
El amorde Dios nos motiva a servir a los demás con amor.
¿Alguna vez has dicho, «eso no es justo», solo para escuchar a alguien contestándote «La vida no es justa»? La historia de esta semana habla acerca de cómo el siervo de Dios, el rey Salomón, gobernó con justicia; relatada desde la perspectiva de trabajadores imaginarios del palacio.
-¿Qué era todo ese alboroto esta mañana? -preguntó el cocinero al mayordomo del rey, mientras entraba a la cocina.
-¿Lo escuchaste desde acá? -le preguntó el mayordomo.
-Todos en el palacio deben de haberlo escuchado -replicó el cocinero.
-Dos mujeres estaban peleando por un bebé -dijo el mayordomo.
-¿De veras? -El cocinero sonrió entre dientes-. ¿Solo dos? Sonaba como todo un harén. ¿Qué pasaba?
-Dos mujeres se presentaron a la puerta esta mañana con un bebé, exigiendo ver al rey. Los guardias trataron de hacer que se fueran, pero yo estaba pasando y les dije a los guardias que las dejaran hablar con el oficial de entrevistas. Las llevé con el oficial de entrevistas debido a que yo iba a revisar la agenda para la próxima semana. El oficial de entrevistas tampoco quiso tratar con ellas. «No me voy a ir hasta que no vea al rey», gritó la mujer que llevaba un bebé en los brazos. Le pregunté qué era tan urgente, entonces me contó una historia asombrosa. Yo pensé, esto está perfecto. Tenemos mucha gente de Egipto aquí. Han venido para escuchar la sabiduría del rey Salomón. Observar cómo juzga en este caso podría ser una buena oportunidad para demostrarla.
-¿Y qué les pasó a esas mujeres? -interrumpió el cocinero.
-Ellas vivían juntas en la misma casa y tuvieron sus bebés con tres días de diferencia. Uno de los niños murió. Aparentemente su madre se quedó dormida y sin darse cuenta se colocó encima del bebé y lo asfixió. Ella encubrió su muerte cambiando su niño con el bebé de la otra mujer.
-¡Qué atrevimiento! -dijo el cocinero.
-Lo peor es que la madre del niño muerto insistía en que ella no había cambiado los bebés. Por supuesto, la otra madre conocía a su propio bebé. Ellas pelearon por esto durante varias horas. Consiguieron involucrar a sus vecinos, luego a las autoridades locales. Por supuesto, todos ellos tenían sus opiniones. La gente tomó partido. No pudieron llegar a ninguna conclusión que resolviera la discordia. Finalmente la verdadera madre dijo que tenían que conseguir a otra persona para que decidiera. Todos saben que el rey Salomón pidió a Dios sabiduría para gobernar con justicia. Así que las madres vinieron aquí, seguidas por sus vecinos, las autoridades y la gente que se les unió en el camino. La verdadera madre tranquilamente le contó al rey cómo había muerto el bebé de la otra mujer y que ella estaba tratando de quitarle su bebé vivo. La otra mujer lo negó todo. Chillando dijo que la verdadera madre estaba mintiendo. A la mujer no le gustó eso así que empezó a gritarle.
¿En presencia del rey? -dijo el cocinero sacudiendo la cabeza.
-Y también de sus huéspedes -replicó el mayordomo-. Ese fue el alboroto que escuchaste. Cuando las madres se tranquilizaron, ambas contaron historias convincentes. El rey Salomón escuchó atentamente todo lo que ellas tenían para decir. Finalmente, el rey habló.
- ¿Qué dijo?
- Tráiganme una espada.
- ¿Qué? -exclamó el cocinero.
- Su guardaespadas trajo la espada -continuó el mayordomo-. Esa hoja resplandecía con la luz. Yo retrocedí al pensar en lo que podría hacer. El rey Salomón miró la espada, luego miró a cada mujer. Entonces dijo: «Corten al niño vivo en dos y den la mitad a una y la otra mitad a la otra». Mi corazón dejó de latir -el mayordomo meneó la cabeza-. La madre verdadera estaba aterrada al ver que iban a cortar a su bebé por la mitad. «¡Por favor, mi señor, entréguele a ella el niño vivo! ¡No lo mate!», gritó ella. De pie a su lado, la otra madre gritó: «¡Ninguna de nosotras lo tendrá! ¡Córtenlo en dos!».
El salón se cubrió de un silencio mortal. Vi a la madre que temblaba. La cara de la otra mujer parecía como de piedra. Todas las miradas se volvieron al rey. ¿Verdaderamente lo haría? El rey señaló a la verdadera madre y dijo: «No lo maten. Entreguen el niño a esta mujer. Ella es la madre». Yo respiré profundamente y me di cuenta de que había estado conteniendo la respiración. El ministro de la corte puso el bebé en los brazos de su madre. Ella ocultó su rostro entre las ropas del bebé y comenzó a llorar. Abandonó la sala del trono agradecida al rey y alabando su justicia.
-¡Asombroso! ¡Qué hombre tan increíble! Solo espero que Dios deje algo de sabiduría para el resto de nosotros -dijo el cocinero-. ¡El rey Salomón parece tenerla toda!
Dios lo bendiga!!!
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