José y sus hermanos
Historia de José.
José fue a mostrarles a sus diez hermanos mayores
su túnica de muchos colores.
Ellos se disgustaron y dijeron:
-Papá nunca nos hizo túnicas de muchos colores.
Los hermanos estaban enojados, muy enojados,
por la túnica nueva de José.
Una noche, mientras dormía,
José tuvo un sueño, un sueño extraño.
Soñó que él y sus hermanos estaban en el campo
atando gavillas de trigo.
De repente, la gavilla de José se enderezó.
Las gavillas de sus hermanos la rodearon
y se inclinaron ante ella.
José les contó a sus hermanos el sueño extraño.
Ellos respondieron:
-¿Te has creído que nos postraremos delante de ti?
Los hermanos estaban enojados, muy enojados,
por causa del sueño de José.
Los hermanos de José se fueron a un lugar lejano
en busca de hierba fresca para las ovejas.
Habían estado afuera por largo tiempo, cuando
papá Jacob le dijo a José:
-Ve a ver si tus hermanos siguen bien
y si les va bien con las ovejas.
José se puso la túnica de muchos colores.
Se despidió de su papá,
y se despidió de su hermanito Benjamín.
Entonces empezó la larga, larga caminata.
José caminó, caminó y caminó.
Por fin, desde lo alto de una colina,
vio a sus hermanos y a los rebaños de ovejas,
acampados cerca del camino que iba hacia Egipto.
José llamó desde lejos a sus hermanos,
y agitando el brazo los saludó.
Estaba muy contento de verlos.
Pero los hermanos de José no se alegraron y dijeron:
-Aquí viene ese soñador.
Cuando se acercó lo agarraron,
le quitaron la túnica de muchos colores
y lo echaron en un pozo hondo.
José les rogaba que lo dejaran volver a casa,
pero todo fue en vano.
Se sentaron a comer y a José no le dieron
ni una migaja.
Por el polvoriento camino que conducía a Egipto,
iban unos comerciantes con sus camellos.
Los hermanos dijeron entre sí:
-Vendamos a José a estos comerciantes.
Así que sacaron a José del pozo
y lo vendieron por veinte monedas de plata.
Los comerciantes se llevaron a José.
Desde el camino, José pudo ver las colinas
donde estaba la tienda de su papá.
Allí estaba Benjamín también.
¡Oh, si pudiera estar allá con ellos!
José lloraba y lloraba y lloraba.
Pero luego dejó de llorar y dijo:
-Voy a ser fuerte.
Dios cuidará de mí.
En Egipto, los comerciantes vendieron a José
a un señor llamado Potifar.
A José le tocaba trabajar mucho.
Le dolían las piernas, le dolía la espalda,
pero hacía su trabajo lo mejor que podía.
Cuando barría el piso, limpiaba bien los rincones.
Cuando le tocaba arrancar las malezas
no dejaba ni una sola en el jardín.
Potifar le decía:
-Tú eres un buen trabajador, José.
José aprendió a hablar como la gente de Egipto.
V es tía como la gente de Egipto.
Se cortaba el cabello como la gente de Egipto.
Pero había algo que nunca, jamás,
haría José como la gente de Egipto.
La gente de Egipto oraba a un ídolo,
o a un gato, y a veces a una rana.
Pero José oraba siempre al Dios del cielo,
tal como le había enseñado su padre Jacob.
Pasaron muchos, muchos años.
José creció y llegó a ser un hombre muy sabio.
Sucedió que el rey de Egipto
estaba buscando un hombre muy sabio
para construir almacenes y llenarlos de granos.
Dijo el rey:
-¿Dónde encontraré un hombre más sabio que José?
El me construirá los almacenes
y me los llenará de granos.
Así el rey nombró a José gobernador de Egipto,
segundo después del rey.
Al pueblo de Egipto le dijo:
-Lo que diga José eso harán.
José usaba un carro lujoso
tirado por caballos de mucho brío.
Construyó los almacenes para el rey,
y llenó esos almacenes de granos.
Llegó la época de sequía.
Como no había lluvia, nada crecía.
No había granos ni para el pueblo
ni para las vacas ni para los caballos.
Todo el pueblo clamó al rey:
-¡Danos trigo o nos moriremos!
El rey respondió:
-Vayan a José; él los ayudará.
José abrió los almacenes y vendió trigo al pueblo.
Un día, José vio acercarse al almacén
donde él vendía granos,
a diez burritos cargados con sacos vacíos.
Al lado de los diez burritos venían
sus diez hermanos mayores.
Los hermanos no reconocieron a José,
pero José los reconoció.
Ellos se postraron ante José
con las caras hacia el suelo.
José se acordó del sueño de las gavillas.
José habló con sus hermanos,
pero no les dijo quién era él.
-Y el papá de ustedes, ¿está bien? -preguntó José.
-Nuestro padre está muy bien-contestaron sus hermanos.
Tenemos, además, un hermano menor en casa.
-Cuando regresen a comprar granos -les dijo José-,
traigan consigo a su hermanito también.
José llenó los sacos vacíos con el grano
y los hermanos se fueron a su casa
con sus burritos cargados.
Los hermanos volvieron para comprar más granos.
Trajeron con ellos también a Benjamín.
José se puso de pie delante de ellos
pero ellos no lo conocieron.
-Soy José-les dijo.
Benjamín estaba contento de ver a José,
pero los diez hermanos mayores tuvieron miedo.
-José nos castigará porque lo vendimos -dijeron.
Pero José les dijo:
-No tengan miedo; acérquense.
José abrazó a Benjamín y a todos sus hermanos también.
Los hermanos de José eran ahora hombres buenos.
Se habían arrepentido de lo malo que habían hecho.
José les dio a cada uno una túnica nueva.
Envió con sus hermanos muchos regalos
para Jacob, su padre.
Y mandó carros para que todos vinieran a Egipto,
donde había suficiente alimento.
Un día, José observaba el camino
cuando vio que se acercaban los carros
que él había mandado y los diez burritos
y sus hermanos con las ovejas del padre,
por el camino a Egipto.
José subió a su carro, e hizo que los caballos salieran
a todo galope para encontrarse con su familia.
Cuando Jacob vio que era José quien se acercaba,
se bajó del carro.
José también se bajó del carro en que venía
y corrió al encuentro de su padre
y lo estrechó entre sus brazos.
¡Cómo se abrazaron el padre y el hijo!
Ahora José y su padre y Benjamín
y sus diez hermanos mayores
vivirían felices en Egipto.
Dios los bendiga!!!
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