Lección 6 de Primarios - Año A - Vivos en Jesús
CAÍN Y ABEL
«El que me ama, hace caso de mi palabra» (Juan 14:23, DHH).
Misericordia: Ser amable y perdonar a alguien cuando no lo merece, cuando es inesperado o cuando tienes más poder que él. Busca formas de mostrar misericordia hacia los demás esta semana.
La lección de esta semana se basa en Génesis 4:1-15; Patriarcas y profetas, cap. 5; La historia de la redención, cap. 6; y el Comentario bíblico adventista, t. 1, pp. 250-253. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 1, pp. 83-90.
UN BEBÉ TRAE FELICIDAD
Al no poder seguir viviendo en el Edén, Adán y Eva debieron trabajar duro para construir un nuevo hogar, fabricar ropa y herramientas, una granja y una huerta. Así fueron pasando las estaciones. Cuando las hojas cayeron de los árboles por primera vez, Adán y Eva quizá sintieron una profunda tristeza una vez más. El mundo entero había cambiado a causa de sus decisiones, pero Dios seguía con ellos. Llegó la primavera y aparecieron nuevas hojas y crías de animales.
Un día, a los dos primeros seres humanos se les unió un tercero: ¡el primer bebé del mundo había nacido! Eva lo abrazó con fuerza mientras Adán contemplaba con asombro a este nuevo ser. La Biblia dice: «Los hijos son un regalo del Señor. Son una recompensa de su parte» (Salmo 127:3). Dios quería que hubiera familias en la Tierra, como esta, para mostrar su amor a los demás. ¡Cómo habrán agradecido a Dios por este regalo! Con el corazón lleno de ternura y felicidad, llamaron Caín a su dulce niño.
Pronto, el bebé Abel se unió a la familia. Los pequeños llenaron de amor la vida de sus padres mientras crecían y se hacían niños fuertes y sanos. Ayudaban a Adán y Eva en el campo y en casa. Cada uno tenía sus preferencias y personalidad. Dios los había creado, únicos, al igual que a ti. ¿Qué trabajo le gustaba hacer a cada uno? LEE GÉNESIS 4:2.
Sin duda, a ambos les encantaba escuchar las historias de sus padres. Acurrucados junto a ellos, aprendieron sobre el Jardín del Edén, el primer sábado y las conversaciones cara a cara con Dios. Aprendieron que Dios los amaba mucho y cómo corresponderle con amor.
UN RECORDATIVO DE LA PROMESA DE DIOS
Dios le enseñó a Adán algo más acerca de la maravillosa promesa, que a veces llamamos el plan de salvación, y luego Adán se lo enseñó a sus hijos. Les enseñó bien. ¡Qué triste sería si ellos tomaban una mala decisión, como él!
Enseñándoles con el ejemplo, Adán llevó a Caín y Abel para que lo ayudaran a buscar un corderito perfecto, el mejor del rebaño. Adán les explicó que este cordero era un recordatorio del Hijo de Dios, que un día vendría a la Tierra para morir por sus pecados. ¿Cómo sabemos que el cordero es un recordatorio de Jesús? LEE JUAN 1:29.
Luego, colocaron el cordero sobre un altar de piedra, mientras balaba. La familia expresó que lamentaba sus pecados y le pidió a Dios que mostrara su misericordia. Entonces llegó la parte más triste. Con lágrimas en los ojos, Adán mató al corderito. La tristeza llenó el corazón de los niños, que apartaron la mirada horrorizados. Era un recordatorio de que eran pecadores y necesitaban un Salvador.
Cayó fuego del cielo para quemar la ofrenda del corderito. Dios les daba las gracias por hacer algo tan difícil para demostrar que sabían que Jesús moriría un día por ellos. Así, la familia vio el gran amor y la misericordia de Dios. Estaban verdaderamente agradecidos.
Abel creció y se convirtió en un joven fuerte que amaba mucho a Dios. Felizmente, decidió seguir las instrucciones de Dios de sacrificar un cordero. ¿Cómo se sintió Dios ante la ofrenda de Abel? LEE GÉNESIS 4:4.
Dios amaba a Abel, y Abel amaba a Dios... Abel amaba a Dios, y Dios amaba a Abel... Era como un hermoso círculo de amor.
LAS TRISTES DECISIONES DE CAÍN
Si bien Abel creció amando y siguiendo el plan de Dios, Caín no. Dejó que el egoísmo creciera hasta que apenas quedó espacio en su corazón para Dios. En su lugar, como la mala hierba, las cosas malas echaron raíces y crecieron allí. Se irritaba con las espinas del campo, se fastidiaba con su hermano menor, se enfurecía al recordar la decisión de sus padres en el Edén. Incluso se enojaba con Dios. Entonces, un día, desobedeció obstinadamente al no llevar un cordero como ofrenda. ¿Qué llevó Caín a Dios como ofrenda? LEE GÉNESIS 4:3.
Caín consideró las instrucciones de Dios con ojos egoístas y pensó que podía hacer las cosas a su manera. Después de todo, ¿no eran suficientes para Dios los frutos del huerto que él había cultivado?
No era lo que Dios había pedido, así que no cayó fuego del cielo. Cuando el fuego consumió el cordero que Abel había ofrecido, un nudo de ira se apretó en el corazón de Caín.
Abel vio su enojo y trató de animar con calma a su hermano a que decidiera hacer lo correcto. Le recordó a Caín cómo Dios había perdonado a sus padres, cómo les había prometido salvarlos y que los sacrificios señalaban a Jesús. Abel de verdad esperaba que Caín lo escuchara, pero Caín no quiso oír.
Dios se dio cuenta de la ira de Caín y le dirigió palabras de aliento y súplica. «Serás aceptado si haces lo correcto», dijo Dios (Génesis 4:7). Con todo, Caín no se arrepintió ni escuchó.
UN DÍA MUY TRISTE
Después de decirle palabras de amor y aliento a un Caín enojado, Dios le dio una advertencia. Dios sabía que los sentimientos de ira de Caín lo estaban controlando y que él necesitaba controlarlos. De lo contrario, el pecado (los pensamientos y acciones dañinos que surgen cuando nos alejamos del camino del amor de Dios) se apoderaría de él y Caín tomaría una mala decisión. Dios le dijo a Caín: «Si te niegas a hacer lo correcto, [...] el pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte; pero tú debes dominarlo» (Génesis 4:7).
Pero Caín siguió sin escuchar. ¿Qué hizo Caín? LEE GÉNESIS 4:8.
¡Qué día tan horrible y triste! En el campo, donde nadie lo veía, Caín le hizo algo terrible a su hermano menor, su hermano inocente y querido.
Dios debió de inclinar la cabeza con tristeza. Adán y Eva lloraron desconsolados. El dolor les llegó hasta lo más profundo del corazón y los oprimía. ¡Habían perdido a su precioso hijo! Dios les había hablado de la muerte en el Jardín del Edén, pero ahora lo entendían de verdad.
En su dolor, Adán se culpaba por lo terrible que había hecho Caín. ¡Si tan solo no hubiera pecado en el jardín! ¡Si tan solo hubiera escuchado a Dios! Pero Dios no dejó a Adán solo con su dolor y su culpa, así como nunca deja solo a ninguno de sus hijos. Dios dice en su Palabra que «él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas» (Salmo 147:3).
Las decisiones airadas de Caín causaron mucho dolor, pero Dios estaba allí para consolar y sanar. Él nos ama y nos consuela cuando estamos tristes.
DIOS RESPONDE
A pesar de que nadie vio lo terrible que Caín le había hecho a su hermano allá en el campo, Dios sí lo sabía. ¿Cómo lo sabía? LEE SALMO 139:1-3.
Dios sabía lo que había en el corazón de Caín, y vio lo que Caín había hecho. Aun así, el amor de Dios podía crecer fácilmente en el corazón de Caín, si tan solo él lo hubiera permitido. Así que Dios le dio una oportunidad.
Con voz amable, Dios le preguntó: «¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está Abel?». Caín respondió enojado: «No lo sé. [...] ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?» (Génesis 4:9).
Dios estaba muy decepcionado. Caín había añadido la mentira a su lista de malas decisiones. Caín no quería un corazón nuevo; había elegido quedarse con el suyo, lleno de egoísmo.
Como Caín no admitió lo que había hecho ni pidió perdón, ahora habría consecuencias muy tristes. En primer lugar, Dios le dijo a Caín que tendría que trabajar mucho más duro para cultivar la tierra, porque allí había matado a su hermano.
Pero lo más triste era que Dios tuvo que expulsarlo de su hogar y de su familia para que vagara por la tierra. Adán y Eva lloraron al ver a su hijo alejarse. Ya no tenían a Abel, y ahora tampoco a Caín. Su corazón y su hogar se sentían vacíos, como una cueva oscura llena de tristeza.
Solo el amor de Dios podía llenar el vacío que habían dejado sus preciosos hijos.
LAS QUEJAS Y LA MISERICORDIA DE DIOS
Incluso después de lo que Caín había hecho, Dios hizo algo maravilloso por él. Dios escuchó en silencio mientras Caín se quejaba de que no era justo. Caín se quejaba de que no quería trabajar más duro en el campo, ni vagar por la tierra, ni estar oculto de la presencia de Dios. Pero más que eso, realmente no quería que alguien lo matara. Y tenía mucho miedo de que eso sucediera, pues acababa de matar a su hermano. Aun así, ni siquiera se daba cuenta de que Dios lo había enviado a vagar por la tierra para protegerlo.
¡Imagina quejarse así con Dios! Dios quiere que seamos sinceros cuando hablamos con él, pero también debemos ser respetuosos. ¿Cómo les enseñó Jesús a sus amigos a comenzar sus oraciones? LEE MATEO 6:9.
Aun después de escuchar todas esas quejas, Dios respondió con gran bondad. Puso una marca de protección sobre Caín para que no lo atacaran. Si alguien intentaba matar a Caín, sería castigado.
¡Cuán amoroso es nuestro Dios! A ese tipo especial de amor lo llamamos «misericordia», porque Dios fue bondadoso y perdonó a Caín, aunque él no se arrepintió, ni fue honesto ni respetuoso. Caín ciertamente no merecía la misericordia de Dios, pero Dios se la concedió de todos modos.
CÓMO MANEJAR EL ENOJO EN LA FAMILIA
Al igual que Caín, si dejamos que el enojo nos controle, podemos herir a los demás y a nosotros mismos. Lo que comienza con una queja puede convertirse en un comentario cruel, un grito, un portazo o algo peor. Si esto ocurre en tu familia, todos pueden sentirse muy mal. Dios quiere que nuestros hogares y nuestras familias sean felices, saludables, amorosas y seguras. La Biblia nos enseña que debemos aprender a controlar el enojo apagando las primeras llamas antes de que se convierta en un incendio. Proverbios 15:1 declara: «La respuesta apacible desvía el enojo». Además, Efesios 4:26 dice: «No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados».
Estos son algunos pasos sencillos que puedes seguir la próxima vez que alguien se enoje en tu hogar:
- Siéntense juntos. Pregúntense si todo está bien entre ustedes y respondan lo siguiente: «Cuando te sientes mal, frustrado o enojado, ¿qué es lo primero que necesitas hacer para que eso cambie?». Dejen que cada uno comparta sus pensamientos: (a) Tenemos que querer cambiar y decidir que lo que está pasando no está bien. (b) Ser egoísta es la raíz de todo. (c) No podemos cambiarnos a nosotros mismos; tenemos que pedirle a Jesús que nos ayude a cambiar. Entonces podremos pedir perdón y perdonar.
- Canten juntos una canción conocida (por ejemplo: «Dame un nuevo corazón», «Cristo me ama» o cualquier otro canto sencillo).
- Pide que todos cierren los ojos durante unos minutos, sentados, en silencio y que hablen con Dios sobre lo que hay en su corazón. (Cuando cada persona haya terminado su oración silenciosa, invítalos a decir «Amén» en voz alta).
- A continuación, reserven un momento para que cada uno pida perdón a alguien por alguna conducta o actitud que haya herido u ofendido. Esto puede llevar algún tiempo. (Tal vez sea mejor que empiece un adulto). Después de que cada uno haya pedido perdón, inviten a la otra persona a responder: «Te perdono».
- Por último, oren juntos en familia. Empezando por el mayor y terminando por el más pequeño, pídanle perdón a Dios y que llene su hogar del poder del Espíritu Santo para ser como él.
- ¡Dense un abrazo!
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Dios les bendiga!!!











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