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Primarios | Lección 2: Sanado a la distancia | 4to Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Lección 2 de Primarios - Año A Trimestre 4 - Vivos en Jesús

SANADO A LA DISTANCIA

PUEDO LLEVAR MIS PREOCUPACIONES Y DUDAS A JESÚS PORQUE ÉL SE INTERESA POR MÍ.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).
PALABRA DE LA SEMANA:
CONVENCER: Creer sin dudar que algo es verdadero o correcto. Fíjate quién llega a convencerse de quién es Jesús en la historia de esta semana.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Juan 4:46-54; El Deseado de todas las gentes, cap. 20; y el Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 920-922.
Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 7, pp. 155-158.


Domingo

UN NIÑO MUY ENFERMO

Un silencio angustioso llenaba la mansión del noble. Los siervos caminaban de puntillas y cuchicheaban entre sí. Dentro de un dormitorio, el noble tenía el rostro demacrado por la preocupación mientras miraba a su hijo enfermo. 

Si bien el noble tenía mucho dinero porque trabajaba para el rey, no podía comprar la buena salud de su querido hijo. Ningún médico ni ninguna cantidad de dinero habían podido curar al niño enfermo. Al final, los médicos se habían rendido y habían dicho que moriría, tal vez, ese mismo día. Ansiosos y desconsolados, los padres del niño permanecían a su lado. 

Entonces, una noticia sorprendente comenzó a circular por los pasillos de la mansión y llegó hasta la habitación del niño enfermo. ¿Cuál era la noticia sorprendente? Lee la primera parte de JUAN 4:46. 

El noble no sabía mucho sobre el obrador de milagros de quien hablaban los siervos, pero sus esperanzas aumentaban con cada frase que oía. Jesús podía curar sin medicinas a la gente; hablaba y las personas con discapacidades en las piernas podían caminar; tocaba a las personas tristes y estas encontraban la paz. 

El noble ideó un plan: iría a Caná y le pediría a Jesús que regresara a Capernaúm con él para que sanara a su hijo. Por lo tanto, saltó de la cama, habló de su plan y se despidió. Luego salió corriendo por la puerta y se dirigió a Caná. 

La preocupación y la profunda tristeza llevaron al noble a pedirle ayuda a Jesús. La Biblia nos anima a hacer lo mismo. Filipenses 4:6 dice: «No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho».


Lunes

VIAJAR EN BUSCA DE AYUDA

El noble caminaba de prisa hacia Caná. Conforme avanzaba, iba muy pensativo. Había oído que Jesús afirmaba ser el Mesías prometido. Creía que Jesús era un gran sanador, pero ¿era el Salvador elegido? No estaba convencido de una afirmación tan audaz. 

El noble decidió pedir el milagro antes de creer plenamente en las palabras de Jesús. Si su hijo se curaba, entonces aceptaría a Jesús como el Salvador. Fe, duda, fe, duda... El noble caminaba con ambas en su corazón, sin saber cuál prevalecería. 

¿Qué dice la Biblia acerca de creer en la palabra de Jesús? LEE ROMANOS 10:17. 

Cuando el noble llegó a Caná, se acercó a Jesús «y le rogó que se dirigiera a Capernaúm para sanar a su hijo» (Juan 4:47). Su preciado hijo estaba al borde de la muerte. 

Jesús ya sabía que el niño estaba enfermo. También sabía de la duda en el corazón del noble, porque Jesús lo sabe todo. Aun así, Jesús quería hacer algo más que sanar al niño; quería que el noble y su familia conocieran el amor de Dios y su plan para salvarlos. También quería que el noble creyera antes de recibir el milagro. Así que Jesús hizo una pausa. El noble contuvo la respiración y esperó ansioso. 

¿Qué diría Jesús? ¿Qué haría Jesús? 

Nuestro Jesús de amor comprende cuando la duda lucha con la fe en el corazón. A veces podemos sentir la tentación de decir «Si Dios responde a mi oración, entonces confiaré en él y lo amaré». Aunque Jesús comprende estos pensamientos, también sabe que seremos mucho más felices cuando acudamos a él con nuestras dudas y preocupaciones, y confiemos en él para que nuestra fe crezca. Por eso su Palabra dice: «Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón, porque él es nuestro refugio» (Salmos 62:8).


Martes

SANADO A LA DISTANCIA

El noble miró a Jesús con ojos desesperados. ¿Vendría Jesús a sanar a su hijo moribundo?

La voz de Jesús rompió el silencio: «¿Acaso nunca van a creer en mí a menos que vean señales milagrosas y maravillas?» (Juan 4:48). 

Esas palabras inesperadas impactaron al noble como un rayo de luz. Le dejaron todo claro. Se dio cuenta de que su motivo para acudir a Jesús había sido egoísta. Ahora estaba convencido de que se encontraba en presencia del Hijo de Dios, el que podía leer los pensamientos y hacer lo imposible. El que verdaderamente era el Mesías.
¿Cómo respondió a Jesús? LEE JUAN 4:49. 

Las palabras del noble ya no salían de un corazón egoísta, ¡salían con fe! Le había entregado a Jesús todas sus preocupaciones, sabiendo que Jesús se interesaba por él.
Jesús no hizo esperar más al noble. Sonrió y le dijo con ternura: «Vuelve a tu casa. ¡Tu hijo vivirá!» (Juan 4:50). 

Jesús podría haber despedido al noble por haber dudado. En cambio, le mostró con amor que necesitaba más fe y le dio la oportunidad de creer. Luego, Jesús recompensó su fe con la promesa de la sanación. 

Jesús hace lo mismo por nosotros cuando dudamos. Cuando acudimos a él, nos muestra su misericordia y obra en nuestro corazón para borrar las dudas y sustituirlas por la fe. El versículo para memorizar dice: «Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).


Miércoles

FE Y PAZ FUERTES

En la casa de Capernaúm, el niño moribundo abrió de repente los ojos y sonrió. Se estiró mientras recuperaba la fuerza en los brazos y las piernas. La fiebre había desaparecido; el cansancio había desaparecido. ¡Estaba bien! 

Mientras tanto, en Caná, el noble no podía ver que su hijo había sido sanado. No recibió ninguna llamada telefónica en la que le informaran que su hijo estaba bien, pero estaba totalmente convencido de que Jesús había hecho lo imposible y había sanado a su preciado hijo. Jesús lo había dicho, por consiguiente, él lo creía. 

La fe llenaba ahora su corazón. La preocupación, la duda y el miedo habían desaparecido. ¡Se despidió de Jesús con paz y alegría! El hombre ahora conocía la verdad de las palabras de Dios: «Benditos son los que creen sin verme» (Juan 20:29). 

Entonces, el noble hizo algo sorprendente. Aunque fácilmente podría haber bajado la colina hasta Capernaúm al anochecer, no se apresuró a volver a casa. Su nueva fe en Jesús era tan fuerte que no sintió la necesidad de regresar corriendo para comprobar el milagro. Quizá se detuvo para descansar y alabar a Dios; quizá pasó tiempo entre la multitud, escuchando y aprendiendo del Mesías en quien ahora creía. No lo sabemos, pero sin duda lo hizo con un corazón agradecido. 

La Biblia dice: «La fe demuestra la realidad de lo que esperamos; es la evidencia de las cosas que no podemos ver» (Hebreos 11:1). Cuando le entregas las preocupaciones a Jesús, puedes tener fe en que él se preocupa por ti. Puedes creer en sus promesas y decidir actuar en consecuencia.


Jueves

DE REGRESO A CASA

Mientras el noble caminaba hacia su casa en la tranquilidad de la madrugada, su corazón rebosaba de alabanza. ¡Tenía tanto que agradecer a Dios! Sabía que iba a ser el mejor de los días. 

Los siervos del noble también se habían levantado temprano para esperar a su amo. Mientras contemplaban el horizonte, lo vieron a lo lejos, en el camino. Corrieron hacia él, ansiosos por compartir la maravillosa noticia. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca como para que los oyera, gritaron: «¡Su hijo vive!» (Juan 4:51, DHH). 

El noble no se sorprendió; solo sonrió y asintió. Luego preguntó a qué hora había desaparecido la fiebre de su hijo. ¿Qué le respondieron los siervos? LEE JUAN 4:52. 

Esa era la hora exacta en que Jesús había pronunciado las maravillosas palabras: «Vete a tu casa. ¡Tu hijo vivirá!» (Juan 4:50). ¡Los siervos habían dicho exactamente lo que el noble esperaba oír! 

De alguna manera, el poder de Dios había viajado a Capernaúm como un rayo en el mismo instante en que Jesús habló en Caná. ¡Qué maravilloso! 

Filipenses 4:4 dice: «Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense!». Antes de ver con sus propios ojos que su hijo había sido sanado, el noble se había alegrado y había alabado a Dios. 

Cuando Dios sustituye nuestras dudas y preocupaciones por una fe creciente en Jesús, también podemos alabarlo por cosas que no podemos ver, como el don de la salvación, la protección y la paz que le da a nuestro corazón.


Viernes

UNA REUNIÓN MARAVILLOSA

Las palabras de los siervos, «Su hijo vive» (Juan 4:51, DHH), fueron como un regalo valioso para el feliz noble. Le alegraron el corazón mientras corría por el camino, subía los escalones y atravesaba las puertas de su mansión. 

Al encontrar a su pequeño sano y salvo, el agradecido padre lo abrazó con fuerza. Dio gracias a Dios una y otra vez por el milagro maravilloso. Luego, el noble le contó a su familia las cosas asombrosas que habían sucedido en Caná. Pronto todos supieron del milagro de la séptima hora; cómo Jesús había hablado en Caná y sanado a un niño en Capernaúm ¡exactamente al mismo tiempo! 

Las palabras del noble fluían mientras compartía su nueva fe. Contó cómo se había convencido de que Jesús era el Mesías prometido. Lo mejor de todo era que Jesús los amaba y se preocupaba por ellos. Toda la casa escuchó. ¿Cómo respondieron? Lee la última parte de JUAN 4:53. 

Muchas personas fueron bendecidas a través de la fe del noble. Él solo había pedido un milagro de sanación, pero Jesús le dio mucho más. Toda su casa ahora también creía en el amor y el poder de Jesús. La noticia del milagro se extendió por toda la ciudad, y aún más personas estaban preparadas para aceptar a Jesús y permitirle cambiar su vida.


Especial de Sábado

¡TARÁNTULA!

Las tarántulas son arañas enormes con patas largas y cuerpos peludos. Desde la punta de una pata, pasando por el cuerpo, hasta la punta de otra pata, pueden medir 25,4 centímetros (10 pulgadas). Las tarántulas son pacíficas y no muerden a los humanos a menos que se sientan amenazadas. Se alimentan de insectos y otras criaturas pequeñas, y pueden sobrevivir durante treinta años o más. 

Para defenderse de los depredadores que quieren comérselas, las tarántulas se echan hacia atrás y agitan sus patas peludas. También producen un olor horrible o se frotan el pelo del cuerpo. Si el pelo puntiagudo y dentado entra en contacto con los ojos o la piel de un depredador, le causa dolor o incluso ceguera temporal. 

Bob era un profesor que tenía una tarántula joven. A sus alumnos les encantaba tomarla. Una mañana, mientras miraba a través del cristal del terrario en el que vivía, encontró a la tarántula retorciéndose y agitándose. 

Al día siguiente, parecía fría y sin vida. Decepcionado, Bob comenzó a retirarla, pero entonces notó un movimiento detrás de una roca. ¡Era su tarántula, viva, con una nueva piel! Así fue como aprendió que las tarántulas a veces mudan la piel para poder crecer. 

Cuando acudimos a Jesús, él nos ayuda a desprendernos de nuestras dudas y preocupaciones arraigadas. Entonces nuestra fe puede crecer cada vez más, porque los cristianos no se quedan igual cuando aman a Jesús. Su comprensión de Dios crece, junto con su amor por él. 

Seamos como la tarántula y mudemos nuestra piel para que nuestra fe crezca. 

Historia adaptada de Elaine Egbert, «Tarantula», Nature in a Nutshell, Review and Herald Publishing Association, © 2003. Usada y adaptada con permiso.


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