Lección 14 de Intermediarios
CORAZONES VALIENTES
¿Te has sentido frustrado alguna vez porque te parecía que la “gente mala” estaba encargada de todo, mientras que la “gente buena” no tenía oportunidad de hacer nada? ¿Te has preguntado qué quería Dios que hicieras en tal caso? A veces Dios nos pide que esperemos, pero otras veces nos pide que actuemos por fe. En esta historia dos jóvenes sintieron el llamado de Dios para entrar en acción.
1 Samuel 14:1-23; Patriarcas y profetas, pp. 669-678
“Vamos a cruzar a la guarnición de esos paganos. Espero que el Señor nos ayude, pues para él no es difícil salvarnos, ya sea con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6).
Dios me utiliza para hacer que las cosas sucedan.
—¿Cuánto tiempo necesitamos permanecer sentados en este campamento sin hacer nada? —Jonatán, el hijo del rey, estaba frustrado.
Su padre y seiscientos soldados se encontraban acampados bajo la sombra de los árboles. Estaban deprimidos, aburridos y parecía que el mismo Rey no podía motivar a nadie. Algunos de los soldados se habían escondido entre los matorrales y en las cuevas. Lo peor de todo era que los paganos filisteos, sus enemigos, se reían de ellos porque decían que adoraban a un Dios poderoso.
Este grupo apesadumbrado que reposaba bajo los árboles apenas estaba armado con hondas, arcos y flechas. Ninguno de ellos, salvo el rey y su hijo, tenían lanzas y espadas. En cambio, los agresores y arrogantes filisteos estaban bien armados.
—Siento que tenemos que hacer algo —le dijo Jonatán a su fiel escudero—. Creo que debemos realizar un ataque secreto al campo de los filisteos. Sé que el Señor puede hacer algo poderoso y salvarnos, ya seamos muchos o pocos. Por lo menos podremos conseguir algunas armas.
—¡De acuerdo! —le dijo su fiel amigo.
Bien temprano a la mañana del siguiente día, después de orar a Dios, salieron los dos jóvenes en silencio por entre los guardias y llegaron hasta el campamento filisteo, bajando por un desfiladero que separaba los dos campamentos. Cuando llegaron a un peñasco empinado, se le ocurrió a Jonatán una idea extraña.
—¡Dejemos que nos vean los filisteos! —dijo—. Si nos desafían diciendo: “Vamos a bajar para darles su merecido”, nos escabulliremos y regresaremos. Pero si nos desafían diciendo: “Si quieren pelear, muéstrennos su valor y vengan a donde nosotros estamos”, esa será la señal que Dios nos dará para ayudarnos a obtener la victoria.
—Me parece un buen plan —concordó el escudero.
Y los dos se mostraron a los filisteos.
Uno de los centinelas de los filisteos los divisó inmediatamente.
—Miren lo que tenemos aquí, unos miedosos hebreos han salido de las cuevas donde estaban escondidos —y entonces les gritó—: Si quieren pelear, muéstrennos su valor y vengan donde nosotros estamos.
¡Ese guardia no sabía que eso era precisamente lo que planeaban hacer!
Jonatán y su escudero se sonrieron cuando escucharon la señal que estaban esperando.
—¡Vamos, ganemos esta batalla!
Treparon la peña por un sendero secreto y llegaron hasta donde estaban los filisteos y presentaron batalla. Así tomaron por sorpresa a los filisteos. Muchos de ellos comenzaron a gritar y a blandir sus espadas. En ese momento la tierra comenzó a temblar, y las rocas a moverse y sacudirse.
—Eso debe de ser que Dios se está uniendo a nosotros en la batalla en una forma poderosa —dijo Jonatán a su escudero cuando sintió el estruendo.
Todo el campamento filisteo se llenó de pánico, y los soldados comenzaron a huir mientras escuchaban el estruendo del combate. No quisieron esperar para ver lo que estaba sucediendo. Luego comenzaron a correr en todas direcciones y abandonaron el campamento.
El ruido y la confusión que provenían del campamento filisteo llamaron la atención de los vigilantes hebreos. Corrieron para informar a Saúl lo que estaba sucediendo. Saúl llamó entonces al sacerdote Ahías, y le dijo:
—Tomen rápido el arca del Señor y vean lo que debemos hacer.
Saúl debería haber hecho eso varios días antes. Ahora estaba demasiado impaciente para esperar la respuesta.
—Olvídenlo —dijo tomando la espada—, no tenemos tiempo para orar, más bien voy a pelear.
Saúl y sus soldados persiguieron a los asustados filisteos que huían del campamento. Entonces algunos de los hebreos que habían estado escondidos en las montañas y en las cuevas salieron de sus escondites cuando comprendieron que la victoria era segura, y participaron en la cruenta persecución del enemigo.
Al terminar el día, Jonatán y su escudero agradecieron a Dios por lo que había hecho por medio de ellos. Nunca pensaron, ni en lo más recóndito de sus sueños, que iban a obtener un resultado tan sorprendente. Entonces Jonatán, le dijo sonriendo a su escudero:
—Te lo dije; tenía el presentimiento de que Dios quería que nos levantáramos e hiciéramos algo.
Dios les bendiga!!!
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