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Infantes | Lección 6: Caín y Abel | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 6: Caín y Abel | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 6: Caín y Abel | 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 6 de Infantes - Año A - Vivos en Jesús

Infantes | Lección 6: Caín y Abel | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

IDEA PRINCIPAL: Dios es amor. Lo obedeceré.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«El que me ama, hace caso de mi palabra» (Juan 14:23, DHH).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Obedecer» - Obedecer significa seguir una orden. Por ejemplo, cuando manejamos un auto obedecemos las señales de tránsito para estar seguros. Obedecer a Dios es seguir siempre el camino de Dios, no mi propio camino.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 4:1-15 y en Patriarcas y profetas, cap. 5.


Domingo

La primera familia

«Tengo manos, clap, clap, clap; mis deditos moveré»... Eva le cantaba cantitos a su bebé mientras lo envolvía en un trozo de tela y le acariciaba la cabecita hasta que se quedara dormidito.

Adán y Eva eran muy felices. Dios quería que tuvieran una familia llena de amor y los había bendecido con un precioso bebé. Lo llamaron Caín. Cada día, Caín crecía más y más. Crecía y crecía, hasta que se convirtió en un niño que corría, saltaba, hablaba y jugaba.

Un emocionante día, Caín se convirtió en hermano mayor. ¿Qué nombre le pusieron a su hermanito? Lean la primera parte de Génesis 4:2 para descubrirlo.

Adán y Eva amaban a sus dos hijos con todo su corazón. Se reían y jugaban con ellos, y les contaban historias maravillosas. A Adán y a Eva les encantaba hablarles a Caín y Abel del hermoso jardín del Edén, y de cómo caminaban y hablaban con Dios cara a cara. Luego, con voz triste, les contaban que habían desobedecido las sabias leyes divinas.

Habían comido del fruto del árbol que Dios les había prohibido tocar y el pecado había cambiado su mundo, causando tristeza, dolor y muerte. ¡Cómo deseaban haber elegido obedecer a Dios en lugar de haber escuchado a la serpiente que le habló a Eva desde el árbol!

Adán y Eva abrazaron fuertemente a Caín y Abel. Su historia tendría un final feliz, porque Dios había prometido salvarlos del desastre del pecado. Con reverencia, agradecieron a Dios todos juntos por su plan de venir a este mundo y morir para que pudieran ser salvos.


Lunes

El altar familiar

Adán colocó una gran piedra. Una, dos, tres, cuatro... Iba contando todas las piedras. ¡Sí, ¡se veía perfecto! Aquella pila especial de piedras era un altar.

Dios les había pedido a Adán y a Eva que construyeran un altar, encima del cual debían colocar un cordero sin defecto y pedir perdón a Dios por sus pecados. Dios enviaría fuego para quemar el sacrificio y los perdonaría.

Adán, Eva, Caín y Abel obedecieron a Dios, y fueron juntos al altar familiar llevando un cordero. Esta ofrenda especial les recordaba la promesa divina: el Hijo de Dios sería como aquel cordero, puro y sin defecto. Jesús vendría y moriría en la cruz para perdonar los pecados.

Con la ayuda de Dios, Adán, Eva y sus hijos hicieron todo lo posible para obedecer sus caminos, pero siguieron cometiendo errores, igual que los cometemos nosotros. ¿Dejaría Dios de amarlos por eso? Lean Salmo 136:26 para descubrirlo.

Los pequeños Caín y Abel siguieron a sus padres de vuelta a casa desde el altar familiar. Iban dando saltos y riéndose por el camino. ¡Qué bueno era ser perdonados!

A Dios le encanta perdonar a todo aquel que le dice: «Lo lamento; por favor, perdóname». La Biblia asegura que, si hacemos esto, «él perdonará con generosidad» (Isaías 55:7).


Martes

La mejor decisión

Caín y Abel se midieron la altura al lado de Adán. ¡Habían crecido mucho! Ya no eran niños pequeños. Ahora podían hacer muchas cosas solos, y tenían que tomar muchas decisiones por sí mismos. ¿Obedecerían a su madre cuando les pidiera que fueran a traer agua en el cántaro? ¿Se hablarían el uno al otro con amabilidad y serían delicados en el trato? ¿Le dirían la verdad a su padre? ¿Serían trabajadores? Cada decisión que tomaban los iba transformando poco a poco.

Caín, el hermano mayor, decidió no escuchar a nadie más porque pensaba que su manera de hacer las cosas era la mejor. Incluso empezó a pensar que era lo suficientemente bueno y fuerte como para salvarse a sí mismo. Adán trató de ayudar a Caín a tomar buenas decisiones, pero Caín no escuchaba a su padre.

Cuando Abel creció, eligió aprender sobre Dios y llegar a conocerlo. Decidió obedecer a Dios y a sus padres, y seguir las reglas de amor de Dios lo hacía feliz.

Cada día, Abel se volvía más humilde, amable y cariñoso con Dios y su familia.

Dios siempre está ahí para ayudarnos a tomar buenas decisiones. Él dice: «[Yo] te daré fuerzas y te ayudaré» (Isaías 41:10).

Elegir el camino de Dios es siempre la mejor decisión. ¿Qué dice la Biblia al respecto? Lean la primera parte de Josué 24:15 para descubrirlo.


Miércoles

Decisiones de adultos

Abel acarició suavemente la ovejita que tenía en su regazo. Le encantaba ser pastor, aunque a veces las ovejas fueran un poco traviesas.

A lo lejos, pudo ver a Caín, que trabajaba duro cavando la tierra y plantando semillas. Caín era un excelente agricultor. Cultivaba deliciosas verduras y hortalizas para toda la familia.

Caín y Abel eran aún más altos ahora. Ya eran hombres grandes y fuertes que hacían bien su trabajo. Eran lo suficientemente grandes como para construir sus propios altares y arrepentirse de sus pecados. ¿Seguirían obedeciendo a Dios cuando ofrecieran sacrificios por sí mismos?

Una mañana, Abel llevó su cordero al altar, tal como Dios había dicho que hiciera. Luego le pidió al Señor que lo perdonara por sus malas palabras y sus pensamientos pecaminosos. Abel sabía que Dios es amor, y quería obedecerlo en todo. Dios envió fuego desde el cielo para mostrarle a Abel que lo había escuchado y perdonado. Abel estaba muy agradecido.

Luego fue el turno de Caín. ¿Qué puso Caín en el altar? Lean Génesis 4:3 para descubrirlo.

¿¡Fruta!? ¡Pero eso no era lo que Dios le había pedido a Caín que pusiera en el altar! Llevar fruta solo mostraba lo que Caín podía cultivar; no era como la ofrenda del cordero, que mostraba lo que el Hijo de Dios haría un día.

Caín esperó y esperó a que llegara el fuego del cielo, pero nada. Miró hacia arriba, pero nada. Miró a su alrededor, pero nada. Se dio cuenta de que el altar de Abel ardía intensamente, y «se enojó mucho» (Génesis 4:5). Miró fijamente a su hermano.

«¡Qué injusto!», pensó. Caín no se lamentaba en lo más mínimo haber desobedecido a Dios, sino que simplemente estaba enojado. Era orgulloso y testarudo.


Jueves

Un día muy triste

Caín estaba enojado porque Dios no había enviado fuego para quemar su ofrenda. Y es que Caín había llevado una ofrenda a su manera, sin seguir las indicaciones divinas. ¿En qué se diferenciaba Abel de Caín?

Abel intentó ayudar a su hermano. Con palabras amables, le recordó que debía elegir un cordero como sacrificio, pues eso era lo que complacía a Dios. Pero Caín no quiso escucharlo. En lugar de eso, se enojó aún más con Abel. ¡¿Cómo se atrevía su hermano pequeño a decirle lo que tenía que hacer?!

Dios mismo se acercó a Caín para intentar hablar con él. ¿Qué le preguntó Dios a Caín? Lean Génesis 4:6 para descubrirlo.

Pero Caín tampoco escuchó a Dios. Por el contrario, dejó que su odio aumentara más y más, como cuando inflas un globo y va aumentando de tamaño. Y un día, cuando estaba en el campo con Abel, su ira explotó y decidió no seguir las normas de amor divinas. Hirió tanto a Abel, que lo mató. Entonces, Caín huyó.

Dios había visto lo sucedido. 

—¿Dónde está tu hermano Abel? —le preguntó a Caín. 

—No lo sé —le mintió Caín (Génesis 4:9).

Dios sabía lo que había hecho Caín. Lo había visto todo, y eso lo entristecía mucho. Le dijo a Caín que tendría que abandonar su hogar e irse lejos. Caín «se estableció en la tierra de Nod» (Génesis 4:16).

Cuando Adán y Eva se enteraron de lo sucedido, se les rompió el corazón. Su amado hijo Abel ya no estaba, y Caín había tenido que irse lejos. ¡Qué día tan triste fue aquel!

Cuando desobedecemos, la tristeza también llega a nuestro hogar. Pero Jesús nos perdona si nos arrepentimos y le pedimos perdón. Así, él puede alegrar de nuevo nuestro corazón y ayudarnos a obedecerlo.


Viernes

Tristeza y alegría

Eva se secó las lágrimas. Echaba de menos a Abel, su alegre hijo pastor. Echaba de menos a su fuerte agricultor, Caín. Adán también los echaba de menos. Las malas decisiones de Caín habían perjudicado a toda la familia, pero Dios estaba cerca de Adán y Eva cuando estaban tristes. Los amaba mucho, y tenía un plan para devolverles la alegría: les dio otro precioso bebé. Era otro niño. ¿Qué nombre le pusieron? Lean Génesis 4:25 para descubrirlo.

¡Cuánto se parecía este bebé a su padre, Adán!

A medida que Set crecía, amaba y servía a Dios, tomando buenas decisiones. Cuando fue grande, les enseñó a sus hijos a amar a Dios también. La Biblia dice: «Fue en aquel tiempo que la gente por primera vez comenzó a adorar al Señor usando su nombre» (Génesis 4:26). Pronto mucha gente adoró a Dios gracias a las buenas decisiones de Set.

Dios también puede ayudarnos a nosotros a tomar buenas decisiones. Cuando otras personas vean las buenas decisiones que tomamos, es posible que también quieran adorar a nuestro Dios de amor.


Sábado

Lección práctica 1: Palabras sabias

Invita al niño a meter las manos en agua fría. Esto es como una persona que está tranquila y en paz. Retira ahora sus manos del agua fría, vierte agua en una olla y ponla al fuego para que hierva (si pones agua ya caliente, será más rápido). Pídele al niño que se aparte y tenga cuidado mientras observa lo que ocurre a medida que el agua se va calentando. Dile que a veces las personas pueden decir palabras poco amables, como «No puedes jugar conmigo»; o «No quiero ser tu amigo». Nunca deberíamos hablarle así a nadie. Haz una pausa entre cada afirmación y comenta cómo empieza a hervir el agua. Explica que las palabras duras son como una persona que se enoja cada vez más, hasta que finalmente «hierve».

A continuación, retira el agua del fuego. Mientras lo haces, comparte algunas frases que ayuden a que las cosas se «enfríen» de nuevo, como «Lo siento»; «Por favor, perdóname»; «Me equivoqué»; «Quiero ser tu amigo», etcétera. Mientras dices estas cosas, añade agua fría al agua caliente hasta que el niño pueda volver a meter las manos en el agua con seguridad y sentir que se ha enfriado. Hablen de la importancia de ser amables y considerados con los demás.

Ahora piensen en algunas palabras amables y apacibles que les gustaría que se usaran en casa. Escribe cada una de ellas en una cartulina. Decórenlas y cuélguenlas por toda la casa para que sirvan de recordatorio.

El resultado de decir buenas palabras será un hogar con un buen ambiente, en paz, y donde los corazones se sienten felices y seguros, amados y honrados.

Lección práctica 2: Llenos por dentro

Para el almuerzo del sábado, preparen alguna comida que necesite relleno para que esté completa y deliciosa (por ejemplo, tacos, raviolis, sándwiches, rollitos de primavera, dumplings, rollitos de papel de arroz, sushi, papas rellenas...).

Comenten que nunca debemos depender solo de nosotros mismos. Por el contrario, debemos recordar siempre cuánto necesitamos llenarnos de Jesús cada día.

Pídanle a Jesús que llene sus corazones con su presencia mientras se comen lo que han preparado.


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Dios les bendiga!!!

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