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Principiantes | Lección 2: El pequeño ayudante | 4to Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

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Lección 2 de Principiantes - Año A Trimestre 4

EL PEQUEÑO AYUDANTE

Semana 2
IDEA CENTRAL
Puedo ser útil.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
«No se olviden de hacer el bien ni de compartir» (Hebreos 13:16).
REFERENCIA
Esta lección se basa en 1 Samuel 2:18-21; y Patriarcas y profetas, cap. 55.
Versículo semanal optativo para memorizar: «Dale a cualquiera que te pida» (Lucas 6:30).


El pequeño Samuel se estiró con ganas, levantando los brazos bien alto (estirarse) y luego salió de la cama con una sonrisa. Un nuevo día comenzaba y había mucho que hacer. Samuel vivía en la casa de Dios, el tabernáculo, donde ayudaba al sacerdote Elí. Con esmero, Samuel armó su camita, dejándola lisa y ordenada. Luego dobló la ropa de dormir, la guardó en una cajita y se vistió con la túnica especial que su madre le había hecho. ¡Ya estaba listo para empezar el día!

Samuel tenía manos serviciales (extender las manos). Todos los días ayudaba al sacerdote Elí con su trabajo en la casa de Dios. A Samuel le encantaba ayudar. Era feliz sabiendo que con cada pequeña tarea que hacía ayudaba a Elí. Y con cada pequeña tarea que hacía ¡ayudaba a Dios!


Shaf, shaf, shaf, barría la escoba (mímica de barrer). El trabajo de Samuel era mantener todo limpio y ordenado. Usaba su escobita para barrer las hojas que el viento esparcía en la casa de Dios. Samuel ponía mucha atención a su trabajo. No se apresuraba ni dejaba nada sin hacer. Se aseguraba de terminar bien su trabajo. 

El pequeño Samuel pasaba el paño con esmero. Frota que te frota (mímica de lustrar). Usaba el paño para pulir los hermosos objetos de la casa de Dios hasta sacarles brillo. Samuel era feliz sabiendo que ayudaba a Dios con tantas tareas diferentes. Sin importar cuál fuera su trabajo, Samuel lo hacía lo mejor posible. «Samuel crecía y seguía sirviendo al Señor» (1 Samuel 2:21, RVC).


Mírate las manos. ¿Sabías que puedes tener manos serviciales, como Samuel? Puedes ayudar a tu familia poniendo la mesa, guardando la ropa o haciendo la cama. Cuando usas las manos para ayudar a los demás, ¡también estás ayudando a Dios! Él sonríe al ver que nos ayudamos unos a otros y hacemos lo mejor por él.

(Digan juntos:) Gracias, Dios, por las manos serviciales del pequeño Samuel. Yo también quiero ayudar a mi familia.


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