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Infantes | Lección 11: Una reunión familiar | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 11: Una reunión familiar | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 11: Una reunión familiar | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Lección 11 de Infantes - Año A - 2º Trimestre - Vivos en Jesús

UNA REUNIÓN FAMILIAR

IDEA PRINCIPAL: Dios está conmigo. Él hará que, al final, todo salga bien.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman» (Romanos 8:28).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Guiar» - Guiar significa conducir con delicadeza. Guiar también significa dar buenos consejos. Dios quiere guiarnos y bendecir nuestra vida con cosas buenas.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 43–46 y en Patriarcas y profetas, cap. 21, pp. 205-210.


Domingo

De vuelta a Egipto

«¡Qué sensación tan maravillosa es tener el estómago lleno!», pensaba la familia de Jacob. Estaban muy agradecidos a Dios porque podían comer pan hecho con el trigo de Egipto.

Sin embargo, conforme el tiempo pasaba, el grano se iba agotando. Solo había una cosa que podían hacer: volver a Egipto a comprar más. Pero, esta vez, los hermanos tendrían que llevar a Benjamín con ellos, para poder liberar a Simeón y comprar el grano. Jacob, su padre, negó con la cabeza. Todavía echaba mucho de menos a José y no quería perder también a Benjamín.

Judá fue a hablar con su preocupado padre. ¿Qué le prometió? Lean Génesis 43:8, 9.

¡Qué buen hermano mayor! Jacob asintió lentamente con la cabeza. Más adelante, con una oración, despidió a sus diez hijos para que fueran de vuelta a Egipto. Esta vez, los sacos no estaban vacíos, sino llenos de regalos para el gobernador. También llevaban dinero para comprar más grano, además del dinero que José había mandado esconder en los sacos anteriormente.

Después del largo viaje a Egipto, los diez hermanos se presentaron de nuevo ante el gobernador. José ocultó una sonrisa al ver que su hermano menor, Benjamín, estaba con ellos. ¡Cuánto había crecido! Con rostro serio, José le dijo a su siervo que los llevara a todos a la casa para almorzar.

Los hermanos estaban nerviosos. ¿Por qué los invitaban a comer con el gobernador? Pero no tenían nada de qué preocuparse, porque Dios los estaba guiando. Él haría que, al final, todo saliera bien.


Lunes

Un almuerzo especial

Con un grito de alegría, Simeón corrió a saludar a sus hermanos. ¡Por fin estaba libre!

Los hermanos lo abrazaron, sonrieron y lo abrazaron de nuevo. Estaban muy agradecidos de que el gobernador hubiera liberado a Simeón. Dios realmente los estaba cuidando. Juntos siguieron al siervo hasta la casa de José para almorzar.

Cuando llegó el gobernador, los hermanos le entregaron sus regalos y se postraron hasta el piso delante de él. ¡Aún no sabían que el gobernador era su hermano José!

Con una sonrisa amable, José les preguntó por su padre. Ellos respondieron: «Nuestro padre, siervo de usted, sigue con vida y está bien» (Génesis 43:28).

¡Qué buena noticia! ¡El padre de José estaba vivo! Entonces, los ojos de José se encontraron con los de Benjamín. Allí estaba el hermanito al que tanto había echado de menos. Todos los sentimientos de José se removieron en su interior. Rápidamente salió corriendo del salón para que sus hermanos no lo vieran llorar.

Los siervos de José sentaron a los hermanos a una mesa grande y muy elegante. Hacía mucho tiempo que no veían tanta comida junta. 

¡Qué banquete! Entonces, notaron algo aún más sorprendente que la impresionante comida. ¿De qué se dieron cuenta los hermanos de José? Lean Génesis 43:33.

Cuando les sirvieron la deliciosa comida a sus hermanos, José hizo algo muy especial para el menor. Por cada plato de comida que se les daba a los hermanos mayores, José le daba a Benjamín cinco platos de comida. ¿Se pusieron celosos o se enojaron sus hermanos? ¡No! Sonrieron con Benjamín y siguieron comiendo y charlando. José pudo ver que Dios les había transformado el corazón. ¡Qué feliz se puso José!


Martes

La copa de plata

José observaba atentamente cómo sus hermanos comían, reían y charlaban. Parecía que habían cambiado de verdad. Pronto averiguaría si era así o no.

Sin que nadie pudiera oír, José le dijo a su siervo de mayor confianza: 

«Llena sus costales con todo el grano que puedan llevar y pon el dinero de cada uno nuevamente en su costal. Luego pon mi copa personal de plata en la abertura del costal del menor de los hermanos, junto con el dinero de su grano» (Génesis 44:1). Y le indicó al siervo que pusiera una cosa más en el costal de Benjamín. ¿Qué era? Lean Génesis 44:2.

En cuanto salió el sol, los hermanos partieron de vuelta a casa con los costales rebosantes de grano y el corazón contento. Pero, espera, ¿qué es ese ruido? Los hermanos se dieron la vuelta y vieron que el siervo del gobernador venía galopando rápidamente hacia ellos. «¡Oh, no! ¿Qué sucede ahora?», se preguntaron.

El siervo frunció el ceño mientras detenía bruscamente su caballo. Los acusó de robar la copa de plata del gobernador.

Los hermanos negaron con la cabeza. ¡Ellos no habían robado la copa! Rápidamente bajaron sus costales para demostrárselo. Comenzando por Rubén, el siervo registró cada uno de los costales hasta llegar al de Benjamín. ¡Allí estaba la copa de plata del gobernador!

Muy asustados, los hermanos fueron llevados de vuelta a la casa de José. Judá dio un paso al frente con valentía y le habló a José del amor de su padre por Benjamín. Le dijo que había un malentendido y que él asumiría la culpa. Él se quedaría allí como esclavo para que Benjamín pudiera ser libre. ¡Qué gran gesto de amor!


Miércoles

¿Castigados o perdonados?

José contuvo el aliento, sorprendido. Su hermano Judá acababa de ofrecer pasar toda su vida como esclavo a cambio de que dejara ir libre a Benjamín. Realmente había cambiado. José ya no podía ocultar más quién era. Pidió que salieran todos excepto sus hermanos. Entonces, se echó a llorar.

«¡Soy José!», les dijo (Génesis 45:3).

Sus hermanos lo miraron con asombro. José, a quien habían vendido como esclavo, ¿era ahora el segundo hombre más poderoso de todo Egipto? ¡Debía de estar muy enojado por lo que le habían hecho! ¿Qué castigo les pondría? 

José podía ver que estaban asustados. «“Por favor, acérquense”, les dijo. […] No se inquieten ni se enojen con ustedes mismos por haberme vendido. Fue Dios quien me envió a este lugar. […] Dios me hizo llegar antes que ustedes para salvarles la vida a ustedes y a sus familias, y preservar la vida de muchos más. Por lo tanto, fue Dios quien me envió a este lugar, ¡y no ustedes!» (Génesis 45:4, 5, 7, 8).

Dios había guiado sus vidas. Dios lo había dispuesto todo para bien: para el bien de José, para el bien de los egipcios y para el bien de la familia de José. La Biblia dice: «Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman» (Romanos 8:28).

¿Qué les pidió José a sus hermanos que hicieran a continuación? Lean Génesis 45:9-11.
¡Pronto estarían todos juntos! «Luego José besó a todos sus hermanos, y lloró al abrazarlos» (Génesis 45:15, DHH). ¡Qué día tan feliz!


Jueves

¡Todo está perdonado!

Se oían los cuchicheos por todas partes. Aquella era una noticia extraordinaria. ¡Los hermanos de José, el gobernador, estaban en Egipto! El comentario se propagó desde los siervos hasta los guardias. Pronto, la noticia llegó al palacio, a oídos del rey.

Una gran sonrisa se dibujó en el rostro del faraón. Tenía muchas ganas de hacer algo por su amigo y ayudante, José. ¡Esta era su oportunidad!

Les dijo a sus siervos que prepararan regalos para los hermanos de José. Los siervos trajeron una larga fila de carros y los llenaron de comida, plata y ropa.

El faraón le dijo a José: «Vayan a buscar a su padre y a sus familias y vuelvan aquí. Yo les daré la mejor tierra en Egipto» (Génesis 45:18).

¿Qué más les daría el faraón? Lean Génesis 45:20. ¡Cuánta generosidad!

Finalmente, los hermanos regresaron a casa con carros llenos de regalos. Corrieron hacia la tienda de su padre, Jacob. Emocionados, le dijeron: «¡José todavía vive! ¡Y es el gobernador de toda la tierra de Egipto!» (Génesis 45:26).

Jacob se sorprendió tanto que sintió como si se le detuviera el corazón. Por muchos años había creído que José estaba muerto… Pero no, estaba vivo y era el gobernante de todo Egipto.

Entre llantos y suspiros, los hermanos de José le contaron la verdad a su padre. Le confesaron que lo habían vendido como esclavo y que a él le habían mentido para ocultar su error. Estaban muy arrepentidos. Le pidieron a su padre que los perdonara por tantas mentiras y engaños. Jacob escuchó sus palabras y miró sus rostros tristes. Vio los carros llenos de regalos. Dios había estado con José todo aquel tiempo y había bendecido su vida. Dios había hecho que todas las cosas ayudaran para bien.

En ese momento, Jacob perdonó a sus hijos por lo que habían hecho.


Viernes

Juntos de nuevo

Rápidamente, la gran familia de Jacob se dispuso a recoger todas sus pertenencias para salir hacia Egipto. Empacaron ollas, enrollaron ropa y mantas, y reunieron a las ovejas y a las cabras. ¡Pronto verían a José!

En el camino, Jacob se detuvo en un lugar donde su padre había adorado a Dios. Ahora, todos juntos, le ofrecieron un sacrificio de agradecimiento al Señor. Por la noche, Dios le envió un mensaje especial. «Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas temor de descender a Egipto, porque allí haré de tu familia una gran nación»
(Génesis 46:3).

¡Qué amoroso fue Dios al recordarle a Jacob que siempre estaría con él! Con gran gozo, la familia emprendió el viaje hacia su nuevo hogar. ¿De cuántos miembros era la familia de Jacob que se trasladó a Egipto? Lean Génesis 46:26.

Finalmente, cuando pudo ver Egipto a la distancia, Jacob envió a Judá por delante para que se encontrara con José. Jadeando y sin aliento, Judá llegó a Egipto y, con gran emoción, le anunció a José que su padre Jacob, así como el resto de la familia, estaban muy cerca. «¿Tan cerca? ¡Qué maravilla!», pensó José, que inmediatamente subió a su carro y se dirigió a toda prisa hacia ellos dejando tras de sí una nube de polvo.

Tan pronto como vio a su padre Jacob, José saltó del carro para ir a abrazarlo. Se abrazaron con fuerza y lloraron lágrimas de felicidad.

Dios los había guiado para que volvieran a estar juntos. Qué amigo tan fiel es Dios. «Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman» (Romanos 8:28).


Sábado

Crea los escenarios

Niños, ahora es su turno de contar la historia. Creen un escenario de Canaán y otro de Egipto. Luego vuelvan a contar la historia de José, pero esta vez será con su voz y usando estos dos escenarios.

Cómo crear el escenario:

  • Recojan objetos de la naturaleza como piedras, palos, hojas, etcétera. Con ellas harán el paisaje.
  • Pueden colocar telas de colores para representar el agua y la tierra.
  • Hagan unas figuritas con el material que prefieran (por ejemplo, plastilina o arcilla).

Lugares que pueden crear: 

  • El hogar de José en Canaán La casa de Potifar 
  • La cárcel
  • El palacio del faraón
  • La tierra de Egipto

Padres, las claves para esta experiencia de sábado son la disposición de ustedes a interactuar con el niño para guiarlo y animarlo a contar la historia de José, y la dirección de Dios en todo el proceso. 

Su hijo se deleitará con la presencia de ustedes. Al final de la historia, digan juntos el versículo para memorizar: «Sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman» (Romanos 8:28).


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