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Infantes | Lección 13: Bienvenida a la familia | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 13: Bienvenida a la familia | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 13: Bienvenida a la familia | 2do Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 13 de Infantes - Año A - 2º Trimestre - Vivos en Jesús

BIENVENIDA A LA FAMILIA

IDEA PRINCIPAL: Dios está conmigo. Él da la bienvenida a todos en su familia.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos!» (1 Juan 3:1).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Bienvenida» - Dar la bienvenida es saludar cordialmente a alguien. También significa hacer que alguien se sienta como en casa. Puedes dar la bienvenida a alguien sonriéndole y saludándolo con interés, o invitándolo a jugar o a sentarse contigo. Cuando eres amable y amistoso con una persona, la haces sentir bienvenida.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Rut 2–4 y en Palabras de vida del gran Maestro, cap. 23, pp. 236-237.


Domingo

El viaje a casa

El asno resoplaba, olfateaba y movía la cola mientras avanzaba trabajosamente por el camino polvoriento. Noemí, que caminaba a su lado, le acarició la cabeza con suavidad. Estaba regresando a casa, a Belén.

Noemí giró la vista hacia Rut, que guiaba al asno. Pensó en las palabras que le había dicho: «A donde tú vayas, yo iré» (Rut 1:16). ¡Qué promesa la que le había hecho Rut! 

Cada día, caminando bajo el sol abrasador, Rut estaba a su lado. Cada noche, acampando bajo las estrellas, Rut estaba a su lado. Los ojos de Noemí brillaban por las lágrimas. Había perdido a su esposo y a sus dos hijos, pero Rut le había prometido pegarse a ella como el pegamento.

Noemí sonrió al ver que Rut también acariciaba suavemente al agotado asno. Sabía que Rut no solo la seguía a ella, también había elegido seguir a Dios. Había prometido: «Tu Dios será mi Dios» (Rut 1:16).

Cuando decidimos amar a Dios, al igual que lo decidió Rut, él hace algo asombroso: nos da la bienvenida a su familia. La Biblia dice: «Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que o fácil? Da gracias a Dios porque está somos!» (1 Juan 3:1

Dios es el mejor Padre. Cuidó de sus dos hijas, Rut y Noemí, que iban camino a Belén en asno. Estuvo con ellas cuando tenían calor y estaban cansadas durante el día. Estuvo con ellas cuando estaba oscuro y se sentían solas durante la noche. ¿Las abandonaría alguna vez? Lean Deuteronomio 31:8.

¿Acaso no es maravilloso formar parte de la familia de Dios?


Lunes

Bienvenidas a casa

Todos en Belén estaban emocionados. Murmuraban junto al pozo y en el bullicioso mercado. ¡Qué noticia tan sorprendente! Dos mujeres acababan de llegar, solas y caminando. ¡Habían venido desde Moab! Las mujeres de Belén se apresuraron a darles la bienvenida.

«¿De verdad es Noemí?», se preguntaban unas a otras (Rut 1:19).

¿Sería posible que se tratara de Noemí, su antigua amiga? No la veían desde que se había ido a Moab con su esposo y sus dos hijos. La miraron más de cerca. ¡Sí, era Noemí! Había estado fuera mucho tiempo, pero, por fin, Noemí había vuelto a casa.

Las mujeres se reunieron alrededor de Noemí y de Rut. Con lágrimas en los ojos, Noemí les contó cómo había muerto su familia. Qué noticia tan triste. Luego, les presentó a la amable y cariñosa Rut. Les contó que Rut había decidido dejar su hogar para seguirla a ella y a Dios. 

¿Sería la gente de Belén amable y acogedora con esta mujer de otro país? ¡Sí, claro que sí!

En la familia de Dios no importa de dónde seas ni qué aspecto físico tengas. La Biblia dice que «Cristo es lo único que importa. […] Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia» (Colosenses 3:11, 12). Eso hará que todos se sientan bienvenidos. ¿Y qué debes recordar hacer especialmente? Lean Colosenses 3:14.


Martes

Llegó el tiempo de la cosecha en Belén

Los altos tallos de trigo y cebada se mecían con la brisa en los campos que rodeaban Belén. Rut observaba cómo los hombres se movían por los dorados campos y cortaban los tallos que ya estaban maduros. Era el tiempo de la cosecha en Belén.

Mientras observaba, Rut pensaba en su problema. Realmente necesitaba encontrar algo de comida para Noemí y para ella. ¡Se le ocurrió una gran idea! ¿Qué decidió hacer? Lean Rut 2:2.

Al día siguiente, Rut se levantó temprano y fue a los campos. Pidió permiso para recoger el grano que iba cayendo al suelo tras los segadores. ¡Trabajó sin descanso! Los segadores, cuando se dieron cuenta, se lo dijeron al dueño del campo. Se llamaba Booz y era pariente del esposo de Noemí.

Booz se acercó a Rut. Quería hacerla sentir bienvenida en su nuevo lugar. Le dijo:
«—Escucha, hija mía. Quédate aquí mismo con nosotros cuando recojas grano; no vayas a ningún otro campo» (Rut 2:8). 

Luego la invitó a beber del agua de los siervos cuando tuviera sed. Incluso le dio grano para comer.

«—¿Qué he hecho para merecer tanta bondad? —le preguntó Rut» (Rut 2:10). 

Booz sonrió. Sabía que Rut había ayudado a Noemí. Sabía que ella había decidido seguir a Noemí y a Dios.

«—Que el Señor […] te recompense abundantemente por lo que hiciste —le dijo Booz» (Rut 2:12). 

Dios seguiría cuidando de Rut, y él también.


Miércoles

Bondad secreta

Los ojos de Noemí se abrieron como platos cuando vio el gran fardo de cebada que Rut traía a la casa. ¡Guau! ¡Booz había sido muy generoso con ella!

Cada día de trabajo, Rut iba al campo de Booz. Él recibía a sus trabajadores con palabras amables como: «¡El Señor sea con ustedes!» (Rut 2:4). Se aseguraba de que Rut tuviera agua para beber y alimento para comer, al igual que sus alegres trabajadores.

Rut trabajaba sin cesar todo el día. Después metía en un saco todo el grano que había recogido. «Ufff, qué cansada estoy», pensaba. 

Un puñado, dos puñados… Y así sucesivamente. Su saco pesaba tanto que apenas podía cargarlo. ¿Cómo encontró tanto grano en el suelo? Lean Rut 2:15, 16.

¡Qué maravillosa la bondad secreta de Booz!

Cuando ya tenían grano suficiente, Rut o Noemí lo llevaban al mercado y lo cambiaban por cosas como aceite, fruta o lana. Así tenían todo lo que necesitaban.

¿Alguna vez hiciste un acto de bondad hacia alguien sin que lo supiera? Eso hace que las personas se sientan realmente especiales. Incluso puede hacer que piensen en la bondad de Dios.

Jesús dijo: «Cuando tú ayudes a los necesitados, […] hazlo en secreto. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu premio» (Mateo 6:3, 4, DHH). Dios mismo te dará las gracias cuando des en secreto a los necesitados.


Jueves

Rut se casa con Booz

Un día, Noemí llamó a Rut a su lado. Sonreía mientras le decía que era hora de que se volviera a casar. ¡Y conocía al hombre perfecto para ella! El generoso Booz. Sin duda, Booz les había demostrado que amaba a Dios.

Debían averiguar si él cuidaría bien de Rut. Y Noemí sabía exactamente qué hacer para averiguarlo. Rut escuchó atentamente su plan. De acuerdo; haría todo lo que Noemí le dijera.

Esa noche, Rut se dirigió al lugar donde trabajaba Booz. Él estaba acostado en el suelo, tapado con su manto y profundamente dormido. Rut se acercó de puntillas a donde él dormía y se acostó cerca de sus pies. Luego, con delicadeza, le quitó un poco del manto de los pies y se lo echó encima. Booz siguió durmiendo.

¿Qué pasó después? Lean Rut 3:8.

¡Qué sorpresa! 

«—¿Quién eres?» —le preguntó él.

«—Soy Rut» —respondió ella—. «Usted es mi pariente más cercano y tiene el deber de ampararme. Quiero que se case usted conmigo» (Rut 3:9, DHH).

Al acostarse a sus pies, Rut le estaba pidiendo a Booz: «¿Quieres casarte conmigo?».

Booz se sorprendió y se alegró. ¡Sí, él también quería casarse con Rut!

«—¡Que el Señor te bendiga! […] Haré lo que me pidas» —dijo (Rut 3:10, 11).

A la mañana siguiente, bien temprano, Booz llenó el manto de Rut con cebada para que se lo llevara a Noemí. Rut se fue corriendo a casa, feliz. Estaba impaciente por darle a Noemí el generoso regalo y contarle la emocionante noticia. ¡Iba a casarse con Booz! Iba a formar parte de su familia.


Viernes

La familia eterna de Dios

Noemí no podía dejar de sonreír. Dios había sido bueno con ella. Ahora tenía una hija y un hijo. Rut se había casado con el generoso Booz. 

Pero pronto Noemí tuvo una razón aún mejor para sonreír. ¡Fue abuela! Rut y Booz tuvieron un hermoso bebé.

Todos estaban muy felices por la familia. Las mujeres le dijeron a Noemí: «¡Alabado sea el Señor, que te ha dado hoy un nieto para que cuide de ti! […] Porque es el hijo de tu nuera, la que tanto te quiere» (Rut 4:14, 15, DHH).

Noemí tomó con cuidado al pequeño bebé en sus brazos y lo acunó. Lágrimas de felicidad llenaron sus ojos al acariciarle las mejillas. Dios había sido muy bueno. No podía esperar a que ese pequeño creciera para poder contarle todo acerca de su fiel Padre Dios.

¿Quién le puso nombre al bebé? ¿Cómo lo llamaron? Lean la primera parte de Rut 4:17.

Este bebé creció y se convirtió en el abuelo del rey David. Y mucho tiempo después, Jesús, el Hijo de la promesa, también nació en esta familia.

Dios le mostró a Rut su amor y su bondad. La acogió en su familia. Puesto que envió a su propio Hijo, Jesús, a su gran familia, podemos estar seguros de que él nos acoge a todos con amor. Sí, ¡a todos! La Biblia dice: «Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos!» (1 Juan 3:1).


Sábado

Conquistemos para Jesús

A Christiane le encantaba el Club de Conquistadores. Siempre le contaba a su hermanito, Eduardo, todas las cosas maravillosas que hacían, como ir de acampada, aprender sobre la naturaleza, hacer manualidades y otras actividades muy divertidas. Finalmente, Eduardo tuvo la edad para unirse también a los Conquistadores. 

Aunque su familia no asistía a una iglesia adventista, tanto Eduardo como Christiane fueron bien recibidos y queridos en el Club de la iglesia local. Eduardo se lo pasaba muy bien, ¡igual que su hermana!

A veces se les pedía a los Conquistadores que se encargaran del programa del sábado en la iglesia. Aunque no era miembro de iglesia, Eduardo participaba y le gustaba mucho. Se unía al canto, a la oración y a la recolección de las ofrendas.

Cuando la hermana de Eduardo se graduó de los Conquistadores, siguió yendo a la iglesia adventista, porque todos la hacían sentir muy bienvenida y cuidada. Una mañana de sábado le preguntó a su hermano: «¿Quieres venir tú también?». Eduardo asintió con la cabeza.

Cuanto más tiempo pasaba Eduardo en la iglesia, más aprendía sobre Dios. Finalmente, le entregó su corazón a Jesús y se bautizó. Invitó a su madre y a su padre para que lo acompañaran a la iglesia, y ellos también comenzaron a asistir. En poco tiempo, la mamá y el papá de Eduardo también le entregaron su corazón a Jesús y se bautizaron.

Alguien de la iglesia le dio la bienvenida a Christiane, tanto a los Conquistadores como a la iglesia. Christiane invitó a su hermanito, Eduardo, y Eduardo invitó a sus padres. Ahora toda la familia conoce a Jesús porque alguien les dio la bienvenida.

La mamá de Eduardo dijo: «Gracias a que mis hijos nos invitaban constantemente a adorar a Dios con ellos, hoy todos formamos parte de la familia de Dios».

Adaptada de «Conquistadores conquistando para Jesús», de Gina Whalen, Misión adventista Niños, 1er trimestre de 2016.


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