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Infantes | Lección 10: El nuevo gobernador | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 10: El nuevo gobernador | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 10: El nuevo gobernador | 2do Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Lección 10 de Infantes - Año A - 2º Trimestre - Vivos en Jesús

EL NUEVO GOBERNADOR

IDEA PRINCIPAL: Dios está conmigo. Me da todo lo que necesito.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Dios […] suplirá todo lo que necesiten» (Filipenses 4:19).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Suplir» - Suplir significa proveer o dar lo que se necesita. Cuando alguien te da de comer, te suple comida. Dios nos da lo que necesitamos porque nos ama. Dios nos suple muchas cosas, como la lluvia, el sol, el aire fresco y los alimentos que necesitamos para vivir.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 41:53– 42:38 y en Patriarcas y Profetas, cap. 20, pp. 197-199.


Domingo

Un nuevo trabajo

El ceño fruncido del faraón había desaparecido, y sus preocupaciones también. Se puso de pie y sonrió a su nuevo gobernador: José. El Dios de José le había revelado el significado de sus extraños sueños. Y ahora este hombre sabio y su sabio Dios ayudarían a salvar su reino.

«El faraón dijo a José: “Yo, aquí en persona, te pongo a cargo de toda la tierra de Egipto”» (Génesis 41:41).

El faraón se quitó su anillo real «y lo puso en el dedo de José» (Génesis 41:42). Ese anillo era como el sello oficial del faraón. Con él, José podía hacer todo lo que el rey hacía.

Con un palmear de las manos, el faraón llamó a sus siervos, que rápidamente corrieron a buscar todo lo que les pidió. Vistieron a José con ropa elegante y le pusieron un brillante collar de oro.

José ya no parecía un esclavo ni un prisionero. Se le había dado el poder de un rey, y ahora también parecía un rey. ¿Qué más hizo el faraón para que todo el pueblo supiera que José era un líder importante? Lean Génesis 41:43.

El faraón le dio a José todo lo que hacía falta para ser gobernador. Dios le supliría toda la sabiduría que necesitaba para ser un buen líder. Dios lo ayudó cuando sus hermanos lo arrojaron al pozo; Dios lo ayudó cuando lo vendieron como esclavo y lo encarcelaron; y ahora Dios también lo iba a ayudar.

José miró los carros y los caballos, así como a su ejército de ayudantes y al sonriente faraón. Él conocía por experiencia la verdad del versículo para memorizar: «Dios [...] suplirá todo lo que necesiten» (Filipenses 4:19).


Lunes

Más que suficiente

La lista de todo lo que José tenía que hacer era muuuy larga. Debía preparar a Egipto para una época en la que no podrían cultivar alimentos.

Con una rápida reverencia ante el rey, José salió del palacio inmediatamente. Luego «inspeccionó toda la tierra de Egipto» (Génesis 41:46). Contó los campos de trigo y cebada. Eligió buenos líderes y ayudantes fuertes.

Mandó fabricar ladrillos y construir inmensos graneros en todas las ciudades… ¿Qué estaba haciendo José? Lean Génesis 41:48.

Dios le había dicho a José que habría siete años buenos, con abundancia de alimentos. Durante ese tiempo, tendría que almacenar mucha, mucha comida. Así habría suficiente comida en los graneros para alimentar a toda la población durante los siete años malos que seguirían.

Como hormiguitas laboriosas, los servidores de José hicieron todo lo que él les pidió. Los constructores edificaron, los agricultores sembraron y cosecharon, y los ayudantes llevaron el grano sobrante directamente a los graneros que había mandado hacer en cada ciudad.

Pasaron uno, dos, tres, cuatro años. Los graneros estaban ahora medio llenos. Luego pasaron cinco, seis, siete años. José sonrió al ver los graneros llenos hasta los topes. ¡Dios había suplido mucho más de lo que necesitaban! José almacenó tanto grano «que resultaba imposible medirlo» (Génesis 41:49).

El corazón de José se llenó de gratitud hacia Dios. Los egipcios ya estaban preparados para los siete años de sequía y escasez de alimentos que estaban a punto de llegar.


Martes

Los siete años de hambre

Con cada silbido de viento, se levantaba el polvo en los secos campos de Egipto. No había ni una sola hoja verde. No crecía ni una florcita ni un fruto en ninguna parte. Las vacas y las ovejas se pusieron muy flaquitas. Había comenzado la época sin lluvia ni comida, ¡tal como Dios había dicho que sucedería!

Pronto, todo el mundo tenía hambre. Los estómagos rugían. ¡Era terrible! La gente acudió al faraón a suplicar que les diera comida. 

«Vayan a ver a José y hagan todo lo que les diga», les indicaba el rey (Génesis 41:55).
La gente hacía fila y José abría las puertas de los graneros para vender sacos de grano a las familias hambrientas. ¡Había más que suficiente para todos! Dios había suplido para sus necesidades (Filipenses 4:19).

En la lejana Canaán también pasaban hambre. ¡La familia de José estaba pasando hambre! Todos sus hermanos seguían viviendo con su padre, Jacob, cuidando de sus rebaños, aunque había pocas ovejas porque no se podía encontrar pasto. Pasaba lo mismo que en Egipto. Todos en la familia estaban preocupados. Tenían tanta hambre que pensaban que iban a morir pronto.

Pero, un día, Jacob escuchó una noticia emocionante. ¿Qué les dijo a sus hijos? Lean Génesis 42:1, 2.

¡Quizás podrían volver a comer! Los diez hermanos prepararon unos sacos vacíos para el grano, ensillaron los asnos y se despidieron de su padre, Jacob, de Benjamín y de sus familias. Así fue como emprendieron un largo y polvoriento viaje a Egipto.


Miércoles

Se cumplen los sueños de José

José, el gobernador, levantó la vista de lo que estaba haciendo y vio que se acercaban diez pastores a comprar grano. Inclinó la cabeza y luego volvió a mirar, pero más intensamente. «¿Es posible que sean…?»

¡Sí! ¡Eran sus hermanos! Allí estaban Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar y Zabulón.

José ocultó rápidamente su sorpresa. ¡Los hermanos no sabían que era él! En silencio, observó cómo «se inclinaron delante de él, con el rostro en tierra» (Génesis 42:6).

Al ver eso, José recordó los sueños que había tenido de niño. En su primer sueño, el manojo de trigo de sus hermanos se inclinaba ante el suyo; en el segundo sueño, el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Recordó entonces las palabras airadas de sus hermanos: «¿De veras piensas que reinarás sobre nosotros?» (Génesis 37:8).

José, el gobernador, miró a sus hermanos con atención. «¿Será que todavía son hombres airados y celosos?», pensó. Y decidió ponerlos a prueba para averiguarlo.

José frunció el ceño. Luego fingió estar muy, muy enojado. Les dijo a sus hermanos que pensaba que eran espías enemigos. «¿Han venido a Egipto a causar problemas?», les preguntó.

¿Qué le respondieron sus hermanos? Lean Génesis 42:13.

¿Estaban diciendo la verdad? ¡Sí! Tal vez habían cambiado. Pero como José aún no estaba convencido de que hubieran cambiado, decidió ponerles otra prueba para averiguarlo. Los metió en la cárcel por tres días. Los hermanos estaban muy confundidos, pero Dios estaba con ellos en la cárcel, así como lo había estado con José.


Jueves

Un regalo sorpresa

El guardia empujó la puerta de la cárcel, que rechinó y se abrió ruidosamente. Hizo salir a los diez hermanos y los condujo a toda prisa ante el gobernador. El corazón les latía a toda velocidad. «¿Qué harán con nosotros ahora?», se preguntaban.

Vestido con ropa real egipcia, José el gobernador les dijo: «Yo soy un hombre temeroso de Dios. Si hacen lo que les digo, vivirán. Si de verdad son hombres honrados, escojan a uno de sus hermanos para que se quede en la cárcel. Los demás podrán regresar a casa con el grano para sus familias que mueren de hambre» (Génesis 42:18, 19).

Pero José aún no había terminado de hablar. Él quería ver a su hermano menor, Benjamín. Así que les dijo a sus hermanos que podían regresar a su casa si prometían traer a Benjamín.

A los hermanos no les gustó para nada la idea. Querían mucho a Benjamín y preferían mantenerlo a salvo en casa con su padre. Sin embargo, no les quedó más remedio que aceptar. Simeón se quedaría en la cárcel hasta que los demás hermanos regresaran con Benjamín.

Luego les llenaron los sacos de grano. ¡Pero eso no es todo! En bajito, para que no lo oyeran sus hermanos, José les dijo a sus siervos que les escondieran bolsas con dinero en los sacos de grano. ¡Qué sorpresa tan generosa!

¿Qué hicieron los hermanos a continuación? Lean Génesis 42:26.

Durante su viaje de regreso a casa, los hermanos no sabían del tesoro que José había escondido en sus sacos. Dios estaba cuidando de la familia de José, igual que cuida de ti. La Biblia dice: «Dios […] suplirá todo lo que necesiten» (Filipenses 4:19).


Viernes

De vuelta en casa

Un grito resonó por todo el campamento. ¡Los hermanos habían regresado! Con el corazón alegre y el estómago hambriento, todas las familias se apresuraron a recibirlos. Pero, un momento, ¡faltaba alguien! ¿Dónde estaba Simeón?

En cuanto llegaron, los hermanos contaron su extraña experiencia. Habían conocido al gran gobernador de Egipto y les había dado mucho grano, pero había creído que eran espías. ¡Y los había metido en la cárcel! Simeón seguía allí, preso, esperando a que ellos regresaran con Benjamín.

¡Tremenda historia! ¡Y tremendo lío en el que se habían metido!

Su pobre padre, Jacob, observó cómo los hermanos vaciaban el grano de sus sacos. ¡Y junto con el grano salió también el dinero! «Los hermanos y su padre quedaron aterrados cuando vieron las bolsas con el dinero» (Génesis 42:35). 

¿Pensaría el gobernador que lo habían robado? ¿Qué les pasaría ahora?

El hermano mayor, Rubén, miró a su padre con valentía. Él llevaría a Benjamín de vuelta a Egipto y aclararía el malentendido. «Yo me hago responsable de él y prometo traerlo a casa», le aseguró (Génesis 42:37).

Los demás hermanos asintieron con la cabeza. Ya no eran malos hermanos. Dios los había convertido en hermanos cariñosos y preocupados los unos por los otros.

¿Qué dijo Jacob? Lean Génesis 42:38.

Los hermanos se miraron con tristeza. ¿Qué podían hacer ahora? No lo sabían. Pero Dios sí lo sabía. Podían confiar en que Dios supliría todas sus necesidades.


Sábado

Un regalo para compartir

Cuando Elena desenvolvió el regalo, se quedó sin aliento. Era un hermoso vestido de seda, ¡y muy caro!

Elena White era una mensajera de Dios. Aunque no tenía mucho dinero, todo lo que tenía lo usaba para hablarles a los demás de Jesús.

Elena miró detenidamente el regalo que le había llegado por correo. ¡Era precioso! Quizás se fijó en sus bonitos encajes; o en los volantes. Quizás sonrió al ver la hilera de botoncitos o el lazo perfectamente colocado. Sin embargo, no se probó el vestido. Sabía que ese regalo era exactamente lo que necesitaba para ayudar a otra persona.

Apenas unos días antes, Elena había recibido un mensaje urgente de John Andrews. Él y su familia estaban predicando el evangelio en un país lejano, y en el mensaje le había dicho a Elena que se estaban quedando sin dinero. Si querían que siguiera predicando el maravilloso mensaje de Jesús, necesitaban que les enviaran dinero lo antes posible. Elena no tenía mucho, y se preguntaba cómo supliría Dios lo que los misioneros necesitaban.

Mirando el vestido de seda, Elena supo qué hacer. Lo tomó en sus brazos y lo llevó a una tienda local. Le pidió al comerciante que vendiera el vestido por ella al máximo precio que pudiera conseguir. El comerciante aceptó. Alguien entró en la tienda, vio el vestido y pagó mucho dinero por él. Ese dinero fue el que Elena envió por correo al hermano Andrews y a su familia, que se encontraban lejos.

Cuando otras personas se enteraron de lo que había hecho Elena con el vestido de seda para ayudar a la familia misionera, ellas también quisieron ayudar a los misioneros. Le dieron a Elena más dinero para que se lo enviara al hermano Andrews.

¿Quién hubiera pensado que Dios podría usar un vestido para difundir su amor por todo el mundo?

Elena confió en Dios y tú también puedes hacerlo. Dios promete suplir todo lo que necesitas, cuando lo necesitas, porque te ama.

Adaptado de Manuscritos inéditos, t. 6, p. 132, manuscrito 368 (Doral, Florida: IADPA, 2022). Usado con permiso.


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