Lección 12 de Primarios - Año A - 2º Trimestre - Vivos en Jesús
RUT Y NOEMÍ
«Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas» (Salmo 147:3).
COMPROMISO: Entregarse por completo a alguien o algo, aun cuando puede resultar difícil hacerlo. Por ejemplo: «Mi mamá se comprometió a ayudar a los niños a aprender a leer».
La lección de esta semana se basa en Rut 1; el Comentario bíblico adventista, t. 2, pp. 428-434. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 3, pp. 137-140.
LA PROMESA ETERNA DE DIOS
La historia de la promesa de Dios a Abraham aún resonaba alrededor de la fogata por la noche. Cuando salían las estrellas, la promesa parecía aún más brillante. Dios había bendecido a los descendientes de Abraham, Isaac, Jacob y José, convirtiéndolos en un gran pueblo: los hijos de Israel.
Ahora, generaciones después de que Moisés guiara al pueblo a través del desierto y lo llevara de regreso a la tierra que Dios les había prometido, los fieles continuaban contando la historia de la liberación de Dios. Era necesario escuchar esas historias, porque muchos en Israel se habían apartado de Dios y adoraban ídolos.
Elimelec, un hombre de la tribu de Judá, conocía las historias del cuidado de Dios. También sabía que los israelitas se enfrentaban ahora a una catástrofe. ¿Qué amenazaba sus vidas? Lee la primera oración de RUT 1:1.
Elimelec vio que los campos de trigo de su tierra natal, Belén, estaban secos, la tierra agrietada y los animales morían de hambre. Su esposa, Noemí, tenía poco para alimentar a sus dos hijos, Mahlón y Quelión. ¿Qué haría Elimelec?
Al igual que Abraham, Isaac y la familia de José se mudaron a tierras extranjeras cuando hubo hambre, Elimelec decidió mudarse a Moab hasta que terminara la hambruna en Canaán. Allí había mucha agua fresca y tierra fértil para cultivar todos los alimentos que su pequeña familia necesitara. Iban a extrañar mucho su hogar en Canaán, pero sabían que Dios estaría con ellos en una tierra extraña, porque él dice: «Nunca te fallaré. Jamás te abandonaré» (Hebreos 13:5).
A veces los padres tienen que tomar decisiones difíciles porque están comprometidos a hacer lo mejor que pueden para cuidar de su familia. Dios cumplió la promesa a Abraham y seguirá cumpliendo las promesas. Dios está contigo y con tu familia para ayudarte y guiarte, sin importar los cambios que se presenten en tu camino.
AFLICCIÓN EN EL EXTRANJERO
Elimelec, Noemí, Mahlón y Quelión cargaron sus pertenencias y viajaron por los polvorientos caminos de Canaán, cruzaron el río Jordán y subieron a las tierras altas de Moab, donde el césped era verde y exuberante. Allí vivió la familia y tuvo comida en abundancia. A su alrededor, los moabitas adoraban ídolos, pero la pequeña familia de Belén siguió adorando al único Dios verdadero, que los amaba y cuidaba.
Entonces llegó el día más triste: Elimelec murió. Con el corazón destrozado, Noemí hizo todo lo posible por cuidar de Mahlón y Quelión ella sola. ¿Qué le dio a Noemí la fuerza y el valor para seguir adelante después de la muerte de Elimelec? LEE SALMO 34:18.
La vida era difícil, pero ella sabía que «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad» (Salmo 46:1). Así como Dios había consolado a Jacob cuando perdió a Raquel, él estaba cerca de Noemí en su dolor.
La vida se volvió un poco más fácil después de que sus hijos se casaron. Trajeron a sus esposas, Rut y Orfa, a la casa familiar, como era costumbre en aquellos días. Noemí llegó a quererlas, y ellas también la apreciaban, porque era una suegra cariñosa y abnegada. Al vivir con la familia de Dios, Rut y Orfa aprendieron que el Dios del cielo es un Dios de amor, muy diferente de los ídolos que adoraban sus familias. Y eran verdaderamente felices.
Nuestro Dios amoroso puede ver tu corazón y sabe cuándo estás sufriendo. Él también puede ayudarte a superar el dolor. Dios comprende la tristeza que sientes cuando muere tu mascota, cuando pierdes a un abuelo o cuando tu mejor amigo se muda. Sus promesas también son para ti.
DIOS ENTIENDE
Pasaron años felices, pero la tristeza volvió a la familia de Noemí. Mahlón y Quelión murieron, lo que dejó a Rut y a Orfa sin sus esposos y a Noemí sin sus queridos hijos.
El dolor llenó su corazón e invadió su pequeña casa en Moab. Se acabó la alegría de trabajar y compartir las comidas juntos. Se acabó la posibilidad de tener hijos y nietos que alegraran los días ocupados. Y se esfumó cualquier esperanza de perpetuar el nombre de Elimelec. Esto era en verdad desgarrador, ya que el nombre los vinculaba con el pueblo elegido de Dios: Con Abraham en el pasado y con el Salvador prometido por Dios en el futuro.
Las tres viudas lloraron juntas. Comprendían el dolor de las demás y se apoyaban mutuamente. A pesar de todo, se aferraron a la certeza de que Dios estaba con ellas, aunque no siempre lo sintieran así. En medio de todo el dolor, sabían que «él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas» (Salmo 147:3). Dios estaba comprometido con Rut, Noemí y Orfa; las amaba y fue sanándolas poco a poco. ¡Qué Dios tan maravilloso!
Cuando nuestro corazón está quebrantado, a veces nos sentimos solos, como si nadie entendiera por lo que estamos pasando. Aun así, otros también han experimentado el dolor. Ellos pueden apoyarnos cuando nuestro corazón está roto, y nosotros podemos apoyarlos en su dolor. La Biblia también nos recuerda que, aunque nos sintamos quebrantados, Dios nos entiende. Lo único que él necesita es que le llevemos nuestra carga de dolor. «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso» (Mateo 11:28).
LA VERDAD ACERCA DE LA MUERTE
Elimelec, Mahlón y Quelión estaban enterrados. Su vida en esta tierra había llegado a su fin, pero ¿era ese el final de su historia? ¿Alguna vez te has preguntado qué sucede con la gente cuando muere? La Biblia tiene las respuestas. Echemos un vistazo.
- A la muerte se la llama «sueño». Juan 11:11-13 nos dice: «Después agregó: "Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo". [...] Jesús se refería a que Lázaro había muerto». Jesús despertó a Lázaro y lo resucitó de entre los muertos después de estar cuatro días en el sepulcro. David y Daniel también llamaron sueño a la muerte (Salmo 13:3; Daniel 12:2). (Nota: Aunque la Biblia compara la muerte con el sueño porque Jesús puede despertar a los que han muerto, la muerte y el sueño no son lo mismo. Una persona que muere deja de respirar, pero cuando dormimos por la noche seguimos respirando. Asegúrate de que el niño entienda esto sin preocuparse al ir a dormir en la noche).
- Los muertos no saben nada (Eclesiastés 9:5, 6). Si no saben nada, ¿qué es lo que no pueden hacer? LEE SALMO 6:5 Y 115:17.
- Algunas personas, incluso algunos cristianos, creen que cuando las personas mueren van al cielo y que pueden mirar a sus amigos y familiares en la tierra y visitarlos. Pero eso no es cierto, porque Job 7:9, 10 dice: «Así como las nubes se disipan y se desvanecen, los que mueren ya no volverán. Se han ido de su hogar para siempre y jamás volverán a verlos».
- Cuando Jesús venga, ¿qué pasará con los que han muerto? Lee JUAN 5:28, 29 Y 1 TESALONICENSES 4:16. ¡Será un día maravilloso para los que aman a Dios y están durmiendo en sus tumbas!
- No habrá muerte en el cielo ni en la Tierra nueva. Apocalipsis 21:4 dice: «Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor».
DE REGRESO A CASA
Noemí había recibido la noticia más emocionante: ¡La hambruna en Canaán había terminado! Era una gran noticia para Noemí, ya que extrañaba su tierra natal y a sus familiares. Por fin, después de diez años en Moab, regresaría a la Tierra Prometida. ¡Dios había abierto un camino!
Rut y Orfa comenzaron el viaje hacia Belén con Noemí, porque querían a su suegra y estaban comprometidas a cuidarla. Durante el camino, Noemí pensaba en cómo sería el futuro para las dos jóvenes viudas en una tierra extraña tan diferente de Moab. Con tristeza, pero con amabilidad, les dijo que volvieran a casa con sus madres. ¿Qué cosas buenas les deseaba? LEE RUT 1:9.
Las jóvenes empezaron a llorar y dijeron que no, pero Noemí insistió. Finalmente, Orfa besó a Noemí y se despidió, pero Rut se quedó con su suegra. Noemí trató de persuadirla para que regresara con Orfa, pero Rut había tomado una decisión. Con palabras que nunca se olvidarán, le prometió a Noemí: «No me pidas que te deje y regrese a mi pueblo. A donde tú vayas, yo iré; dondequiera que tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios» (Rut 1:16).
Qué hermoso compromiso por parte de una joven dispuesta a renunciar a sus familiares, amigos y todo lo que le era conocido. Rut no solo amaba a su suegra, sino también al Dios del cielo.
Con el corazón alegre, las dos mujeres continuaron su viaje. Su compromiso de amor mutuo era profundo y verdadero.
Lo único que Rut conocía de nuestro maravilloso Dios era lo que veía en Noemí, y eso la llevó a comprometerse con él. La belleza de tu forma de vivir también puede ganar a otros para Jesús.
¡EL HOGAR DE NOEMÍ!
¡Todo Belén estaba alborotado! ¡Noemí había regresado a casa! En medio de la emoción, algunas mujeres dijeron: «¿De verdad es Noemí?» (Rut 1:19).
Sí, era Noemí, pero no la misma Noemí que había abandonado su hogar con Elimelec y sus hijos. Los años de ausencia habían sido difíciles. Noemí les dijo a las mujeres: «Me fui llena, pero el Señor me ha traído a casa vacía» (Rut 1:21). Noemí era sincera acerca de cómo se sentía. A veces, su vida aún parecía vacía sin su esposo y sus hijos, pues Dios sana el corazón quebrantado con el tiempo.
Belén le recordaba a Noemí los buenos momentos con Elimelec y sus hijos pequeños, y lo que había perdido. Era difícil, pero lo enfrentaba junto con Rut. Rut había traído alegría al corazón roto de Noemí. Juntas con Dios, comenzarían una nueva vida en Belén. El Señor las había traído a casa.
A medida que Dios sana el corazón quebrantado al paso del tiempo, surgen recuerdos dolorosos y momentos que nos traen a la mente a nuestros seres queridos. A esto se le llama «desencadenantes». Pueden ser tan pequeños como ver la flor favorita de un ser querido o tan grandes como entrar en su habitación. Podemos ser pacientes y amables cuando los desencadenantes causan dolor a los demás o a nosotros mismos. También podemos orar a Dios como David: «Vuelve a mí tu rostro y tenme compasión, pues me encuentro solo y afligido» (Salmo 25:16, NVI). Nuestro Dios amoroso realmente comprende y está comprometido a sanar los corazones quebrantados.
RANAS CONGELADAS
Aunque la muerte nos parece tan definitiva, Dios no la ve así. Cuando Jesús
estuvo en esta Tierra, nos dijo que los que han muerto solo están durmiendo,
aunque su corazón haya dejado de latir. Lo dijo porque él puede
despertarlos, ¡y lo hará! Dios nos ha dado una lección poderosa en la
naturaleza que nos muestra su poder sobre la vida y la muerte.
¿Sabías que se puede congelar una rana, no todas las ranas, pero sí las
ranas de madera de Alaska?
La mayoría de los animales de Alaska se dirigen al sur durante el invierno para escapar de las temperaturas gélidas, pero las ranas no. Justo antes del invierno, las ranas de madera hacen algo muy extraño: ¡Se congelan!
Cuando los primeros copos de nieve caen sobre ellas, su piel se congela y su cuerpo se vuelve rígido y crujiente. No se congelan totalmente, pero casi. Si las tomaras, no se moverían, y si les doblaras una pata, se rompería. Básicamente, se han convertido en «ranitas de hielo», porque la mayor parte del agua de su cuerpo se ha convertido en hielo.
En el interior de la rana ocurren cosas asombrosas, cosas que desafían a la ciencia. Cuando una rana de madera se congela, su corazón deja de latir, la sangre deja de fluir por el cuerpo y deja de respirar. Los científicos que estudian estas ranas dicen que, en estado congelado, podrían clasificarlas como muertas, pero no están muertas, solo «dormidas».
Lo más alucinante de todo es que las ranas pueden permanecer en este estado congelado hasta siete meses, a temperaturas tan bajas como -17°C (1.4°F). Luego, cuando llega el verano y el sol brilla sobre ellas, ¡se descongelan y se alejan saltando! El calor del sol hace que su corazón vuelva a latir y que salga de su estado de sueño y congelación para volver a la vida.
La presencia cálida y amorosa de Jesús recreará y devolverá la vida a los que han muerto, como si los despertara de un sueño. Hará que su corazón nuevo vuelva a latir y que resuciten, vivos en él.
Recuerda esto: Dios tiene el poder de reiniciar el corazón. ¡Él puede hacer que los muertos vuelvan a vivir, y lo hará!
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