Lección 10 de Principiantes - Año A Trimestre 3
LA AMABLE RAHAB
Yo puedo ayudar a otros.
«Dios [...] suplirá todo lo que necesiten» (Filipenses 4:19).
Esta lección se basa en Josué 1; 2; y Patriarcas y profetas, cap. 44, pp. 458-459.
Versículo semanal optativo para memorizar: «Hagamos el bien a todos» (Gálatas 6:10).
Josué les sonrió a los dos hombres. Tenía un trabajo muy emocionante para ellos: tendrían que entrar en la Tierra Prometida para saber cómo era. Saldrían de aventura, como Josué muchos años antes. Iban a mirar, mirar y mirar. Tendrían que mirar hacia arriba y hacia abajo. Debían mirar para todas partes en la gran ciudad de Jericó. ¡Apúrense, dense prisa, es hora de partir!
Los dos hombres empacaron sus cosas y se pusieron en marcha. La ciudad de Jericó estaba rodeada de grandes murallas. Tenía puertas grandes y fuertes que hacían ñic, ñic, trácate pum cuando se cerraban. Los dos hombres entraron en silencio a la ciudad. ¡Shh! Miraron hacia arriba y hacia abajo. Pero necesitaban encontrar a alguien amigable que les dijera adónde ir. Conocieron a una amable mujer llamada Rahab ¡y ella se ofreció a ayudarlos!
Rahab llevó a los dos hombres a su casa, se sentó en la azotea y habló con ellos. Sabía que eran amigos de Dios porque Dios los ayudó a cruzar el Mar Rojo y les envió maná delicioso para comer. Ella también quería conocer a su buen Dios. Esto alegró mucho a los hombres (sonríe) y también alegró mucho a Dios (abraza al niño). Rahab les dio comida y agua a los hombres y les contó todo sobre la ciudad.
Pronto llegó la hora de partir. Cuando salieron las estrellas, las grandes puertas se cerraron con un ñic, ñic, trácate pum. ¿Cómo iban a salir los hombres de Jericó? ¡Rahab sabía cómo! Ella vivía dentro de los muros grandes y altos, y puso una cuerda roja en la ventana. Los hombres bajaron, bajaron, bajaron por los muros hasta el suelo y desde allí la saludaron (saludar con la mano).
La bondadosa Rahab los había ayudado. Ellos prometieron ayudarla también cuando llegaran a vivir a esa tierra. Luego se apresuraron a volver con Josué. Corrieron, corrieron y corrieron muy felices. Dios tenía una nueva amiga en Jericó: la bondadosa Rahab. Dios los ayudaría a hacer de esta nueva tierra su hogar.
Al igual que Rahab, nosotros podemos buscar formas de ayudar a los demás. Podemos mostrar el amor de Jesús siendo amables con lo que decimos y hacemos. Las palabras amables dicen «te amo» a la abuela, o «gracias, papá, por la cena». Las manos amables ayudan a limpiar el desorden y a doblar la ropa. El corazón amable abraza a alguien que está sufriendo.
(Digan juntos:) Querido Jesús, ayúdame a cuidar a otros.
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