Lección 12 de Principiantes - Año A Trimestre 3
LOS MUROS DE JERICÓ
Yo puedo obedecer a Dios.
«Dios [...] suplirá todo lo que necesiten» (Filipenses 4:19).
Esta lección se basa en Josué 6; y Patriarcas y profetas, cap. 45.
Versículo semanal optativo para memorizar: «No tengas miedo [...] porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas» (Josué 1:9).
Los israelitas finalmente llegaron a su nuevo hogar, la Tierra Prometida (¡Viva!). Dios era muy bueno. Había estado con ellos, cuidándolos durante todo el camino desde Egipto. El pueblo acampó cerca de la gran ciudad de Jericó. ¡Esta era otra cosa grande que se interponía en el camino! Los muros eran altos (levanta los brazos). Los muros eran anchos (extiende los brazos). Los muros eran muy, muy fuertes (muestra el brazo fuerte). Pero Dios los había ayudado a cruzar el gran río. ¡Y también los ayudaría a pasar la gran ciudad de Jericó! Dios le dijo a Josué exactamente lo que tenían que hacer.
El pueblo se levantó temprano. Todos dejaron atrás las tiendas, las ovejas y el pan calentito. Rápido y en silencio marcharon alrededor de los grandes muros de Jericó. Marcha, marcha, marcha. ¡Shh! Nadie dijo ni una sola palabra. Marcha, marcha, marcha. Luego volvieron al campamento, acariciaron las ovejas y comieron pan. Al día siguiente volvieron a hacer lo mismo. Marcharon una vez alrededor de la ciudad durante uno, dos, tres, cuatro, cinco, ¡seis días! El pueblo no sabía para qué servía esta marcha, pero obedecieron a Dios.
El séptimo día Dios le dijo a Josué que hicieran algo nuevo y Josué se lo contó al pueblo. Ellos sonrieron y asintieron. Sí, confiarían en Dios. Sí, obedecerían a Dios. Marcha, marcha, marcha. Los israelitas marcharon alrededor de la gran ciudad. Pero no solo una vez. Marcharon una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ¡siete veces! Y esta vez no se quedaron callados. Los sacerdotes tocaban los cuernos mientras el pueblo marchaba. Marcha, marcha, marcha. ¡Tut, tut, tut! Marcha, marcha, marcha. ¡Tut, tut, tut! ¡Cuánto ruido!
Tras siete marchas alrededor de la ciudad, los sacerdotes dieron un largo toque de trompeta. ¡Tuuut! Entonces Josué le dijo a todo el pueblo: «¡Griten!» (Josué 6:16). El pueblo gritó y sonaron las trompetas. Luego se escuchó un sonido diferente. ¡Cataplum, plum, PLUM! ¡Dios derribó los muros de Jericó!
¡Nada es demasiado grande ni difícil para Dios! Podemos confiar en él como nuestro líder. Cuando Dios nos dice en la Biblia que seamos cariñosos y amables con los demás, podemos obedecer, aunque sea difícil. Cuando Dios nos dice en la Biblia que ayudemos a los demás, podemos obedecer, aunque preferiríamos jugar. Cuando Dios nos dice en la Biblia que hablemos a los demás de su amor, podemos obedecer, aunque seamos tímidos. Dios quiere lo mejor para nosotros. Él nos ayudará. Él derribó los grandes muros de Jericó. ¡Él todo lo puede!
Gracias, Dios. ¡Tú eres poderoso! (Digan juntos:) ¡Quiero confiar en ti y obedecerte!
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