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Lección 13: Israel en Egipto | El Génesis | Escuela Sabática 2T 2022

Lección 13: Israel en Egipto | El Génesis | Escuela Sabática 2T 2022
Lección 13: Israel en Egipto | El Génesis | Escuela Sabática 2T 2022

Lección 13: Para el 25 de junio de 2022

ISRAEL EN EGIPTO

 

Sábado 18 de junio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 46; Romanos 10:12, 13; Génesis 47; 48; Hechos 3:25, 26; Génesis 49; Filipenses 2:10; Génesis 49:29–50:21.

PARA MEMORIZAR:
“Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera” (Gén. 47:27).


Génesis abarca los últimos años de Jacob y José juntos. Vemos a Jacob (Israel) dejar Canaán (Gén. 46) para establecerse en Egipto (Gén. 47), y allí morirá (Gén. 49:29–50:21). Y, aun en este escenario egipcio, la expectativa de la Tierra Prometida ocupa un lugar preponderante (Gén. 50:22-26).

En cuanto Jacob llega a Egipto, bendice a Faraón (Gén. 47:7-10), y así cumple (parcialmente, por supuesto) la promesa abrahámica de ser una bendición para las naciones (Gén. 12:3). Posteriormente, ya a punto de morir, Jacob bendice a los hijos de José (Gén. 48). También bendice a sus propios hijos (Gén. 49:1–28) y hace predicciones impresionantes acerca de cada uno de ellos, en el contexto de las futuras doce tribus de Israel (Gén. 49:1–27).

Sin embargo, el hecho de que Israel como pueblo “habite” en el exilio, en Egipto, como extranjeros, está en tensión con la esperanza de la Tierra Prometida. Y, aunque el mismo libro del Génesis termina con los hijos de Israel en Egipto, algunas de las últimas palabras de José apuntan a otro lugar: “Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob” (Gén. 50:24).

 

Notas EGW
Sábado

A causa de los servicios que José había prestado a la nación egipcia, no solamente se les otorgó una parte del país para que moraran allí, sino que fueron exonerados del pago de impuestos, y se les proveyó liberalmente de los alimentos necesarios mientras duró el hambre. El rey reconoció públicamente que gracias a la misericordiosa intervención del Dios de José, Egipto gozaba de abundancia mientras otras naciones estaban pereciendo de hambre. Vio también que la administración de José había enriquecido grandemente el reino, y su gratitud rodeó a la familia de Jacob con el favor real (Historia de los patriarcas y profetas, p. 246).

El trato de Dios con su pueblo debe mencionarse con frecuencia. ¡Cuán a menudo levantó el Señor, en su trato con el antiguo Israel, los hitos del camino! A fin de que no olvidasen la historia pasada, ordenó a Moisés que inmortalizase esos acontecimientos en cantos, a fin de que los padres pudiesen enseñárselos a sus hijos. Habían de levantar monumentos recordativos bien a la vista. Debían esmerarse para conservarlos, a fin de que cuando los niños preguntasen acerca de esas cosas, les pudiesen repetir toda la historia. Así eran recordados, el trato providencial y la señalada bondad y misericordia de Dios manifestadas en su cuidado y en la liberación de su pueblo. Se nos exhorta a traer “a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos”. Hebreos 10:32. El Señor ha obrado como un Dios realizador de prodigios en favor de su pueblo en esta generación. Es necesario recordar con frecuencia a los hermanos jóvenes y ancianos, la historia pasada de la causa de Dios. Necesitamos relatar a menudo la bondad de Dios y alabarle por sus obras admirables (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 365).

En la providencia de Dios, diariamente nos ponemos en contacto con los inconversos. Dios está preparando el camino delante de nosotros con su propia mano derecha a fin de que su obra pueda progresar rápidamente. Como colaboradores con él, tenemos una obra sagrada que realizar. Debemos sentir aflicción de espíritu por los que se encuentran en lugares elevados, y debemos extenderles la graciosa invitación de venir a la fiesta de bodas.

Aunque ahora se encuentra casi exclusivamente en posesión de hombres impíos, todo el mundo, con sus riquezas y tesoros, pertenece a Dios. “De Jehová es la tierra y su plenitud”. Salmo 24:1… Ojalá que los cristianos comprendiesen cada vez con más plenitud que tienen el privilegio y el deber, mientras se aferran a los principios correctos, de aprovechar cada oportunidad enviada por el cielo para promover el reino de Dios en este mundo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 194).

 

Domingo 19 de junio

JACOB LLEGA HASTA JOSÉ

Lee Génesis 46. ¿Cuál es la importancia de la partida de Jacob de Canaán?

Cuando Jacob deja su tierra en Canaán, está lleno de esperanza. La seguridad de que ya no pasará hambre y la buena noticia de que José está vivo debieron haberle dado el impulso que necesitaba para dejar la Tierra Prometida.

La partida de Jacob evoca la experiencia de Abraham, aunque en el caso de Abraham se dirigía a la Tierra Prometida. Jacob escucha la misma promesa que Abraham escuchó de parte de Dios, es decir, que lo hará “una gran nación” (Gén. 46:3; comparar con Gén. 12:2). Este llamado de Dios también nos recuerda su pacto con Abraham; en ambas ocasiones, Dios utiliza las mismas palabras tranquilizadoras “no temas” (Gén. 46:3; comparar con Gén. 15:1), que conllevan la promesa de un futuro glorioso.

La lista completa de los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto, incluidas sus hijas (Gén. 46:7), nos recuerda la promesa de fecundidad que Dios le hizo a Abraham incluso cuando todavía no tenía hijos. El número “setenta” (incluidos Jacob, José y sus dos hijos) expresa la idea de totalidad. Es “todo Israel” que va a Egipto. También es significativo que el número setenta corresponde al número de naciones (Gén. 10), lo que sugiere que el destino de todas las naciones también está en juego en el viaje de Jacob.

Esta verdad se hará más evidente recién muchos años más tarde, después de la Cruz y la Revelación mayor del plan de salvación (Cristo), que, por supuesto, era para toda la humanidad, en todas partes, y no solo para los hijos de Abraham.

En otras palabras, por más interesantes que sean las historias de esta familia, de la simiente de Abraham y cualquier lección espiritual que podamos aprender de ellos, estos relatos están en la Palabra de Dios porque forman parte de la historia de la salvación; son parte del plan de Dios para dar redención a la mayor cantidad posible de seres humanos en este planeta caído.

 

■ “Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Rom. 10:12, 13). ¿Qué dice Pablo aquí que muestra la universalidad del evangelio? Más aún, ¿qué nos dicen estas palabras con respecto a lo que debemos hacer como iglesia para ayudar a difundir el evangelio?

 

Notas EGW
Domingo

Al llegar a Egipto, la compañía se dirigió a la tierra de Gosén. Allí fue José en su carro oficial, acompañado de un séquito principesco. Olvidó el esplendor de su ambiente y la dignidad de su posición; un solo pensamiento llenaba su mente, un anhelo conmovía su corazón. Cuando divisó la llegada de los viajeros, no pudo ya reprimir el amor cuyos anhelos había sofocado durante tan largos años. Saltó de su carro, y corrió a dar la bienvenida a su padre. “Echóse sobre su cuello, y lloró sobre su cuello bastante. Entonces Israel dijo a José: Muera yo ahora, ya que he visto tu rostro, pues aun vives” (Historia de los patriarcas y profetas, p. 236).

Faraón apreciaba la sabiduría que [José] había manifestado este en la administración de todo lo relacionado con el gobierno, especialmente los preparativos que hizo para los largos años de hambre que tuvo que soportar la tierra de Egipto. Creía que todo el reino estaba en deuda con él por la prosperidad que produjo su sabía administración, y como prueba de su gratitud le dijo: “La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén”…

“Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramsés, como mandó Faraón. Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos” (La historia de la redención, p. 106).

Aunque los egipcios habían rechazado durante tanto tiempo el conocimiento de Dios, el Señor todavía les ofreció la oportunidad de arrepentirse. En los días de José, Egipto había servido de asilo para Israel; Dios había sido honrado en la bondad mostrada a su pueblo; por lo tanto, el Paciente, tardo para la ira y lleno de compasión, dio a cada castigo tiempo para realizar su obra; los egipcios, maldecidos por las mismas cosas que adoraban, tuvieron evidencia del poder de Jehová, y todos los que quisieron, pudieron someterse a Dios y escapar a sus azotes (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 344, 345).

Las castas son algo aborrecible para Dios. Él desconoce cuanto tenga ese carácter. A su vista las almas de todos los hombres tienen igual valor. “De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; para que buscasen a Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros”. Sin distinción de edad, jerarquía, nacionalidad o privilegio religioso, todos están invitados a venir a él y vivir… “No hay judío, ni griego; no hay siervo, ni libre”. “El rico y el pobre se encontraron: a todos ellos hizo Jehová”. “El mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. Hechos 17:26, 27; Proverbios 22:2; Romanos 10:11-13 (El Deseado de todas las gentes, p. 370).

 

Lunes 20 de junio

JACOB SE ASIENTA EN EGIPTO

Es muy interesante que, a pesar de todo lo que le habían dicho a Jacob acerca de que José estaba vivo en Egipto, el Señor todavía le dio “visiones de noche” (Gén. 46:2), y en ellas le ordenó que se fuera. Jacob deja la Tierra Prometida precisamente por Egipto, que luego se asocia con el único lugar al que el pueblo de Dios no quiere ir (Deut. 17:16).

 

Lee Génesis 47. ¿Qué verdades y principios espirituales podemos encontrar en este relato?

“José llevó a cinco de sus hermanos para presentarlos a Faraón, y para que se les diera la tierra en que iban a establecer sus futuros hogares. La gratitud hacia su primer ministro induciría al monarca a honrarlos con nombramientos para ocupar cargos oficiales; pero José, leal al culto de Jehová, trató de salvar a sus hermanos de las tentaciones a las que se expondrían en una corte pagana. Por consiguiente, les aconsejó que cuando el rey les preguntase le dijeran francamente su ocupación. Los hijos de Jacob siguieron ese consejo, teniendo cuidado también de manifestar que habían venido a morar temporalmente en la tierra, y no a permanecer allí; reservándose de esa manera el derecho de marcharse cuando lo desearan. El rey les asignó un lugar, como había ofrecido, en lo mejor del país, en la tierra de Gosén” (PP 236).

Sabiamente también, el Faraón no propicia que estos extranjeros se conviertan en mendigos por vivir de la generosidad de su anfitrión. Les pregunta por su “oficio” (Gén. 47:3) a fin de que pudieran adaptarse mejor a su nuevo entorno. También se muestra ávido por aprovechar su experiencia, e incluso sugiere que lo sirvan como “mayorales de [su] ganado” (Gén. 47:6).

Entonces, aunque Jacob, el extranjero, es el subordinado, el forastero, se presenta ante el dirigente del país y, como dice el pasaje, “Jacob bendijo a Faraón” (Gén. 47:7). Él, el humilde extranjero, ¿es el que bendice a Faraón, el gobernante del poderoso Egipto? ¿Por qué será así?

El verbo “amad lifné”, “lo presentó delante de” (Gén. 47:7), se utiliza normalmente en contextos sacerdotales (Lev. 14:11). Teniendo en cuenta que en el antiguo Egipto el faraón tenía el estatus de sumo sacerdote, esto significa que, espiritualmente hablando, Jacob está por encima del sumo sacerdote de Egipto, por encima incluso del mismo Faraón.

 

■ Más allá de nuestra condición en la vida, ¿qué debería significar para nosotros, en la forma en que tratamos a los demás, que somos “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios” (1 Ped. 2:9)? ¿Qué obligaciones nos impone nuestra fe?

 

Notas EGW
Lunes

Poco tiempo después, José llevó también a su padre para presentarlo al rey. El patriarca era extraño al ambiente de las cortes reales; pero en medio de las sublimes escenas de la naturaleza había tenido comunión con el Monarca más poderoso; y ahora con consciente superioridad, alzó las manos y bendijo a Faraón.

En su primer saludo a José, Jacob habló como si con esta conclusión jubilosa de su largo dolor y ansiedad, estuviese listo para morir. Pero todavía se le otorgaron diecisiete años en el quieto retiro de Gosén. Estos años fueron un feliz contraste con los que los habían precedido. Jacob vio en sus hijos evidencias de un verdadero arrepentimiento. Vio a su familia rodeada de todas las condiciones necesarias para convertirse en una gran nación; y su fe se afirmó en la segura promesa de su futuro establecimiento en Canaán. El mismo estaba rodeado de todas las demostraciones de amor y favor que el primer ministro de Egipto podía dispensar; y feliz en la compañía de su hijo por tanto tiempo perdido, descendió quieta y apaciblemente al sepulcro (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 236, 237).

El secreto del éxito que tiene la influencia cristiana consiste en que ella es ejercida de continuo, y ello depende de la firmeza con que manifestéis el carácter de Cristo. Ayudad a los que han errado, hablándoles de lo que habéis experimentado. Mostradles cómo, cuando cometisteis vosotros también faltas graves, la paciencia, la bondad y la ayuda de vuestros compañeros de trabajo os infundieron aliento y esperanza.

Hasta el día del juicio no conoceréis la influencia de un trato bondadoso y respetuoso para con el débil, el irrazonable y el indigno. Cuando tropezamos con la ingratitud y la traición de los cometidos sagrados, nos sentimos impulsados a manifestar desprecio e indignación. Esto es lo que espera el culpable, y se prepara para ello. Pero la prudencia bondadosa le sorprende, y suele despertar sus mejores impulsos y el deseo de llevar una vida más noble (El ministerio de curación, p. 395).

El mensaje a Laodicea se aplica a la iglesia de este tiempo. ¿Creéis ese mensaje? ¿Es este el sentir de vuestros corazones? ¿O estáis diciendo constantemente: Nosotros somos ricos y enriquecidos, y no tenemos necesidad de ninguna cosa? ¿Es en vano la declaración de verdad eterna haya sido dada a esta nación para ser llevada a todas las naciones del mundo? Dios tiene un pueblo escogido y lo hace depositario de una verdad llena de resultados eternos; se le ha dado la luz que debe iluminar el mundo. ¿Ha cometido Dios un error? ¿Somos ciertamente sus instrumentos escogidos? ¿Somos los hombres y las mujeres que deben llevar al mundo los mensajes de Apocalipsis catorce, para proclamar el mensaje de salvación a los que están al borde de la ruina? ¿Procedemos como si lo fuéramos?

El mensaje a Laodicea se aplica a todos los que dicen guardar la ley de Dios, pero no son hacedores de ella. No debemos ser egoístas en nada. Cada aspecto de la vida cristiana debe ser una ejemplificación de la vida de Cristo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 7, p. 973).

 

Martes 21 de junio

JACOB BENDICE A LOS HIJOS DE JOSÉ

Cuando Jacob se aproxima a su muerte, recuerda su regreso a Betel (Gén. 35:1-15), cuando recibió de Dios la renovada promesa de la “heredad perpetua” (Gén. 48:4) que le fuera dada a Abraham (Gén. 17:8). Por lo tanto, la esperanza de la Tierra Prometida es un pensamiento reconfortante que nutre su esperanza al sentir que la muerte se aproxima. Entonces, Jacob se dirige a los dos hijos de José, que nacieron en Egipto, y los bendice, pero lo hace en el contexto de la promesa futura con respecto a su propia simiente.

 

Lee Génesis 48. ¿Por qué Jacob bendijo a los dos hijos de José aquí, y no a sus otros nietos?

Los dos hijos de José, Manasés y Efraín, son los únicos nietos que bendijo Jacob. Por lo tanto, son elevados de la condición de nietos a la condición de “hijos” (Gén. 48:5). Aunque la bendición de Jacob implica una preeminencia del segundo (Efraín) sobre el primero (Manasés), la bendición del patriarca concierne esencialmente a José (Gén. 48:15).

Lo que vemos aquí es un testimonio personal sobre la fidelidad de Dios hacia ellos en el pasado y su promesa para ellos en el futuro. Jacob alude al Dios de Abraham e Isaac (Gén. 48:15), quien les había brindado alimento y protección. Este es el mismo Dios que “me liberta de todo mal” (Gén. 48:16). Jacob también tiene en mente al “Dios de Bet-el” (Gén. 31:13), con el que luchó (Gén. 32:29) y quien le cambió el nombre de Jacob a “Israel” (Gén. 32:26-29).

Al referirse a todas estas experiencias, por las cuales Dios transforma el mal para bien, Jacob expresa su esperanza de que Dios no solo se encargará de la vida actual de sus nietos, así como lo hizo por él y por José, sino también de su futuro, cuando sus descendientes regresen a Canaán. Esta esperanza es evidente por su referencia a Siquem (Gén. 48:22), que no solo es una parcela de tierra que había adquirido (Gén. 33:19) sino también un lugar donde enterrarán los huesos de José (Jos. 24:32) y donde se distribuirá la tierra a las tribus de Israel (Jos. 24:1). Aun en medio de todo lo que ha sucedido, Jacob tenía en mente las promesas de Dios, quien dijo que por medio de esta familia “serán benditas [...] las familias de la tierra” (Gén. 12:3).

 

■ Lee Hechos 3:25 y 26. Según Pedro, ¿cómo se cumplió esta promesa de Génesis 12:3? ¿Cómo hemos recibido esta bendición nosotros personalmente?

 

Notas EGW
Martes

Cuando sintió que se aproximaba la muerte, [Jacob] mandó llamar a José…

Otro asunto importante exigía atención; los hijos de José habían de ser formalmente recibidos entre los hijos de Israel. A la última entrevista con su padre, José llevó consigo a Efraín y Manasés… José deseaba que ellos se unieran a su propio pueblo. Manifestó su fe en la promesa del pacto, en favor de sus hijos, renunciando a todos los honores de la corte egipcia a cambio de un lugar entre las despreciadas tribus de pastores a quienes se habían confiado los oráculos de Dios.

Dijo Jacob: “Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos”. Habían de ser adoptados como sus propios hijos, y llegarían a ser jefes de tribus separadas. De esa manera uno de los privilegios de la primogenitura, perdida por Rubén, había de recaer en José; a saber, una porción doble en Israel (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 237, 238).

Al acercársele [los hijos de José], el patriarca los abrazó y los besó, poniendo sus manos solemnemente sobre sus cabezas para bendecirlos. Entonces pronunció la oración: “El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos mozos: y mi nombre sea llamado en ellos, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac: y multipliquen en gran manera en medio de la tierra”. No había ya en él espíritu de autoindependencia, ni confianza en los arteros poderes humanos. Dios había sido su guardador y su sostén. No se quejó de los malos días pasados. Ya no consideraba sus pruebas y dolores como cosas que habían obrado contra él. Su memoria solo evocó la misericordia y las bondades del que había estado con él durante toda su peregrinación.

Terminada la bendición, dejando para las generaciones venideras que iban a pasar por largos años de esclavitud y dolor este testimonio de su fe, Jacob le aseguró a su hijo: “He aquí, yo muero, mas Dios será con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres” (Historia de los patriarcas y profetas, p. 238).

La esperanza de Israel se incorporó en la promesa hecha en el momento de llamarse a Abrahán y fue repetida después vez tras vez a su posteridad: “Serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Génesis 12:3. Al ser revelado a Abrahán el propósito de Dios para la redención de la familia humana, el Sol de Justicia brilló en su corazón, y disipó sus tinieblas. Y cuando, al fin, el Salvador mismo anduvo entre los hijos de los hombres y habló con ellos, dio testimonio a los judíos acerca de la brillante esperanza de liberación que el patriarca tenía por la venida de un Redentor. Cristo declaró: “Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y lo vio, y se gozó”. Juan 8:56 (Profetas y reyes, p. 503).


Miércoles 22 de junio

JACOB BENDICE A SUS HIJOS

Lee Génesis 49:1 al 28. ¿Cuál es la importancia espiritual de la bendición de Jacob sobre sus hijos?

Más allá de las profecías sobre la historia inmediata de las tribus de Israel, Jacob ve al Mesías y la máxima esperanza de salvación. Esta esperanza ya está indicada en las primeras palabras de Jacob, “en los postreros días” (Gén. 49:1, RVA), una expresión técnica que se refiere a la venida del Rey mesiánico (Isa. 2:2; Dan. 10:14).

El texto recorre luego el futuro linaje de cada uno de estos hombres. Estos no son futuros predestinados, como si Dios quisiera que cada uno de ellos afrontara lo que enfrentó; más bien, son expresiones de lo que el temperamento y el carácter de sus hijos generarían. Por ejemplo, el hecho de que Dios supiera que alguien va a matar a un hombre inocente es algo radicalmente diferente de que Dios haya querido que el asesino lo haga.

 

Lee Génesis 49:8 al 12. ¿Qué profecía se da aquí y por qué es importante?

Más allá del libre albedrío humano, Dios conoce el futuro, y había dispuesto que sería por intermedio de Judá que vendría el Mesías. Judá (Gén. 49:8-12), que está representado por un león (Gén. 49:9), remite a la realeza y la alabanza. Judá engendrará al rey David, pero también a Siloh, es decir, al que traerá shalom, “Paz” (Isa. 9:6, 7), “quien merece la obediencia de los pueblos” (Gén. 49:10, NVI).

Los judíos han visto esto durante mucho tiempo como una profecía mesiánica que remite a la venida del Mesías, y los cristianos también han observado que este texto apunta a Jesús: “A él se congregarán los pueblos” (Gén. 49:10), y es, quizá, precursor de la promesa del Nuevo Testamento: “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Fil. 2:10).

Como escribió Elena de White: “El león, rey de la selva, es un símbolo apropiado de la tribu de la cual descendió David, y del hijo de David, Siloh, el verdadero ‘León de la tribu de Judá’, ante quien todos los poderes se inclinarán finalmente, y a quien todas las naciones rendirán homenaje” (PP 240).

 

■ ¿Por qué deberíamos rendir homenaje a Jesús ahora, aun antes de que todas las naciones lo hagan?

 

Notas EGW
Miércoles

Por fin todos los hijos de Jacob se reunieron alrededor de su lecho de muerte. Jacob llamó a sus hijos y dijo: “Juntaos y oíd, hijos de Jacob; y escuchad a vuestro padre Israel”. “Y os declararé lo que os ha de acontecer en los postreros días”. A menudo había pensado ansiosamente en el futuro de sus hijos, y había tratado de concebir un cuadro de la historia de las diferentes tribus. Ahora, mientras sus hijos esperaban su última bendición, el Espíritu de la inspiración se posó sobre él; y se presentó ante él en profética visión el futuro de sus descendientes. Uno después de otro, mencionó los nombres de sus hijos, describió el carácter de cada uno, y predijo brevemente la historia futura de sus tribus…

El sacerdocio fue otorgado a Leví, el reino y la promesa mesiánica a Judá, y la doble porción de la herencia a José. Nunca ascendió la tribu de Rubén a una posición eminente en Israel; no fue tan numerosa como la de Judá, la de José, o la de Dan; y se contó entre las primeras que fueron llevadas en cautiverio (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 238, 239).

Jacob había sido siempre un hombre de profundos y ardientes afectos; su amor por sus hijos era fuerte y tierno, y el testimonio que dio de ellos en su lecho de muerte no fue expresión de parcialidad ni resentimiento. Había perdonado a todos, y los amó a todos hasta el fin. Su ternura paternal se habría expresado solo en palabras de ánimo y de esperanza; pero el poder de Dios se posó sobre él, y bajo la influencia de la inspiración fue constreñido a declarar la verdad, por penosa que fuera.

Una vez pronunciadas las últimas bendiciones, Jacob repitió el encargo referente al sitio de su entierro: “Yo voy a ser reunido con mi pueblo: sepultadme con mis padres… en la cueva que está en el campo de Macpela… Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea”. De esta manera el último acto de su vida fue manifestar su fe en la promesa de Dios (Historia de los patriarcas y profetas, p. 241).

No todo el mundo ha tomado posiciones con el enemigo y contra Dios. No todos se han vuelto desleales. Queda un remanente que permanece fiel a Dios; porque Juan escribe: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Apocalipsis 14:12. Muy pronto una furiosa batalla contra los que sirven a Dios será entablada por aquellos que no le sirven. Muy pronto todo lo que es susceptible de ser removido lo será, de modo que subsistan únicamente aquellas cosas que no pueden ser quebrantadas…

[El] pueblo de Dios hallará su fortaleza en la señal mencionada en Éxodo 31:12-18. Tendrán que afirmarse sobre la palabra viviente: “Escrito está”. Es el único fundamento seguro. Aquellos que hayan quebrantado su alianza con Dios estarán entonces sin Dios y sin esperanza.

Lo que caracterizará de un modo peculiar a los adoradores de Dios será su respeto por el cuarto mandamiento, puesto que es la señal del poder creador de Dios y atestigua que él tiene derecho a la veneración y al homenaje de los hombres (Testimonios para la iglesia, t. 9, pp. 14, 15).

 

Jueves 23 de junio

LA ESPERANZA DE LA TIERRA PROMETIDA

Lee Génesis 49:29 a 50:21. ¿Qué grandes temas de esperanza se encuentran en la conclusión del libro de Génesis?

La conclusión del Génesis se compone de tres eventos llenos de esperanza.

En primer lugar, es la esperanza de que Israel regrese a la Tierra Prometida. Moisés, el autor del Génesis, describe la muerte y el entierro de Jacob y de José como acontecimientos que apuntan a la Tierra Prometida. Inmediatamente después de su bendición y su profecía sobre las “doce tribus de Israel” (Gén. 49:28), Jacob piensa en su muerte y encarga a sus hijos que lo entierren en Canaán, en la cueva de Macpela, donde fue enterrada Sara (Gén. 49:29–31). La narración que describe la procesión fúnebre hacia Canaán se convierte en precursora del Éxodo de Egipto, varios siglos después.

En segundo lugar, es la esperanza de que Dios transforme el mal en bien. Después de la muerte y el entierro de Jacob, los hermanos de José se empiezan a preocupar por su futuro. Temen que ahora José se vengue. Acuden a José y se postran ante él, dispuestos a convertirse en sus siervos (Gén. 50:18), una situación que recuerda los sueños proféticos de José. José los tranquiliza y les dice “no temáis” (Gén. 50:19), una frase que se refiere al futuro (Gén. 15:1); porque lo que “pensa[ron] mal” contra él, “Dios lo encaminó a bien” (Gén. 50:20), y cambió el curso de los eventos para salvación (Gén. 50:19-21; comparar con Gén. 45:5, 7-9).

Es decir, a pesar de tantos fracasos humanos, la providencia de Dios prevalecerá. En tercer lugar, es la esperanza de que Dios salve a la humanidad caída. La historia de la muerte de José en este último versículo del Génesis es más amplia, no solo trata sobre la muerte de José. Curiosamente, José no ordena que entierren sus huesos; en cambio, señala el momento en que “Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos” (Gén. 50:25). Y esto hicieron, años después, en obediencia directa a esas palabras (ver Éxo. 13:19). En última instancia, la esperanza de la Tierra Prometida, Canaán, es un símbolo, un precursor, de la esperanza suprema de salvación, de restauración, de una nueva Jerusalén en un cielo nuevo y una Tierra nueva: la esperanza máxima de todos nosotros, una esperanza garantizada por la muerte de Siloh.

 

■ Lee Apocalipsis 21:1 al 4. ¿Cómo representan estos versículos la mayor esperanza que tenemos? Sin esta promesa, ¿qué esperanza tenemos, más que la muerte como el fin de todos nuestros problemas?

 

Notas EGW
Jueves

Jacob y sus hijos habían llevado su ganado consigo a Egipto, y allí había aumentado grandemente. Antes de salir de Egipto, el pueblo, siguiendo las instrucciones de Moisés, exigió una remuneración por su trabajo que no le había sido pagado; y los egipcios estaban tan ansiosos de deshacerse de ellos que no les negaron lo pedido. Los esclavos se marcharon cargados del botín de sus opresores.

Aquel día completó la historia revelada a Abrahán en visión profética siglos antes: “Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años. Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza”. Génesis 15:13, 14; véase el Apéndice, nota 6. Se habían cumplido los cuatrocientos años. “En aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones”. Éxodo 12:40, 41, 51. Al salir de Egipto los israelitas llevaron consigo un precioso legado: los huesos de José (véase Éxodo 13), que habían esperado por tanto tiempo el cumplimiento de la promesa de Dios, y que durante los tenebrosos años de esclavitud habían servido a manera de recordatorio que anunciaba la liberación de los israelitas (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 286, 287).

“Dios no guía jamás a sus hijos de otro modo que el que ellos mismos escogerían, si desde un principio pudieran ver el desenlace, y discernir la gloria del designio que están cumpliendo como colaboradores de Dios”.

Todo lo que nos dejó perplejos en las providencias de Dios quedará aclarado en el mundo venidero. Las cosas difíciles de entender hallarán entonces su explicación. Los misterios de la gracia nos serán revelados. Donde nuestras mentes finitas discernían solamente confusión y promesas quebrantadas, veremos la más perfecta y hermosa armonía. Sabremos que el amor infinito ordenó los incidentes que nos parecieron más penosos.

El que está lleno del Espíritu de Cristo mora en Cristo. El golpe que se le dirige a él, cae sobre el Salvador, que le rodea con su presencia. Todo cuanto le venga, viene de Cristo. No tiene que resistir el mal, porque Cristo es su defensor. Nada puede tocarle sino con el permiso de nuestro Señor; y “todas las cosas” que son permitidas “a los que a Dios aman… les ayudan a bien” (The Faith I Live By, p. 64; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 66).

Esta esperanza de redención por el advenimiento del Hijo de Dios como Salvador y Rey, no se extinguió nunca en los corazones de los hombres. Desde el principio hubo algunos cuya fe se extendió más allá de las sombras del presente hasta las realidades futuras. Mediante Adán, Set, Enoc, Matusalén, Noé, Sem, Abrahán, Isaac, Jacob y otros notables, el Señor conservó las preciosas revelaciones de su voluntad. Y fue así como a los hijos de Israel, al pueblo escogido por medio del cual iba a darse al mundo el Mesías prometido, Dios hizo conocer los requerimientos de su ley y la salvación que se obtendría mediante el sacrificio expiatorio de su amado Hijo (Profetas y reyes, p. 503).

 

Viernes 24 de junio

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, “José y sus hermanos”, pp. 225-245.

“La vida de José ilustra la vida de Cristo. Fue la envidia lo que impulsó a los hermanos de José a venderlo como esclavo; esperaban impedir que llegase a ser superior a ellos. Y, cuando fue llevado a Egipto, se vanagloriaron de que ya no serían molestados con sus sueños y de que habían eliminado toda posibilidad de que estos se cumplieran. Pero su proceder fue contrarrestado por Dios al ocasionar el mismo acontecimiento que trataron de impedir. De la misma manera, los sacerdotes y los dirigentes judíos estaban celosos de Cristo, y temieron que desviara de ellos la atención del pueblo. Le dieron muerte para impedir que llegase a ser rey, pero así provocaron ese mismo resultado.

“Mediante su servidumbre en Egipto, José se convirtió en el salvador de la familia de su padre; sin embargo, este hecho no aminoró la culpa de sus hermanos. Asimismo, la crucifixión de Cristo por sus enemigos lo hizo Redentor de la humanidad, Salvador de la raza perdida y Soberano de todo el mundo; pero el crimen de sus asesinos fue tan execrable como si la mano providencial de Dios no hubiese controlado los acontecimientos para su propia gloria y para bien de los hombres.

“Así como José fue vendido a los paganos por sus propios hermanos, Cristo fue vendido a sus enemigos más enconados por uno de sus discípulos. José fue acusado falsamente y arrojado en una prisión por causa de su virtud; asimismo, Cristo fue menospreciado y rechazado porque su vida justa y abnegada reprendía el pecado; y aunque no fue culpable de mal alguno, fue condenado por el testimonio de testigos falsos. La paciencia y la mansedumbre de José bajo la injusticia y la opresión, el perdón que otorgó espontáneamente y su noble benevolencia hacia sus hermanos inhumanos representan la paciencia sin quejas del Salvador en medio de la malicia y el abuso de los impíos, y su perdón, que otorgó no solo a sus asesinos sino también a todos los que se alleguen a él confesando sus pecados y buscando absolución” (PP 244, 245).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. Una vez que Jacob murió, los hermanos de José temieron que ahora él se vengaría. ¿Qué nos enseña esto sobre la culpa que aún albergaban? ¿Qué nos enseña la reacción de José sobre el perdón de los culpables?

2. ¿Qué otros paralelismos puedes encontrar entre las vidas de José y de Jesús?

3. Reflexiona sobre el hecho de que, si bien Dios conoce íntimamente el futuro, aun así somos libres para decidir. ¿Cómo conciliamos estas dos ideas?

 

Notas EGW
Viernes

Cada día con Dios, 8 de octubre, “Poned la mira en el cielo”, p. 288;
Mi vida hoy, 30 de junio, “No dudes”, p. 190.

 

LECCIONES DE ESCUELA SABÁTICA DE ADULTOS
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Dios lo bendiga!!!


 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO -
Lección 13

EL SÁBADO ENSEÑARÉ...
Parte I: RESEÑA

Texto clave: Génesis 47:27.
Enfoque del estudio: Génesis 46-50; Hechos 3:25, 26.

Introducción:
Esta última parte del libro del Génesis nos lleva al final del período patriarcal, con la muerte de Jacob y de José. Todo el clan de Jacob ahora está exiliado en Egipto. Las últimas palabras del libro son “un ataúd en Egipto”. La historia de la salvación, al parecer, no tiene un final feliz. Sin embargo, esta es la parte del libro que está más teñida de esperanza. El perfil de Israel como pueblo de Dios se vislumbra en el horizonte. El portentoso número “setenta”, que constituye la casa de Jacob (Gén. 46:27), alerta al lector sobre el destino espiritual de este pueblo. Jacob bendice a sus hijos (Gén. 49:1–28) y predice el futuro de lo que serán las doce tribus de Israel y la futura venida del Mesías, quien salvará a Israel y a las naciones (Gén. 49:10–12). Las últimas palabras del libro que expresan muerte son, en realidad, palabras que apuntan al futuro Redentor: anticipan el regreso a la Tierra Prometida en términos que reflejan las primeras palabras del Génesis, al presentar el suceso de la Creación y la instauración del Jardín del Edén. El principio teológico subyacente es que Dios convierte el mal en bien (Gén. 50:20). Esta es la lección que José comparte con sus hermanos para consolarlos y tranquilizarlos (Gén. 50:21), y para abrirles los ojos a la salvación de Dios para el mundo, que es lo más importante (Gén. 50:20).


Parte II: COMENTARIO

La bendición de Jacob
Después de haber reunido a sus hijos (Gén. 49:1, 2), Jacob los bendice uno tras otro, por orden de nacimiento, desde Rubén, el mayor, hasta Benjamín, el menor (Gén. 49:3-27). Por cierto, estas bendiciones son profecías que predicen el futuro (Gén. 49:1). Las palabras hebreas be’ajarit haiamim, “en los postreros días” (Gén. 49:1, RVA), son una expresión técnica que a menudo se refiere a la venida del Rey mesiánico y la salvación escatológica (Isa. 2:2; Dan. 10:14). Por lo tanto, el texto de la bendición de Jacob, a medida que avanza desde su primer hijo, Rubén, hasta el último, Benjamín, está imbuido de la tensión profético-escatológica. Esta es la tercera vez, en el libro de Génesis, que se destina una bendición a un grupo de personas. La primera bendición colectiva es la bendición de Dios para Adán y Eva (Gén. 1:28). La segunda es la bendición de Noé a sus tres hijos (Gén. 9:24-27). La bendición de Jacob se relaciona más con la bendición de Noé, en el sentido de que ambas son bendiciones paternales e incluso hay maldiciones; y ambas contienen profecías específicas que revelan el destino futuro de los hijos. Ambas bendiciones aparecen al comienzo de una nueva era y ambas marcan los primeros pasos de una nueva carrera. Por lo tanto, la bendición de Israel tiene un alcance universal. Las bendiciones concluyen con la referencia a “las doce tribus de Israel” (Gén. 49:28). Esta es la primera mención bíblica a las “doce tribus”. Sin lugar a dudas, el destino futuro de todo Israel, con sus fracasos y éxitos, está a la vista (comparar con Gén. 49:1).

La venida del Mesías
Las palabras que se utilizan (“cetro”, “legislador”) indican que es un rey, y no una tribu, el objeto de la profecía. Este versículo, Génesis 49:10, también se refleja en la profecía de Balaam (Núm. 24:17). En la profecía de Balaam, la estrella de Jacob corresponde al león de Judá en la profecía de Jacob. Además, nuestro pasaje introduce un elemento temporal en ese gobierno (Gén. 49:10). La venida del Mesías se sitúa en la historia de Israel. Sin embargo, la conjunción adverbial ‘ad ki, “hasta”, en la frase “hasta que venga Siloh”, significa más que un simple punto de llegada. El hebreo ‘ad ki no se refiere necesariamente a un final, sino a un cumplimiento o a un punto culminante, ya que expresa un superlativo (Gén. 26:13; 41:19). Esto significa que la realeza de Judá alcanzará su clímax con la llegada de Siloh. La dimensión universal de esta persona se aclara en las siguientes palabras: “A él sea dada la obediencia de los pueblos” (Gén. 49:10, LBLA). Fíjate que la palabra pueblos está en plural en el texto hebreo (‘amim).
El alcance universal de este gobernante al que los “pueblos” deben obediencia sugiere una figura de dimensión mesiánica y sobrenatural. La palabra Siloh es el nombre de una persona, como lo indica su paralelismo con el nombre de Judá. La palabra hebrea guarda relación con las palabras shalvá o shalom, “paz”, ya que ambas son sinónimas (Sal. 122:7). Esta interpretación está avalada en las fuentes cristianas y judías más antiguas, y tiene el mérito de ajustarse al contexto de nuestro pasaje (Gén. 49:11), que asocia la venida de este gobernante con el Reinado de paz (comparar con Isa. 9:5, 6; Miq. 5:5 [4]; Efe. 2:14). Los dos últimos versículos de la bendición de Jacob a Judá (Gén. 49:11, 12) describen el carácter y la misión del Mesías. La palabra hebrea para “asno” se refiere generalmente al burro que se usa para montar (Juec. 10:4). El asno despierta paz y humildad (en contraste con el caballo, que evoca guerra y arrogancia [Prov. 21:31]). Zacarías utiliza la misma asociación de realeza y humildad para describir al rey davídico “humilde”, que montará sobre un asno (Zac. 9:9) y reinará sobre todo el mundo, “de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zac. 9:10). Esta imagen nos recuerda a Salomón, quien monta la mula de su padre para indicar que él es el ungido, el verdadero heredero del trono davídico (1 Rey. 1:38-48). Del mismo modo, la acción de Jesús de “desatar” el burro y montarlo remeda esa tradición (Mar. 11:2-11).
Las otras imágenes de “vino” y “leche”, y sus respectivos colores ojos/rojos y dientes/blancos, evocan la abundancia de vida y la paz y la seguridad que llenarán la Tierra Prometida (Núm. 13:23, 27). Por consiguiente, la referencia a los ojos y los dientes en nuestro contexto, que alude a la plenitud de gozo, tiene la intención de sugerir la intensidad de la vida y de la paz total que caracterizará al reino mesiánico.

Dios convierte en bien el mal
Cuando los hermanos de José acuden a él para pedirle perdón (Gén. 50:17), José les asegura a sus hermanos que no tiene la intención de hacerles daño. Sus palabras “no temáis” (Gén. 50:19) son las mismas palabras que usó Dios para tranquilizar a Abraham acerca de su futuro (Gén. 15:1). Para aliviar la tensión, José se coloca al mismo nivel humano: “¿Acaso estoy yo en lugar de Dios?” (Gén. 50:19). Jacob le había dirigido las mismas palabras a Raquel en respuesta a su queja por no tener hijos (Gén. 30:2). Sin embargo, para José esto es diferente. Mientras que para Jacob estas palabras eran una expresión de su enojo, para José las mismas palabras expresan amor por sus hermanos y tienen la intención de aliviar sus preocupaciones.
Y cuando José, imprevistamente, hace referencia a Dios, da a entender que el perdón divino interviene en el perdón humano. José incluso se refiere a la traición de sus hermanos como el mecanismo de ese perdón: ellos “pensaron hacerme mal, pero Dios lo encaminó para bien” (Gén. 50:20, RVA-2015). Lo que hicieron sus hermanos, que con razón reconocen como “maldad”, se transformó “para mantener en vida a mucho pueblo” (Gén. 50:20). José no se contenta simplemente con perdonar a sus hermanos; les quita el sentimiento de culpa, porque sus malas acciones cooperaron para bien. Ahora pueden mirar de frente a José y encarar el futuro. José los tranquiliza con las mismas palabras que abarcan el futuro: “No tengáis miedo” (Gén. 50:21; comparar 50:19) y concluye con la promesa de que él proveerá para ellos y sus hijos.

La salvación del mundo
Mientras que el texto menciona una tumba para Jacob pero no un ataúd (Gén. 49:29) para José, el texto menciona un ataúd pero no una tumba (Gén. 50:26). A José lo embalsamaron y, sin embargo, no lo enterraron debido a su esperanza en la Tierra Prometida. Por lo tanto, José no ordena que entierren sus huesos al morir; quiere que los lleven a Canaán junto con todo el pueblo de Israel. Mientras tanto, es “puesto en un ataúd en Egipto” (Gén. 50:26). El hebreo utiliza el artículo definido ba’arón, que significa literalmente “en el ataúd”, para enfatizar la importancia de que este ataúd no tenía una tumba.
Por ende, el libro de Génesis termina de la misma manera que termina todo el Pentateuco: con la muerte, pero sin un sepulcro (Deut. 34:6); y con la perspectiva de la Tierra Prometida (comparar con Deut. 34:1-4). El libro de Génesis, al igual que el Pentateuco, comienza con la Creación y el Jardín del Edén (Gén. 1–2) y termina con la perspectiva de la Tierra Prometida y la esperanza de la resurrección de los muertos (Deut. 34:6; comparar con Jud. 9). Esta coincidencia literaria no es casual. Encontramos la misma combinación en otros lugares y al principio y al final de varios libros de la Biblia (ver, p. ej., Isa. 1:2; 66:22, 23; Ecl. 1:1-11; 12:14; Dan. 1:12; 12:13; Juan 1:1-10; 21:22, 23), e incluso de toda la Biblia (Gén. 1–2; Apoc. 22:20).


Parte III: APLICACIÓN A LA VIDA

La bendición de Jacob. ¿Cómo nos identificamos personalmente con la bendición de Jacob para sus hijos? ¿Es posible recibir las bendiciones de Jacob mientras neguemos su componente judío? ¿Qué hace que estas bendiciones también sean nuestras bendiciones?
La venida del Mesías. ¿Cómo se aplica esta profecía a Jesucristo? Analicen con la clase las ricas imágenes que se utilizan en este pasaje para describir al Mesías. ¿Cómo se aplica a nuestra vida la imagen de Cristo como “legislador”? Las figuras de los dientes y los ojos, que significan gozo de vida y paz, ¿cómo afectan nuestra percepción de la vida cristiana?
Dios convirtió en bien el mal. ¿Recuerdan alguna experiencia en la vida en la que un acto perverso dirigido a ustedes, con la intención de hacerles daño, terminara resultando para su bien? A raíz de esa acción, ¿en qué medida sus experiencias de sufrimiento e injusticia desempeñaron un papel en la formación de su carácter?
La salvación del mundo. El nombre “Adventista del Séptimo Día”, ¿cómo muestra nuestra creencia en la Creación? Como sugiere nuestro nombre, ¿cuál es la relación entre nuestra creencia en la Creación y la esperanza que tenemos en la segunda venida de Jesús?

 

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Dios los bendiga!!

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