Lección 6: Él murió por nosotros | La muerte y la esperanza futura | Escuela Sabática 4T 2022
Lección 6: Para el 5 de noviembre de 2022
ÉL MURIÓ POR NOSOTROS
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Apocalipsis 13:8; Mateo 17:22, 23; Marcos 9:30-32; Juan 19:1-30; Romanos 6:23; 1 Corintios I:18-24.
PARA MEMORIZAR:
"Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:14, 15).
TS e ha dicho que no podemos evitar ni la muerte ni los impuestos. Eso no es
totalmente cierto: la gente puede evitar los impuestos, pero no la muerte.
Es posible que puedan posponer la muerte unos años, pero, tarde o temprano,
la muerte siempre llega. Y, porque sabemos que los muertos (justos e
injustos) en un principio acaban en el mismo lugar, nuestra esperanza de la
resurrección lo es todo para nosotros. Como dijo Pablo, en esta esperanza,
incluso "también los que durmieron en Cristo perecieron" (1 Cor. 15:18), lo cual
es algo bastante extraño si los que "durmieron en Cristo" están revoloteando
en el cielo en presencia de Dios.
Por lo tanto, la resurrección de Cristo es fundamental para nuestra fe, porque
en su resurrección tenemos la seguridad de la nuestra. Pero, antes de que Cristo
resucitara de entre los muertos, por supuesto, tenía que morir. Por eso, en medio
de la agonía del Getsemaní, anticipándose a su muerte, oró: "Ahora está turbada
mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a
esta hora" (Juan 12:27). Y su propósito era morir, para darnos vida.
Esta semana nos centraremos en la muerte de Cristo y lo que significa para
la promesa de la vida eterna.
Sábado
Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fue prolongada por quince años, el rey agradecido, tributó a Dios loores por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: “No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy”. Isaías 38:18, 19 (VM). La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales, pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte. Sus palabras concuerdan con el testimonio del salmista: “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” Salmo 6:5. “No son los muertos los que alaban a Jehová, ni todos los que bajan al silencio”. Salmo 115:17 (VM) (El conflicto de los siglos, p. 534).
La resurrección de Jesús fue una muestra de la resurrección final de todos los que duermen con él. El cuerpo resucitado del Salvador, su semblante, el acento de su voz, eran familiares a sus seguidores. De la misma manera se levantarán los que duermen en Jesús. Conoceremos a nuestros amigos del mismo modo como los discípulos conocieron a Jesús. Pueden haber estado deformados, enfermos o desfigurados en esta vida mortal; no obstante en su cuerpo resucitado y glorificado se conservará perfectamente su identidad individual y reconoceremos, en el rostro radiante con la luz reflejada del rostro de Jesús, los rasgos de los que amamos.
En su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal. El mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos resucitará a su iglesia y la glorificará con él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero (The Faith I Live By, p. 180; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 182, y en El Deseado de todas las gentes, p. 731).
Nuestra única esperanza es perfecta confianza en la sangre de Aquel que puede salvar hasta lo sumo a los que se allegan a Dios mediante él. La muerte de Cristo en la cruz del Calvario es nuestra única esperanza en este mundo, y será nuestro tema en el mundo venidero. ¡Oh, no comprendemos el valor de la expiación! Si la comprendiéramos, hablaríamos más acerca de ella. El don de Dios en su amado Hijo fue la expresión de un amor incomprensible. Fue lo máximo que Dios podía hacer para mantener el honor de su ley y, sin embargo, salvar al transgresor. ¿Por qué no debe el hombre estudiar el tema de la redención? Es el tema supremo en el cual se puede ocupar la mente humana. Si los hombres contemplaran el amor de Cristo desplegado en la cruz, su fe se fortalecería para apropiarse de los méritos de su sangre derramada, y estarían limpios y salvados de pecado (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1107).
DESDE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO
Lee Apocalipsis 13:8; Hechos 2:23; y 1 Pedro 1:19 y 20. ¿Cómo podría considerarse
a Cristo como “inmolado desde el principio del mundo”?
"Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apoc. 13:8). Lo importante aquí para nosotros es la idea de que Cristo fue "inmolado desde el principio del mundo”. Obviamente, debemos entender esto en un sentido simbólico (el libro de Apocalipsis está lleno de símbolos), porque Cristo no fue crucificado hasta miles de años después de la creación de la Tierra. Lo que señala este versículo es que el plan de salvación se había puesto en marcha ya antes de la creación del mundo. Y la muerte de Jesús, el Cordero de Dios, en la Cruz, sería primordial para ese plan.
Lee Tito 1:2. ¿Qué nos enseña este versículo? ¿Hace cuánto tiempo está vigente el plan de salvación, que se centra en la muerte de Cristo?
“El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, un plan formulado
después de la caída de Adán. [...] Fue una manifestación de los principios que
desde las edades eternas habían sido el fundamento del Trono de Dios” (DTG13).
Ese plan se les reveló primeramente a Adán y a Eva en el jardín del Edén
(Gén. 3:15,21), y cada sacrificio de sangre tipificaba ese plan en todo el Antiguo
Testamento. Por ejemplo, mientras probaba la fe de Abraham, Dios proveyó un
carnero para sacrificar en lugar de Isaac (Gén. 22:11-13). Este reemplazo tipificó
aún más claramente la naturaleza sustitutiva del sacrificio expiatorio de Cristo
en la Cruz.
Por lo tanto, el centro de todo el plan de salvación es la muerte sustitutiva
de Jesús, simbolizada durante siglos por los sacrificios de animales, cada uno
de los cuales es un símbolo de la muerte de Jesús en la Cruz como "el Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
■ Los sacrificios de animales son espantosos y sangrientos, eso es verdad. Pero ¿por qué esa truculencia y tanta sangre es precisamente lo que nos instruye acerca de la muerte de Cristo en nuestro lugar, y cuál fue el terrible costo del pecado?
Domingo
Se habían dado profecías sencillas y específicas concernientes a la aparición del Prometido. A Adán se le dio la seguridad de la venida del Redentor. La sentencia pronunciada contra Satanás: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15), era para nuestros primeros padres la promesa de la redención que iba a obrarse por Cristo (Los hechos de los apóstoles, p. 180).
El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es “el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”. Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable… ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor “que excede a todo conocimiento”? Al través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios.
Dios se iba a manifestar en Cristo, “reconciliando el mundo a sí”. 2 Corintios 5:19. El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza. Pero después de haber redimido al mundo de la condenación de la ley, Cristo podría impartir poder divino al esfuerzo humano. Así, mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo, los caídos hijos de Adán podrían convertirse nuevamente en “hijos de Dios”. 1 Juan 3:2 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 48, 49).
Pablo mostró cuán estrechamente había ligado Dios el servicio de los sacrificios con las profecías relativas a Aquel que iba a ser llevado como cordero al matadero. El Mesías iba a dar su vida como “expiación por el pecado”. Mirando hacia adelante a través de los siglos las escenas de la expiación del Salvador, el profeta Isaías había testificado que el Cordero de Dios “derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los perversos, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. Isaías 53:7, 10, 12.
El Salvador profetizado había de venir, no como un rey temporal, para librar a la nación judía de opresores terrenales, sino como hombre entre los hombres, para vivir una vida de pobreza y humildad, y para ser al fin despreciado, rechazado y muerto. El Salvador predicho en las Escrituras del Antiguo Testamento había de ofrecerse a sí mismo como sacrificio en favor de la especie caída, cumpliendo así todos los requerimientos de la ley quebrantada. En él los sacrificios típicos iban a encontrar la realidad prefigurada, y su muerte de cruz iba a darle significado a toda la economía judía (Los hechos de los apóstoles, pp. 184, 185).
UN PREFACIO A LA CRUZ
¿Cuál fue la reacción de los discípulos a las predicciones de Jesús sobre sus propios sufrimientos y muerte? ¿Qué deberían enseñarnos sus reacciones sobre los peligros de malinterpretar las Escrituras?
Mat. 16:21-23
Mat. 17:22,23; Mar. 9:30-32; Luc. 9:44-45
Luc. 18:31-34
Jesús nació para morir y vivió para mori r. Cada paso que daba lo acercaba más
a su gran sacrificio expiatorio en la Cruz del Calvario. Plenamente consciente
de su misión, no permitió que nada ni nadie lo distrajeran de ella. En realidad,
"su vida entera fue un prefacio a su muerte en la Cruz” (FEC 423).
En el último año de su ministerio terrenal, Jesús habló cada vez más explícitamente
a sus discípulos acerca de su muerte inminente. Pero ellos parecían
reacios, no podían aceptar la realidad de sus declaraciones. Llenos de nociones
falsas sobre el papel del Mesías, lo último que hubiesen imaginado de Jesús,
especialmente como el Mesías, era que muriera. En resumen, su falsa teología
los llevó a un dolor y un sufrimiento innecesarios.
Ya a Nicodemo, Jesús le había declarado: “Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que
todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:14,15).
Mientras estaba en Cesárea de Filipo, Jesús dijo a sus discípulos que tenía que
“ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes
y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día" (Mat. 16:21). Al pasar
en secreto por Galilea (Mar. 9:30-32) y durante su viaje final a Jerusalén (Luc.
18:31-34), Jesús habló nuevamente a sus discípulos acerca de su muerte y su
resurrección. Como no era lo que querían escuchar, no escucharon. Qué fácil
es para nosotros hacer lo mismo.
■ La gente, especialmente el pueblo escogido por Dios, tenía conceptos falsos con respecto a la primera venida del Mesías. ¿Cuáles son algunos de los conceptos falsos que existen hoy con respecto a la segunda venida de Jesús?
Lunes
Cuando Jesús les dijo [a los discípulos] que iba a morir y resucitar, estaba tratando de entablar una conversación con ellos acerca de la gran prueba de su fe. Si hubiesen estado listos para recibir lo que deseaba comunicarles, se habrían ahorrado amarga angustia y desesperación. Sus palabras les habrían impartido consuelo en la hora de duelo y desilusión. Pero aunque había hablado muy claramente de lo que le esperaba, la mención de que pronto iba a ir a Jerusalén reanimó en ellos la esperanza de que se estuviese por establecer el reino y los indujo a preguntarse quiénes desempeñarían los cargos más elevados…
El Salvador reunió a sus discípulos en derredor de sí y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos”. Tenían estas palabras una solemnidad y un carácter impresionante que los discípulos distaban mucho de comprender. Ellos no podían ver lo que Cristo discernía. No percibían la naturaleza del reino de Cristo, y esta ignorancia era la causa aparente de su disputa…
Muy tiernamente, aunque con solemne énfasis, Jesús trató de corregir el mal. Demostró cuál es el principio que rige el reino de los cielos, y en qué consiste la verdadera grandeza, según las normas celestiales. Los que eran impulsados por el orgullo y el amor a la distinción, pensaban en sí mismos y en la recompensa que habían de recibir, más bien que en cómo podían devolver a Dios los dones que habían recibido. No tendrían cabida en el reino de los cielos porque estaban identificados con las filas de Satanás (El Deseado de todas las gentes, pp. 402, 403).
Pablo dirigió los pensamientos de los hermanos corintios a los triunfos de la mañana de la resurrección, cuando todos los santos que duermen se levantarán, para vivir para siempre con el Señor. “He aquí —declaró el apóstol—, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados, en un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados… ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?…
Así el apóstol, de la manera más decidida y expresiva, se esforzó por corregir las falsas y peligrosas ideas y prácticas que prevalecían en la iglesia de Corinto. Habló claramente, pero con amor por sus almas. Mediante sus amonestaciones y reproches, brilló sobre ellos la luz del trono de Dios, para revelar los pecados ocultos que estaban manchando sus vidas (Los hechos de los apóstoles, pp. 258, 259).
“CONSUMADO ES”
Lee Juan 19:1 al 30. ¿Cuál es el mensaje fundamental para nosotros en la declaración de Jesús: “Consumado es”?
Finalmente, habían llegado los momentos decisivos para Cristo, para la
humanidad y para todo el Universo. Con profunda agonía, él luchó contra los
poderes de las tinieblas. Lentamente atravesó el huerto de Getsemaní, se abrió
paso através de los juicios injustos y subió al monte del Calvario. Los ángeles
malos intentaron vencerlo. Mientras Jesús pendía de la cruz, los principales
sacerdotes, los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo: "A otros salvó,
a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz,
y creeremos en él” (Mat. 27:42).
¿Podría Cristo haber bajado de la cruz y salvarse a sí mismo? Sí, hubiese
podido, pero no quiso hacerlo. Su amor incondicional por toda la humanidad,
incluyendo a los burladores, no le permitió rendirse. En realidad, "los escarnecedores
estaban entre aquellos por quienes él moría para salvar; y no podía bajar
de la cruz y salvarse a sí mismo, porque no eran los clavos los que lo sujetaban,
sino su voluntad para salvarlos" (A. Plummer, An Exegetical Commentary on the
Gospel According to S. Matthew, p. 397).
Con su sufrimiento, Cristo derrotó el reino de Satanás, aunque fue Satanás
quien instigó los acontecimientos que lo llevaron a la Cruz, incluyendo la traición
de Judas (Juan 6:70; 13:2,27). "En cierto modo, de una manera que el evangelista
no pretende describir, la muerte de Jesús es tanto un acto de Satanás como
un acto en el que Jesús gana la victoria sobre Satanás” (G. E. Ladd, A Theology of
the New Testament, pp. 192).
Al exclamar desde la cruz "Consumado es" (Juan 19:30), Cristo dio a entender
no solo que su agonía había llegado a su fin, sino especialmente que había ganado
el gran conflicto histórico-cósmico contra Satanás y sus fuerzas del mal.
"Todo el cielo se asoció al triunfo del Salvador. Satanás estaba derrotado, y sabía
que había perdido su reino” (DTG 719).
Es difícil captar este asombroso contraste: En la absoluta humillación del
Hijo de Dios, él había ganado, para nosotros y para el Universo, la victoria más
grande y gloriosa.
■ Piensa en lo grave que debe ser el pecado, ya que requirió la muerte de Cristo para expiarlo. ¿Qué debería enseñarnos esta verdad acerca de cuán inútiles son nuestras obras para obtener méritos ante Dios? A fin de cuentas, ¿qué podemos agregar a lo que Cristo ya ha hecho por nosotros? Lleva tu respuesta a la clase el sábado.
Martes
Los ángeles habían presenciado la agonía de su amado Jefe hasta que ya no pudieron soportar aquel espectáculo, y se velaron el rostro por no ver la escena. El sol no quiso contemplar el terrible cuadro. Jesús clamó en alta voz, una voz que hizo estremecer de terror el corazón de sus verdugos: “Consumado es.” Entonces el velo del templo se desgarró de arriba abajo, la tierra tembló y se hendieron las peñas. Densas tinieblas cubrieron la faz de la tierra. Al morir Jesús, pareció desvanecerse la última esperanza de los discípulos. Muchos de ellos presenciaron la escena de su pasión y muerte, y llenóse el cáliz de su tristeza.
Satanás no se regocijó entonces como antes. Había esperado desbaratar el plan de salvación; pero sus fundamentos llegaban demasiado hondo. Y ahora, por la muerte de Cristo, conoció que él habría de morir finalmente y que su reino sería dado a Jesús. Tuvo Satanás consulta con sus ángeles. Nada había logrado contra el Hijo de Dios, y era necesario redoblar los esfuerzos y volverse con todo su poder y astucia contra sus discípulos. Debían Satanás y sus ángeles impedir a todos cuantos pudiesen que recibieran la salvación comprada para ellos por Jesús. Obrando así, todavía podría Satanás actuar contra el gobierno de Dios. También le convenía por su propio interés apartar de Cristo a cuantos seres humanos pudiese, porque los pecados de los redimidos con su sangre caerán al fin sobre el causante del pecado, quien habrá de sufrir el castigo de aquellos pecados, mientras que quienes no acepten la salvación por Jesús sufrirán la penalidad de sus propios pecados (Primeros escritos, pp. 177, 178).
Moisés y Aarón debían morir sin entrar en Canaán, sujetos al mismo castigo que cayó sobre aquellos que se encontraban en una posición más baja. Se inclinaron sumisos, aunque con el corazón presa de una angustia indecible. Sin embargo, su amor por Dios y su confianza en él se mantuvieron inquebrantables. Su ejemplo es una lección que muchos leen por encima sin sacar ninguna enseñanza de ella. El pecado no parece pecaminoso. La propia exaltación no les parece grave.
Muy pocos se aperciben de la pecaminosidad del pecado. Y, sin embargo, se engañan pensando que Dios es demasiado bueno para castigar al transgresor. Los casos de Moisés y Aarón, de David y muchos otros, muestran que pecar de pensamiento, palabras o acciones no es asunto seguro. Dios es un Ser de infinita compasión y amor. En el discurso de despedida que Moisés dirigió a los hijos de Israel dijo: “Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso”. Deuteronomio 4:24. La conmovedora súplica de Moisés pidiendo que se le permitiera entrar en Canaán fue firmemente rechazada. La transgresión en Cades fue pública y notoria. Cuanto más elevada era la posición del transgresor, cuanto más distinguido era el hombre, tanto más firme era el decreto y más cierto el castigo (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 363, 364).
ÉL MURIÓ POR NOSOTROS
Lee Juan 3:14 al 18 y Romanos 6:23. ¿Qué nos enseñan estos versículos?
¿Qué ganó la muerte de Cristo por nosotros?
Cuando Jesús llegó al río Jordán para bautizarse, Juan el Bautista exclamó:
"He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Esta
declaración reconocía a Cristo como el Cordero de Dios antitípico, a quien apuntaban
todos los verdaderos sacrificios del Antiguo Testamento.
Pero los sacrificios de animales no pueden quitar los pecados por sí mismos
(Heb. 10:4). Ofrecían solo un perdón condicional que dependía de la efectividad
del futuro sacrificio de Cristo en la Cruz. "Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad"
(1 Juan 1:9).
Lee Juan 3:16 y 17. ¿Qué gran esperanza puedes obtener de estos versículos, especialmente cuando sientes, con razón, que mereces ser condenado por algo que cometiste?
Piensa en lo que significa todo esto. Jesús, aquel que creó el cosmos (Juan
1:1-3), se ofreció a sí mismo por cada uno de nosotros, como sacrificio por los
pecados, todo para que no tengamos que ser condenados por lo que merecidamente
se nos podría condenar. Esta es la gran promesa del evangelio.
Jesucristo declaró que "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito" para que muriera por nosotros (Juan 3:16). Pero, nunca debemos
olvidar que Cristo se ofreció voluntariamente en nuestro favor (Heb. 9:14). Lutero
se refirió a la Cruz como “el altaren el que él [Cristo], consumido por el fuego
del amor ilimitado que ardía en su corazón, presentó el sacrificio vivo y santo
de su cuerpo y su sangre al Padre con ferviente intercesión, con gran clamor
y lágrimas apasionadas y angustiosas (Heb. 5:7)” (Luther's Works, 1.13, P- 3i9).
Cristo murió una vez para siempre (Heb. io:ro, 12), porque su sacrificio es más
que suficiente y nunca pierde poder.
Es más: "Aunque hubiera habido una sola alma dispuesta a aceptar el evangelio
de su gracia, Cristo, para salvarla, habría escogido su vida de penas y
humillaciones y su muerte ignominiosa” (MC 96).
■ Vuelve a leer Juan 3:16, reemplazando las palabras "al mundo" y "todo aquel" por tu nombre. ¿Cómo puedes aprender a hacer tuya esta maravillosa promesa, momento a momento, especialmente cuando te sientes tentado a pecar?
Miércoles
Cristo en la cruz no solo atrae a los hombres para que se arrepientan delante de Dios por las transgresiones de su ley —pues Dios a quienes perdona hace que primero se arrepientan—, sino que Cristo ha satisfecho la justicia; se ha ofrecido a sí mismo como expiación. Su sangre derramada, su cuerpo quebrantado, satisfacen las demandas de la ley transgredida, y así salva con un puente el abismo que ha hecho el pecado. Sufrió en la carne para que con su cuerpo magullado y quebrantado pudiera amparar al pecador indefenso. La victoria obtenida por su muerte en el Calvario quebrantó para siempre el poder acusador de Satanás sobre el universo, y silenció su acusación de que la abnegación era imposible en Dios y que, por lo tanto, no es esencial en la familia humana.
Todos los que quieran pueden ser vencedores. Esforcémonos fervientemente para alcanzar la norma puesta delante de nosotros. Cristo conoce nuestra debilidad, y a él podemos ir diariamente en busca de ayuda. No es necesario que ganemos fortaleza para un mes por adelantado. Debemos vencer día tras día (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 985).
Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos. Se hizo “Varón de dolores” para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno. Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria a esta tierra corrompida y manchada por el pecado, obscurecida por la sombra de muerte y maldición. Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insultos, humillación, odio y muerte… El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. El que había sido uno con Dios sintió en su alma la terrible separación que el pecado crea entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿por qué me has desamparado?” Mateo 27:46. Fue la carga del pecado, el reconocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, lo que quebrantó el corazón del Hijo de Dios.
Pero este gran sacrificio no fue hecho para crear amor en el corazón del Padre hacia el hombre, ni para moverle a salvarnos. ¡No! ¡No! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Juan 3:16. Si el Padre nos ama no es a causa de la gran propiciación, sino que él proveyó la propiciación porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual el Padre pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo”. 2 Corintios 5:19. Dios sufrió con su Hijo. En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención (El camino a Cristo, pp. 13, 14).
EL SIGNIFICADO DE LA CRUZ
Lee i Corintios 1:18 al 24. ¿Qué está diciendo Pablo acerca de la Cruz y cómo la contrasta con la “sabiduría del mundo”? ¿Por qué, incluso hoy, cuando el “materialismo" (la idea de que toda la realidad es únicamente material, lo que implica que no hay un Dios ni un plano de existencia sobrenatural) domina “la sabiduría del mundo", el mensaje de la Cruz es tan importante?
La Cruz de Cristo es el centro mismo de la historia de la salvación. “La Eternidad
nunca podrá comprender la profundidad del amor revelado en la Cruz
del Calvario. Fue allí donde el amor infinito de Cristo y el egoísmo ilimitado
de Satanás se enfrentaron cara a cara” (S. N. Haskell, La Cruz y su sombra, p. v).
Mientras Cristo se ofrecía humildemente como rescate por la raza humana,
Satanás lo envolvía egoístamente en sufrimiento y agonía. Cristo no murió solo
la muerte natural que todo ser humano tiene que afrontar; él murió la segunda
muerte, para que todos aquellos que lo aceptan nunca tengan que experimentarla
personalmente.
En cuanto al significado de la Cruz, hay varios aspectos importantes que
debemos recordar. En primer lugar, la Cruz es la revelación suprema de la justicia
de Dios contra el pecado (Rom. 3:21-26). En segundo lugar, la Cruz es la revelación
suprema del amor de Dios por los pecadores (Rom. 5:8). En tercer lugar, la
Cruz es la gran fuente de poder para romper las cadenas del pecado (Rom. 6:22,
23; 1 Cor. 1:17-24). En cuarto lugar, la Cruz es nuestra única esperanza de vida
eterna (Fil. 3:9-11; Juan 3:14-16; 1 Juan 5:11, 12). Y, en quinto lugar, la Cruz es el
único antídoto contra una futura rebelión en el Universo (Apoc. 7:13-17; 22:3).
La "sabiduría del mundo" no puede revelar ninguna de estas verdades primordiales
sobre la Cruz. Al contrario, antiguamente, como ahora, la predicación
de la Cruz era "locura” para la sabiduría mundana, que a menudo ni siquiera
reconoce la verdad más obvia que podría haber: que existe un Creador (ver
Rom. 1:18-20).
La palabra griega para "locura” está ligada a la palabra española "imbécil"; es
decir, la predicación de la Cruz es "imbécil” según la "sabiduría del mundo". La
sabiduría del mundo no puede conocer a Jesús ni la salvación que él nos ofrece
mediante su muerte sustitutiva en la Cruz.
■ Más allá del valor que la "sabiduría del mundo” nos pueda ofrecer, ¿por qué nunca debemos permitir que interfiera con lo que creemos acerca de Jesús y la esperanza que se nos ofrece mediante “la locura de la predicación" (1 Cor. 1:21)?
Jueves
Al llevar la penalidad del pecado al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio. Al morir, Cristo aseguró la vida eterna a todos los que crean en él y condenó al instigador del pecado y la deslealtad a sufrir la pena del pecado: la muerte eterna.
El Poseedor y Dador de la vida eterna, Cristo, fue el único que pudo vencer la muerte. Él es nuestro Redentor (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 233).
En su primera exhibición de desafecto, Satanás fue muy astuto. Solamente afirmaba que lo que quería era lograr un mejor estado de cosas, hacer grandes mejoras. Indujo a la primera pareja a separarse de Dios, a apartarse de su lealtad a los mandamientos divinos, en torno al mismo punto en que son tentadas y fracasan miles de personas hoy en día; es decir, por medio de sus propios vanos pensamientos. El verdadero conocimiento es de origen divino. Satanás insinuó en las mentes de nuestros primeros padres el deseo por el pensamiento especulativo, por medio del cual declaró que ellos mejorarían su condición grandemente; pero, para lograrlo, deberían seguir por un camino contrario a la santa voluntad de Dios, por cuanto Dios no los conduciría a alturas mayores. No era el propósito de Dios que ellos obtuvieran un conocimiento que se basara en la desobediencia. Satanás procuraba dirigir a Adán y Eva por un campo ancho, y abre hoy ese mismo campo ante el mundo por medio de sus tentaciones (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 474, 475).
“Si puedes creer, al que cree todo es posible”. Marcos 9:23. La fe nos une con el cielo y nos da fuerza para contender con las potestades de las tinieblas. Dios ha provisto en Cristo los medios para contrarrestar toda malicia y resistir toda tentación, por fuerte que sea. Pero muchos sienten que les falta la fe, y por eso permanecen apartados de Cristo. Arrójense estas almas, conscientes de su desesperada indignidad, en los brazos misericordiosos de su compasivo Salvador. No miren a sí mismas, sino a Cristo. El que sanó a los enfermos y echó fuera los demonios cuando andaba con los hombres, sigue siendo el mismo poderoso Redentor. Echad mano, pues, de sus promesas como de las hojas del árbol de la vida: “Al que a mí viene, no le echo fuera”. Juan 6:37. Al acudir a él, creed que os acepta, pues así lo prometió. Nunca pereceréis si así lo hacéis, nunca.
“Dios encarece su caridad para con nosotros, porque siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8.
“Si Dios está por nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? El que ni a su propio Hijo perdonó, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también de pura gracia, todas las cosas juntamente con él? Romanos 8:31, 32 (El ministerio de curación, pp. 42, 43).
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee Elena de White, El Deseado de todas las gentes, "Getsemaní", pp. 651-660,
"El Calvario”, pp. 703-718; El camino a Cristo, ""Nuestra necesidad más urgente”,
PP- 25-34.
"Vi que todo el cielo se interesaba en nuestra salvación; y ¿habremos de
ser nosotros indiferentes? ¿Seremos negligentes como si fuese asunto de poca
monta el que seamos salvos o perdidos? ¿Despreciaremos el sacrificio que fue
hecho por nosotros? Algunos han obrado así. Han jugado con la misericordia
que se les ofrecía, y el desagrado de Dios pesa sobre ellos. No siempre habrá de
quedar entristecido el Espíritu de Dios. Si se lo contrista algo más, se apartará.
Después de que se haya hecho todo lo que Dios podía hacer para salvar a los
hombres, y ellos por su vida hayan demostrado que desprecian la misericordia
ofrecida por Jesús, la muerte será su parte y pagarán caro esa actitud. Será una
muerte horrible, porque habrán de sufrir la agonía que Cristo soportó en la Cruz
para obtener la redención que ellos han rehusado. Y se darán cuenta de lo que
han perdido: la vida eterna y la herencia inmortal. El gran sacrificio que fue
hecho para salvar a las almas nos revela su valor. Cuando el alma preciosa se
perdió, se perdió para siempre" (TI 1:119).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Hebreos 10:4 dice que "la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. Entonces, ¿cómo se salvaba la gente en los tiempos del Antiguo Testamento? La analogía de una tarjeta de crédito, que se utiliza para realizar pagos pero luego hay que pagar la factura de la tarjeta de crédito, ¿cómo puede ayudarnos a comprender mejor este tema?
2. Lee 2 Corintios 5:18 al 2t. Si Cristo murió por los pecados del mundo entero, ¿por qué no todos serán salvos? ¿Por qué la elección personal juega un papel crucial en la determinación de quiénes se salvarán gracias a la Cruz y quiénes se perderán a pesar del gran sacrificio hecho en su favor?
3. ¿Cuáles son algunas de las cosas que enseña la "sabiduría del mundo” que son “locura” para Dios? ¿Qué decir de la idea de que el increíble diseño y la belleza del mundo son puramente una creación fortuita, o de que el Universo surgió de la nada? ¿Qué otros ejemplos se te ocurren?
4. Medita sobre la pregunta final del estudio del martes. Considera la Cruz, y lo que sucedió allí, que hace que la idea de la salvación por obras sea tan inútil, tan errónea y tan contraria al plan de salvación.
Viernes
Exaltad a Jesús, 13 de noviembre, “Fe manifestada en la expiación”, p. 325;
El camino a Cristo, “Un poder misterioso que convence”, p. 23.
"LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA"
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Dios lo bendiga!!!
Lección 6
EL SÁBADO ENSEÑARÉ...
Parte I: RESEÑA
Texto clave: Isaías 52:13-53:12.
Temática de la lección:
La muerte sustitutiva de Cristo es la verdad primordial de envergadura cósmica. Jesucristo es el sacrificio expiatorio, porque él murió por nuestros pecados (Rom. 3:25; 4:25; 1 Cor. 15:3; Heb. 2:17; 1 Juan 2:2; 1 Juan 4:10). El mayor sacrificio que jamás se haya realizado se ofreció cuando el Rey de todo el Universo vino a nuestro mundo pecaminoso, vivió sin pecado como ser humano y murió en nuestro lugar. El verdadero cristianismo se centra en la Cruz (1 Cor. 2:2).
Elena de White afirma enérgicamente: "El sacrificio de Cristo como expiación del pecado es la gran verdad en derredor de la cual se agrupan todas las otras verdades. A fin de ser comprendida y apreciada debidamente, cada verdad de la Palabra de Dios, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, debe ser estudiada a la luz que fluye de la Cruz del Calvario. Les presento el magno y grandioso monumento de la misericordia y la regeneración, de la salvación y la redención: el Hijo de Dios levantado en la Cruz. Tal ha de ser el fundamento de todo discurso pronunciado por nuestros ministros" (OE 326). Agrega: "Los adventistas del séptimo día debieran destacarse entre todos los que profesan ser cristianos, en cuanto a levantar a Cristo ante el mundo” (OE 162). La muerte de Jesús en la Cruz es la piedra fundamental sobre la que se arraiga toda la enseñanza bíblica.
Jesucristo vino por muchas razones: (1) para redimir a la humanidad: nació como hombre para morir por nosotros (Mar. 10:45; Juan 3:16,17); (2) para revelarnos el verdadero carácter amante de Dios (Juan 1:14; 10:28-30; 14:6-9); (3) para derrotar a Satanás y refutar sus afirmaciones falsas (Mat. 4:1-11; Juan 12:31; 16:11; Heb. 2:14); (4) y para probar que el primer Adán podría haber obedecido a Dios, así como Cristo en su humanidad cumplió perfectamente toda la Ley y vivió una vida santa y sin pecado (Sal. 16:10; Luc. 1:35; Juan 8:46; 14:30; Hech. 2:24; 1 Cor. 15:22,45.1 Juan 3:5).
Parte II: COMENTARIO
El Siervo sufriente
En el libro de Isaías hay cinco cánticos sobre el Siervo de Jehová reconocidos por los eruditos: (1) Isaías 42:1-9; (2) Isaías 49:1-7; (3) Isaías 50:4-9; (4) Isaías 52:13-53:12; (5) Isaías 61:1-3. Estos poemas presentan la obra de Jesucristo. Él comenzó su ministerio público con el pasaje de Isaías 61:1 y 2, que habla de su misión (ver Luc. 4:16-21). Sin embargo, la mejor y más elaborada exposición sobre el significado de la muerte de Cristo en la Biblia es Isaías 53. El canto central del Siervo sufriente, que comienza en el capítulo 52 y continúa hasta el capítulo 53, está estructurado simétricamente (cinco estrofas, cada una con tres versos, que se pueden rotular de la siguiente manera):
1. Isaías 52:13-15 - El acertijo: El cántico comienza con un acertijo, porque este Siervo es sabio y muy exaltado por un lado; pero, por otro lado, está desfigurado, y los demás lo aborrecen.
2. Isaías 53:1-3 - El rechazo: Estos versículos apuntan a la humillación total del Siervo. Sufrió, fue despreciado, rechazado y se convirtió en "varón de dolores".
3. Isaías 53:4-6 - La Expiación: Este segmento es el núcleo de la cuestión en la que se da la razón de todo el sufrimiento y la muerte de Cristo. Porque "llevó él nuestras enfermedades", "sufrió nuestros dolores", "herido fue por nuestras rebeliones", "molido por nuestros pecados", y "Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros".
4. Isaías 53:7-9 - Su sumisión: Estos versículos describen el sufrimiento, el juicio, la muerte y la sepultura de Cristo.
5. Isaías 53:10-12 - Su exaltación: El cántico culmina con la resurrección de aquel que fue la ofrenda por el pecado, y su prosperidad y victoria. Justificó a muchos, porque "llev[ó] el pecado de muchos" y compartió su botín con ellos. Su muerte fue voluntaria, sustitutiva y expiatoria; posteriormente, los resultados de su muerte triunfante se aplican a los creyentes en su ministerio intercesor en favor de ellos.
Isaías 53 es el texto bíblico que leyó el eunuco etíope. El evangelista Felipe le explicó que contiene las buenas nuevas acerca de Jesucristo. El resultado fue la conversión y el bautismo del eunuco (Hech. 8:26-39).
La Cruz: el punto central de la teología
Paradójicamente, la muerte de Cristo es la garantía de la vida, y su muerte nos brinda vida eterna (Juan 3:16,17; Rom. 3:22-26; 1 Juan 5:11,12). Ninguna teoría puede explicar completamente el enorme significado de la muerte de Cristo en la Cruz. Aunque podemos reunir un abanico de razones para su muerte, esa imagen captaría solo una fracción del enorme significado de la Cruz. La Cruz revela el amor incomprensible de Dios por los pecadores, su justicia, su verdad, el esplendor de su carácter santo, la inmutabilidad de su Ley, la naturaleza abominable del pecado, la seguridad de su gobierno, su victoria sobre el pecado, quién es quién en el Gran Conflicto, y la victoria definitiva de Cristo sobre Satanás y las fuerzas del mal.
Por estas razones, la muerte de Cristo ocupa una posición decisiva y predominante en nuestra teología adventista. Nada puede reemplazar la centralidad ni la suma importancia de la muerte de Cristo (Rom. 1:16, 17; 3:22-26; 1 Cor. 1:30; 1 Cor. 2:2; Efe. 4:21; Fil. 1:21; Col. 1:27, 28). Lo que sucedió en la Cruz es un acto divino de salvación incomparable, imposible de emular, único e irrepetible (Heb. 9:28; 10:12,14), del que fluyen todos los beneficios salvíficos, incluyendo el actual ministerio intercesor de Cristo en nuestro favor. Nada puede mejorar ni complementar la Cruz, y nadie puede agregar nada al extraordinario sacrificio de Cristo por los seres humanos: la salvación es completa en él (Rom. 3:21-26; 1 Cor. 1:18, 23, 24; 2:2; GáL 2:16, 21; Efe. 2:4-10). La muerte expiatoria de Cristo en el Calvario es como una fuente de la que brotan todas las demás bendiciones; o, para decirlo de otra manera, su expiación es similar a una bellota que contiene en germen todo el roble.
Verdaderamente, la expiación lograda por Jesús fue perfecta. Elena de White explica: "Cuando el Padre vio el sacrificio de su Hijo, se indinó ante él en reconocimiento de su perfección. 'Es suficiente', dijo. 'La Expiación culminó"' (The Review and Herald, 24/9/1901; énfasis añadido). "Nuestro gran Sumo Sacerdote ha hecho el único sacrificio que tiene algún valor para nuestra salvación. Cuando se ofreció a sí mismo en la Cruz, se hizo una expiación perfecta por los pecados del pueblo" (The Signs ofthe Times, 28/6/1899).
Jesús se hizo pecado y maldición por nosotros (Isa. 53:3-6; 2 Cor. 5:21; Gál. 3:13) para que nosotros podamos vivir. Lo que se logró en la Cruz hace casi dos mil años ahora debemos aplicarlo, actualizarlo e incorporarlo a nuestra vida, para poder ser restaurados a la imagen de Dios y tener una vida abundante (Juan 10:10). Cristo es nuestro Mediador e Intercesor (1 Tim. 2:6), porque él es nuestro Salvador. Su intercesión es una continuación de su actividad salvífica en nuestro favor y la integración de su obra por nosotros en la Cruz. Necesitamos la muerte y la vida de Jesús para estar espiritualmente vivos (Rom. 3:24, 25; 5:10). Raoul Dederen enfatiza el papel central de la muerte de Cristo: "Mientras que su sacrificio por el pecado fue hecho una vez para todos en la Cruz (Heb. 7:27; 9:28; 10:11-14), el Cristo ascendido está poniendo a disposición de todos los beneficios de su sacrificio expiatorio" ("Cristo: Su persona y obra", Tratado de teología adventista del séptimo día, ia ed. [Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2009. p. 212]).
Estabilidad cósmica
El Universo entero está a salvo por toda la Eternidad gracias a la Cruz. El lenguaje humano es incapaz de describir sus magníficos y gigantescos beneficios (Col. 1:19, 20; 2:15; Efe. 1:10; 6:12; Fil. 2:9,10). La rebelión y el pecado nunca volverán a surgir en el cielo debido al sacrificio supremo de Jesucristo en el Gólgota.
Elena de White explica acertadamente que el bienestar de todo el Universo a lo largo de toda la Eternidad depende de la obra de Cristo realizada en la Cruz: "No solo los hombres sino los ángeles atribuirán honor y gloria al Redentor, porque aun ellos están seguros solo mediante los sufrimientos del Hijo de Dios. Es por la eficacia de la Cruz que los habitantes de los mundos no caídos han sido protegidos de la apostasía. Es esto lo que efectivamente ha revelado los engaños de Satanás y ha refutado sus afirmaciones. No solo quienes son lavados por la sangre de Cristo, sino también los santos ángeles, se sienten atraídos a él por el acto supremo de dar su vida por los pecados del mundo” (Elena de White, manuscrito inédito, MS 41,1892).
"Cuando Cristo exclamó: 'Consumado es', los mundos que no habían caído quedaron asegurados. Por ellos se libró la batalla y se ganó la victoria. En lo sucesivo, Satanás no tuvo lugar en los afectos del Universo. El argumento que había presentado (que la abnegación era imposible para Dios y, por lo tanto, era injusto que la requiriera de sus inteligencias creadas) fue respondido para siempre. Los reclamos de Satanás quedaron de lado para siempre. Se garantizó la lealtad eterna del Universo celestial" (Elena de White, The Reviewand Herald [12/3/1901], p. 271).
"Los ángeles le atribuyen honor y gloria a Cristo, porque ni siquiera ellos están seguros a menos que contemplen los sufrimientos del Hijo de Dios. Es mediante la eficacia de la Cruz que los ángeles se protegen de la apostasía. Sin la Cruz no estarían más seguros contra el mal que los ángeles antes de la caída de Satanás" (Elena de White, The Signs ofthe Times [30/12/1889], p. 345).
La ciencia de la Cruz
Elena de White declara: "El maravilloso propósito de la gracia de Dios, el misterio del amor redentor, es el tema en el cual 'anhelan mirar los ángeles’, y será su estudio a través de las edades sin fin. Tanto los redimidos como los seres que no cayeron hallarán en la Cruz de Cristo su ciencia y su canto" (DTG 11; ver también CS 709,710).
Elena de White nos exhorta a aprender por nuestra cuenta la ciencia de la Cruz y a enseñarla a nuestros jóvenes: "La revelación del amor de Dios al hombre tiene su centro en la Cruz. No hay lengua que pueda expresar su pleno significado; no hay pluma que pueda describirla; no hay mente humana que la pueda comprender [...]. Cristo crucificado por nuestros pecados, Cristo resucitado de los muertos, Cristo ascendido a lo alto, es la ciencia de la salvación que hemos de aprender y enseñar” (MGD178). "Aprenda la juventud a hacer de la Palabra de Dios el alimento de su mente y su alma. Hágase de la Cruz de Cristo la ciencia de toda educación, el centro de toda enseñanza y estudio" (MC 365).
Parte III: APLICACIÓN A LA VIDA
1. ¿Cuál es el significado de la siguiente declaración de Elena de White: "El misterio de la Cruz explica todos los demás misterios" (CS 710)?
2. Si durante toda la Eternidad estudiaremos la ciencia de la salvación y siempre encontraremos algo nuevo para admirar y sorprendernos, ¿qué nos dice este hecho sobre el significado de la muerte de Cristo en el Calvario?
3. Pablo afirma que la Cruz, para algunos, es locura; y para otros, piedra de tropiezo. Pero, para los creyentes, es "poder de Dios, y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:24). ¿Por qué crees que se justifica que Pablo haga esta afirmación?
"LA VIDA ETERNA: LA MUERTE Y LA ESPERANZA FUTURA"
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