Lección 9 de Principiantes - Año A Trimestre 2
«¡SILENCIO! ¡CÁLMENSE!»
Jesús está siempre conmigo.
versiculo
Esta lección se basa en Marcos 4:35-41; Lucas 8:22-25; Mateo 8:23-27; y El Deseado de todas las gentes, cap. 35, pp. 300-309.
Versículo semanal optativo para memorizar: «El Dios de amor y paz estará con ustedes» (2 Corintios 13:11).
Un gran día estaba llegando a su fin. El cielo se tiñó de naranja y luego de rosa. Se acercaba la hora de ir a dormir. Había sido un gran día, pero aun así la gente que estaba junto al lago le pedía más historias a Jesús. ¿Alguna vez pediste «solo una historia más, por favor»? Jesús subió a una barca para que todos pudieran oírlo. Le agradaba contar historias del amor de Dios. Pero finalmente tuvo que despedirse.
«Crucemos al otro lado del lago», les dijo Jesús a sus amigos (Lucas 8:22).
La barca se alejó. Las estrellas empezaron a brillar mientras el cielo se oscurecía. Jesús estaba muy cansado. Se estiró y se acostó en la parte de atrás mientras la barca se mecía lentamente sobre las suaves olas (mecer al niño). Una suave brisa le hacía cosquillas en la cara. Todo era tan tranquilo que Jesús se quedó profundamente dormido (apoyar la cabeza sobre manos con palmas juntas).
De repente, grandes nubes cubrieron la luna. La suave brisa empezó a soplar con más fuerza (soplar, con sonido de viento). Las olas se hacían cada vez más altas. Así y todo, Jesús dormía. La barca empezó a mecerse cada vez más deprisa (mecer rápido). Ahora las grandes olas rompían contra la barca (aplausos). Los amigos de Jesús se mojaron y se preocuparon mucho. ¿Estaba preocupado Jesús? (Negar con la cabeza). No, Jesús no estaba preocupado. Dormía tranquilamente.
Las olas golpeaban (aplausos) y el viento bramaba. ¡Los discípulos sintieron miedo! ¿Se hundiría la barca?
«¡Maestro!», gritaron. Jesús abrió los ojos. Vio que estaban asustados. Vio que se habían olvidado de confiar en Dios. Se levantó y les habló al viento y a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!» (Marcos 4:35).
El viento se detuvo de repente. (Susurrar). El agua se aquietó. Todo estaba en calma. Los discípulos estaban asombrados. Dijeron: «¿Quién es este hombre? [...] ¡Hasta el viento y las olas lo obedecen!» (Marcos 4:41). Este hombre era Jesús (señalar hacia arriba), el Hijo de Dios. Él había creado el viento y las olas. No tenían por qué preocuparse.
(Digan juntos:) Gracias, Jesús, por estar siempre conmigo.
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