Lección 11 de Principiantes - Año A Trimestre 2
«¡NIÑA, LEVÁNTATE!»
Sé que Jesús me ayudará.
«Dios [...] cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).
Esta lección se basa en Mateo 9:18-26; Marcos 5:21-43; Lucas 8:40-56; y El Deseado de todas las gentes, cap. 36, pp. 310-314.
Versículo semanal optativo para memorizar: «No tengas miedo. Solo ten fe» (Marcos 5:36).
Papá Jairo acarició la cabeza de su hijita (tocar la cabeza) que ardía de fiebre. Frunció el ceño al ver que su hijita estaba muy enferma, durmiendo (cabeza sobre manos con palmas juntas) en la cama. Ella no escuchaba el alegre canto de los pájaros ni veía el brillo de la luz reflejada en el lago cercano. Ya no corría ni jugaba con sus amigos; solo podía descansar y dormir (cabeza sobre manos con palmas juntas). El padre estaba triste, pues no sabía cómo curarla. Los médicos tampoco sabían cómo curarla. ¡Pero Jesús podía ayudarla! El padre salió corriendo a buscarlo. El padre corrió a la ciudad. Corrió y corrió, buf, buf. Encontró a Jesús en medio de una gran multitud y se postró a sus pies. Todos se detuvieron a mirar.
Entonces el padre le dijo a Jesús: «Mi hijita se está muriendo [...]. Por favor, ven y pon tus manos sobre ella para que se sane y viva» (Marcos 5:23). Él sabía que Jesús podía ayudarla. Jesús asintió con una sonrisa. Claro que sí, de buena gana sanaría a esta niñita.
Jesús y papá Jairo empezaron a caminar hacia la casa cuando, de repente, un hombre se acercó corriendo para decirle algo al padre. Su hijita, que estaba tan enferma, había muerto. El padre comenzó a llorar (secar lágrimas), pero Jesús le pidió que creyera, ¡porque él la ayudaría! El padre dejó de llorar. ¿Podría Jesús ayudar a su hijita? ¡Claro que sí! Él confió en Jesús y se apresuró a llegar a la casa junto con Jesús.
En la casa, todos estaban afuera llorando, pero Jesús no estaba triste. El padre tampoco estaba triste. Jesús ayudaría a la niña, como lo había prometido.
Jesús entró en la habitación, la tomó suavemente de la mano (tomar la mano del niño) y, con voz suave y bondadosa, Jesús le dijo: «¡Niña, levántate!» (Marcos 5:41).
La niña abrió los ojos, se levantó y empezó a caminar. Se acercó al papá y le sonrió (sonreír). Luego se volvió hacia la mamá para abrazarla (abrazar). ¡Mamá y papá estaban muy contentos! ¡Su niñita estaba viva otra vez! (Aplausos). ¡Gracias, Jesús! Fue un día que nunca olvidarían. Dios es muy poderoso y se alegra en ayudarnos.
Digan juntos:) Gracias, Jesús, por ayudarme cuando te necesito.
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