Lección 12 de Principiantes - Año A Trimestre 2
«¿QUIÉN ME TOCÓ?»
Jesús ve a todos y los ama.
«Dios [...] cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7).
Esta lección se basa en Mateo 9:18-26; Marcos 5:21-43; Lucas 8:40-56; y El Deseado de todas las gentes, cap. 36, pp. 310-314.
Versículo semanal optativo para memorizar: «Tu fe te ha sanado. Ve en paz» (Marcos 5:34).
Jesús sonrió al ver unas manitos que se extendían hacia él; las tomó entre las suyas y les dio un suave apretón (apretar la mano). Siguió caminando despacio por la ciudad a la orilla del lago. Mientras caminaba, le hablaba a la gente del gran amor de Dios. Había gente arriba (estirarse hacia arriba) y abajo (agacharse). La gente lo rodeaba por todas partes. La multitud era muy, muy grande. Todos querían estar con Jesús.
A Jesús le gustaba mucho estar con la gente. Todos se apretujaban a su alrededor. Apretando, apretando, nos vamos acercando. Se tocaban los codos (tocarse los codos suavemente) y se chocaban las rodillas (tocarse las rodillas).
Jesús sonreía y caminaba mientras hablaba. De repente se detuvo. Jesús miró hacia arriba (levantar brazos). Miró hacia abajo (agacharse). Miró a la gente, a un lado y al otro, y dijo: «¿Quién tocó mi túnica?» (Marcos 5:30). ¡Qué pregunta tan curiosa! Mucha gente tocaba a Jesús, pero Jesús sabía que este toque era diferente. «¿Quién me tocó?»
Una mujer se agachó cerca de los pies de Jesús. Llevaba mucho, mucho tiempo enferma. Había visitado a varios médicos, pero nadie podía sanarla. ¡Ella sabía que Jesús podía ayudarla! Pasó entre la gente apiñada, una fila tras otra. Pasó entre la gente de arriba (levantar los brazos) y la de abajo (agacharse). Ella era la que había tocado la túnica. Se dijo: «Si tan solo tocara su túnica, quedaré sana» (Marcos 5:28). ¡Y así fue!
En ese momento, la mujer tocó los pies de Jesús y él la miró con ojos bondadosos y una gran sonrisa. ¡Jesús supo desde el primer momento que fue ella la que había tocado su manto! La mujer le dijo a Jesús que él la había sanado de inmediato, como ella creía que pasaría. ¡Cuánto la amaba Jesús! Dulcemente, Jesús la ayudó a ponerse de pie y luego le dijo: «Hija, tu fe te ha sanado» (Marcos 5:34).
Ella le sonrió a Jesús (sonrisa amplia) y lo tomó fuertemente de la mano (apretón de manos). ¡Jesús la llamó «hija»! ¡Se sintió especial y amada, ¡y ahora se sentía bien porque Jesús la había sanado! Corrió a su casa con el corazón contento (¡viva!).
Jesús sabía que aquel día había una mujer enferma entre la gran multitud. Le dedicó tiempo y la hizo sentir importante. Jesús también te ve y te ama a ti. Siempre tiene tiempo para ti.
(Digan juntos:) ¡Gracias, Jesús, por cuidar de mí!
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