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Primarios | Lección 8: La parábola de la gran fiesta | 4to Trimestre 2024 | Año A

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Primarios | Lección 8: La parábola de la gran fiesta | 4to Trimestre | Año A

Lección 8 de Primarios

LA PARÁBOLA DE LA GRAN FIESTA

 

¿Te han invitado alguna vez a una fiesta? ¿Estabas muy emocionado? ¿Esperabas ansiosamente que llegara la hora? Jesús está planificando una gran fiesta para todos los que lo aman.¿Te gustaría ir a su fiesta?


Texto y clase de referencias:
Lucas 14:15-24;
Palabras de vida del gran Maestro, pp. 173-189.
Versículo para memorizar:
“¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!”
(Lucas 14:15).
Mensaje:
Jesús nos invita a estar con él en el cielo.

 

—¿Ya acabaste de invitar a todos nuestros huéspedes —preguntó el hombre que ofrecía la fiesta.

—Sí, señor —le contestó su siervo.

—Gracias, amigo mío. Puedo confiar siempre en que haces un buen trabajo.

El dueño de la casa sonrió, pensando en la gran fiesta que había planificado. Ya se habían enviado las invitaciones y sus amigos habían dicho que iban a venir a la fiesta. Juntos iban a pasar momentos maravillosos.

Cuando el banquete estuvo listo, el siervo tuvo un nuevo trabajo que hacer. Fue personalmente a avisarle a los invitados que era hora de venir a la fiesta.

Después de tocar en la primera puerta, el siervo esperó un poco. Pero luego tuvo que esperar más y más tiempo. Finalmente volvió a tocar. Después de un largo tiempo, se abrió la puerta y apareció un hombre muy impaciente que le dijo.

—¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres?

Con toda amabilidad, el siervo le recordó que estaba invitado al banquete.

—¡Por favor, señor, venga pronto al banquete! —le rogó el siervo—. Mi amo tiene ya todo preparado. Desea mucho que venga a su fiesta.

El hombre le respondió entonces un tanto apenado:

“¡Oh, claro! Me gustaría mucho poder ir, pero acabo de comprar un terreno y tengo que ir a verlo. Lo siento mucho. Espero que me disculpen”, y al decir esas palabras, cerró rápidamente la puerta.


Moviendo su cabeza, el siervo se dirigió a otra dirección de las que traía en su lista.

Seguramente en esta casa me van a responder bien —pensó el siervo. Sin embargo, cuando el dueño de esa casa vino a abrir la puerta, le dijo:

“¡Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes y tengo que ir a probarlas!”

El siervo tocó en una tercera puerta. Esta vez el dueño de la casa asomó la cabeza por la puerta y escuchó lo que le decía el siervo.

“Me acabo de casar. No puedo ir. ¡Por favor discúlpenme!”

El siervo siguió yendo de casa en casa con los mismos resultados. Cada uno de los que habían sido invitados a la fiesta parecía tener una buena razón para no ir. Finalmente regresó muy desanimado a la casa de su amo. Entonces le explicó cómo cada uno de los invitados se había disculpado por
no poder asistir.

Por un momento, el dueño de la casa se puso muy triste.

—¡Qué lástima—le dijo—, ¡pero podemos invitar a otros! Sal por las calles y por todos los rincones de la ciudad y trae a la fiesta a cualquiera que quiera venir. ¡Apresúrate!

Después de invitar a todos los que pudo encontrar en la ciudad, el siervo regresó muy cansado a la casa. Pronto llegaron a la fiesta los nuevos invitados y todos fueron bienvenidos. Era un buen grupo, pero todavía había mucho espacio en la mesa del banquete.

—Todavía hay mucho espacio en la mesa—le anunció el siervo a su amo.

—¡Pronto, mi amigo! Sal por los caminos. Ve a cualquier parte en donde creas que haya personas que quieran venir a la fiesta. ¡Tenemos que llenar este lugar! ¡Cualquiera que acepte mi invitación disfrutará conmigo de esta fiesta!

Jesús tiene hoy planificada una maravillosa fiesta. ¡Y te está haciendo una invitación!Muchas de las personas en esta historia tenían una excusa para no asistir a la fiesta. Dejaron que otras cosas fueran más importantes que estar con su buen amigo. En realidad no eran tan buenos amigos de él.

Como estaban tan ocupados en otras cosas, rechazaron la invitación y se perdieron esa gran fiesta.

En esta parábola de Jesús, la “fiesta” es el don de la salvación y la vida eterna que Jesús nos ofrece.

Tenemos que tomar una decisión. Podemos decidir aceptar su invitación o dejar que otras cosas se vuelvan más importantes en nuestra vida. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a aceptar hoy la invitación que te hace Jesús? ¿Deseas estar con Jesús en el cielo? ¡Seguramente no quieres perderte la gran fiesta que nos está preparando allá!

 

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Dios les bendiga!!!

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