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Lección 6: “Luchando con la fuerza de Cristo” | En el crisol con Cristo | Escuela Sabática 3T 2022

Lección 6: “Luchando con la fuerza de Cristo” | En el crisol con Cristo | Escuela Sabática 3T 2022
Lección 6: “Luchando con la fuerza de Cristo” | En el crisol con Cristo | Escuela Sabática 3T 2022

Lección 6: Para el 6 de agosto de 2022

“LUCHANDO CON LA FUERZA DE CRISTO”

 

Sábado 30 de julio

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Juan 16:5-15; Colosenses 1:28, 29; 1 Pedro 1:13; Mateo 5:29; Génesis 32.

PARA MEMORIZAR:
“Por eso me afano, luchando con la fuerza de Cristo que actúa poderosamente en mí” (Col. 1:29, RVA 2000).


Sentaron juntos a un hombre y una mujer en un programa de entrevistas. Ambos habían experimentado la pérdida de un hijo. El hijo de la mujer había sido asesinado veinte años antes, y su enojo y su amargura eran tan grandes como siempre. La actitud del hombre era totalmente diferente. Su hija había sido asesinada por terroristas pocos años antes. Él hablaba de perdón para los asesinos y sobre cómo Dios había transformado su dolor. Aunque el dolor era terrible, este hombre se convirtió en una ilustración de cómo Dios puede brindar sanidad en los momentos más oscuros de la vida.

¿Cómo dos personas pueden responder de manera tan diferente ante una situación similar? ¿Cómo se produce el cambio espiritual en la vida de un cristiano, que le permite madurar en medio de los crisoles de la vida en vez de sentirse completamente abrumado por ellos?

Un vistazo a la semana: ¿Cuál es el papel de nuestra fuerza de voluntad en la batalla contra el yo y el pecado? ¿Cómo podemos evitar el error de permitir que nuestros sentimientos gobiernen las decisiones que tomamos? ¿Por qué debemos perseverar, y no rendirnos cuando estamos en el crisol?

 

Notas EGW
Sábado

A fin de que Dios pudiese capacitarlo para su gran obra como depositario de los sagrados oráculos, Abraham debía separarse de los compañeros de su niñez. La influencia de sus parientes y amigos impediría la educación que el Señor intentaba dar a su siervo…

No fue una prueba ligera la que soportó Abraham, ni tampoco era pequeño el sacrificio que se requirió de él. Había fuertes vínculos que le ataban a su tierra, a sus parientes y a su hogar. Pero no vaciló en obedecer al llamamiento…

Muchos continúan siendo probados como lo fue Abraham. No oyen la voz de Dios hablándoles directamente desde el cielo; pero, en cambio, son llamados mediante las enseñanzas de su Palabra y los acontecimientos de su providencia. Se les puede pedir que abandonen una carrera que promete riquezas y honores, que dejen afables y provechosas amistades, y que se separen de sus parientes, para entrar en lo que parezca ser solo un sendero de abnegación, trabajos y sacrificios… [Él] los llama para que se aparten de las influencias y los auxilios humanos, y les hace sentir la necesidad de su ayuda, y de depender solo de Dios, para que él mismo pueda revelarse a ellos (Historia de los patriarcas and profetas, pp. 118, 119).

¿Por qué ocupa la religión tan poco de nuestra atención mientras que el mundo obtiene la fuerza del cerebro, de los huesos y de los músculos? Es porque toda la fuerza de nuestro ser se dedica a ello. Nos hemos preparado para dedicarnos con fervor y poder a los negocios mundanales hasta el punto que ahora es fácil para la mente inclinarse en este sentido. Esta es la única razón que nos explica por qué los creyentes encuentran tan difícil la vida religiosa y tan fácil la vida mundanal. Las facultades han sido educadas para ejercer su fuerza en esa dirección. En la vida religiosa se han aceptado las verdades de la Palabra de Dios, pero no se las ha ilustrado en forma práctica en la vida.

El cultivo de los pensamientos religiosos y sentimientos de devoción no es hecho parte de la educación. Deberían influir en el ser entero y regirlo completamente. El hábito de hacer lo recto es lo que se necesita. Se obra intermitentemente bajo influencias favorables; pero el pensar natural y fácilmente en las cosas divinas no es el principio que rige la mente (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 238).

Es mediante pruebas estrictas y reveladoras cómo Dios disciplina a sus siervos. Él ve que algunos tienen aptitudes que pueden usarse en el progreso de su obra, y los somete a pruebas. En su providencia, los coloca en situaciones que prueban su carácter, y revelan defectos y debilidades que estaban ocultos para ellos mismos. Les da la oportunidad de corregir estos defectos, y de prepararse para su servicio. Les muestra sus propias debilidades, y les enseña a depender de él; pues él es su única ayuda y salvaguardia… Cuando Dios los llama a obrar, están listos, y los ángeles pueden ayudarles en la obra que debe hacerse en la tierra (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 122, 123).

 

Domingo 31 de julio

EL ESPÍRITU DE VERDAD

¿Alguna vez oraste: “¡Por favor, Dios, hazme bueno!”, pero viste pocos cambios? ¿Cómo es posible que oremos pidiendo que el gran poder transformador de Dios obre dentro de nosotros, pero nuestra vida aparentemente continúe siendo la misma? Sabemos que Dios tiene recursos sobrenaturales ilimitados que nos ofrece anhelante y generoso. Realmente queremos sacar provecho de todo; sin embargo, nuestra vida no parece cambiar de una manera que concuerde con lo que Dios ofrece.

¿Por qué? Por una simple razón: Si bien el Espíritu tiene poder ilimitado para transformarnos, con nuestras decisiones es posible que limitemos lo que Dios puede hacer.

 

Lee Juan 16:5 al 15. En este pasaje, Jesús llama al Espíritu Santo el “Espíritu de verdad” (Juan 16:13). ¿Qué implica esto que el Espíritu Santo hace por nosotros?

Si bien el Espíritu Santo puede mostrarnos la verdad sobre nuestra pecaminosidad, no puede forzarnos a arrepentirnos. También puede mostrarnos la mayor verdad acerca de Dios, pero no puede obligarnos a creer en ella ni a obedecerla. Si Dios nos obligara de alguna manera, aunque sea mínima, perderíamos el libre albedrío, y Satanás acusaría a Dios de manipular nuestra mente y corazón y de hacer trampa en el Gran Conflicto. Cuando estalló el Gran Conflicto en el cielo, nuestro Padre no obligó a Satanás ni a ninguno de los ángeles a creer que él era bueno y justo, ni a los ángeles caídos a arrepentirse. Y en el Jardín del Edén, cuando nuevamente había tanto en juego, Dios dejó muy en claro la verdad sobre el árbol que estaba en el medio del huerto, pero no impidió que Adán y Eva ejercieran su libre albedrío para desobedecer. Dios no actuará de manera diferente con nosotros hoy. De modo que el Espíritu presenta la verdad acerca de Dios y el pecado, y luego dice: “En vista de lo que te he mostrado, ¿qué harás ahora?”

Lo mismo ocurre cuando estamos en el crisol. A veces, el crisol aparece precisamente porque no hemos obedecido o no nos hemos arrepentido de nuestros pecados. Para que nuestro Padre obre en esos casos, debemos decidir conscientemente abrir las puertas del arrepentimiento y la obediencia de modo que el poder de Dios entre y nos transforme.

 

■ ¿De qué te convenció el “Espíritu de verdad” recientemente? ¿Cuánto escuchas su voz? Más aún, ¿qué decisiones tomas con tu libre albedrío?

 

Notas EGW
Domingo

Sobre los discípulos que esperaban y oraban vino el Espíritu con una plenitud que alcanzó a todo corazón. El Ser Infinito se reveló con poder a su iglesia. Era como si durante siglos esta influencia hubiera estado restringida, y ahora el Cielo se regocijara en poder derramar sobre la iglesia las riquezas de la gracia del Espíritu. Y bajo la influencia del Espíritu, las palabras de arrepentimiento y confesión se mezclaban con cantos de alabanza por el perdón de los pecados. Se oían palabras de agradecimiento y de profecía. Todo el Cielo se inclinó para contemplar y adorar la sabiduría del incomparable e incomprensible amor. Extasiados de asombro, los apóstoles exclamaron: “En esto consiste el amor”. Se asieron del don impartido. ¿Y qué siguió? La espada del Espíritu, recién afilada con el poder y bañada en los rayos del cielo, se abrió paso a través de la incredulidad (Los hechos de los apóstoles, p. 31).

El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras.

Después de convencer de pecado, y de presentar ante la mente la norma de justicia, el Espíritu Santo quita los afectos de las cosas de esta tierra, y llena el alma con un deseo de santidad. “Él os guiará a toda verdad” (Juan 16:13), declaró el Salvador. Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser. El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma. Mediante su poder, el camino de la vida será hecho tan claro que nadie necesite errar (Los hechos de los apóstoles, p. 43).

Según las pruebas se vayan acrecentando a nuestro alrededor, se mostrarán en nuestras filas tanto la desunión como la unidad. Algunos que están en estos momentos preparados para empuñar las armas espirituales, cuando lleguen los tiempos de real peligro pondrán de manifiesto que no habían edificado sobre la roca firme: cederán ante la tentación. Quienes hayan recibido una gran luz y grandes privilegios, pero que no los hayan cultivado; nos abandonarán utilizando cualquier pretexto. Si no han recibido el amor de la verdad, serán cautivados por las falsedades del enemigo: le harán caso a los espíritus seductores y a las doctrinas de demonios, y abandonarán la fe. Pero, por otro lado, cuando la tormenta de la persecución caiga realmente sobre nosotros, las ovejas fieles escucharán la voz del Pastor verdadero. Se harán esfuerzos desinteresados para salvar a los perdidos, y muchos que han dejado el redil, regresarán para ir en pos del gran Pastor. El pueblo de Dios se unirá y presentará un frente común ante el enemigo. Ante el creciente peligro, cesará la lucha por la supremacía; no habrá más disputas para decidir quién es el más importante (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 400).

 

Lunes 1º de agosto

LA COOPERACIÓN DIVINO-HUMANA

¿Cuál es tu mayor realización en la vida? Sea lo que fuere, lo más probable es que no haya ocurrido simplemente al levantarte de la cama a la mañana. Si queremos lograr algo que valga la pena en esta vida, necesitamos tiempo y esfuerzo. Ser discípulos de Cristo no es diferente.

 

Lee Colosenses 1:28 y 29. Si bien Pablo habla de que Dios obraba en él, ¿de qué manera también muestra el esfuerzo humano? Ver también Deuteronomio 4:4; Lucas 13:24; 1 Corintios 9:25; Hebreos 12:4.

En Colosenses 1:29, hay una perspectiva muy interesante de la forma en que Pablo ve su relación con Dios en esta obra. Dice que él lucha, pero con el poder de Dios.

La palabra para “trabajo” significa “cansarse”, “trabajar hasta quedar exhausto”. Esta palabra se utilizaba específicamente para los atletas cuando entrenaban. La palabra “luchar”, que viene a continuación, en algunos idiomas puede significar “agonizar”. Por ende, tenemos la imagen verbal de un atleta que se esfuerza con todo para ganar. Pero luego Pablo agrega un giro a la idea, porque él no se está esforzando con todo lo que tiene, sino con todo lo que Dios le da. Por consiguiente, nos quedamos con esta sencilla conclusión sobre el ministerio de Pablo: era un ministerio que realizaba con gran esfuerzo y disciplina personal, pero lo hacía con el poder de Dios. Esta relación funciona exactamente de la misma manera con nosotros cuando procuramos desarrollar el carácter de Cristo.

Es importante recordar esto, porque vivimos en un mundo en el que cada vez queremos más, pero con menos esfuerzo. Esa idea también se ha infiltrado en el cristianismo. Algunos evangelistas cristianos prometen que, si simplemente crees, el Espíritu Santo descenderá sobre ti con asombroso poder sobrenatural y realizará grandes milagros. Pero esto puede ser una peligrosa verdad a medias, porque puede llevar a la conclusión de que ¡solo tenemos que esperar que el poder de Dios venga sobre nosotros mientras estamos cómodamente sentados!

 

■ ¿Tienes alguna experiencia con el tipo de luchas de las que habla Pablo? ¿Qué cosas ha puesto Dios en tu corazón con las que estás luchando? ¿Cómo puedes aprender a rendirte a la voluntad de Dios?

 

Notas EGW
Lunes

La intervención del Espíritu de Dios no nos exime de la necesidad de ejercitar nuestras facultades y talentos, sino que nos enseña a usar toda facultad para la gloria de Dios. Las facultades humanas, cuando están bajo la dirección especial de la gracia de Dios, son capaces de ser usadas con el mejor propósito de esta tierra. La ignorancia no aumenta la humildad o la espiritualidad de cualquier profeso seguidor de Cristo. Un cristiano intelectual es el que puede apreciar mejor las verdades de la Palabra divina. Los que le sirven inteligentemente son los que mejor pueden glorificar a Cristo. El gran objeto de la educación es habilitarnos para usar la fuerza que Dios nos ha dado de tal manera que representemos la religión de la Biblia y fomentemos la gloria de Dios.

A Aquel que nos dio la existencia debemos los talentos que nos han sido confiados; y es una obligación que tenemos hacia nuestro Creador cultivarlos y aprovecharlos. La educación disciplinará la mente, desarrollará sus facultades, y las dirigirá comprensivamente, a fin de que podamos ser útiles en hacer progresar la gloria de Dios (Consejos para los maestros, pp. 346, 347).

Vi a ángeles malos que luchaban por las almas, y ángeles de Dios que los resistían. El conflicto era recio. Los ángeles malos se amontonaban alrededor de los hombres, corrompiendo la atmósfera con su influencia venenosa y adormeciendo su sensibilidad. Los ángeles santos observaban ansiosamente a estas almas y aguardaban la oportunidad para hacer retroceder a la hueste de Satanás. Pero no es tarea de los ángeles buenos manejar las mentes contra la voluntad de los individuos. Si ceden al enemigo y no hacen ningún esfuerzo por resistirle, poco más pueden hacer los ángeles de Dios que contener las huestes de Satanás para que no destruyan, hasta que los que están en peligro reciban conocimiento adicional que los haga despertar y dirigir la vista al cielo en procura de ayuda. Jesús no comisionará a los santos ángeles a que saquen de apuros a los que no hacen esfuerzo alguno por ayudarse a sí mismos.

Si Satanás ve que está en peligro de perder un alma, se esfuerza hasta lo infinito por conservarla. Y cuando el individuo se percata del peligro, y con aflicción y fervor mira a Jesús para obtener fuerza, Satanás teme perder un cautivo y pide un refuerzo de sus ángeles para cercar al pobre ser humano y formar a su alrededor un muro de tinieblas con el fin de que no reciba la luz del cielo. Pero si el que está en peligro persevera, y en su impotencia y debilidad confía en los méritos de la sangre de Cristo, Jesús escucha la ferviente oración de fe y envía un refuerzo de sus ángeles, que sobresalen en fuerza, para librarlo…

Y cuando los ángeles todopoderosos, vestidos con la toda la armadura del cielo, acuden en ayuda del ser desfalleciente, perseguido, Satanás y su hueste retroceden, pues saben bien que su batalla está perdida (Mensajes para los jóvenes, p. 37).

 

Martes 2 de agosto

LA VOLUNTAD DISCIPLINADA

Uno de los mayores enemigos de nuestra voluntad son nuestros propios sentimientos. Vivimos en una cultura cada vez más bombardeada con imágenes y música que pueden apelar directamente a nuestros sentidos y desencadenar nuestras emociones (enojo, miedo o lujuria), sin que nos demos cuenta. ¿Con cuánta frecuencia pensamos en cosas como “¿Qué tengo ganas de comer para la cena?” “¿Qué tengo ganas de hacer hoy?” “¿Me siento bien comprando esto?” De esta manera, los sentimientos han llegado a estar íntimamente relacionados con nuestra toma de decisiones. Los sentimientos no son necesariamente malos, pero lo que siento con respecto a algo puede tener poco que ver con lo que es correcto o con lo que es mejor. Por cierto, los sentimientos pueden mentirnos (“Engañoso es el corazón más que todas las cosas” [Jer. 17:9]) y pueden crear una imagen falsa de la realidad, lo que nos hace tomar malas decisiones y nos coloca en un crisol de fabricación propia.

 

¿Qué ejemplos puedes encontrar en la Biblia en los que las personas tomaron decisiones basadas en sentimientos, y no en la Palabra de Dios? ¿Cuáles fueron las consecuencias? Ver, por ejemplo, Génesis 3:6; 2 Samuel 11:2 al 4; Gálatas 2:11 y 12.

 

Lee 1 Pedro 1:13. ¿Qué le preocupa a Pedro y qué quiere que hagan realmente sus lectores?

Pedro comprendió que la mente es el timón del cuerpo que controlamos. Si quitamos el control de la mente, seremos controlados por cualquier sentimiento que se nos presente.

Imagínate caminando por un sendero estrecho hasta la casa del Pastor. A lo largo del camino hay muchos senderos que conducen a diferentes direcciones. Algunas de estas sendas dirigen a lugares que no querríamos visitar. Otros senderos parecen tentadores; apelan a nuestros sentimientos, emociones y deseos. Sin embargo, si tomáramos alguno de ellos, nos saldríamos del camino correcto e iríamos por un camino del que podría ser extremadamente difícil salir.

 

■ ¿Qué decisiones importantes enfrentas? Pregúntate honestamente: “¿Cómo puedo saber si baso mis decisiones en sentimientos, emociones o deseos y no en la Palabra de Dios?”

 

Notas EGW
Martes

Cada uno de nosotros tenemos una obra individual que llevar a cabo que consiste en ceñir los lomos de nuestro entendimiento, ser sobrios y velar en oración. Se debe dominar firmemente el entendimiento y obligarlo a espaciarse en los temas que fortalecerán las facultades morales…Los pensamientos deben ser puros y las meditaciones del corazón, limpias, para que las palabras que pronunciáis sean aceptables al Cielo y sirvan de ayuda a vuestros semejantes.

Se debe vigilar celosamente la mente. No se permitirá que entre en ella lo que dañe o destruya su saludable vigor. Pero para impedir esto, debe estar saturada de buena semilla, que brotando a la vida, produzca ramas que den fruto…

[Aquellos] que encuentran gozo y alegría en la Palabra de Dios y en la hora de oración, se sentirán constantemente refrigerados por corrientes de la Fuente de la vida. Alcanzarán una altura de excelsitud moral y una amplitud de pensamiento que otros no comprenderán. La comunión con Dios estimula los buenos pensamientos y las aspiraciones nobles, las percepciones claras de la verdad y los propósitos elevados. Aquellos que de este modo unen sus almas con Dios son reconocidos por él como hijos suyos. Constantemente alcanzan alturas mayores, adquieren clara visión de Dios y de la eternidad, hasta que el Señor los convierte en canales de luz y de sabiduría para el mundo (Mi vida hoy, p. 86).

Pocos comprenden que es un deber ejercer dominio sobre los pensamientos y la imaginación. Es difícil mantener fija en temas provechosos la mente indisciplinada. Pero si no se emplean debidamente los pensamientos, la religión no puede florecer en el alma. La mente debe preocuparse con cosas sagradas y eternas, o albergará pensamientos triviales y superficiales. Tanto las facultades intelectuales como las morales, deben ser disciplinadas, y por el ejercicio se fortalecerán y mejorarán.

A fin de comprender correctamente este asunto, debemos recordar que nuestros corazones son por naturaleza depravados, que no podemos por nosotros mismos seguir una conducta correcta. Es únicamente por la gracia de Dios, combinada con el más ferviente esfuerzo de nuestra parte, como podemos obtener la victoria (La maravillosa gracia de Dios, p. 327).

Porque el Señor Jehová me ayudará; por tanto no me avergoncé, por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado. Isaías 50:7

La fuerza de carácter consiste en dos cosas: la energía de la voluntad y del dominio propio. Muchos jóvenes consideran equivocadamente como fuerza de carácter la pasión arrolladora; pero la verdad es que el que se deja dominar por sus pasiones, es un hombre débil. La verdadera grandeza del hombre y su nobleza, se miden por el poder de los sentimientos que subyugan, no por el de los sentimientos que lo vencen a él. El hombre más fuerte es aquel que, aunque sensible al ultraje, refrena sin embargo la pasión y perdona a sus enemigos. Los tales hombres son verdaderos héroes (La fe por la cual vivo, p. 318).


Miércoles 3 de agosto

COMPROMISO RADICAL

“Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mat. 5:29).

 

Medita sobre las palabras de Jesús en el versículo anterior. ¿Dirías que sus palabras son radicales? Si es así, ¿por qué?

Es necesario actuar en forma radical, no porque Dios haya hecho que la vida cristiana sea difícil, sino porque nosotros y nuestra cultura nos hemos alejado mucho de los planes de Dios. La gente a menudo despierta y se pregunta: “¿Cómo pude haberme alejado tanto de Dios?” La respuesta es siempre la misma: de a un paso a la vez.

Lee Mateo 5:29 y 30. Jesús está hablando en el contexto del pecado sexual; sin embargo, los principios subyacentes también se aplican a otros pecados. Por cierto, los principios pueden aplicarse a nuestro crecimiento en Cristo en general.

 

¿A qué cuestión fundamental aluden las palabras de Jesús en Mateo 5:29 y 30? ¿Realmente se nos insta a mutilarnos en forma literal?

Jesús no nos está llamando a causarnos daños físicos, ¡de ninguna manera! Más bien, nos está llamando a controlar la mente y, por lo tanto, el cuerpo, sin importar el costo. Fíjate que el pasaje no menciona que debemos orar y que Dios eliminará instantáneamente las tendencias pecaminosas de nuestra vida. A veces Dios, en su misericordia, hace esto por nosotros, pero a menudo nos llama a asumir un compromiso radical de renunciar a algo, o de comenzar a hacer algo que quizá no tengamos ganas de realizar. ¡Vaya crisol! Cuanto más seguido tomemos las decisiones correctas, más fuertes seremos y más débil será el poder de la tentación en nuestra vida.

A veces Dios utiliza crisoles para llamar nuestra atención cuando hay muchas distracciones ruidosas a nuestro alrededor. Es en el crisol donde nos damos cuenta de cuánto nos hemos alejado de Dios. El crisol puede ser el llamado de Dios para que tomemos la decisión radical de regresar al plan que nuestro Padre tiene para nosotros.

 

Notas EGW
Miércoles

La vida cristiana es una batalla. El apóstol Pablo habla de luchas contra principados y potestades, mientras peleaba la buena batalla de la fe. Declara otra vez: “Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado”. Hebreos 12:4. Oh, no, hoy se acaricia y excusa el pecado. La aguda espada del Espíritu, la Palabra de Dios, no corta profundamente en el alma. ¿Ha cambiado la religión? ¿Se ha apaciguado la enemistad de Satanás para con Dios? En un tiempo la vida religiosa presentaba ciertas dificultades y requería abnegación. Todo esto se ha hecho muy fácil ahora. Y, ¿a qué obedece? El pueblo profeso de Dios ha contemporizado con los poderes de las tinieblas.

Es preciso que haya un renacimiento del testimonio directo. El camino que conduce al cielo no es más suave hoy que en los días de nuestro Salvador. Hemos de abandonar todos nuestros pecados. Cada complacencia acariciada que estorba nuestra vida religiosa tiene que ser cortada. El ojo derecho o la mano derecha, si fueren causa de alguna ofensa, tendrán que ser sacrificados. ¿Estamos dispuestos a abandonar las amistades mundanas que hemos escogido? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la aprobación de los hombres? El premio de la vida eterna es de un valor infinito. ¿Nos esforzaremos y haremos sacrificios en proporción al valor del objetivo que tenemos por alcanzar? (Testimonios para la iglesia, t. 5 p. 206).

Requiere sacrificio entregarnos a Dios, pero es sacrificio de lo inferior por lo superior, de lo terreno por lo espiritual, de lo perecedero por lo eterno. No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere. Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar por nuestro medio los raudales de su amor y su poder. Por amarga y dolorosa que parezca esta entrega al corazón voluntarioso y extraviado, aun así nos dice: “Mejor te es”.

Hasta que Jacob no cayó desvalido y sin fuerzas sobre el pecho del Ángel del pacto, no conoció la victoria de la fe vencedora ni recibió el título de príncipe con Dios. Solo cuando “cojeaba de su cadera” se detuvieron las huestes armadas de Esaú, y el Faraón, heredero soberbio de un linaje real, se inclinó para pedir su bendición. Así el autor de nuestra salvación se hizo “perfecto… por medio de los padecimientos”, y los hijos de fe “sacaron fuerzas de debilidad” y “pusieron en fuga ejércitos extranjeros”. Hebreos 11:34 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 56).

¿Qué clase de fe vence al mundo? Es la fe que hace de Cristo su Salvador personal, esa fe que, reconociendo su impotencia, su total incapacidad para salvarse a sí mismo, se aferra del Auxiliador que es poderoso para salvar como su única esperanza. Es una fe que no se desanima, que escucha la voz de Cristo que le dice: “Ten ánimo, yo he vencido al mundo, y mi divina fuerza es tuya”. Es la fe que le oye decir: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” Mateo 28:20 (Reflejemos a Jesús, p. 13).

 

Jueves 4 de agosto

LA NECESIDAD DE PERSEVERAR

Lee la historia de la lucha de Jacob con Dios (Gén. 32). ¿Qué nos dice esta historia sobre la perseverancia, aun en medio de un gran abatimiento? (Toma en cuenta todo el contexto de la situación de Jacob antes de responder.)

Podemos saber lo que está bien y ejercitar nuestra voluntad para hacer lo correcto; pero cuando estamos bajo presión, puede ser muy difícil mantenernos aferrados a Dios y a sus promesas, porque somos débiles y temerosos. Por ende, una de las fortalezas importantes del cristiano es la perseverancia, la capacidad de seguir adelante a pesar de querer darse por vencido.

Uno de los mayores ejemplos de perseverancia en la Biblia es Jacob. Muchos años antes, Jacob había engañado a su hermano, Esaú, y a su padre para que le asignaran la primogenitura (Gén. 27), y desde entonces había estado huyendo por temor a que Esaú quisiera matarlo. En su sueño de una escalera que llegaba hasta el cielo, Dios le había dado maravillosas promesas de conducción y bendiciones (Gén. 28), pero él todavía estaba asustado. Jacob estaba desesperado por contar con la seguridad de que Dios lo aceptaba y de que las promesas que le había presentado muchos años antes seguían vigentes. Cuando luchaba con alguien, que en realidad era Jesús, se le dislocó la cadera. Desde ese momento, lo más probable es que no haya podido seguir luchando, ya que el dolor debió haber sido insoportable. Debió haber habido un cambio sutil: de luchar a aguantar. Jacob se aferra a Jesús en medio de un dolor insoportable hasta que recibe la seguridad de su bendición. Entonces, Jesús le dice: “Déjame, porque ya raya el alba” (Gén. 32:26).

Jacob recibió la bendición porque se mantuvo firme a pesar del dolor. Lo mismo sucede con nosotros. Dios también puede “dislocar nuestra cadera” y luego llamarnos a aferrarnos a él en medio del dolor. Es más, Dios permitió que las dolorosas secuelas continuaran; Jacob todavía cojeaba cuando se reencontró con su hermano. Las apariencias externas mostraban debilidad, pero para Jacob eran una indicación de su fortaleza.

 

■ ¿Qué decisiones prácticas puedes tomar (relaciones, estilo de vida, material de lectura, hábitos de salud, vida espiritual) que te ayuden a perseverar más en el Señor en medio del desánimo y la tentación?

 

Notas EGW
Jueves

La guerra que debemos sostener es “la buena batalla de la fe”. Por “lo cual también trabajo —dijo el apóstol Pablo—, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” Colosenses 1:29.

En la crisis suprema de su vida, Jacob se apartó para orar. Lo dominaba un solo propósito: buscar la transformación de su carácter, Pero mientras suplicaba a Dios, un enemigo, según le pareció, puso sobre él su mano, y toda la noche luchó por su vida. Pero ni aun el peligro de perder la vida alteró el propósito de su alma. Cuando estaba casi agotada su fuerza, ejerció el Ángel su poder divino, y a su toque supo Jacob con quién había luchado. Herido e impotente, cayó sobre el pecho del Salvador, rogando que lo bendijera. No pudo ser desviado ni interrumpido en su ruego y Cristo concedió el pedido de esta alma débil y penitente, conforme a su promesa: “¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo”. Isaías 27:5.

Jacob alegó con espíritu determinado: “No te dejaré, si no me bendices”. Génesis 32:26. Este espíritu de persistencia fue inspirado por Aquel con quien luchaba el patriarca. Fue él también quien le dio la victoria y cambió su nombre, Jacob, por el de Israel, diciendo: “Porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido”. Por medio de la entrega del yo y la fe imperturbable, Jacob ganó aquello por lo cual había luchado en vano con sus propias fuerzas. “Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”. 1 Juan 5:4 (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 121, 122).

Dios requiere de vosotros que poseáis valor moral, firmeza de propósito, fortaleza y perseverancia, mentes que no admitan los asertos ajenos, sino que investiguen por su cuenta antes de aceptarlos o rechazarlos, y escuchen y pesen las evidencias, y las lleven al Señor en oración. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela a Dios, el cual da a todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada”. Santiago 1:5. Ahora bien, se impone la condición: “Pero pida en fe, no dudando nada… “. Esta petición de sabiduría no debe ser una oración sin sentido, que se olvide tan pronto como se haya terminado. Es una oración que expresa el enérgico y ferviente deseo inspirado al corazón por un consciente anhelo de poseer sabiduría para discernir la voluntad de Dios.

Después de hecha la oración, si no obtenemos inmediatamente la respuesta, no nos cansemos de esperar, ni nos volvamos inestables. No vacilemos. Aferrémonos a la promesa: “Fiel es el que os ha llamado; el cual también lo hará”. 1 Tesalonicenses 5:24. Como la viuda importuna, presentemos nuestros casos con firmeza de propósito. ¿Es importante el objeto y de gran consecuencia para nosotros? Por cierto que sí. Entonces, no vacilemos; porque tal vez se pruebe nuestra fe. Si lo que deseamos es valioso, merece un esfuerzo enérgico y fervoroso. Tenemos la promesa; velemos y oremos. Seamos firmes, y la oración será contestada; porque, ¿no es Dios quien ha formulado la promesa? Cuanto más nos cueste obtener algo, tanto más lo apreciaremos cuando lo obtengamos. Se nos dice claramente que si vacilamos, ni podemos pensar que recibiremos algo del Señor. Se nos recomienda aquí que no nos cansemos, sino que confiemos firmemente en la promesa. Si pedimos, él nos dará liberalmente, sin zaherir (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 119).

 

Viernes 5 de agosto

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

Lee Elena de White, Patriarcas y profetas, “La noche de lucha”, pp. 194-202; El camino a Cristo, “Consagración”, pp. 38-42.

“Esta voluntad, que es un factor tan importante en el carácter del ser humano, fue en ocasión de la caída del hombre entregada al dominio de Satanás; y él desde entonces ha estado obrando en el hombre el querer y el hacer de su propia voluntad, para la ruina y la miseria del ser humano” (TI 5:486).

“Para recibir ayuda de Dios, el hombre debe reconocer su debilidad y deficiencia; debe aplicar su propia mente al gran cambio que se ha de verificar en él; debe despertar a la necesidad de la oración y el esfuerzo perseverantes y ardientes. Los malos hábitos y costumbres deben desterrarse; y solo mediante un decidido esfuerzo por corregir estos errores y someterse a los principios rectos se puede obtener la victoria. Muchos nunca llegan a la posición que podrían ocupar porque esperan que Dios haga por ellos lo que él les ha dado poder para hacer por sí mismos. Todos los que están capacitados para ser de utilidad deben ser educados mediante la más severa disciplina mental y moral; y Dios los ayudará, uniendo su poder divino al esfuerzo humano” (PP 255).

 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. ¿Hasta qué punto crees que realmente reconocemos que nuestra voluntad “fue en ocasión de la caída del hombre entregada al dominio de Satanás”? Al concentrarnos en el carácter de Jesús, ¿cómo podemos entender mejor cuánto hemos caído y cuán grande es la gracia de Dios en nuestro favor?

2. Lee la historia de Jesús en el Getsemaní (Mat. 26:36-42). ¿Cuáles eran los sentimientos y los deseos de Jesús, frente a la voluntad de Dios? ¿Qué podemos aprender de este ejemplo?

3. Como clase, mencionen cosas específicas de su propia cultura que pueden colaborar para derribar nuestras defensas y hacernos más vulnerables a los ataques de Satanás. ¿Qué podemos hacer para ayudar a otros miembros de iglesia, y a los que sienten la necesidad de ayuda, a ser conscientes de estos peligros?

4. ¿Conocen a alguien de su iglesia que no haya estado asistiendo por un buen tiempo, que podría estar a punto de rendirse o que ya se haya dado por vencido? ¿Qué pueden hacer como grupo para animar a esta persona, para ayudarla a no apartarse de Jesús? ¿Qué cosas prácticas pueden hacer para ayudarla?

 

Notas EGW
Viernes

Alza tus ojos, 9 de agosto, “Sigue el ejemplo de sacrificio de Cristo”, p. 233;
Historia de los patriarcas y profetas, “La noche de lucha”, pp. 194–202.

 

LECCIONES DE ESCUELA SABÁTICA DE ADULTOS
"EN EL CRISOL CON CRISTO"
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Dios lo bendiga!!!


 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO -
Lección 6

EL SÁBADO ENSEÑARÉ...
Parte I: RESEÑA

Texto clave: Colosenses 1:29.
Enfoque del estudio: Génesis 32; Mateo 5:29; Juan 16:5–15;

Introducción:
Esta lección se enfoca en varios elementos esenciales que nos ayudan a construir una estrategia triple para superar los crisoles. En primer lugar, bajo la guía del Espíritu Santo, debemos cultivar el conocimiento de la verdad acerca de Dios, del mal y de nosotros mismos, en el contexto inmediato de nuestra vida y en el contexto más amplio del Gran Conflicto. Si bien es cierto que no alcanza con solo entender nuestra situación, este conocimiento es el peldaño básico y fundamental sobre el que se colocan los otros elementos para construir la respuesta correcta al crisol. Necesitamos saber por qué suceden las cosas y responder estas preguntas: ¿De qué lado elegimos apoyarnos y por qué?
En segundo lugar, debemos comprender la naturaleza del libre albedrío que Dios nos dio. Sí, es cierto que Dios es soberano y nos da la salvación y todas las cosas buenas para vivir y prosperar. Sin embargo, él nos creó con verdadera libertad, sin la cual no seríamos los mismos. Por eso, Dios nos da poder y nos llama a ejercer nuestro libre albedrío y a colaborar con él en la gran obra de salvación y en el avance de su Reino.
En tercer lugar, esta colaboración nos exige un compromiso y una perseverancia radicales. No podemos colaborar con dos reyes diferentes que están en guerra entre sí. Debemos conocer la verdad; elegir al Rey celestial, que es justo y amante; alinear nuestra vida con sus principios y comprometernos plenamente con la causa de su Reino, cueste lo que cueste. Estos principios nos darán energía plena y constante para luchar y vencer en el crisol de esta vida.

Temática de la lección:
La lección de esta semana destaca tres temas principales:
1. El papel de la verdad en la superación de los crisoles.
2. El papel de nuestro libre albedrío en la superación de los crisoles.
3. El papel del compromiso y la perseverancia en la superación de los crisoles.


Parte II: COMENTARIO

Agustín y Pelagio sobre la libertad y la fuerza de voluntad
A muchos cristianos les resulta difícil comprender la relación que tiene nuestro libre albedrío con el origen del mal y el sufrimiento, y con la salvación. Algunos caen en uno de dos extremos, como lo ilustra el feroz debate del siglo V entre el asceta británico Pelagio, que se estableció en Roma (c. 355-420), y Agustín (354- 430), el obispo de Hipona, al norte de África. Su debate fue sobre el tema del libre albedrío y la salvación. Al arribar a Roma y ver la laxitud espiritual y moral de los cristianos en la capital del Imperio Romano Occidental, Pelagio concluyó que el problema tenía sus raíces en las enseñanzas de Agustín sobre el pecado original y la gracia.
Por lo tanto, Pelagio decidió enfrentarse al obispo de Hipona (actualmente, al noreste de Argelia). Agustín enseñaba que Dios es amor y que la esencia del amor es la libertad (no hay amor sin libertad). Además, Agustín postulaba que Dios creó un Universo perfecto y bueno. También creó a la humanidad a su imagen, lo que significa que los seres humanos fueron creados perfectos, buenos, amantes y libres. Por consiguiente, según Agustín, cuando Adán y Eva abusaron de su libertad y pecaron, generaron el pecado original. Como consecuencia, estaban cubiertos de culpa, su naturaleza perfecta pasó a ser pecaminosa y perdieron la libertad. Todavía podían percibir lo bueno y lo perfecto, pero no podían experimentarlo.
Lo que propuso Agustín fue que el pecado es más que un acto o un error individual. Es una condición de la existencia humana separada de Dios y en contra de Dios. El pecado original abarca la culpa y la propensión al mal. Después de la Caída, todos los seres humanos somos pecadores, opinaba Agustín, porque nacemos con la culpa de Adán y con una naturaleza pecaminosa que esclaviza nuestra voluntad y nuestra vida. Por lo tanto, Agustín creía que no podemos ser salvos con solo decidir hacer el bien, porque somos pecadores; no podemos ser salvos con solo recibir una enseñanza o un estímulo o al seguir un ejemplo, porque no podemos acabar con la culpa de Adán. Tampoco tenemos el poder de superar nuestra condición pecaminosa y hacer el bien, afirmaba Agustín. En su opinión, la única forma de ser salvos sería si pudiéramos morir a la naturaleza pecaminosa y resucitar a otra naturaleza. Pero, según Agustín, ni siquiera podemos hacer esto por nosotros mismos. La única forma en que somos salvos es por la gracia de Dios. En su gracia, explicó Agustín, Dios ejerce su voluntad soberana y decide salvarnos por su cuenta: nos quita la culpa de Adán y la nuestra mediante su gracia y el sacramento del bautismo, y somete nuestra naturaleza pecaminosa mediante la presencia del Espíritu Santo, quien regenera en nosotros una nueva naturaleza espiritual y nos da el poder de vivir una vida recta. Por esta razón, Agustín introdujo el concepto de la predestinación divina: como el pecado nos esclavizó después de la Caída, no podemos arrepentirnos por nuestra cuenta; por ende, Dios predestina a algunos de nosotros a la salvación, y al resto a la perdición.
Pelagio pensó que la posición de Agustín conducía a la laxitud espiritual, ya que los cristianos ahora echarían la culpa de su decadencia moral al pecado original y evitarían la responsabilidad personal por el pecado y el mal. Por esta razón, Pelagio propuso otra perspectiva. Al igual que Agustín, Pelagio creía que Dios creó un Universo perfecto y a seres humanos libres. El mal se originó en la libre elección de Adán de pecar. Sin embargo, Pelagio rechazó la idea de Agustín de que los seres humanos heredan una naturaleza pecaminosa y la culpa de Adán. Según Pelagio, el pecado de Adán solo lo afectó a él, y no a sus hijos. En consecuencia, razonaba Pelagio, la inocencia y el libre albedrío de la posteridad de Adán se conservaron por completo y, por lo tanto, cada niño que nace en el mundo lo hace con una naturaleza perfecta y un libre albedrío en perfecto funcionamiento.
Además, Pelagio afirmó que todos los seres humanos pecan, no porque hayan nacido con la culpa y la naturaleza pecaminosa de Adán. Todos pecamos porque todos nacemos y vivimos en un entorno social corrupto, ejercemos nuestra voluntad y decidimos pecar. Según Pelagio, una persona no es culpable por la culpa heredada de Adán, sino por su propia voluntad de pecar. Por lo tanto, sostenía Pelagio, Dios nos hace responsables de nuestros pecados porque somos verdaderamente libres. Dios nos llama a tener una vida recta porque sabe que podemos hacerlo. Jesús vivió una vida perfecta y nos mostró que esto es posible. Sí, vivimos por la gracia de Dios, pero, según Pelagio, la gracia divina consistió en el hecho de que Dios nos creó con libre albedrío, nos dio su Ley e instrucciones para vivir una vida buena y perfecta, y nos dio el ejemplo de Jesús. Además, Dios nos da perdón en Jesús en caso de que caigamos al decidir pecar, y nos da la conducción del Espíritu Santo en nuestra experiencia espiritual. Para leer más sobre el debate entre Pelagio y Agustín, ver, por ejemplo, Alister E. McGrath, Christian Theology: An Introduction, 5ª ed. (Oxford, Reino Unido: Wiley-Blackwell, 2011), pp. 18-20.
Indudablemente, ambos contendientes eran sinceros y resaltaron sus buenos argumentos. Sin embargo, ambos cayeron en extremos. Agustín cae en la predestinación y el sacramentalismo (la gracia de Dios nos llega mediante los sacramentos). Pelagio cae en un tratamiento superficial del pecado y la salvación por obras. ¡La verdad está en la Biblia! La Biblia muestra que Dios es amor (Juan 3:16; 1 Juan 4:8, 16). Él creó a Adán y a Eva inocentes (Gén. 1:31; 2:25; Ecl. 7:29) y con libre albedrío (Gén. 2:15-17). Sin embargo, nuestros padres eligieron pecar (Gén. 3:6).
La Biblia es clara en cuanto a que el pecado no es simplemente un acto pasado de Adán y de Eva. El relato del Génesis sobre la Caída describe cambios inmediatos y profundos que aparecen en su naturaleza, relaciones, ambiente, estilo de vida y descendientes (Gén. 3:7-24; 4:1-16). El apóstol Pablo estipula que con Adán el pecado y la muerte “entraron” (invadieron) e impregnaron el mundo en el espacio y el tiempo (Rom. 5:12-14). El pecado trajo sobre la humanidad sufrimiento, muerte y condenación para todos los hombres (Rom. 5:16-18). Debido a la transgresión de Adán, todos “fueron constituidos pecadores” (Rom. 5:19). Por esta razón, todos los seres humanos nacen en pecado y ninguno nace justo (Rom. 3:9-18, 23; Sal. 14:1-3; 51:5). Por lo tanto, la Biblia rechaza el pelagianismo y presenta el pecado como más que un acto humano individual. Describe el pecado como una fuerza externa e interna que esclaviza y destruye a toda la humanidad en todos los aspectos. Frente a esta perspectiva sombría, Pablo exclamó desesperadamente: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rom. 7:24). Por sí sola, la humanidad no puede resolver el problema del pecado ni el mal. La única esperanza para la humanidad pecadora está en el ministerio sacrificial y transformador de Jesucristo (Rom. 3:24, 25; 5:6-19; 7:25), y en el ministerio regenerador y mediador del Espíritu Santo, que nos da un corazón nuevo (Eze. 36:26, 27; Juan 3:5-8; Rom. 8:3-6, 9-17).
Por otra parte, la Biblia no enseña el concepto agustiniano de predestinación y sacramentalismo. Sí, en el fundamento de la enseñanza bíblica de la salvación está siempre la iniciativa, la intervención, la solución (el sacrificio de Cristo) y el poder redentor de Dios (Gén. 3:8, 15; Éxo. 20:2; Rom. 5:6-8). Sin embargo, Dios no predestinó a algunos seres humanos para la salvación y a otros para la perdición. Más bien, Dios siempre le dio a la humanidad la libertad individual de elegir (Jos. 24:15), y responsabiliza a las personas individuales y a las naciones por su aceptación o rechazo de la salvación (ver, p. ej., Gén. 4:4-12; 15:16). El texto de oro del evangelio declara que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). La Biblia insiste en que Dios quiere que todos sean salvos, y los invita a serlo (Eze. 33; Juan 1:12, 13; 1 Tim. 2:4; 2 Ped. 3:9; 1 Juan 2:2; Apoc. 22:17). Y, una vez que la gente responde a la invitación de Dios, colabora con Dios en su salvación (2 Ped. 1:10; Sant. 4:8; Apoc. 3:20). La Escritura también rechaza cualquier perspectiva sacramental de la gracia divina. Al contrario, el Nuevo Testamento enfatiza que Dios nos da a todos su gracia única y directamente mediante Jesucristo (Hech. 4:12; Heb. 5:9; 7:24, 25; 9-10).
Históricamente, la mayoría de los cristianos rechazaron a Pelagio y aceptaron la interpretación de Agustín de que todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa y que el pecado es una fuerza invencible para los humanos. Los católicos romanos integraron en su teología la idea de Agustín de que todos los seres humanos heredamos la culpa de Adán y la necesidad de los sacramentos, pero rechazaron sus posturas sobre la predestinación. En contraposición, el protestantismo rechazó correctamente la idea de Agustín de que heredamos la culpa de Adán y que la gracia de Dios viene mediante los sacramentos, pero gran parte del protestantismo aceptó erróneamente el concepto de la predestinación. A raíz de la Ilustración, las sociedades modernas y posmodernas tienden a rechazar las ideas agustinianas y pensar más en línea con Pelagio. Para llegar a la gente de estas sociedades, debemos enfatizar las enseñanzas bíblicas sobre el libre albedrío y nuestra profunda responsabilidad por nuestra propia historia individual y comunitaria, pero también compartir la enseñanza bíblica sobre la seriedad del poder del pecado y nuestra única esperanza de salvación en Jesucristo. Esta ilustración nos ayuda a entender que conocer la verdad es esencial para comprender el sufrimiento y las pruebas de nuestra vida. Pero también nos ayuda a comprender nuestra propia naturaleza y el poder del libre albedrío. Esa noción nos ayuda a buscar y aceptar siempre el auxilio, la conducción y el poder de Dios para superar nuestros crisoles.


Parte III: APLICACIÓN A LA VIDA

1. La disciplina espiritual y la gracia barata. Por supuesto, Agustín y Lutero enseñaron la salvación por predestinación divina como una celebración de la tremenda gracia de Dios. Sin embargo, este concepto ha llevado a algunos cristianos a pensar que si Dios nos elige y nos salva irreversiblemente, no podemos participar en lo más mínimo en el proceso de salvación. Este concepto, también llamado “gracia barata”, conduce a una falta de disciplina espiritual en muchos cristianos. Si Dios me eligió irreversiblemente, ¿por qué rezar? ¿Por qué leer la Biblia? ¿Por qué estar alerta? ¿Por qué participar en la vida de la comunidad de fe? ¿Por qué evangelizar? Grandes movimientos históricos de avivamiento en el protestantismo –como el pietismo de Philipp Spener de fines del siglo XVII, en el contexto luterano alemán y varios movimientos del Gran Despertar en los siglos XVIII y XIX en Estados Unidos– respondieron a este peligro proponiendo programas deliberados de disciplina espiritual para las familias y las comunidades. Examina tu vida espiritual individual, la vida espiritual de tu familia y la vida espiritual de tu comunidad. ¿Cuál es el estado de la disciplina espiritual en estos círculos? ¿Qué puedes hacer para realizar cambios significativos y profundos a fin de lograr una disciplina espiritual según las exhortaciones bíblicas (ver Col. 1:28, 29; 1 Cor. 9:23-27)? Diseña un proyecto para promover un estilo de vida de disciplina espiritual para tu vida personal, y si es necesario y posible, para tu familia y tu comunidad.
2. Compromiso radical. Algunos cristianos piensan que el cristianismo es sinónimo de ausencia de sufrimiento y problemas. Otros cristianos admiten cierta cantidad de inconvenientes. Pero ¿cuántos cristianos están radicalmente comprometidos con Dios, con su llamado a seguir a Cristo, con su Reino y con su misión en el gran conflicto entre Dios y Satanás, el bien y el mal? En el contexto de la creciente persecución de los cristianos contemporáneos en varias partes del mundo, muchos cristianos sienten la necesidad de una mejor preparación (por cierto, de una preparación radical), para atravesar los crisoles. Examina tu nivel de compromiso con Dios y con su Reino. Diseña una escala de compromiso personal. Según tu escala, ¿cuál es el compromiso radical para ti? ¿Hasta qué punto estás preparado en tu compromiso cristiano para servir a Dios de cualquier manera que él te pida?

 

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