Lección 7 de Primarios - Año A - Vivos en Jesús
NOÉ CONSTRUYE UN ARCA
«Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos» (Deuteronomio 7:9).
Fiel: Ser comprometido y leal con alguien, pase lo que pase. (¿Quién te es fiel? ¿A quién le eres fiel?).
La lección de esta semana se basa en Génesis 5-7; Patriarcas y profetas, caps. 6, 7; La historia de la redención, caps. 7, 8.
Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 1, pp. 91-115.
DESPUÉS DE LA CAÍDA
No sabemos cuánto tiempo pasó después de la muerte de Abel hasta que Adán y Eva tuvieron otro hijo, pero tuvieron más hijos. Más adelante, estos hijos crecieron y tuvieron hijos propios. ¡Pronto había cientos y miles de personas en la Tierra!
Uno de los hijos de Adán y Eva era Set. ¿Qué edad tenía Adán cuando nació Set, y qué nos dice la Biblia sobre Set? LEE GÉNESIS 5:3. Aunque Adán y Eva tuvieron otros hijos, fue de la familia de Set que, con el tiempo, nacería Jesús.
Adán vivió 930 años. Durante ese tiempo, contó fielmente a todos sus hijos y nietos cómo era la vida en el Edén perfecto y el triste día en que desobedecieron a Dios. Incluso, podían ir a las puertas del Edén para ver a los ángeles que custodiaban el jardín, y la familia de Adán solía adorar allí. Adán les contó la historia de su caída, lo importante que era seguir a Dios y la promesa que Dios les había hecho de enviar a alguien para liberarlos de sus malas decisiones, pero no muchos lo escuchaban. La familia de Caín se volvió orgullosa, malvada y egoísta. Se hacían daño a sí mismos y a los demás de formas terribles.
Dios amaba a cada uno de los descendientes de Adán. No obstante, así como no obligó a Adán ni a Eva a obedecerlo en el Jardín del Edén, también permitió que cada uno decidiera si quería ser fiel a él o no.
CAMINAR CON DIOS
El pecado se había extendido como una grave enfermedad por toda la Tierra, pero aún quedaban algunos que amaban a Dios. Un hombre especial llamado Enoc era el tataranieto de Set. Enoc amaba mucho a Dios y era bondadoso y humilde. Eligió el camino de Dios como su camino. La Biblia dice que «Enoc vivió en íntima comunión con Dios» (Génesis 5:22). Dios ayudó a Enoc a ser bondadoso y gentil, y le dio una mente fuerte, sabia y en constante crecimiento.
Enoc comenzó a predicar sobre el amor de Dios a cualquiera que quisiera escucharlo. También les rogaba que siguieran a Dios y dejaran de hacer el mal. A veces se alejaba a lugares tranquilos para poder orar y estar con Dios. Este tiempo especial con Dios le daba fuerza, energía y alegría cuando volvía a predicar.
Después de que Enoc fue amigo de Dios durante 365 años, ¿qué sucedió? LEE GÉNESIS 5:24. ¡Sí, ¡Dios se llevó a Enoc al cielo! ¡Imagina cómo se sintió Enoc cuando vio a su mejor amigo, Dios, cara a cara!
La gente que vivía en esa época era muy alta y fuerte, como Enoc, pero la mayoría no era buena ni amable como él. Era violenta y egoísta. Tomaban lo que Dios les había dado y lo usaban para lucirse; se quedaban con lo mejor para ellos: gemas y oro para enriquecerse, y madera para construir las mejores casas. Hacían hermosos jardines para sus ídolos y hacían lo que querían sin pensar en cómo eso lastimaba a Dios, a ellos mismos o a otros.
¿Qué dice la Biblia que vio Dios cuando miró a la gente? LEE GÉNESIS 6:5. Dios se planteó que, si no hacía algo, no quedaría nadie a través de quien pudiera nacer el Salvador.
DIOS LLAMA A UN AYUDANTE
Habían pasado más de 1.500 años desde que Dios creó nuestro hermoso mundo. Dios intentó una y otra vez que el corazón y la mente de la gente se volviera a él, pero solo unos pocos escucharon y respondieron a su voz (ver Génesis 6:5, 11-13). ¿Cómo se sentía Dios ante lo que estaba sucediendo? LEE GÉNESIS 6:6.
Dios se dio cuenta de que tenía que impedir que la maldad se extendiera como una enfermedad mortal. Enviaría un diluvio que cubriría todo el mundo. El agua taparía las casas, la tierra e incluso las montañas más altas.
Dios amaba a todas las personas y quería advertirles del diluvio. Necesitaba a un hombre fiel que lo ayudara, y eligió a Noé, porque Noé «era un hombre justo» y «caminaba con Dios» (Génesis 6:9).
Dios le contó a sus planes a Noé, y Noé escuchó con atención. Le prometió a Dios que haría todo lo que él le pidiera. Entonces, Dios le mandó a construir un arca y le explicó exactamente cómo hacerla: le dio las medidas, la forma, el tipo de madera que debía usar y cómo construirla. Tenía que ser casi tan resistente como la piedra, porque habría una tormenta terrible. El arca tendría una puerta grande en un lado y habitaciones para personas y animales. Todos los que decidieran atravesar esa puerta y entrar en el arca estarían a salvo del diluvio.
TRABAJAR CON FIDELIDAD
Noé dibujó los planos de Dios para el arca y luego comenzó a trabajar. Llegaron trabajadores fuertes para ayudar a talar árboles altos que eran casi tan duros como la roca. Otros hombres alinearon cuidadosamente las tablas y luego las sellaron con brea para que el arca no tuviera fugas. Noé siguió cuidadosamente todo lo que Dios le había dicho. Construyó el barco exactamente según las indicaciones de Dios. ¿Cuántas cubiertas tenía el arca? LEE GÉNESIS 6:16.
Pasaron los años y todos los trabajadores podían ver cómo tomaba forma el enorme barco. Era largo, más largo que cuatro campos de fútbol americano colocados uno detrás de otro, y tan alto como un edificio de cinco pisos. A medida que llegaban los trabajadores, Noé les contaba (y también a cualquiera que se acercara a ver el arca) el plan de Dios para limpiar el mundo. Noé fue fiel. Durante 120 años trabajó, predicó, construyó y obedeció. ¡Son muchos cumpleaños! La Biblia dice que «Noé hizo exactamente todo como Dios se lo había ordenado» (Génesis 6:22). Caminar con Dios todos los días le ayudó a ser fiel.
Los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y su abuelo Matusalén, así como muchos otros, ayudaron a construir el arca. Matusalén era el hombre más anciano que jamás haya vivido en la Tierra, y murió a los 969 años, poco antes de que llegara el diluvio. Mientras vivieron, todos los que amaban a Dios advirtieron a los demás sobre el diluvio.
Dios esperaba que todas las personas eligieran amarlo y seguirlo. Todos tuvieron la oportunidad de escuchar el mensaje de Dios, tomar una decisión y ponerse a salvo.
Mientras la gente trabajaba, la familia de Noé recolectaba alimentos como manzanas y papas, arroz y arvejas, pasas y zanahorias, ¡todo tipo de alimentos! Almacenaron cuidadosamente grandes cantidades de alimentos, semillas y granos en el arca. Los necesitarían cuando llegara el diluvio.
CONFIAR EN SU PALABRA
Finalmente, los 120 años habían pasado, y el arca estaba terminada. Por última vez, Noé le rogó a la gente que confiara en Dios y que entrara en el arca.
Imagina la voz de Noé resonando por el valle mientras les suplicaba que creyeran en las palabras de Dios; y a la multitud burlándose de él: «¡Qué tipo tan loco! ¿Cómo se va a cubrir el mundo de agua? ¡Nunca cayó agua del cielo!». Noé había escuchado esto durante años y años, pero seguía creyendo cada palabra que Dios había dicho.
De repente, la gente dejó de reírse y abrieron los ojos con sorpresa. ¿Qué estaba pasando? LEE GÉNESIS 7:2, 3. ¡Animales! Algunos caminaban lentamente hacia el arca y otros se acercaban a los brincos. Los animales venían en parejas; un macho y una hembra de cada especie. De algunos animales (los que Dios llamaba animales limpios) llegaron siete parejas. Salían del bosque, cruzaban los campos, saltaban las colinas y entraban en silencio y obedientes al arca. También llegaron las aves, que entraron volando por la puerta del arca. Durante siete días, los animales siguieron llegando, guiados por ángeles invisibles.
Imagina a Noé subiendo la rampa que conducía a la puerta del arca, con su voz resonando por última vez en el valle, pidiéndoles a todos que eligieran a Dios y se pusieran a salvo. Esperó, pero nadie vino.
La Biblia dice: «Cuando todo estuvo preparado, el Señor le dijo a Noé: "Entra en el barco con toda tu familia, porque puedo ver que, entre todas las personas de la tierra, solo tú eres justo"» (Génesis 7:1).
Solo ocho personas obedecieron a Dios y entraron en el arca: Noé, su esposa, sus hijos (Sem, Cam y Jafet) y las esposas de estos. Solo ocho personas fueron fieles y confiaron en las palabras de Dios.
Entonces, la enorme puerta del barco comenzó a cerrarse. Unas manos fuertes, invisibles para todos, la empujaron hasta cerrarla. Sí, Dios había cerrado la puerta, y ni siquiera el hombre más fuerte podía abrirla.
Aunque estaba muy triste por lo que iba a suceder, Dios amaba la forma en que Noé y su familia lo habían obedecido fielmente.
SEGUROS EN LA TORMENTA
Durante siete días no llovió. ¡Y cómo se reían de Noé y su familia los que estaban fuera del arca! Pensaban: «¡Qué equivocado estaba el anciano!». Pero Noé y su familia esperaban con paciencia en el arca, oraban, se animaban y confiaban en que el diluvio llegaría como Dios dijo.
¿Qué pasó después de siete días? LEE GÉNESIS 7:10, 11.
Al octavo día, nubes oscuras cubrieron el cielo. Relampagueaba y tronaba. ¡La gente nunca había visto nada igual! ¡Estaban aterrorizados!
Comenzaron a caer enormes gotas de lluvia y el agua brotó con fuerza del suelo. Los que estaban fuera del arca observaban cómo la terrible tormenta destruía sus hermosas casas y sus ídolos. De repente, se dieron cuenta de que Noé tenía razón: Dios estaba trayendo un diluvio sobre la Tierra.
Algunos golpearon la puerta del arca, pero estaba bien cerrada. Algunos corrieron a la cima de las colinas más altas para escapar del agua. Otros se treparon a los árboles altos, pero de a poco el agua cubrió todo el mundo, y el arca era lo único que se veía sobre el agua. Los ángeles volaban sobre el arca para protegerla mientras la tormenta rugía.
La Biblia dice que Dios «borró de la tierra a todo ser vivo: las personas, los animales, los animales pequeños que corren por el suelo y las aves del cielo. Todos fueron destruidos. Las únicas personas que sobrevivieron fueron Noé y los que estaban con él en el barco» (Génesis 7:23).
Dentro del arca, Noé, su familia y todos los animales estaban a salvo. Quizá sintieron un poco de miedo, pero dentro del arca era el lugar más seguro donde estar. De los miles que vivían en la Tierra, solo ocho decidieron seguir a Dios. ¡Cuán felices estaban Noé y su familia por haber caminado con Dios, haberlo escuchado durante todos esos años y haber hecho lo que él les había pedido!
Además de la familia de Noé y los animales que estaban en el arca, hubo algo más que se salvó: el hermoso Jardín del Edén. Dios lo llevó al cielo antes de que comenzara el diluvio, para mantenerlo a salvo para Adán, Eva y todos nosotros, para que lo disfrutemos en la Tierra Nueva después de que Jesús vuelva (ver Apocalipsis 2:7; 22:1, 2).
¿PREDICARÁS?
Hace más de 170 años, Dios le pidió a un joven que predicara por él, tal como se lo había pedido a Noé. Pero esta vez, el mensaje no tenía que ver con un diluvio ni con buscar refugio en un arca, sino con el amor de Dios y la segunda venida de Jesús.
Ese joven se llamaba John Loughborough y todavía no había cumplido 17 años. Él sabía que Dios quería que predicara, a pesar de ser tan joven. Pero cuando se miró, se preguntó quién le escucharía. Sus pantalones eran heredados de un hombre más alto, por lo que le quedaban largos y le colgaban alrededor de los tobillos. El abrigo que llevaba era un sobretodo que lo habían acortado. Con solo un dólar en el bolsillo, ¿cómo iba a comprarse ropa bonita? Aun así, decidió salir a predicar.
Pensando que necesitaba practicar, John comenzó a predicar en un lugar pequeño donde no conocía a nadie. Pero no le hizo falta practicar mucho, porque la gente se sintió bendecida por lo que escuchó. Un hombre le dio tres dólares, otros le dieron cinco dólares en libros para vender, y otros lo animaron porque era un buen predicador y explicaba muy bien la Biblia.
Después fue a otro pueblo, alquiló una iglesia y pegó carteles para que la gente supiera que predicaría durante tres noches. ¡Muy pronto se corrió la voz de que un muchacho iba a predicar! Imagina la sorpresa de John cuando la iglesia se llenó la primera noche, y lo mismo ocurrió la noche siguiente. Estaba muy contento de que la gente acudiera a escuchar hablar de Dios.
Sin embargo, había un hombre que no estaba contento e intentó causar problemas. Discutía y decía que John no predicaba lo que decía la Biblia. Al poco tiempo, se sintió muy avergonzado, porque el joven John pudo mostrarle fácilmente muchos textos bíblicos que probaban las verdades que predicaba.
Con el paso de los años, John Loughborough se convirtió en un predicador muy conocido que trabajó mucho para Dios en Estados Unidos, Inglaterra y Europa. Predicó en iglesias, escuelas, tiendas de campaña, casas e incluso bajo la sombra de los árboles. A veces la gente intentaba hacerle cosas crueles, pero Dios siempre lo protegía.
A John se lo recuerda como un fiel pionero adventista del séptimo día que trabajó mucho con Jaime y Elena G. de White y otros líderes de la iglesia para hablarle a la gente acerca de Dios y la verdad para este tiempo.
Enoc caminó con Dios. Noé trabajó para Dios. John Loughborough predicó de Dios. Nosotros también podemos seguir su ejemplo.
¿Qué puedes hacer por Dios?
Cuando caminamos con Dios al elegir amarlo y vivir para él, él nos mostrará lo que podemos hacer para él.
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