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Primarios | Lección 13: El bebé prometido | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

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Primarios | Lección 13: El bebé prometido | 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 13 de Primarios - Año A - Vivos en Jesús

EL BEBÉ PROMETIDO

PUEDO CREER QUE LAS PROMESAS DE DIOS SE CUMPLIRÁN, PORQUE DIOS ES FIEL.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Mantengámonos firmes [...] en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa» (Hebreos 10:23).
PALABRA DE LA SEMANA:
CUMPLIR: Hacer algo que se espera o se ha prometido. Por ejemplo: salió al jardín para cumplir su promesa de regar las plantas.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 15:1-6; 17; 18:1-16; 21:1-7; Patriarcas y profetas, cap. 12, pp. 131-133; y el Comentario bíblico adventista, pp. 333-340. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 1, pp. 156-161.


Domingo

ESPERANDO... ESPERANDO...

El tiempo pasaba lentamente... Dios les había prometido muchos descendientes a Abram y Sarai, pero ellos seguían esperando poder abrazar a un bebé propio. Los amigos de su edad ya habían sido padres, abuelos y algunos incluso bisabuelos. Con todo, Abram y Sarai seguían sin tener hijos... Seguían esperando. 

Cuando Lot y su familia se mudaron, la espera debió de ser aún más difícil. Abram y Sarai ahora compartían su hogar con los trabajadores, no con su propia familia. Abram se preguntaba si siempre sería así: ¿heredaría un siervo todo lo que Dios le había dado?. Entonces, le preguntó a Dios: «Señor Soberano, ¿de qué sirven todas tus bendiciones si ni siquiera tengo un hijo?» (Génesis 15:2). 

Dios le respondió de una manera asombrosa. ¿Recuerdas la brillante promesa que aprendimos en la semana 10? Búscala de nuevo en Génesis 15:5. 

Abram descansaba bajo un pabellón de estrellas centelleantes en el silencio de la noche. «Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe» (Génesis 15:6). 

No es fácil esperar; aun así, Dios nos promete más que la recompensa final cuando esperamos. Con gran bondad, le dio un impulso a Abram mientras esperaba, y hará lo mismo por ti. La Biblia dice: «Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa» (Hebreos 10:23).


Lunes

UN NOMBRE NUEVO

La promesa de Dios a su amigo Abram era muy, muy, muy importante. ¡Tan importante que Dios se la repitió una vez más!. Abram se enteró de que la promesa era parte de algo especial llamado pacto, en el que Dios y él se hacían una promesa mutua (Génesis 15). En Génesis 17, la parte del pacto que correspondía a Dios era su promesa de hacer de Abram el padre de una gran nación. La parte de Abram en el pacto era amar y obedecer a Dios como su mejor amigo. Para demostrar que entendía lo especial que era el pacto, Abram se postró rostro en tierra y escuchó con reverencia mientras Dios seguía hablando. ¿Qué más le dijo Dios a Abram? LEE GÉNESIS 17:5. 

En los tiempos bíblicos, los nombres se elegían con cuidado. El significado de un nombre era importante porque describía a la persona o decía algo especial sobre ella. El nombre Abraham significa «padre de una gran multitud», así que cuando Dios le cambió el nombre a Abram, se convirtió en un recordatorio de que cumpliría la promesa. 

Sarai también formaba parte del pacto de Dios, así que Dios le cambió el nombre por uno que significaba «princesa». ¿Cuál era? LEE GÉNESIS 17:15. 

Como Dios conoce nuestro corazón, cuando lleguemos al cielo también nos dará un nombre nuevo a cada uno. Este nombre nuevo reflejará nuestra amistad con Dios y todo lo que hemos vivido. 

Dios nos dice que escribirá nuestro nombre nuevo en dos lugares: «Le daré a cada uno una piedra blanca, y en la piedra estará grabado un nombre nuevo que nadie comprende aparte de aquel que lo recibe» (Apocalipsis 2:17). Y «hay una corona para cada uno, la cual lleva su propio "nombre nuevo"» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 41, p. 704).

Una piedra blanca con tu nombre nuevo y una corona brillante serán regalos muy preciosos. Podemos esperar pacientemente a recibirlos, porque nuestro Dios de amor cumple sus promesas.


Martes

RECIBIR A EXTRAÑOS

El sol abrasador del mediodía llevó a Abraham al resguardo de su tienda. Al mirar por la entrada abierta, vio que se acercaban tres viajeros. Abraham nunca los había visto antes pero, sin pensarlo dos veces, se levantó de un salto de su estera y salió corriendo a recibirlos. Como era costumbre, se inclinó hasta el suelo antes de dirigirse cortésmente al líder del pequeño grupo. 

«Señor, [...] si le agrada, deténgase aquí un rato. Descansen bajo la sombra de este árbol mientras les traen agua para lavarse los pies. Ya que han honrado a su siervo con esta visita, permítanme prepararles comida para que recobren fuerzas antes de continuar su viaje» (Génesis 18:3-5). 

El líder sonrió con Abraham como muestra de gratitud y respondió en voz baja. ¿Qué dijo? LEE GÉNESIS 18:5. 

Tras dejar a los polvorientos visitantes para que se estiraran y descansaran a la sombra de un árbol frondoso, Abraham se apresuró a entrar en la tienda en busca de Sara. Rápidamente le pidió que preparara suficiente pan sabroso. Mientras tanto, salió corriendo a buscar un ternero tierno para que el siervo lo asara. Luego, Abraham tomó una palangana con agua para que los cansados viajeros pudieran lavarse los pies polvorientos. 

Con la colaboración de todos, la comida estuvo lista en poco tiempo. Abraham estaba encantado de compartir lo mejor que tenía con sus invitados. Él mismo cargó ollas humeantes de comida, pan crujiente y leche fresca para servirlos. 

Cuando compartimos lo mejor que tenemos con los desconocidos, como hizo Abraham, estamos compartiendo el amor de Dios de una manera especial.


Miércoles

RECIBIR A DIOS

Abraham fue un anfitrión perfecto. Mientras sus invitados comían, él permanecía cerca, listo para servirles más comida o leche fresca. Quizá se preguntaba de dónde venían y adónde iban, pero esperó a que terminaran de comer antes de preguntárselo. 

Sin embargo, los viajeros interrumpieron la comida para hacerle una pregunta: «¿Dónde está Sara, tu esposa?» (Génesis 18:9). 

Mirando hacia la tienda, Abraham respondió: «Está dentro de la carpa» (Génesis 18:9).
Uno de los hombres contestó: «Yo volveré a verte dentro de un año, ¡y tu esposa, Sara, tendrá un hijo!» (Génesis 18:10). 

La mente de Abraham se aceleró: ¿cómo sabía el desconocido el nombre de Sara?. ¿Cómo sabía que ella tendría un hijo?. ¿Y cómo sabía que sería un niño?. 

De repente, se dio cuenta de que aquel hombre bondadoso era el Señor mismo. Disfrazado de hombre, Jesús había venido a darle la buena noticia. ¡Qué privilegio poder servir al Dios del cielo y a dos de sus ángeles!. 

Imagina si Abraham simplemente hubiera dejado pasar a los desconocidos. ¡Se habría perdido la emoción de saber que pronto sería padre; ¡se habría perdido la oportunidad de conocer y servir a Dios!. 

Casi dos mil años después, un escritor bíblico recordó la bondad de Abraham y nos dio un sabio consejo. LEE HEBREOS 13:2. 

Al igual que Abraham, quizás algún día tengamos el privilegio de recibir a ángeles santos que parecen personas. Qué bendición sería eso.


Jueves

UNA RISA Y UNA MENTIRA

¡Abraham y Sara iban a tener un hijo!. La increíble noticia debió de hacer que el solitario corazón de Abraham estuviera a punto de estallar, pero cuando Sara escuchó las palabras de la promesa, pensó que eran una locura. ¿Cómo iba a tener un bebé una mujer de noventa años? ¡Imposible!. ¿Y cómo iba a ser padre un hombre tan, tan viejo? ¡Nunca!. La sola idea hizo que Sara se riera para sus adentros. Nadie oyó su risa, nadie la vio reír, pero Dios lo sabía. ¿Qué dijo Dios acerca de la risa de Sara? LEE GÉNESIS 18:13. 

Llena de miedo y vergüenza porque la descubrieron, Sara mintió: «Yo no me reí». El Señor respondió con amabilidad, pero seriamente: «No es cierto, sí te reíste» (Génesis 18:15). 

La risa de Sara y su mentira debieron entristecer a Dios, porque la Palabra dice que nunca es bueno mentir (Proverbios 12:22). Sara había estado esperando 24 años desde su llegada a Canaán para tener un bebé que cumpliera la promesa de Dios, y eso es mucho, mucho tiempo. La duda se había infiltrado silenciosamente en el corazón de Sara, y ahora se mostraba en forma de risa. 

Pero la risa no duró. Se sustituyó por la esperanza y la alegría cuando Sara recordó la pregunta de Dios: «¿Existe algo demasiado difícil para el Señor? Regresaré dentro de un año, y Sara tendrá un hijo» (Génesis 18:14). Sí, Dios cumpliría su promesa. Había llegado el momento.


Viernes

UN BEBÉ VARÓN CUMPLE LA PROMESA

Un grito agudo y fuerte rompió el silencio. ¡El bebé había nacido!. Se escucharon gritos de alegría y alabanzas. La emoción se extendió por todo el campamento. ¡Dios había cumplido su promesa! Sara había dado a luz a un bebé milagroso a la avanzada edad de 90 años. ¿Cuántos años tenía Abraham cuando nació Isaac? LEE GÉNESIS 21:5. 

Sara envolvió con amor a su bebé y lo acurrucó contra su pecho. Mientras le acariciaba las suaves mejillas, una sonrisa de alegría brotó de su corazón. Solo un año antes, Sara se había reído con incredulidad. Ahora, reía con alegría genuina. «Sara declaró: "Dios me hizo reír. Todos los que se enteren de lo que sucedió se reirán conmigo"» (Génesis 21:6). 

Dios sabía que este pequeño bebé traería carcajadas de alegría, pues había dicho: «Le pondrás por nombre Isaac» (Génesis 17:19). El nombre Isaac significa «reír». 

Abraham debió contemplar con asombro este regalo de felicidad. Este diminuto hijo de la promesa era el primero de los muchos descendientes de Abraham: la primera estrella titilante, la primera partícula de polvo. Y los 25 años de espera de esta estrella brillante lo hacían aún más precioso. 

Dios cumplió su promesa, como siempre las cumple, porque nada es imposible para Dios. La Biblia dice: «¡Oh Señor Soberano! Hiciste los cielos y la tierra con tu mano fuerte y tu brazo poderoso. ¡Nada es demasiado difícil para ti!» (Jeremías 32:17).


Especial de Sábado

LA BIBLIA MILAGROSA

Mya Htet (seudónimo) sonreía mientras escuchaba a su maestra contar una historia de la Biblia. Mya Htet estaba en segundo de secundaria y acababa de llegar a la Escuela Adventista Taw Oo (seudónimo) en Myanmar. Sus padres eran budistas y ella nunca había escuchado historias tan maravillosas y verdaderas. 

A medida que Mya Htet asistía a las reuniones de oración y a los cultos de adoración, y escuchaba las historias bíblicas que le contaba su maestra, algo comenzó a cambiar en su corazón. 

Llevó tiempo. La familia de Mya Htet no quería que se hiciera cristiana. Pero un día, durante una semana de oración, Mya Htet se puso de pie y entregó su corazón a Jesús. Luego se bautizó. No se lo dijo a sus padres, pero pronto se enteraron y se molestaron mucho. 

Cuando Mya Htet llegó a casa, sus padres le exigieron que renunciara a sus nuevas creencias cristianas. Al principio, le ofrecieron darle todo lo que quisiera si renunciaba a su fe en Dios. Pero cuando ella se negó, se molestaron aún más. La golpearon y la encerraron en una habitación. 

Mientras estaba encerrada en la habitación, Mya Htet oró a Dios y leyó las promesas de su Biblia. Cuando su familia se dio cuenta de que tenía una Biblia, se la arrebataron y empezaron a intentar romperla en pedazos. 

Tiraron del papel, pero, de alguna manera, las páginas no se rompían. Confusos, sus padres corrieron hacia la chimenea y arrojaron la Biblia al fuego. El horror de Mya Htet se convirtió en asombro cuando vio que la Biblia no se quemaba. 

Sus padres no podían creer lo que veían, pero no se rindieron. Llenos de ira, sacaron la Biblia del fuego y la arrojaron dentro de un bote de agua. Pero cuando la sacaron, no había ni una gota de agua en las páginas. Sus padres se dieron cuenta que no podían destruir la Biblia, así que encerraron de nuevo a Mya Htet en la habitación. 

Cuando Mya Htet vio que no pudieron destruir su Biblia, su fe se fortaleció aún más. Sabía que las promesas de Dios eran ciertas. ¡Seguiría confiando en él!. Oró y esperó pacientemente a ver qué haría Dios. 

Dios siempre es fiel; poco después, cuando sus padres salieron de casa, un pariente bondadoso fue y le abrió la puerta. De inmediato, Mya Htet tomó algunas pertenencias y corrió a esconderse en un campo hasta que alguien de la escuela vino a recogerla. Entonces, la llevaron de vuelta a la escuela. 

Algunos años más tarde, Mya Htet llegó a ser profesora en una escuela adventista. Ahora, le apasiona contar a los demás que las promesas de Dios nunca fallan.

La Biblia milagrosa de Mya Htet. ASAP Ministries apoya a más de 90 escuelas misioneras adventistas y a 700 misioneros locales que sirven a los marginados y a los no alcanzados en el sudeste asiático.


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