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Primarios | Lección 10: Dios guía a Abram | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Primarios | Lección 10: Dios guía a Abram | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Primarios | Lección 10: Dios guía a Abram | 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 10 de Primarios - Año A - Vivos en Jesús

DIOS GUÍA A ABRAM

"COMO AMIGO DE DIOS, VIVIRÉ DE MANERA QUE LOS DEMÁS PUEDAN CONOCERLE."
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Tus oídos lo escucharán. Detrás de ti, una voz dirá: "Este es el camino por el que debes ir"» (Isaías 30:21).
PALABRA DE LA SEMANA:
Descendiente: Alguien relacionado con una persona o un grupo de personas que vivió anteriormente. ¿De quién eres descendiente? Vuelve a responder a esta pregunta al final de la semana.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 11:26-32; 12:1-9; Patriarcas y profetas, cap. 11; y el Comentario bíblico adventista, t. 1, pp. 300-309. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 1, pp. 133-141.


Domingo

LA DISPERSIÓN

Distintos grupos de personas se alejaron lentamente de Babel para reconstruir su vida. Desde esta ciudad en ruinas, el Señor «los dispersó por todo el mundo» (Génesis 11:9). Pronto surgieron pequeñas granjas, aldeas y pueblos por todas partes, tal como Dios lo había previsto. 

Los descendientes de Jafet, hijo de Noé, formaron el grupo de los jafetitas. La Biblia nos dice que muchos vivían junto al mar y navegaban por los mares; así, se extendieron por todo el mundo y formaron nuevas naciones. 

La familia de Cam se extendió por las tierras construyendo muchas ciudades y reinos. Uno de los hijos de Cam se llamaba Mizraim, que en hebreo significa «Egipto», y otro se llamaba Canaán. ¿Reconoces estos nombres?. Ambos grupos familiares formaron grandes naciones muy lejos de Babel. El hijo de Cam, Cus, fue el padre del cazador más famoso de la Biblia. ¿Cómo se llamaba? LEE GÉNESIS 10:9. Este hombre poderoso y su familia formaron el reino de Babilonia; más tarde, construyó la ciudad de Nínive. ¿Qué historia conoces que sucedió más adelante en Nínive?. 

La familia de Sem viajó hacia el sudeste a través de las regiones montañosas y comenzaron a construir aldeas y la poderosa ciudad de Ur a orillas del hermoso río Éufrates. Sem tuvo muchos hijos, que a su vez tuvieron más hijos. La Biblia registra nueve generaciones de hijos (familias, una tras otra) desde Sem hasta un hijo muy especial, Abram. 

Qué familia tan grande, todos diferentes, pero todos amados y enviados por Dios. Con el tiempo, los descendientes de Noé se dispersaron por toda la Tierra. ¿Por qué ocurrió esto? LEE GÉNESIS 11:9 (segunda parte).


Lunes

EL AMIGO DE DIOS EN UR

Un bullicioso murmullo se extendía por toda la ciudad de Ur. La gente se empujaba en las calles, regateaba en los comercios, adoraba a los ídolos en los templos y gritaba mientras descargaban los barcos en los puertos. En medio de todo este ajetreo nació Abram. Su padre, Taré, era un pastor muy rico y conocido que tenía muchos siervos para cuidar de sus grandes rebaños de ovejas y ganado. 

A medida que Abram crecía, Taré le contaba maravillosas historias sobre su bisabuelo Noé y el diluvio, Enoc, el fiel Abel, y Adán y Eva. Estas historias inculcaron en el corazón de Abram un amor profundo y puro por Dios. Él quería ser fiel, como sus antepasados en las historias. También quería ser amable y bueno para que los demás supieran que Dios siempre es amable y bueno. 

Aunque mucha gente de la ciudad, e incluso en la propia casa de Abram, adoraba ídolos y lo invitaba a adorarlos, él no aceptaba. ¿De qué servía un ídolo? ¡Abram no había oído ninguna historia bonita de lo mucho que lo amaban los ídolos! No. Él se quedaría con Dios y sería su amigo. 

A veces, Abram quizá se sintió solo por no tener un amigo en Ur que amara a Dios como él. Aun así, su amor por Dios no cambió, porque sabía algo importante. ¿Qué sabía Abram? LEE SALMO 145:18. 

Mientras crecía, Abram hablaba con Dios, lo escuchaba y pensaba en él. Por eso, la Biblia dice en Santiago 2:23: «Abraham le creyó a Dios. [...] Incluso lo llamaron "amigo de Dios"». Qué hermoso que a alguien se lo conozca como amigo de Dios.


Martes

ESCUCHAR A DIOS

Dios había limpiado la maldad del mundo y luego había confundido las lenguas para intentar ayudar a sus hijos a depositar su confianza en él como su amado amigo. Con todo, como la niebla sobre un río, esa misma maldad había vuelto a aparecer y terminó extendiéndose por casi todas partes. Desde que Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios, nuestro mundo ha estado en esta lucha constante entre el bien y el mal. 

Así que Dios decidió hacer algo grande y lleno de amor para ayudar. Esta vez no utilizaría agua, idiomas ni rayos. Utilizaría a un hombre. Un hombre muy especial que era su amigo fiel. Si tú fueras Dios, ¿a quién utilizarías? 

El amigo fiel de Dios creció y se convirtió en hombre, y su amistad con Dios se había fortalecido aún más. Abram y Dios hablaban a menudo; confiaban el uno en el otro de una manera maravillosa. 

Un día, Abram oyó a Dios decir: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré» (Génesis 12:1). 

¡Qué tremenda petición! Abram era ahora un hombre rico, con una esposa, una casa cómoda y muchos siervos. La gente lo respetaba como un hombre bueno y exitoso que compartía su amor por Dios. Pero ¿lo respetarían cuando dijera que se iba a mudar lejos de sus amigos y su familia, sobre todo cuando ni siquiera sabían a dónde se iban? 

La gente podría haber pensado que estaba fuera de sí y que era un necio, pero Abram no cuestionó a Dios; ni siquiera por un momento. Nunca antes había dudado de la voz de Dios, y ahora no sería la excepción. Obedecería a su Dios. ¿Por qué no le resultó difícil a Abram hacer lo que Dios le pidió? LEE JUAN 15:14.


Miércoles

CONFIAR EN UNA PROMESA

Abram se inclinó reverentemente y escuchó con atención, porque Dios seguía hablándole. Dios le había dado una instrucción y ahora le daba una promesa. ¿Qué promesa le compartió Dios? LEE GÉNESIS 12:2. 

¡Qué maravilloso mensaje recibió de la misma voz de Dios! Era especialmente significativa para Abram y su esposa, Sarai, ya que no tenían hijos. Así que primero recibió la promesa de un bebé, y luego la promesa de muchos, muchos descendientes. 

Más adelante, cuando Abram se preguntaba si Dios realmente haría algo tan grandioso, Dios lo llevó afuera, a la oscuridad total. Su voz le dijo suavemente: «Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas. ¡Esa es la cantidad de descendientes que tendrás!» (Génesis 15:5). 

Al contemplar las estrellas titilantes, Abram se sintió humilde. Dios iba a bendecirlo para que él pudiera bendecir a muchas, muchas personas en el futuro, ¡tantas que nunca podrían contarse! Y brillarían como estrellas para mostrar a otros quién es Dios, tal como lo había hecho Abram. Él siempre había tratado de mostrar cómo era su Dios fiel con su forma de vivir y de hablar. ¡Ahora Dios iba a ayudarlo a mostrárselo al mundo entero! 

Dios le había prometido: «Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti» (Génesis 12:3). Quizás Abram se preguntaba si sería posible que el Salvador prometido viniera algún día a través de sus descendientes para bendecir a «todas las familias de la tierra» (Génesis 12:3). No estaba seguro, pero es posible que llevara esa esperanza en el corazón. Hoy sabemos que Jesús sí vino de la familia de Abraham y bendijo al mundo con el regalo más grande: la salvación del pecado.


Jueves

EL DÍA DE LA MUDANZA

Con la promesa de Dios en su corazón, el llamado a abandonar Ur en su mente y el valor que lo impulsaba a seguir adelante, Abram puso manos a la obra para preparar el viaje que tenía por delante. Reunió el ganado, recogió las ovejas de los pastos, organizó a los siervos, empacó los enseres domésticos y guardó el oro y la plata en un lugar seguro. 

Los vecinos se dieron cuenta de todo el ajetreo y probablemente se acercaron para ver qué estaba pasando. Con toda seguridad, Abram les dijo que estaba siguiendo las instrucciones del Dios que amaba; que le había ordenado ir a otra tierra, a una tierra prometida. No podía decirles dónde, pero eso no le preocupaba. Ya había compartido su amor por Dios en Ur. Ahora, su partida también daría testimonio de su fidelidad. Dios le había dicho lo que debía hacer, y él sabía que «es mejor refugiarse en el Señor que confiar en la gente» (Salmo 118:8). 

Cuando llegó el día de la partida, Abram, su padre Taré y toda su familia se despidieron y partieron en una caravana organizada. Los burros y los camellos avanzaban con dificultad, cargados de mercancías. Los siervos arreaban los animales y la gran familia caminaba a su lado. Viajaban durante el día y por la noche cocinaban en fogatas y dormían en sus tiendas.
Finalmente, se detuvieron para establecerse en la ciudad de Harán para que todos pudieran descansar. Al igual que en Ur, Abram llevó allí una vida bondadosa y buena. Enseñó a los habitantes de la ciudad acerca de Dios, y algunos comenzaron a adorar con la familia de Abram. ¿Qué más sucedió allí? LEE GÉNESIS 11:32. 

Qué día tan triste. Después de un tiempo de luto, Abram volvió a seguir la voz de Dios y la familia se puso en marcha. ¿A dónde iba Abram? LEE GÉNESIS 12:5. 

¡Ahora Abram sabía a dónde iban!. Con energías renovadas y un destino en sus labios, los viajeros partieron hacia Canaán.


Viernes

¡AL FIN CANAÁN!

La larga caravana emprendió el peligroso viaje a través del desierto rumbo al sur, hacia Canaán. Los que habían oído hablar del Dios de Abram en Harán también se unieron a ellos y experimentaron de primera mano cómo Dios los guiaba y los protegía mientras viajaban con Abram. 

Cuando la caravana finalmente entró en Canaán, la Tierra Prometida, Abram se detuvo en un amplio valle cubierto de hierba, bajo un huerto de árboles frondosos. Mientras los viajeros descansaban, Abram oyó la voz familiar de Dios que le decía: «Daré esta tierra a tu descendencia» (Génesis 12:7). Abram miró con asombro los campos de cereales, las hileras de viñas y los olivares que los rodeaban. ¡Dios era tan bueno! ¿Cómo respondió Abram a la bondad de Dios? LEE GÉNESIS 12:7 (segunda parte). 

Imagina al pueblo cananeo observando esta escena. Recordaban poco de Dios y adoraban ídolos de madera o piedra. Para ellos, lo más importante en la vida eran las cosas que les daban placer, así que estaban dispuestos a renunciar a cualquier cosa para conseguir lo que querían. Ver a toda la familia de Abram postrada en adoración reverente fue un hermoso testimonio del Dios verdadero. Los cananeos eran primos lejanos, descendientes de Cam, hijo de Noé. La promesa de Dios de bendecir a todas las familias de la Tierra era también para ellos, si decidían creer (Génesis 12:3). Abram esperaba que creyeran. 

Al contemplar las estrellas en Canaán, Abram pensó en silencio en los descendientes que Dios le había prometido. Cada estrella brillaba intensamente, recordándole que todos los que fueran amigos de Dios, a lo largo del tiempo, brillarían como sus descendientes. Él era una estrella. Su esposa, Sarai, era una estrella. Los miembros de su casa eran estrellas. Tú eres una estrella. ¡Qué maravilloso es ser descendiente de una estrella!


Especial de Sábado

BRILLAR CON INTENSIDAD

Cuando Dios sacó a Abram de su tienda en aquella inolvidable noche de promesas, las estrellas llenaban el enorme cielo negro como la tinta. No había farolas ni luces de la ciudad que atenuaran su brillo, y Abram debió de admirar el destello de colores y el centelleo de la luz hasta donde alcanzaba la vista. ¿Recuerdas la promesa de Dios de la lección del miércoles?: 

«Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas. ¡Esa es la cantidad de descendientes que tendrás!» (Génesis 15:5). 

Los científicos han intentado contar todas las estrellas, pero admiten que son demasiadas. Creen que solo en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas. ¡Hay aproximadamente otras 100.000 millones de galaxias, ¡también llenas de estrellas!. 

Si alguna vez has observado las estrellas en una noche clara y fresca, quizás hayas intentado contarlas. Es bonito soñar con alcanzar una y tocarla. Sin embargo, aunque a nosotros nos parecen joyas brillantes, las estrellas son en realidad enormes bolas de gases calientes que brillan. La gravedad, la fuerza invisible que te mantiene en pie sobre la tierra, atrae los gases y los agrupa. La nube de gas se calienta y comienza a brillar. 

¿Has notado que algunas estrellas brillan de un color?. El color nos indica la temperatura de la estrella. De más frías a más calientes, las estrellas pueden brillar en tonos marrones, rojos, naranjas, amarillos, blancos o azules. El sol es un ejemplo de estrella amarilla. Es la estrella más cercana a la Tierra y, aunque es enorme, el sol tiene un tamaño normal para una estrella. 

Cada vez que veas las estrellas, recuerda la promesa de Dios. Su amor es tan grande que no se puede contar ni limitar. Gracias a que Jesús, descendiente de Abram, murió por nuestros pecados, todos podemos formar parte de la amada familia de Dios para siempre. Y con su amor en nuestro interior, brillaremos tanto como las estrellas.


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