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Infantes | Lección 10: Abram, un hombre de fe | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 10: Abram, un hombre de fe| 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 10: Abram, un hombre de fe| 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 10 de Infantes - Año A - Vivos en Jesús

ABRAM, UN HOMBRE DE FE

IDEA PRINCIPAL: Dios es amor. Yo lo seguiré.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«El Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida» (Salmo 37:23).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Fe» - Cuando tienes fe en alguien, confías en que lo que dice es verdad. Algunas personas ponen su fe en cosas o en otras personas, pero Dios es el único en quien podemos confiar siempre.
REFERENCIA:
Esta lección se basa en Génesis 11:27–12:20 y en Patriarcas y profetas, cap. 11, pp. 103-107.


Domingo

Ayudante de Dios

Se iban construyendo nuevos hogares, nuevas plantaciones e incluso grandes ciudades por todo el mundo. El plan de Dios de llenar la Tierra de gente se estaba cumpliendo; pero, tristemente, la mayoría había vuelto a olvidarse de él. 

Aun así, Dios seguía amando a todos los seres humanos, y se buscó a un ayudante que les recordara su gran amor. Inició una especie de «búsqueda del tesoro». No necesitaba mapa, ni siquiera pistas; no buscaba rubíes ni diamantes; buscaba amigos. Dios nos dice que sus amigos son como «su tesoro especial» (Deuteronomio 14:2). 

Adán, Abel y Set habían sido auténticos amigos de Dios. Enoc, Noé y Sem también habían amado y obedecido a Dios. Incluso cuando la mayoría elegía hacer el mal, ellos seguían siendo fieles al Señor. Ahora Dios buscaba un nuevo amigo fiel, y encontró a uno llamado Abram. Abram amaba a Dios. Al igual que Enoc, también pasaba tiempo a solas con el Señor; al igual que Noé, le gustaba hablar a los demás de Dios. Y Dios decidió utilizar a Abram para hacer grandes cosas. 

Tú también eres un tesoro especial de Dios. Lee Deuteronomio 14:2. Él te ha elegido para que seas su amigo y ayudante.


Lunes

Abram: el amigo de Dios

Abram creció en la ciudad de Ur, cerca de donde se había quedado el arca. La gente que vivía en esa zona había sido una vez fiel seguidora de Dios, pero ya no lo eran. Casi todos los habitantes de Ur adoraban ídolos, incluido el padre de Abram, Taré (Josué 24:2). Sin embargo, Abram no adoraba ídolos ni quería ser como los demás. Él eligió al único Dios verdadero. 

Abram sabía que Dios estaba vivo y que podía oírlo. Hablaba con él todos los días y aprendió a escucharlo. A medida que crecía, aprendió a confiar en Dios y a obedecerlo. Dios era su mejor amigo. Abram sabía que Dios es amor, por eso podía seguirlo. 

Un día, cuando Abram ya era mayor y estaba casado, Dios le pidió que abandonara la ciudad de Ur. Abram; su esposa, Sarai; su padre, Taré; y muchos otros miembros de la familia cargaron sus asnos y sus camellos, se despidieron emotivamente y dejaron atrás su hogar. ¿Adónde fueron? Lean Génesis 11:31 para descubrirlo. 

Mientras estaban en Harán, murió Taré, el anciano padre de Abram. Pero Dios estaba con su amigo Abram y quería llevarlo a una nueva aventura. Nuestro versículo para memorizar dice: «El Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida» (Salmo 37:23).


Martes

La sorpresa de Dios

A Abram le encantaba hablar con Dios. Un día, mientras estaba a solas orando, Dios le habló. «Deja tu patria y a tus parientes», le dijo, «y vete a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación; te bendeciré, [...] y serás una bendición para otros» (Génesis 12:1, 2). 

¿Irse? ¿Sin saber adónde?

¿Qué hizo Abram? Lean Génesis 12:4 para descubrirlo. 

¡Qué gran fe la de Abram! Ni siquiera tuvo que pensar si obedecer o no, ¡simplemente obedeció! Sabía que «el Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida» (Salmo 37:23). 

Abram y su familia empacaron «todas sus posesiones» (Génesis 12:5). Cargaron sus pertenencias sobre camellos y asnos y luego Abram, Sarai, su sobrino Lot y los sirvientes se despidieron de su gran familia. Con un intenso saludo de despedida, abandonaron la ciudad para ir a... bueno, ¡no estaban seguros de adónde iban! 

Por los polvorientos caminos, Abram iba sonriendo de emoción. Dios le había prometido que lo bendeciría, lo guiaría y lo convertiría en padre de muchísimas personas, a pesar de que aún no había tenido ni un solo hijo. ¡Qué promesa tan emocionante!


Miércoles

Altares para Dios

Abram y su familia viajaron día tras día por colinas lejanas. Él aún no lo sabía, pero se dirigían a Canaán. Dios los estaba guiando allí. Finalmente llegaron a Canaán, a un lugar llamado Siquem. Era hermoso. La hierba era alta y verde; las ramas de los olivos se mecían con la brisa; jugosas uvas colgaban de los racimos que abarrotaban las parras; y agua fresca y clara corría por ríos y arroyos. 

Mientras Abram observaba aquellas tierras, Dios le dijo que se las daría a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. ¡Qué regalo tan maravilloso! Esta promesa lo ayudó a fortalecer su fe en Dios. 

Con corazón agradecido, «Abram edificó allí un altar y lo dedicó al Señor» (Génesis 12:7). Fue el primer altar a Dios erigido en Canaán. Abram reunió a toda su familia y ofreció un sacrificio para decir: «Gracias, mi Dios». 

Pronto llegó el momento de continuar el viaje. Abram y su familia empacaron de nuevo, enrollaron las carpas y emprendieron la marcha a pie, hasta que llegaron a otro hermoso lugar llamado Betel. ¿Qué hizo Abram después de montar su carpa en Betel? Lean Génesis 12:8 para descubrirlo. 

En todos los lugares donde se detenían, Abram y Sarai siempre construían un altar a Dios, e invitaban a otros a unirse a ellos en alabanza al Señor. Querían que todos conocieran al único Dios verdadero y lo adoraran también. ¡Eran grandes misioneros! Aunque hoy no necesitamos construir altares, podemos orar y dar gracias a Dios dondequiera que estemos, como hizo Abram.


Jueves

Fe en los buenos y en los malos tiempos

Los vientos cálidos azotaban la tierra seca. Las plantas se marchitaban y los arroyos se secaban. La tierra de Canaán estaba pasando por una época de sequía. La familia y los animales de Abram tenían hambre y sed. 

Habría sido fácil quejarse, pero Abram no lo hizo, sino que creyó en la promesa de Dios: «Haré de ti una gran nación; te bendeciré, [...] y serás una bendición para otros» (Génesis 12:2). 

Abram comenzó a orar más aún, y Dios lo ayudó a ser valiente ante los problemas. Sus sirvientes se dieron cuenta de ello, y también cobraron valentía.
Abram decidió empacar de nuevo y reanudar la marcha. Condujo a su gente a un lugar donde podrían encontrar comida y agua. ¿Dónde estaba ese lugar? Lean Génesis 12:10 para descubrirlo. 

A Abram le preocupaba que no estuvieran seguros en aquellas tierras desconocidas y, en lugar de confiar en que Dios los protegería, ideó un mal plan. Le mintió al rey de Egipto sobre su familia. Mentir nunca es una buena decisión, pues va en contra de lo que Dios nos dice en su ley de amor. 

La mentira de Abram trajo problemas a todos. ¡El rey se enojó tremendamente con él! ¡Todo el pueblo de Egipto se enojó!. Pero Dios no se olvidó de Abram ni dejó de ser su amigo, sino que lo perdonó y lo ayudó a salir sano y salvo de Egipto. 

Abram aprendió a confiar en Dios tanto en los buenos como en los malos tiempos.


Viernes

Seguir a Dios

Abram se puso las sandalias e inició de nuevo la marcha, dejando atrás las huellas de sus pisadas sobre el caliente y arenoso suelo. Sus anteriores huellas podían rastrearse hasta el palacio de Egipto, pero ¿adónde irían ahora sus pies? 

Abram le sonrió a Sarai mientras caminaban. Ya no iba a ponerse él al mando, sino que iba a dejar que Dios volviera a ser el líder. Nuestro versículo para memorizar dice: «El Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida» (Salmo 37:23). 

Abram y Sarai habían caminado mucho, pero también habían aprendido mucho. Habían aprendido que Dios era su mejor amigo, y que los había elegido como sus amigos y ayudantes. Así que avanzaban con la certeza de que Dios estaría con ellos en las buenas y en las malas. Podían tener fe en él siempre. 

Abram y Sarai se detuvieron cuando el sol empezaba a ponerse. Era el momento de dar gracias a Dios por su amor y sus cuidados. Hablar con Dios y recordar sus promesas fortaleció la fe de ellos. 

¡Qué amigo tan maravilloso es Dios!


Sábado

Un mensaje escrito con tiza*

Levantándose a las cuatro de la madrugada, antes de que saliera el sol abrasador, agarraba un trozo de tiza y salía a toda prisa a las calles de su ciudad. No quería que nadie lo viera en su misión especial para Dios. 

Durante treinta y cinco años, Arthur recorrió las calles de Sídney, en Australia, escribiendo en secreto una sola palabra con tiza. La escribió en puentes, aceras, umbrales de puertas y estaciones de ferrocarril. ¡En todas partes! Al salir a la calle cada madrugada, la gente de los alrededores encontraba la palabra «eternidad» escrita en los lugares menos esperados. 

Eternidad significa «para siempre», y nos dice que Dios tiene un plan para estar siempre con nosotros. Al igual que Abram construyó altares por todo Canaán, la palabra de Arthur escrita con tiza le recordaba a la gente que debían pensar en el plan de Dios para salvarnos. 

Arthur tuvo una infancia difícil. Fue un niño muy pobre que no iba a la escuela ni tenía padres que pudieran cuidarlo bien. A los doce años estaba solito, y trabajaba en una mina de carbón. A los quince acabó en la cárcel. La vida también fue dura para él de adulto. Pero cuando tenía cuarenta y cinco años (en 1930), le entregó su corazón a Jesús, dejó de beber alcohol y se hizo cristiano. 

Un par de años después, Dios le habló durante un sermón. Más tarde, él le escribió a un periódico diciendo: «Sentí un poderoso llamado del Señor a escribir la palabra “eternidad”. Llevaba un trozo de tiza en el bolsillo, me agaché y la escribí. Desde entonces, la escribo al menos cincuenta veces al día». 

«E-t-e-r-n-i-d-a-d» es una palabra larga, difícil de escribir. ¿Puedes intentarlo? Arthur no sabía leer ni escribir, pero esta palabra le salía perfectamente, y con una letra muy bonita. Si aún no sabes escribirla, puedes intentar dibujar con tiza algo que te ayude a ti (¡y a los demás!) a pensar en Dios. 

El mensaje de la palabra «eternidad» que Arthur proclamaba se dio a conocer por todo su país. Su historia está en museos, libros, galerías, canciones y películas. Así utilizó Dios a un hombre que lo amaba y que apenas llevaba consigo una simple tiza.

* Chris Cunneen, «Stace, Arthur Malcolm (1885-1967)», Australian Dictionary of Biography, National Centre of Biography, Australian National University. Disponible en https://adb.anu.edu.au/biography/stace-arthur-malcolm-8615/text15049 [consultado en enero de 2025].


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