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Infantes | Lección 9: Una torre muy alta | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 9: Una torre muy alta | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 9: Una torre muy alta | 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 9 de Infantes - Año A - Vivos en Jesús

UNA TORRE MUY ALTA

IDEA PRINCIPAL: Dios es amor. Dios nunca es orgulloso.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Hijo mío, nunca olvides las cosas que te he enseñado; guarda mis mandatos en tu corazón» (Proverbios 3:1).
PALABRA DE LA SEMANA:
Orgulloso: Una persona orgullosa se cree más especial o importante que los demás. Por lo general, las personas que están muy orgullosas de sí mismas sienten que no necesitan a Dios ni a nadie que las ayude.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Génesis 11:1-9 y en Patriarcas y profetas, cap. 10.


Domingo

La vida en el mundo nuevo

El arca se posó en la cima de una montaña muy elevada. Noé y su familia, ya fuera del gran barco, miraban a su alrededor. El mundo había cambiado mucho: las montañas ahora tenían formas agresivas; no había piedras preciosas en el suelo, ni árboles tan espectaculares como los de antes. 

Aunque su nuevo mundo era muy diferente, Noé y su familia podían seguir confiando en que Dios estaría con ellos y los ayudaría a convertir aquella tierra húmeda y aquellos escombros en un hermoso lugar para vivir. Así como los pequeños brotes de hierba verde asomaban por entre el barro, así ellos volverían también a empezar. 

Como siempre, Dios tenía un plan. Justo antes de que pusiera el arco iris de la promesa en el cielo, Dios les había pedido a Noé y a su familia que hicieran algo: «Tengan muchos hijos y llenen la tierra» (Génesis 9:1, DHH). La pequeña familia de Noé iba a convertirse en una gran familia de hijos de Dios. 

Y así, la familia de Dios comenzó su nueva vida en el mundo recién purificado. ¿En qué trabajaba Noé? Lean Génesis 9:20 para descubrirlo. Plantaron nuevamente, cultivaron alimentos y tuvieron muchos hijos y nietos. Cada día, Noé elegía seguir a Dios y sus caminos. Dios nos dice en la Biblia: «Hijo mío, nunca olvides las cosas que te he enseñado; guarda mis mandatos en tu corazón» (Proverbios 3:1). 

Al igual que hizo Noé, tú también puedes elegir seguir el camino de Dios cada día.


Lunes

¿Otra vez hay maldad y tristeza?

Noé sonrió al contemplar el hermoso arco iris que brillaba en el cielo. ¡Qué bonito recordatorio del amor de Dios! Esperaba que su gran familia sonriera siempre al verlo y que amaran siempre a Dios. Pero, lamentablemente, poco a poco, Cam dejó de ser amigo de Dios. 

Con el tiempo, la familia de Noé fue creciendo. Pronto volvió a haber mucha gente en el mundo, y todos y cada uno de ellos tenían la opción de seguir a Dios o no. Tristemente, muchos eligieron alejarse de Dios. Los hijos de Cam aprendieron a ser crueles y mezquinos como su padre. Y luego sus hijos también aprendieron a ser así, orgullosos y egoístas. 

Todos habían estado viviendo en las montañas, cerca del arca, hasta que un día los que ya no querían seguir a Dios se cansaron de escuchar a sus primos hablar de Dios. Recogieron sus pertenencias y se fueron a vivir a la llanura, cerca de un gran río. Allí podrían olvidarse de Dios y hacer lo que les diera la gana. 

Nosotros podemos cada día elegir seguir a Dios o no. La Biblia nos ayuda a tomar buenas decisiones. ¿Qué dice Dios sobre la importancia de obedecerlo? Lean Proverbios 3:1 para descubrirlo. 

A veces es difícil elegir el camino de Dios, pero él promete ayudarnos si se lo pedimos.


Martes

Un plan basado en el orgullo

Poco a poco, los habitantes de la llanura se volvieron cada vez más orgullosos. «¡Somos los mejores!», se jactaban. «¡Somos los más fuertes y los más listos!». Querían convertirse en los líderes más poderosos del mundo. 

Dios les había pedido que se dispersaran por toda la Tierra, pero a ellos no les gustaba esa idea. Lo que querían era vivir juntos en un solo lugar. ¿Qué empezaron a hacer? Lean Génesis 11:3 para descubrirlo. 

«Hmmm», pensaron, «ahora tenemos todos estos ladrillos. Utilicémoslos para construir la ciudad más grandiosa y magnífica del mundo». 

Entonces dijeron: «Vamos, construyamos una gran ciudad para nosotros con una torre que llegue hasta el cielo. Eso nos hará famosos y evitará que nos dispersemos por todo el mundo» (Génesis 11:4). 

Los habitantes de la llanura pensaban que era una gran idea. Querían llamar la atención; querían ser poderosos, así como Dios es poderoso. Pero, aunque Dios es poderoso, también es amor, y es amable y humilde. Dios nunca es orgulloso. Así que ellos no eran como Dios. 

La Biblia nos dice: «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. [...] Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús» (Filipenses 2:3-5).


Miércoles

Una torre que llegará hasta el cielo

Día tras día, la gente trabajaba duro fabricando ladrillos y colocándolos. ¡Cuántos ladrillos! La torre crecía, crecía y crecía. 

«¡Será una torre maravillosa!», pensaban. Se morían de ganas de oír a la gente decir: «¡La torre de ustedes es majestuosa! ¡Ustedes son los mejores! ¡Todo el mundo ha oído hablar de ustedes gracias a su torre!». 

Cada día ponían más ladrillos, pues querían que su torre llegara hasta el cielo. Trabajaban duro y se sentían orgullosos. Fue así como la torre de Babel se fue haciendo cada vez más alta. 

Algunos empezaron a vivir en la parte más baja de la torre. Llenaron sus lujosas habitaciones de ídolos de madera y piedra, y daban las gracias a sus ídolos por haberlos ayudado. Desde lo alto de los muros, miraban hacia abajo y decían con orgullo: «¡Nunca nos alcanzará otro diluvio!». 

No confiaban en Dios en lo más mínimo. Estaban seguros de que sus planes eran mejores que los planes de Dios. ¿Qué dice la Biblia sobre esta forma de pensar? Lean Proverbios 21:30 para descubrirlo. 

Dios vio lo que estaban haciendo y dijo: «Ellos son un solo pueblo y hablan un solo idioma; por eso han comenzado este trabajo, y ahora por nada del mundo van a dejar de hacerlo» (Génesis 11:6, DHH). Su pecado y su orgullo podrían dañar al mundo entero. Había que detenerlos.


Jueves

La gran confusión

¡Bang, bang! ¡Clang, clang! A pesar de que era muy temprano, los albañiles ya estaban trabajando.
La torre estaba ya tan alta que los de arriba no podían hablar con los de abajo. Necesitaban personas posicionadas a distintas alturas de la torre para que transmitieran los mensajes. 

Dios miraba con desagrado todo aquel ajetreo. Había que ponerle fin, así que dijo: «Vamos a bajar a confundirlos con diferentes idiomas; así no podrán entenderse unos a otros» (Génesis 11:7). 

Hasta aquel momento, todo el mundo hablaba el mismo idioma, pero, de repente, todos los habitantes de la ciudad empezaron a decir palabras que a los demás les resultaban extrañas. ¡Nada tenía sentido! Los obreros gritaban para pedir más ladrillos, pero las palabras que usaban eran diferentes. Unos gritaban «¡Ladrillos!»; otros, «Bricks!»; otros, «Ziegel!»; otros, «Batu bata!»; otros, «Izitini!»...* 

Tanto por la parte de arriba de la torre como por la de abajo iban y venían palabras totalmente nuevas. Los mensajeros se miraban, confusos. Los albañiles se enojaban y gritaban cada cual más fuerte, pero no servía de nada. Todos estaban irritados y confundidos. 

Se detuvo la obra en la enorme torre. Entonces, un relámpago atravesó el cielo y golpeó la parte superior del edificio. Toda la estructura se derrumbó con gran estrépito. ¡Qué desastre! ¿Qué ocurrió después? Lean Génesis 11:8 para descubrirlo.
La torre nunca llegó a terminarse. 

Ahora comenzaron todos a juntarse en grupos de personas que hablaban el mismo idioma, y se fueron alejando del lugar, extendiéndose por toda la Tierra. 

* La palabra «ladrillos» en inglés es brick; en alemán, ziegel; en indonesio, batu bata; y en zulú, izitini.


Viernes

Un Dios de amor

En lo alto de la montaña habitaban muchos parientes de Noé que habían elegido ser amigos de Dios. Amaban al Señor y querían obedecerle, pues sabían que «felices de verdad son los que tienen a Dios como el Señor» (Salmo 144:15). ¡De la familia de Sem vendría algún día Jesús! 

Los que se habían ido de Babel se dispersaron por el mundo. Unos se fueron a las colinas, otros a la costa, y otros navegaron en barcos hacia nuevas tierras. Dondequiera que fueran, Dios estaría allí. Algunos seguirían siendo igual de orgullosos que antes y no elegirían seguir a Dios; pero, igualmente, Dios seguiría obrando en sus corazones y no dejaría de amarlos. 

Dios nos dice que cuida de nosotros como a... ¿qué? Lean Ezequiel 34:11 para descubrirlo. ¡Cuánto nos ama Dios! 

El plan de Dios para que la gente llenara el mundo entero se hizo realidad. Nada, ni siquiera las malas decisiones de otros, puede detener los planes de Dios. Y nada detendría el plan de Dios de venir a esta Tierra y salvarnos del pecado.


Sábado

Los niños predicadores y su mensaje milagroso

«Ha llegado la hora de su juicio», exclamó la niña. Su familia observaba con asombro a la pequeña de cinco años. Unos minutos antes, había abierto la boca para entonar un hermoso himno. ¡Nunca le habían enseñado la complicada letra de aquel largo canto; ¡ni siquiera le habían enseñado a cantar! De hecho, no sabía leer ni escribir. Sin embargo, estaba predicando con fuerza a su familia, diciéndoles que entregaran su corazón a Jesús porque él vendría pronto. 

Su familia sabía que aquellas palabras eran un milagro, así que le pidieron perdón a Dios. Querían estar preparados para la venida de Jesús.

Era el año 1843 en Suecia, y Dios estaba haciendo algo asombroso. De pueblo en pueblo, niños como tú empezaron a dar las buenas nuevas de Jesús como si fueran adultos. En ese tiempo, en Suecia, iba contra la ley predicar algo que no estuviera de acuerdo con la religión oficial del país. Las verdades bíblicas se habían olvidado. La gente era orgullosa y no querían cambiar. Así que Dios envió niños a predicar. Él mismo les dio las palabras que debían decir. ¡El mensaje de amor de Dios no se detendría! 

Uno de los niños predicadores era un pequeño de ocho años al que ni siquiera le habían enseñado el abecedario. Un cura molesto por su predicación intentó demostrar que era un truco, pero no pudo. El niño podía citar versículos de la Biblia que ni sabía leer y que nunca había oído. 

Poco después, adolescentes se unieron también a la predicación. Hablaban de la Biblia y de la Segunda Venida de Jesús. Grandes grupos de personas se reunían, tanto de día como de noche, para escucharlos predicar. Dios ayudó a estos niños a hablar a otros de él. 

«¡Eres el Dios de grandes maravillas! Demuestras tu asombroso poder entre las naciones» (Salmo 77:14).


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