Lección 7 de Infantes - Año A - Vivos en Jesús
NOÉ CONSTRUYE UN ARCA
«Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más» (Mateo 25:21, DHH).
«Fiel» - Cuando eres fiel, cumples tus promesas. Se puede confiar en que harás lo que dices que vas a hacer. Dios es fiel. Siempre cumple sus promesas.
La lección de esta semana se basa en Génesis 5:18–6:22 y en Patriarcas y Profetas, caps. 6–9.
Un mundo de pecado
Las cálidas llamas parpadeaban en la oscuridad. La gran familia de Adán se había reunido para oírlo hablar. Adán y Eva eran muy mayores y su familia muy numerosa. ¡Ya tenían tataranietos!
Adán era el mejor contador de historias, y le hablaba a su gran familia de los tiempos felices en el hermoso jardín del Edén, y del triste día en que desobedecieron a Dios y comieron del fruto. Les recordó que siempre debían confiar en Dios y obedecerlo.
Set, el hijo de Adán y Eva, también hablaba de Dios a la gente. Él y sus hijos amaban al Señor, y se los conocía como «los hijos de Dios» (Génesis 6:2). Llevaban una vida sencilla en carpas y eran fieles seguidores de Dios.
Pero no todos amaban a Dios ni seguían sus caminos. Caín, el enojado, también tuvo hijos después de huir a una tierra lejana. Su familia construyó grandes ciudades y se volvieron muy malvados y egoístas. Dejaron de seguir a Dios y, en su lugar, hicieron las cosas a su manera.
Un día, los «hijos de Dios» empezaron a mezclarse con la familia de Caín en las ciudades. Comenzaron a casarse entre ellos, y los «hijos de Dios» dejaron de vivir a la manera de Dios.
Ahora el pecado se había extendido por todas partes. Todo pensamiento, hasta el más pequeño, y todo acto que la gente hacía, eran siempre malos. ¡Qué horrible se había vuelto el mundo! ¿Cómo se sintió Dios? Lean Génesis 6:6 para descubrirlo.
El fiel amigo de Dios
El mundo se fue haciendo cada vez más malvado, hasta que solo quedó un hombre que permanecía fiel a Dios. Su nombre era Enoc.
Enoc y Dios eran amigos inseparables. Enoc amaba a Dios con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas.
El momento favorito de Enoc era cuando pasaba tiempo a solas con Dios. Iba a un lugar tranquilo cada día para hablar con Dios de todo.
Cuando Enoc regresaba a la ciudad, su rostro resplandecía con una luz santa. Todos se daban cuenta de que había estado con Dios. Sentían su amor y su bondad. Lo oían decir las palabras de Dios.
Todos los días, Enoc se mantenía cerca de Dios. No solo hablaba con el Señor en sus momentos de tranquilidad, sino todo el día. La Biblia dice que Enoc caminaba con Dios (Génesis 5:24).
Dondequiera que estuviera Enoc, Dios estaba en sus pensamientos. Hablaba con él en los tranquilos campos y en el ruidoso mercado; pensaba en él mientras trabajaba; le daba gracias cuando se sentaba con su familia por la noche… ¡Qué diferente era Enoc del malvado mundo que lo rodeaba! Él sabía que Dios es amor, y le fue fiel.
¿Cómo podemos ser fieles a Dios, así como lo fue Enoc? Lean Salmo 1:1, 2.
Amigos para siempre
Durante trescientos años, Enoc caminó con Dios (Génesis 5:24). Pensaba en Dios, hablaba de Dios y reflejaba el amor de Dios a los demás. ¡Qué amigo tan fiel!
Un día, sucedió algo realmente asombroso: Dios hizo algo especial por su amigo. ¿Qué fue lo que hizo Dios? Lean Génesis 5:24 para descubrirlo.
Tal vez Enoc estaba arando un campo, o haciendo algo en la casa; quizás estaba orando a solas, como hacía todos los días. Dondequiera que estuviera, debió de ser para él una sorpresa maravillosa que, sin más, Dios se lo llevara al cielo (Hebreos 11:5).
Imagina la emoción de Enoc. Qué diferente de la Tierra parecía su hogar celestial. El cielo tiene relucientes calles doradas, coros de ángeles, animales dóciles y flores que no se marchitan. Y lo mejor de todo es que allí vive Dios. Enoc podía estar con su mejor amigo, Jesús, para siempre.
Jesús tiene muchísimas ganas de llevarte al cielo a ti también. ¡Es un amigo tan fiel! Un día no muy lejano, «el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. [...] Seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre» (1 Tesalonicenses 4:16, 17).
¡Qué día tan maravilloso será ese!
Grandes planes
Cuando Dios contempló la Tierra, sintió un gran dolor. «Estaba llena de violencia. Dios observó toda la corrupción que había en el mundo, porque todos en la tierra eran corruptos» (Génesis 6:11, 12).
Pero Dios aún tenía un verdadero amigo en el mundo. Se llamaba Noé. La Biblia dice que «Noé era un hombre justo, la única persona intachable que vivía en la tierra en ese tiempo, y anduvo en íntima comunión con Dios» (Génesis 6:9). Al igual que Enoc, Noé hizo de Dios su mejor amigo. Amó al Señor con todo su corazón, con toda su alma y con todas sus fuerzas. Noé sabía que Dios es amor, y le fue fiel.
Dios habló con Noé y le contó su plan para rescatar al mundo del pecado. Ya les había prometido a Adán y a Eva que enviaría a Jesús a morir por nuestros pecados, pero el mundo era tan malvado que pronto dejaría de haber seguidores de Dios.
Así que Dios necesitaba limpiar y renovar el mundo. Le dijo a Noé: «He decidido destruir a todas las criaturas vivientes, porque han llenado la tierra de violencia. [...] ¡Mira! Estoy a punto de cubrir la tierra con un diluvio que destruirá a todo ser vivo» (Génesis 6:13-17).
Dios le pidió a su amigo Noé que lo ayudara. Noé escuchó atentamente todo lo que Dios le dijo que hiciera. ¿Cuáles fueron las instrucciones? Lean Génesis 6:14-16 para descubrirlo.
Este gran barco se llamaría «arca». Aunque la gente del mundo no amaba a Dios, Dios aún los amaba a ellos. Él seguía siendo fiel, y quería invitarlos a todos al arca para que estuvieran a salvo del diluvio que se avecinaba.
La construcción del arca
¡Bang, bang, bang! Sierra que te sierra... Noé y sus tres hijos, Sem, Cam y Jafet, empezaron a construir el enorme barco de Dios. Sería el barco más grande que jamás hubieran visto. Sería un barco lo bastante grande como para transportar a mucha gente y a muchos animales.
Todos los días, excepto el sábado, Noé y sus hijos fielmente cortaban, medían, serraban y martillaban. El sonido de sus hachas, martillos y sierras transmitía un mensaje: «¡Viene un diluvio! ¡Viene un diluvio! ¡Prepárense! ¡Prepárense!».
¡Qué gran trabajo tuvieron que hacer!. Había que recubrir de brea la madera de cedro del arca para que no entrara agua. La longitud y la anchura del arca también tenían que ser las correctas. «Noé hizo todo exactamente como Dios se lo había ordenado» (Génesis 6:22).
Poco a poco, el arca fue tomando forma. Tenía tres pisos de altura y una puerta que se abría en un lateral. En su interior había muchas estancias pequeñas. Dios había planeado espacios perfectos tanto para las personas como para los animales. Las jirafas con su largo cuello, los búfalos con su enorme peso, los pandas de gran tamaño, las pequeñas suricatas, así como los pajarillos y los escarabajos, todos necesitaban un hogar en el arca.
Aunque Noé y sus hijos nunca habían visto caer una gota de lluvia del cielo ni habían visto la crecida de un río, construyeron el gran barco de Dios. ¿Por qué? Lean Hebreos 11:7 para descubrirlo.
Dios había dicho que vendría un diluvio, y ellos creyeron que así sería. Dios les había dicho que construyeran el arca, y Noé y sus hijos obedecieron fielmente.
Un mensaje para todos
La gente no podía creer lo que oía. Parecía una locura. Noé, el gran constructor de barcos, les estaba diciendo que Dios iba a enviar un diluvio. ¡Pero si nunca habían visto llover! ¿¡Agua que caería del cielo en grandes gotas!? ¿¡Agua que cubriría el mundo entero!? ¡Imposible! La gente sacudía la cabeza y se reía de lo que decía Noé.
Durante ciento veinte años, Noé y su familia construyeron el arca. Y durante ciento veinte años, Noé le predicó a la gente. Les advirtió del diluvio que se avecinaba y les dijo que había un refugio seguro en el barco. Pero nadie le creyó. ¡Absolutamente nadie!
Finalmente, el arca estuvo lista. Noé rogó por última vez a la gente que entrara en el arca para que estuvieran a salvo. Dios amaba a su pueblo «con un amor eterno» (Jeremías 31:3), pero la gente no lo amaba a él. Se negaron a escuchar. En lugar de eso, se burlaron de Noé y bromearon sobre el diluvio. Habían tomado su decisión, que entristeció mucho a Dios y a Noé. Entonces Dios le dijo algo a Noé. ¿Qué le dijo? Lean Génesis 7:1 para descubrirlo.
La gran puerta lateral del barco estaba abierta de par en par. Era hora de entrar en el arca. Dios salvaría a Noé y a su familia, tal como había prometido. Jesús también promete salvarnos a nosotros cuando vuelva, para llevarnos al cielo y sacarnos de este mundo de pecado.
Bruno, una luz que brilla para Jesús*
Bruno es un niño de siete años de Angola, África. Tiene la sonrisa más amplia que te puedas imaginar. Es feliz porque ama a Jesús. Dondequiera que va, le encanta hablarles de Jesús a los demás.
Un día, mientras iba a la escuela en un autobús por un camino repleto de baches, Bruno empezó a hablar con el conductor sobre Jesús y le dijo que él iba a la iglesia los sábados.
—Parece que de verdad te encanta ir a la iglesia —le dijo el conductor del autobús—. Yo no voy a ninguna iglesia.
—¿Por qué no vienes a visitar la mía? —le preguntó Bruno con valentía.
—Quizá lo haga algún día —le respondió el conductor, asintiendo con una sonrisa en los labios.
En otra ocasión, Bruno estaba en casa, mirando a un carpintero martillear y arreglar algunas cosas.
—¿Le gustaría venir a nuestra iglesia el sábado? —le preguntó con valentía—. Estoy seguro de que le gustará.
El albañil aceptó.
Semanas más tarde, la iglesia de Bruno tenía un programa especial. Cuando se sentó en su banca, no pudo contener su gran sonrisa de felicidad, pues tanto su amigo conductor de autobús como su amigo carpintero estaban allí. Al concluir aquella serie de reuniones, los dos hombres entregaron su vida a Jesús.
Bruno se alegró mucho por sus nuevos amigos. Dios había hecho un milagro en sus corazones.
Jesús quiere que tú seas su fiel ayudante, así como lo es Bruno. ¿Qué puedes hacer este fin de semana para compartir las buenas nuevas del amor de Dios con otras personas? Podrías invitar a un vecino a la iglesia o a tu casa para el culto de despedida del sábado. Podrías enviar un dibujo o una tarjeta a alguien, o pedirle a Dios que te ayude a hacer un nuevo amigo.
* Historia adaptada de «Hacen amigos para Jesús», de Charlotte Ishkanian, Misión adventista Niños, 2.º trimestre de 2009 (Florida, Buenos Aires: ACES, 2012), pp. 15, 16.
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