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Infantes | Lección 11: Abram deja a Lot elegir primero | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 11: Abram deja a Lot elegir primero | 1er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 11: Abram deja a Lot elegir primero | 1er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 11 de Infantes - Año A - Vivos en Jesús

ABRAM DEJA A LOT ELEGIR PRIMERO

IDEA PRINCIPAL: Dios es amor. Pondré a los demás en primer lugar.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros» (Filipenses 2:4, RVR 1960).
PALABRA DE LA SEMANA:
Honor: Cuando honras a alguien, tratas a esa persona con respeto. Haces cosas que muestran que es especial e importante para ti. Le das prioridad.
REFERENCIA:
Esta lección se basa en Génesis 13 y en Patriarcas y profetas, cap. 12, pp. 111-113.


Domingo

Bendecido por Dios

Abram miró a la izquierda, luego a la derecha; después hacia adelante y por último hacia atrás. Dondequiera que mirara, veía ovejas que paseaban, cabras que saltaban, asnos que deambulaban, camellos que roncaban y bueyes que mugían. Él era dueño de muchos animales; tantos, que no podía contarlos. 

Abram sonrió al recordar la promesa que Dios le había hecho: «Haré de ti una gran nación; te bendeciré» (Génesis 12:2). No cabía duda de que Dios había cumplido su promesa, pues ya había bendecido a Abram con muchas cosas, no solo con animales. ¿Qué más le había dado Dios? Lean Génesis 13:2 para descubrirlo. 

Dondequiera que Abram iba, la gente veía cómo Dios lo bendecía. De hecho, lo honraban como si se tratara de un poderoso príncipe. Pero Abram no se sentía ni se comportaba como si fuera más importante que los demás; al contrario, humildemente mostraba el amor y la bondad de Dios a todas las personas con las que se relacionaba. 

Abram había vivido una gran aventura en su travesía con Dios. Había dejado Canaán en tiempos difíciles, pero ahora regresó con más de lo que nunca antes había tenido, y levantó su carpa junto al altar que había construido cerca de Betel. Allí ofreció un sacrificio para agradecer a Dios por sus muchas bendiciones.


Lunes

Rebosante de bendiciones

Abram levantó su bastón y lanzó un saludo a la distancia. Las ovejas del campo cercano levantaron la cabeza, mientras que las cabras del valle a lo lejos siguieron pastando. Otro pastor le devolvió el saludo. Era Lot, su sobrino. 

Abram estaba muy contento de haber vuelto a Canaán con Lot. Habían estado juntos en muchos lugares desde su salida de Ur. Abram y Sarai habían cuidado de Lot y le habían enseñado a confiar en Dios y obedecerlo, tal como hacían ellos. 

Al igual que Abram, Lot era rico, puesto que tenía sus propios rebaños de ovejas, manadas de ganado y carpas. ¡Dios también lo había bendecido a él! Pero había un problema. ¿Cuál era? Lean Génesis 13:6 para descubrirlo. 

Los trabajadores de Abram y los de Lot empezaron a discutir y a pelearse entre ellos. Dejaron de saludarse amistosamente en el campo y empezaron a señalarse con el dedo unos a otros con rabia. Puede que gritaran: 

—¡Eh, tú, aleja a tus ovejas del mejor pasto de la colina! ¡Es nuestro turno de sacar nuestras ovejas a pastar! 

—¡No, no es su turno! ¡Ustedes lo quieren todo para sí! 

De esa manera, día tras día, los que cuidaban los animales de Abram se peleaban con los que cuidaban los animales de Lot. 

Abram se enteró rápidamente de las disputas y se entristeció. Sabía que las palabras crueles hacen daño. La Biblia dice: «La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor» (Proverbios 15:1, RVR 95). 

Abram también pudo ver que no había suficiente tierra para que todos los animales estuvieran juntos. ¿Qué podían hacer?


Martes

Tú primero

Abram y Lot tenían un gran problema: había demasiadas ovejas, demasiadas vacas y demasiadas peleas en sus terrenos. ¿Cómo podían solucionarlo? 

Abram pensó al respecto, y oró a Dios pidiéndole sabiduría. Quería que todos estuvieran contentos y en paz. 

Finalmente, le dijo a Lot: «No permitamos que este conflicto se interponga entre nosotros o entre los que cuidan nuestros animales» (Génesis 13:8). 

Entonces, Abram señaló a la extensión de tierra que había delante de ellos. ¿Qué dijo Abram que debían hacer? Lean Génesis 13:9 para descubrirlo. 

¡Qué amable fue Abram! Dios le había dado a él toda aquella tierra, sin embargo, él decidió compartirla con Lot. Y no solo eso, sino que además dejó a Lot elegir primero con qué tierra quería quedarse. Abram se quedaría con el resto. 


La Biblia dice: «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás» (Filipenses 2:3, 4). Y eso es exactamente lo que hizo Abram. Eligió el camino de Dios y honró a Lot más que a sí mismo. 

Es difícil ser generosos. Sin la ayuda de Dios, lo fácil es ser egoístas y codiciosos. Es fácil decir: «Yo quiero lo más grande para mí»; «Yo quiero lo mejor»; «Yo quiero ser el primero». Pero con el amor de Dios en nuestro corazón, podemos ser como Abram. Podemos dar a Dios lo mejor de nosotros mismos y poner a los demás en primer lugar.


Miércoles

Lo mejor para mí

Los ojos de Lot se abrieron de par en par, llenos de alegría. El tío Abram le estaba dejando elegir dónde vivir. ¡Podía elegir él primero!. 

Cuando Lot contempló la tierra, ¿qué vio? Lean Génesis 13:10 para descubrirlo. 

¡Qué bonita era aquella región! Y Lot tenía que decidir. Debería haberse detenido a decir: «No, tío Abram, elige tú primero». Pero no lo hizo. Debería haberle pedido a Dios que lo ayudara a tomar la mejor decisión; pero tampoco lo hizo. Lot quería lo mejor para sí mismo, y se sentía seguro de que sabía qué era lo que más le convenía. 

La codicia lo llevó a fijar su mirada en la tierra más verde y espectacular. Finalmente señaló: «¡Allí! ¡En el valle! ¡Esa tierra verde, exuberante y llana!». Allí era donde quería vivir Lot, pues le parecía el lugar perfecto. Tenía mucho pasto, buena comida y abundante agua. ¡Y estaba muy cerca de la bulliciosa ciudad de Sodoma!. 

Lot había tomado su decisión. Se despidió de Abram y Sarai, y luego reunió a su familia, sus trabajadores y sus animales. Juntos bajaron la colina y trasladaron sus carpas a un lugar cercano a Sodoma. 

¡Lot estaba tan contento de haber podido elegir primero!. Pero la Biblia dice que «los habitantes de esa región eran sumamente perversos y no dejaban de pecar contra el Señor» (Génesis 13:13). No parece que fuera un buen lugar para vivir, ¿no crees?.


Jueves

Más bendiciones de las que se pueden contar

Abram tarareaba mientras montaba su carpa. ¡Había tanta paz en el lugar que había elegido como su nuevo hogar! Su carpa estaba rodeada de pastos verdes y grandes árboles que daban sombra; pero lo mejor de todo era que estaba junto a un altar. 

A Dios le encantó ver a Abram construir su hogar junto al altar, y tenía una sorpresa que darle a su amigo. ¿Qué le dijo Dios? Lean Génesis 13:14, 15 para descubrirlo. 

Toda la tierra, en todas direcciones, sería suya y de su familia, para siempre. 

Dios le prometió a Abram: «¡Te daré tantos descendientes que, como el polvo de la tierra, será imposible contarlos!» (Génesis 13:16). 

¿Una familia tan grande que ni siquiera podría contarla? ¡Eso sí que es una gran familia! Sin embargo, Abram era ya tan anciano como un abuelo, y todavía no tenía un hijo propio.
Dios quería que Abram siguiera confiando en él. Y, como Dios siempre cumple sus promesas, él haría realidad lo que le había dicho. 

Dios le dijo a Abram: «Recorre toda la tierra en cada dirección, pues yo te la entrego» (Génesis 13:17). Con una gran sonrisa, Abram se puso en pie de un salto. Qué regalo tan cariñoso le hacía su entrañable Amigo.


Viernes

La luz de Dios

Abram y Sarai hicieron muchos amigos en Canaán, y a todos les hablaban de Dios y de su amor. 

Los habitantes de Canaán se dieron cuenta de que Abram era diferente. Era alegre, amistoso y muy amable. Siempre pensaba primero en los demás. Hablaba sabiamente de Dios, y dejaba altares de agradecimiento al Señor dondequiera que iba. 

En efecto, Abram era diferente: ¡tenía el amor de Dios en su corazón! Eso es lo que lo hizo destacar como una luz que brilla en la oscuridad. 

La Biblia dice: «Procuren ustedes que su luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que ustedes hacen, todos alaben a su Padre que está en el cielo» (Mateo 5:16, DHH). 

Con el amor de Dios en tu corazón, tú también puedes ser una luz que brille delante de la gente. Puedes sonreír a los demás, saludar, usar palabras cariñosas, mostrar bondad y hablarle a todo el mundo de tu mejor Amigo: Jesús. Cuando haces estas cosas, la luz de Dios brilla a través de ti. 

Quién sabe, quizá otros se den cuenta y quieran hacer de Jesús su mejor amigo también.


Sábado

Agentes secretos de Dios

(Nota: Tapa con una mano los dibujos de las abejas en las flores hasta que hayan leído el segundo párrafo). 

Dios creó muchas criaturas asombrosas. Bien sea que busques en una playa, en un bosque o en un desierto, puedes encontrar seres vivos que nos enseñan acerca de Dios. 

Dios creó ayudantes secretos en la naturaleza para que realizaran una misión especial: multiplicar y hacer crecer las flores, las frutas y las verduras. ¿Sabes cuáles son esas criaturas? Te doy varias pistas: tienen cinco ojos y seis patas. Sus alas aletean muy rápido, hasta 11.000 aleteos por minuto, y emiten un zumbido cuando vuelan. ¿Y sabías que hacen la miel? ¡Acertaste!. 

¡Las abejas son maravillosos agentes secretos de Dios! Si puedes, sal afuera y siéntate sin moverte. Fíjate si ves abejas cerca de algunas flores. Esas abejas hembra se llaman obreras. Salen de su hogar, la colmena, para recoger polen y néctar de las flores. También se encargan de construir, limpiar y proteger la colmena, y de criar a las crías. Su gran familia se llama colonia, y su líder es la abeja reina. La abeja reina tiene abejas macho que la ayudan, llamadas zánganos. 

Hay que tener cuidado con las abejas, porque cuando pican, ¡duele mucho! Pero tienen algo muy especial que enseñarnos. 

Las abejas son polinizadoras. Eso significa que van de flor en flor recogiendo néctar para llevarlo a la colmena y hacer la miel. Cada vez que una abeja se posa en una flor, el polen de la flor se les queda pegado a las patas y, al posarse en otra flor, pasan el polen de una flor a otra, como si fueran un agente secreto. Eso es lo que se conoce como polinización, y es lo que les da a las flores el alimento que necesitan para poder crecer y ser tan bonitas. La labor de las abejas de llevar el polen de un lugar a otro significa que tendremos las frutas y las verduras que necesitamos para vivir. 

Dondequiera que vayamos, podemos ser como las abejas y esparcir las bendiciones de Dios a otros. Cuando honramos a los demás, como hizo Abram, también somos obreros de Dios. Elige ser como una abeja, llevando el amor y la bondad de Dios por dondequiera que vayas.


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