Lección 11 de Primarios - Año A - Vivos en Jesús
ABRAM Y LOT
«Mi pueblo se saciará de mis buenos regalos. ¡Yo, el Señor, he hablado!» (Jeremías 31:14).
Generoso: Tener o mostrar más preocupación por los demás que por uno mismo. Busca formas de ser generoso esta semana.
La lección de esta semana se basa en Génesis 13; Patriarcas y profetas, cap. 12, pp. 125-127.
Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 1, pp. 149-151.
COMPAÑEROS CERCANOS
Durante todo el largo y agotador viaje desde Ur hasta la tierra de Canaán, Abram tuvo un amigo especial con quien viajó y a quien quería y cuidaba mucho. ¿Quién era este amigo? LEE GÉNESIS 12:4 (primera parte).
Antes de salir de Ur, Harán, el hermano de Abram, había muerto y había dejado a un joven muy triste sin padre. Su abuelo Taré tenía un vínculo especial con Lot, pues la Biblia nos dice que cuando Taré partió hacia Canaán, se llevó consigo a Abram, a su esposa Sarai y a su querido nieto (Génesis 11:31). El tío Abram y la tía Sarai no tenían hijos y seguramente estaban contentos de compartir su hogar con su sobrino.
Mientras recorrían el largo y polvoriento camino hacia su primer destino, el tío Abram le contó a Lot las historias del amor y el plan de rescate de Dios, y lo que sucedió en Babel cuando todos eligieron el egoísmo en lugar de decidirse por Dios. Cuando se establecieron en Harán por un tiempo, Abram le enseñó a Lot a ser un buen granjero y a cuidar de los animales. Quizás, incluso, le regaló a Lot su primer rebaño de ovejas.
La bondad de Abram hacia Lot, cuando este estaba totalmente solo, hizo que los dos se convirtieran en grandes amigos. Cuando llegó el momento de seguir adelante después de su primera parada, Abram se llevó consigo a Lot otra vez. Por fin llegaron juntos a Canaán. Aunque Lot ya era un hombre adulto, decidió establecer su hogar cerca de su tío y amigo Abram. Allí, Lot también «se había enriquecido mucho con rebaños de ovejas y de cabras, manadas de ganado y muchas carpas» (Génesis 13:5).
DE NUEVO EN MARCHA
Abram, Lot y la gran caravana de viajeros acamparon con entusiasmo en la tierra de Canaán. Sus ojos se deleitaban con la belleza que los rodeaba, mientras los animales disfrutaban del pasto abundante. Cuando las ovejas y el ganado ya habían comido bien en un lugar, Abram guiaba al grupo itinerante hacia otro arroyo fresco, donde acampaban porque había más pasto verde y abundante.
En cada nuevo lugar de acampada, Abram construía un altar para adorar al Dios del cielo junto con su familia. Cuando la ocupada caravana recogía todo y se trasladaba a nuevos pastos, el altar quedaba atrás como recordatorio del profundo amor de Abram por Dios.
Con el tiempo, había muchos altares en la tierra. Cada altar era una señal silenciosa para otros viajeros de que allí se había adorado y honrado a Dios. A veces, se sentían inspirados a detenerse a adorar también en los altares.
Entonces, un día, la tierra que había sido tan hermosa comenzó a cambiar. No llovía, por lo que el pasto se secó y se volvió quebradizo; además, los arroyos dejaron de correr. El ganado adelgazó, las ovejas balaban hambrientas y los siervos temían morir de hambre.
Abram era un buen líder que siempre ponía a Dios en primer lugar y luego a los demás. Estaba preocupado por su familia y sus animales. Mostraba amor y cuidado por su familia, tal como Dios quiere que mostremos amor y cuidado por los miembros de nuestra familia. Oraba por todos ellos y se aferraba a la promesa de Dios, «Te bendeciré» (Génesis 12:2). ¿Qué hizo Abraham? LEE GÉNESIS 12:10.
Impulsado por el amor por todo el campamento, Abram los llevó a todos al sur. Aun así, en su corazón sabía que los llevaría de vuelta a la Tierra Prometida tan pronto como terminara el hambre, cuando Dios se lo indicara.
GRITOS Y RIÑAS
De vuelta a salvo en la tierra de Canaán, las ovejas pastaban tranquilamente junto a arroyos de agua cristalina y el ganado gordo se deleitaba con el pasto fresco. Los pastores felices vigilaban los animales de su amo, y los siervos se esforzaban por atender las necesidades de las familias. La vida era buena para todos.
Abram se había hecho «muy rico en ganado, plata y oro» durante su estancia en Egipto (Génesis 13:2). De hecho, la casa de Abram se había hecho tan grande que ahora tenía alrededor de mil personas viviendo con él. Lot era dueño de su propio hogar, que también era enorme.
Entonces, un día, se oyeron gritos de enojo entre los pastores de las colinas y se escucharon palabras fuertes alrededor de las fogatas nocturnas. La insatisfacción se había estado gestando durante un tiempo y ahora brotó para perturbar la paz. ¿Cuál era el problema? LEE GÉNESIS 13:6.
Más animales, más oro y plata, más siervos, más pastores y más ganaderos era algo bueno, una bendición de Dios, ¡pero necesitaban más espacio!. Simplemente, no había suficiente pasto para alimentar a tantos animales y mantener a tanta gente. Los ánimos se encendieron y estallaron las peleas. Los pastores de Abram pensaban que su ganado debía tener prioridad; por su parte, los pastores de Lot querían los mejores pastos para sus propios rebaños. Esto era un dolor de cabeza para todos, ya que no sabían cómo resolver el problema.
Abram se enteró del problema y quedó cabizbajo. Los cananeos de la zona veían las peleas, los niños del campamento oían los gritos: los pastores y los ganaderos se peleaban....
Era necesario actuar, porque eso no era lo que Dios quería. Así que, como era su costumbre, Abram oró. Estaba seguro de que Dios le mostraría qué hacer para resolver el problema y poner fin a las peleas.
LA GENEROSIDAD DEL TÍO ABRAM
Se habían devorado hasta los tallos del pasto, el estómago de los animales hacía ruido y continuaban las furiosas reyertas mientras todos se empujaban para conseguir más espacio. Pero el problema estaba a punto de resolverse, pues Dios le había mostrado a su buen amigo Abram lo que debía hacer.
Al encontrar a su sobrino Lot en una colina alta, Abram comenzó a hablarle con amabilidad y gentileza: «No permitamos que este conflicto se interponga entre nosotros o entre los que cuidan nuestros animales. Después de todo, ¡somos parientes cercanos!» (Génesis 13:8).
Lot escuchó atentamente mientras Abram continuaba: «Escoge la parte de la tierra que prefieras, y nos separaremos. Si tú quieres la tierra a la izquierda, entonces yo tomaré la tierra de la derecha. Si tú prefieres la tierra de la derecha, yo me iré a la izquierda» (Génesis 13:9).
¡Qué generoso por parte del tío Abram! Al ser mayor y estar a cargo de la caravana, tenía todo el derecho a elegir la tierra que quisiera. Y qué amable y correcto habría sido por parte de Lot dejarlo elegir. Después de todo, ¿no había hecho mucho por él el tío Abraham? Con todo, Lot no pensó en eso.
En cambio, Lot miró con atención hacia el este, a la llanura del Jordán, y
la comparó con la tierra donde habían acampado. ¿Qué tierra eligió Lot? LEE
GÉNESIS 13:11.
Sonriendo con avidez, Lot contempló el verde y exuberante valle del Jordán y
supo que allí sus rebaños engordarían.
Pensó en las hermosas ciudades con mercados concurridos donde podría vender sus animales y sus bienes. ¡Sería un hombre rico! Fue así como devolvió la generosidad de Abram con egoísmo: Lot se mudó con su familia a la llanura del Jordán.
Abram se despidió con tristeza. Echaría de menos a Lot. Aun así, también se sentía en paz, pues sabía que había actuado desinteresadamente; había seguido el camino de Dios al dejar que Lot eligiera primero.
LA PAZ Y LA PROMESA
Descansando a la sombra de un roble frondoso, Abram contemplaba la llanura del Jordán que se extendía a sus pies. Se preguntaba cómo le estaría yendo a Lot allí. Quería mucho a su sobrino y lo echaba de menos.
Pero Abram también sabía que había hecho lo correcto al dejar que Lot decidiera dónde ir. La Biblia dice: «Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti» (Mateo 7:12). Aunque no viviera en la mejor tierra, vivir con paz y generosidad en su corazón era mucho mejor.
Mientras Abram contemplaba la llanura y pensaba en Lot, Dios contemplaba las colinas, y pensaba en Abram. Vio que el corazón bondadoso y generoso de Abram necesitaba ánimo, así que le habló. ¿Qué le dijo Dios a Abram? LEE GÉNESIS 13:14, 15.
¡Qué hermoso recordatorio de la promesa anterior de Dios! Cuando Dios la pronunció por primera vez, Abram no tenía ni idea de cómo sería la tierra, pero ahora sus ojos la veían con detalle... Era maravillosamente buena.
Entonces Dios le dijo: «Recorre toda la tierra en cada dirección, pues yo te la entrego» (Génesis 13:17). Imagina el consuelo que esto le produjo a Abram. Probablemente se puso de pie de un salto, tomó su bastón y comenzó a explorar más la belleza que rodeaba su campamento. Le llevaría un tiempo recorrer toda la tierra, pero podía empezar ese día, tal como Dios le había animado con amor.
EL AMIGO SATISFECHO DE DIOS
Contemplar el cielo nocturno era un hermoso recordatorio de la maravillosa promesa que Dios le había hecho a Abram. ¡Imagina tener millones y millones de descendientes que no se pueden contar! Por lo tanto, aunque él y Sarai no tenían hijos, Abram apreciaba la promesa de Dios y anhelaba el día en que comenzara a concretarse.
Luego, después de que Lot se mudó a las llanuras fértiles, Dios le dio a Abram un recordatorio diurno de la promesa. ¿Cómo dijo Dios que serían los descendientes de Abram? LEE GÉNESIS 13:16.
¿Alguna vez has visto las partículas de polvo moverse en un rayo de sol? ¿O cómo se desliza el polvo delante de la escoba al barrer el piso de la cocina? ¿O has visto una tormenta de polvo arremolinándose en un caluroso día de verano? ¡Ni siquiera el matemático más inteligente del mundo podría contar estas partículas de polvo! Las palabras de Dios acerca del polvo eran otra forma hermosa de decirle a Abram que muchas, muchas personas conocerían y amarían a Dios gracias a su fidelidad.
Abram sabía que estos descendientes brillarían desinteresadamente para Dios como las estrellas en el cielo nocturno. Y, al igual que las partículas de polvo que se mueven a la luz del sol, sus vidas mostrarían a los demás cómo es tener una amistad feliz con Dios.
Por lo tanto, si bien Abram no tenía las mejores tierras de Canaán, estaba satisfecho con tener a Dios como amigo y llevar la promesa de Dios en su corazón. Conocía de verdad la bendición de poner a los demás en primer lugar con una actitud desinteresada.
PON A LOS DEMÁS EN PRIMER LUGAR MIENTRAS EXPLORAS, ELABORAS Y HACES COSAS ESTE SÁBADO
La Biblia contiene sabias palabras que nos ayudan a vivir desinteresadamente. Piensa en este versículo cuando salgas a la naturaleza y compartas el sábado con otras personas: «No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes» (Filipenses 2:3).
PASEO POR LA NATURALEZA:
- Decidan en familia a qué lugar favorito saldrán a pasear.
- Mientras caminan, busca formas de darles el primer lugar. (Por ejemplo, que vayan delante para que tengan mejor visibilidad; alégrate cuando se detengan a mirar la naturaleza cuando ellos decidan; déjales elegir el mejor lugar para descansar; lleva agua y algo para comer).
- ¿Qué más podrías hacer para darles prioridad?.
PARA HACER:
- Piensa en los adultos de tu vida que te ponen en primer lugar. Por ejemplo, quienes te preparan la comida, te lavan la ropa o trabajan mucho para que tengas un hogar y comida. ¿Cómo puedes agradecerles? Quizá puedas preparar una comida sencilla, barrer, lavar los platos, ordenar la casa, ayudar a quitar las malezas del jardín….
- Crea un cupón en el que indiques lo que estás dispuesto a hacer. Puedes utilizar estas palabras:
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