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Primarios | Lección 1: Jesús, el Siervo | 2do Trimestre 2024 | Año A

Primarios | Lección 1: Jesús, el Siervo | 2do Trimestre 2024 | Año A

Lección 1 de Primarios
JESÚS, EL SIERVO


Primarios | Lección 1: Jesús, el Siervo | 2do Trimestre | Año A

Textos clave y referencias:
Juan 13:1-17;
El Deseado de todas las gentes, cap. 71, pp. 613-621.

Versículo para Memorizar:
“Pues si yo, el Maestro y el Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros”
(Juan 13:14).

Mensaje:
Mostramos el amor de Dios cuando servimos a los demás.



¡Algunas de las tareas que tienes que cumplir te desagradan tanto que te tienes que tapar la nariz? Jesús no fue tan orgulloso como para no hacer una de esas tareas en favor de sus discípulos. Más bien, deseaba mostrarles lo mucho que los amaba y cómo debían ellos servir a los demás.

Jesús y sus discípulos se habían reunido para celebrar la Pascua. Jesús sabía que aquella era la última vez que comería con sus discípulos antes de morir, y estaba preocupado. Todavía deseaba enseñarles muchas cosas y ya casi se le acababa el tiempo.
Sus discípulos se dieron cuenta de que algo importante estaba a punto de ocurrir. Pero ellos esperaban que Jesús tomara el trono y se convirtiera en el gobernante del país. Estaban esperando que Jesús estableciera su reino en la tierra. Y cada uno de ellos quería ocupar el mejor lugar en ese reino. Cada
uno de ellos creía que merecía la posición más importante.

Era costumbre en aquellos días, que un siervo lavara los pies de los invitados antes de cenar, especialmente en una cena tan importante como la de la Pascua. Y todo estaba listo en el lugar donde se habían reunido: la jarra, la palangana y la toalla. Todo, menos el siervo. La cena estaba lista para ser servida. Si alguien venía y les lavaba los pies, ya podían comenzar a celebrar la fiesta de la Pascua.

Todos esperaban en silencio. Los discípulos se sentían incómodos y ninguno de ellos miraba a los demás. Cada uno sabía lo que tenía que hacerse, pero ninguno lo iba a hacer. Cada uno pensaba: Yo no voy a hacer el trabajo de un siervo. Después de todo, merezco la posición más importante en el nuevo reino de Jesús. No me voy a arrodillar a lavar los pies de los demás.

Jesús sabía lo que estaban pensando sus discípulos. Desesperadamente quería enseñarles que su reino se basaba en el amor. La forma de mostrar su amor por los demás era darles abnegadamente el primer lugar a otros. Los discípulos de Jesús habían pasado tres años y medio con él, pero todavía no ha bían aprendido la lección más importante. La grandeza en el reino de Dios se alcanza por medio del
servicio humilde en favor de los demás.

Así que Jesús les dio un último ejemplo. Tranquilamente se levantó de la mesa y se quitó su manto. Se enrolló la toalla en torno a la cintura y vació agua en la palangana. Sin decir una palabra, comenzó a lavar los pies de los discípulos. No les dio un sermón. Simplemente hizo el trabajo que ninguno había querido hacer porque se creían demasiado importantes. ¿Te imaginas lo avergonzados que seguramente se sintieron?Él era su Maestro, el Hijo de Dios, el Creador del universo. Y estaba haciendo el trabajo de un siervo. Aquello era más de lo que Pedro podía soportar.


—Señor —le dijo—, ¿me vas a lavar los pies a mí?—Tengo que lavarte si quieres ser uno de mis fieles seguidores —le contestó Jesús.
Jesús les estaba lavando a sus discípulos algo más que el polvo de sus pies. Les estaba quitando de encima su orgullo y egoísmo. Les estaba enseñando a servirse los unos a los otros. Les estaba mostrando cómo acercarse a aquellos a quienes muy pronto les estarían predicando las buenas nuevas.


Jesús terminó de lavar los pies de sus discípulos y entonces se sentó. Luego les preguntó: —¿Entien den bien lo que he hecho por ustedes? Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado ejemplo. Deben hacer lo que yo he hecho. En otras palabras, Jesús estaba diciendo: “Sirvan a los demás”. No tengan temor de hacer algo que sea una muestra de mi amor.

La humildad es la señal de la verdadera grandeza. Aquella noche los discípulos aprendieron una lección que nunca olvidarían. Y Jesús quiere que nosotros también aprendamos esa lección. Desea ayudarnos a vivir una vida de servicio en favor de los demás. De esta forma la gente sabrá que somos amigos de Jesús.

Cuando Jesús terminó, hizo también otra promesa. Dijo: —No celebraré otro servicio como este hasta que lo haga con ustedes en el cielo.

 

 

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Dios les bendiga!!!

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