Lección 5 de Infantes
JOVEN, ¡LEVÁNTATE!
¿Alguna vez te has sentido muy triste por algo en particular? ¿Tan triste que lloraste? Así es como se sentía la madre de nuestra historia de hoy.
LUCAS 7:11–17;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, cap. 32, pp. 288-290.
“Dios ha venido en ayuda de su pueblo”
(LUCAS 7:16).
Servimos a Dios cuando ayudamos a las personas que están tristes.
Jesús caminaba de un
pueblo a otro para hablar acerca de Dios y sanar a los enfermos. Los
discípulos de Jesús lo acompañaban a todas partes, y también otras personas
que querían escuchar y ver lo que Jesús hacía; así que una gran multitud lo
seguía por dondequiera que iba.
Un día Jesús vino a un pueblo llamado Naín. En aquellos días las ciudades tenían murallas alrededor, con puertas para que la gente pudiera entrar y salir. Mientras Jesús se dirigía hacia la puerta del pueblo, vio personas que salían de la ciudad cargando un ataúd. Un joven había muerto y lo iban a enterrar fuera del pueblo. Su madre y una gran multitud seguían a los que llevaban el ataúd.
Jesús notó que la madre del joven lloraba. Vio que los acompañantes también lloraban. La madre era viuda, eso significaba que su esposo había fallecido. Ahora su único hijo también había muerto. Jesús se dio cuenta por qué ella estaba tan triste. Su esposo y su hijo habían muerto, y ahora estaba sola.
Jesús sintió compasión por aquella madre, y quiso hacer algo por ella. Se acercó y gentilmente le dijo:
“No llores”. Tocó entonces el ataúd. Cuando la gente lo vio haciendo eso, se detuvo. ¿Qué haría Jesús ahora?
Entonces Jesús dijo envoz alta: “Joven, a ti te digo: ¡levántate!” (Lucas 7:14). ¡La gente debe haberse sorprendido al escuchar lo que Jesús decía! Todos sabían que el joven estaba muerto, y los muertos no se pueden levantar.
Pero cuando Jesús habló, ¡el joven se sentó y empezó a hablar! Jesús se lo entregó a su madre.
¿Estaba feliz? ¡Por supuesto que lo estaba! ¡Ella dejó de llorar y empezó a alabar a Dios!
¡La gente estaba asombrada!
¡Habían visto un milagro!
¡Deben haber tenido la boca abierta por la sorpresa!
“¡Dios ha venido en ayuda de su pueblo!”, exclamaron.
Pronto todos regresaron a la ciudad, gozosos por el amor de Jesús.
¡La compasión de Dios es maravillosa! Y él nos pide a nosotros también que
ayudemos a la gente triste. Cuando veamos a alguien que esté enfermo,
atemorizado o se sienta solo, Jesús quiere que le digamos palabras bondadosas,
que lo escuchemos, que lo consolemos y que le demos un abrazo. Podemos amarlos
como Jesús lo hizo. Cuando lo hagamos, lo estaremos haciendo para Jesús.
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Dios les bendiga!!!
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