Lección 7 de Infantes
PERDIDA Y ENCONTRADA
¿Has perdido alguna vez un juguete favorito? ¿Buscaste en cada lugar donde pensabas que podía estar? Tu juguete favorito es como la moneda de la historia que contó Jesús.
LUCAS 15:8–10;
PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO, PP. 150–155.
“El Señor [...] me dijo: Con amor eterno te he amado”
(JEREMÍAS 31:3).
Somos importantes y valiosos para Dios.
Una mujer tenía diez
monedas de plata. Eran muy valiosas para ella, y por eso las cuidaba muy bien.
Un día se dio cuenta que le faltaba una. Solo para estar segura, volvió a
contarlas. ¡Era cierto, solamente había nueve!
Quizá aquella mujer vivía en una casa con piso de tierra cubierto con una capa de paja limpia. La casa únicamente tenía una pequeña ventana, así que estaba bastante oscuro dentro de la casa. Cuando se dio cuenta que su moneda estaba perdida, pensó que se había caído al piso. Estaba perdida en algún lugar ¡entre toda esa paja! Debido a que no había mucha luz en la casa, ¡sería muy difícil encontrarla!
Pero la moneda era muy valiosa para la mujer. Era especial porque se la habían dado cuando se casó. Para ella era muy importante encontrarla. Así que encendió una lámpara para que hubiera más luz, y entonces se puso a trabajar. Con mucho, pero mucho cuidado, sacudió toda la paja, esperando ver el brillo o escuchar el sonido en caso de que la moneda cayera al suelo. Luego, después que hubo sacudido la paja, la sacó fuera de la casa.
Cuando terminó de sacudir toda la paja y de llevarla afuera, se puso a barrer toda la casa cuidadosamente, observando atentamente para descubrir su moneda. Primero en una parte de la casa, luego en la otra parte, llevando su lámpara mientras se movía de un lugar a otro. Lenta y cuidadosamente, con mucho cuidado, barrió el piso, buscando su moneda.
¿Se veía algo que brillaba un poquito? Se inclinó para ver mejor e hizo a un lado la tierra. ¡Sí! ¡Allí estaba su moneda!
¡La había encontrado! ¡Estaba tan feliz! Corrió y les dijo a sus amigas y vecinas. “¡Mi moneda!
Encontré mi moneda perdida!”
Todas se alegraron con ella.
“Vengan —les dijo—, vengan a celebrar conmigo”.
Dios es como aquella mujer y nosotros como la moneda perdida.
Somos tan valiosos para Dios que no quiere que nos perdamos. Él nos buscará porque quiere que le pertenezcamos y que le ayudemos a buscar a otros niños y niñas, e incluso a sus madres o padres que no lo conocen. Él quiere que vivamos todos con él en el cielo para siempre.
Pronto, muy pronto, Jesús vendrá por nosotros para llevarnos a vivir con él. En el cielo nos sentaremos con Jesús y lo escucharemos relatar hermosas historias. El cielo será un lugar maravilloso para todos los que elijan pertenecer a Jesús.
📖 | L1 | L2 | L3 | L4 | L5 | L6 |
L7 | L8 | L9 | L10 | L11 | L12 | L13 |
Dios les bendiga!!!
Post A Comment:
0 comments:
Escribe tu comentario.