Lección 1 de Infantes
¡LEVÁNTATE, NIÑITA!
MARCOS 5:21–43;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, cap. 36, pp. 315, 316.
“Oro para que [...] goces de buena salud” (3 JUAN 2).
Servimos a Dios cuando oramos por los enfermos.
Jairo era un hombre destacado. Tenía un trabajo importante en la sinagoga. Pero eso no le importaba, y no le servía para solucionar su problema. Su hija estaba enferma, y nada ni nadie podía curarla.
Pero Jairo sabía que había una persona que podría ayudar. Había escuchado acerca de los milagros que Jesús hacía y que Jesús sanaba a los enfermos. Así que Jairo fue a ver a Jesús.
Jairo encontró a Jesús junto a muchas personas en la casa de Leví Mateo. Se abrió paso hasta donde estaba Jesús y cayó de rodillas a sus pies.
—Mi hijita está muriendo —exclamó Jairo—. Por favor, ven y pon tus manos sobre ella para que sane y viva.
La oración de ese padre tocó el corazón de Jesús. Inmediatamente Jesús salió
rumbo a la casa de Jairo.
Sin embargo, antes de llegar, un hombre vino
corriendo hacia ellos.
—Ya no molestes más a Jesús —le dijo el hombre a Jairo—. Tu hija murió hace unos minutos.
—No tengas temor —le dijo Jesús a Jairo sin hacer caso de la noticia—, tan solo cree. Cuando llegaron a la casa, la gente estaba llorando y lamentándose en voz alta. Jesús les dijo que salieran. Solamente les permitió entrar a la habitación a Jairo, a su esposa y a tres de sus ayudantes.
La niña estaba acostada en su cama. Sus ojos estaban cerrados. ¡Estaba muerta! ¡No respiraba! Jesús la tomó de la mano y dijo:
—Niña, a ti te digo, ¡levántate!
¡De inmediato la niña empezó a respirar! Sus ojos se abrieron. Se sentó y sonrió. Jesús también sonrió. Luego volviéndose a la mamá de la niña, le dijo:
—Denle algo de comer.
¡Jairo y su esposa estaban felices! Jesús había escuchado su petición de ayuda. Había venido, aun cuando todos decían que era demasiado tarde. Ahora su niña estaba saludable otra vez. Estaban muy contentos de haber pedido la ayuda de Jesús. Se sentían felices de haberlo escuchado. Estaban emocionados de tener a su niña viva y sana otra vez.
Jesús amaba a aquella niñita. Amaba a su mamá y a su papá. Estaba contento de escucharlos. Él te ama también a ti, y siempre te escucha cuando le hablas en oración.
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Dios les bendiga!!!
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