Lección 4 de Infantes
¡AHORA VEO!
Cuando sucede algo importante, ¿a quién se lo cuentas? Hace mucho tiempo le sucedió algo maravilloso a un ciego. ¿A quién crees que se lo contó?
JUAN 9:1–38;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, cap. 51, pp. 444-449.
“Lo único que sé es que yo era ciego, y ahora veo”
(JUAN 9:25).
Servimos a Dios cuando contamos a otros de lo que Jesús ha hecho por nosotros.
Un día Jesús vio a
un joven que había nacido ciego. El joven estaba sentado junto al camino,
pidiendo a los caminantes que le dieran un poco de dinero. Pero Jesús no le
dio dinero. ¡Le dio algo mucho mejor! Jesús escupió en la tierra, hizo un poco
de lodo con la saliva, y luego puso el lodo en los ojos del hombre.
—Ve, lávate en el estanque de Siloé —le dijo Jesús al hombre.
Así que el ciego fue al estanque y se lavó. Entonces, ¡sucedió algo asombroso! Tan pronto como se quitó el lodo de sus párpados, ¡pudo ver!
¡Imagínate lo feliz estaba! Imagínate lo sorprendida estuvo su familia cuando él llegó a la casa. Parecía una persona diferente. De hecho, los vecinos ni siquiera estaban seguros de que fuera el mismo hombre.
—¿No es este el mismo hombre que se sentaba a pedir limosna? —preguntaban—. Sí, es él —decía alguno.
—No, solo es alguien parecido a él —decían otros.
Este joven no podía esperar para contarles lo que Jesús había hecho por él.
—¡Sí, yo estaba ciego! —decía—. Yo nací ciego y nunca había visto, hasta hoy. El hombre que llaman Jesús hizo un poco de lodo y me lo puso en los ojos. Luego me dijo:
“Ve al estanque de Siloé y lávate”. Así que fui al estanque y me quité el lodo, ¡y ahora puedo ver!
Algunos vecinos llevaron al joven que había estado ciego, a los dirigentes judíos. Pero los dirigentes judíos no querían creer que Jesús le había dado la vista. Y no querían que nadie más dijera que Jesús lo había hecho ver. Así que mandaron a buscar a sus padres.
—¿Es este su hijo? —les preguntaron—. ¿El que dicen ustedes que nació ciego? ¿Cómo es que ahora puede ver?
Los padres del hombre tenían miedo de los dirigentes judíos y no querían contestar.
—Sabemos que él es nuestro hijo —dijeron—. Y que nació ciego. Pero cómo ve ahora, o quién abrió sus ojos, nosotros no los sabemos. Pregúntenle a él. Él puede hablar por sí mismo.
Pero este joven no tenía temor a los dirigentes judíos. Él estaba agradecido porque Jesús había hecho algo muy bueno por él, y no guardaría silencio. Habló a los dirigentes acerca del lodo, y de cómo se lavó en el estanque de Siloé. ¡Y lo expulsaron de la sinagoga!
Cuando Jesús escuchó que habían expulsado al hombre de la sinagoga, lo fue a
buscar. Por primera vez el hombre vio al que lo había sanado. Al ver la
sonrisa de Jesús, él también le devolvió una sonrisa. Luego el hombre se
arrodilló delante de Jesús y le agradeció por haberlo sanado. ¡Nunca olvidaría
ese día! Y nunca dejaría de contar a las personas acerca de la maravilla que
Jesús había hecho con él.
📖 | L1 | L2 | L3 | L4 | L5 | L6 |
L7 | L8 | L9 | L10 | L11 | L12 | L13 |
Dios les bendiga!!!
Post A Comment:
0 comments:
Escribe tu comentario.