Lección 7 de Infantes
¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?
¿Quién es tu prójimo? ¿Es la persona que vive en la casa de al lado? ¡Jesús dijo que ser un buen prójimo significa más que ser un buen vecino!
LUCAS 10:25-37;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, CAP. 54, PP. 469-475.
“Ama a tu prójimo como a ti mismo”
(LUCAS 10:27).
Dios quiere que mostremos amor a todos.
Un día Jesús estaba hablando con muchas personas. Un maestro de la ley que estaba entre la multitud le hizo una pregunta:
—¿Qué debo hacer para vivir eternamente?
—¿Qué dice la ley? —preguntó Jesús en forma amable.
—La ley dice: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y ama a tu prójimo como a ti mismo” —contestó el maestro.
—¿Pero, quién es mi prójimo? —preguntó el maestro. Entonces Jesús contó esta historia a la multitud.
“Un hombre estaba viajando de Jerusalén a la ciudad de Jericó”, comenzó diciendo. “Todos sabemos que es un camino muy peligroso. Desciende a través de las montañas donde no vive nadie. A los ladrones les gusta esconderse en las cuevas”.
La gente asintió con la cabeza. Todos sabían a qué camino se refería Jesús.
“Pues bien” dijo Jesús, “un grupo de ladrones atacó al viajero. Le quitaron sus ropas y lo golpearon. Le robaron su dinero y todo lo que llevaba consigo. Luego los ladrones lo dejaron tirado allí en el camino, casi muerto”. La gente volvió a asentir.
“Primero pasó un sacerdote” (un sacerdote es como un pastor), dijo Jesús. “Él vio al pobre hombre, golpeado y desangrándose. Pero el sacerdote hizo como que no lo veía, se volvió para mirar hacia otro lado, pasando al otro lado del camino.
“Un poco más tarde, pasó un levita” (los levitas trabajaban en el templo),
siguió diciendo Jesús.
“Escuchó al pobre herido que se quejaba de dolor.
¡El hombre estaba tan sucio y lleno de sangre! ¡Era un asco! El levita se tapó
la nariz y se alejó apresuradamente.
“No mucho tiempo después de eso, un samaritano, que iba montado en un asno, se acercó al lugar. El samaritano se apresuró a bajar de su asno y corrió a ver si podía hacer algo para ayudar.
“El samaritano se arrodilló al lado del hombre herido. Cuidadosamente lavó sus heridas y las cubrió con vendas. Luego ayudó al pobre viajero a montarse en el asno, y con cuidado guió al animal hacia el pueblo.
“El samaritano tomó al hombre herido y lo llevó al mesón. ‘Por favor, cuida de este hombre’, le dijo al mesonero. ‘Aliméntalo, y llama al médico para que lo cuide. Aquí te dejo este dinero. Y si gastas más de esto, te lo pagaré cuando regrese de mi viaje’”.
Entonces Jesús miró al maestro de la ley, y le hizo una pregunta.
—¿Cuál de aquellos tres hombres fue el prójimo del viajero?
El maestro, que sabía la respuesta, respondió:
—El que tuvo compasión de él.
—Exactamente —dijo Jesús con una gran sonrisa—. Ve, y haz tú lo mismo.
No importa qué aspecto tenga, cómo hable o cómo se vea, Jesús nos pide que
ayudemos a nuestro prójimo; cualquiera que necesite nuestra ayuda. Seamos como
el buen samaritano. Seamos como Jesús.
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Dios les bendiga!!!
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