Lección 9 de Infantes
UN DESFILE DE ALABANZA
¿Por qué cosas le das gracias a Jesús? ¿Cómo le muestras tu amor? Hace mucho tiempo que la gente lo alabó mediante un desfile, con hojas de palmas y con fuertes voces.
LUCAS 19:28-40;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, CAP. 63, PP. 537-546.
“¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!”
(LUCAS 19:38).
Adoramos a Jesús cuando lo alabamos.
Jesús y sus amigos se estaban aproximando a la ciudad de Jerusalén. De repente, Jesús se detuvo:
—Vayan a aquella aldea que está allá —dijo a dos de sus discípulos—. Verán un borrico atado. Nunca antes lo ha montado nadie.
Desátenlo y tráiganlo. Si alguien pregunta por qué lo desatan, digan: “el Señor lo necesita”.
Jesús necesitaba el borrico porque estaba a punto de cumplir lo que los profetas habían profetizado que haría el Mesías. “Mira, tu Rey viene hacia ti [...] justo, Salvador y humilde. Viene montado en un asno, en un pollino, cría de asna” (Zac. 9:9).
En aquellos días, los reyes llegaban a las ciudades montados en grandes caballos o mulas. Querían que todos supieran quiénes eran ellos, y que todos se sintieran impresionados. Jesús quería que todos supieran que él tambieen era un rey. Pero era un rey diferente y entró a la ciudad montado sobre un burrito. Jesús no quería que la gente tuviera miedo de él.
Los discípulos sabían que algo fuera de lo común iba a ocurrir. Así que se apresuraron a hacer lo que Jesús les había ordenado. Cuando entraron a la aldea, encontraron, un burrito joven, exactamente como Jesús les había dicho. Mientras ellos desataban al burrito, el dueño les preguntó por qué lo estaban desatando. Los discípulos respondieron: “Porque el Señor lo necesita”, como Jesús les había dicho que respondieran. Luego ellos se llevaron al burrito hasta donde estaba Jesús. No había montura, así que los discípulos pusieron sus mantos sobre el animal.
El camino a Jerusalén estaba lleno de gente. Los padres ponían a sus hijos sobre sus hombros para que pudieran ver a Jesús. Las madres se ponían de puntillas para poder ver. Había personas a quienes Jesús había sanado; personas que una vez habían estado ciegas, sordas, enfermas o inválidas.
La gente comenzó a quitarse sus mantos y a extenderlos sobre el camino delante de Jesús para que el burrito pasara sobre ellos. (Eso es lo que la gente hacía con los reyes en aquel tiempo.) La gente comenzó a gritar: “¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!”. La gente gritaba una y otra vez, y cantaba alabanzas a Jesús mientras caminaban.
Algunos de los líderes religiosos observaban. Ellos sabían que la gente estaba llamando a Jesús el Mesías, y no les gustó.
—¡Maestro! —le gritaron desde la orilla del camino—. ¡Ordénale a esta gente que no diga esas cosas!
Jesús miró con tristeza a los líderes religiosos. Él sabía que ellos no creían que él era realmente el Mesías. Ellos lo odiaban.
—¡No les puedo pedir eso!—respondió Jesús—. ¡Si la gente se calla, entonces las piedras que están al lado del camino gritarán!
Era hora de que todos supieran que Jesús era el Mesías; el enviado por Dios.
Había llegado el momento en que todos debían tomar una decisión. ¿Creerían en
Jesús?
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Dios les bendiga!!!
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