Lección 10 de Infantes
UNA CENA ESPECIAL
¿Quién te recuerda que te laves las manos antes de comer? Hace mucho tiempo, Jesús ayudó a sus amigos a lavarse antes de cenar, ¡pero él no estaba preocupado por las manos de ellos!
JUAN 13:1-17, LUCAS 22:15-19;
EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, CAPS. 71, 72.
“Y habiendo amado a los suyos [...] los amó hasta el fin”
(JUAN 13:1).
Alabamos a Jesús por mostrarnos su amor.
Pedro —dijo Jesús—, lleva a Juan contigo y vayan a la ciudad. Busquen a un hombre que lleva un cántaro con agua y pregúntenle dónde comeré la cena de Pascua esta noche.
Pedro y Juan obedecieron y se unieron a la multitud que iba hacia la ciudad.
Encontraron muy pronto al hombre que Jesús había mencionado. Él les mostró un
gran aposento alto donde todo estaba listo. Una mesa, sillas, lámparas, comida
sobre la mesa; todo estaba en su lugar. Incluso había un gran cántaro con
agua, una vasija y una toalla para lavar los pies.
Pero ¡algo faltaba! Por lo general un siervo lavaba los pies de todos antes de la cena especial. Pero no había un siervo. Cada uno de los ayudantes de Jesús esperaba que alguien le lavara los pies. Los polvorientos caminos y el calor habían hecho que sus pies se ensuciaran.
Pronto Jesús y el resto de los discípulos entraron al aposento alto. Todos se sentaron a la mesa. Pedro había decidido no decir nada en cuanto a la falta del siervo para lavarles los pies. El resto de los amigos de Jesús tampoco lo mencionó. Nadie estaba dispuesto a hacer el trabajo de un siervo.
Entonces Jesús se puso de pie. Sin decir una sola palabra, se quitó el manto. Se colocó la toalla en la cintura y puso agua en la vasija. Luego Jesús comenzó a lavar los pies de sus amigos. En silencio fue de uno a otro.
Los discípulos estaban avergonzados y permanecieron en silencio. Sabían que era el Hijo de Dios. ¡Reconocían que ellos debían haberle lavado los pies a él! Pero ninguno se dispuso a hacerlo.
Cuando Jesús terminó de lavarles los pies, se sentó.
—¿Entienden por qué les he lavado los pies? —les preguntó.
Los discípulos escucharon atentamente.
—Yo soy su Maestro y su Señor. Les estoy dando un ejemplo para que ustedes traten a los demás. Quiero que los sirvan y que hagan lo mismo que yo he hecho.
Jesús les sonrió mientras ellos inclinaban la cabeza. Los discípulos entendieron aquella lección que siempre recordarían.
Luego Jesús tomó algo de pan. Lo partió y entregó un pedazo a cada uno de sus amigos. Tomó la copa con el jugo de uva y la pasó a todos. Les dijo que el pan representaba su cuerpo y que el jugo de uva representaba su sangre.
—Hagan esto en memoria de mí. Cuando las personas se lavan los pies, comen el pan especial que representa su cuerpo, y beben el jugo de uva que representa su sangre, lo hacen para recordar la vida sin egoísmo de Jesús y su muerte en la cruz.
Él desea que sus discípulos sirvan a los demás con amor como él lo hizo. Desea
que nosotros también sirvamos a los demás con amor.
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Dios les bendiga!!!
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