Lección 6: “Acumulen tesoros en el Cielo” | Administrar para el Señor... | Escuela Sabática 1T 2023
Lección 6: Para el 11 de febrero de 2023
“ACUMULEN TESOROS EN EL CIELO”
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Génesis 6:5–14; Hebreos 11:8–13; 2 Corintios 4:18; Génesis 13:10–12; 32:22–31; Hebreos 11:24–29.
PARA MEMORIZAR:
“¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo pero pierde su vida? O, ¿qué puede dar el hombre por su vida?” (Mar. 8:36, 37).
Jesús nos dio la mejor estrategia de inversión del mundo cuando dijo: “No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y los ladrones socavan y roban. Sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni polilla ni óxido corroen, ni ladrones destruyen ni roban” (Mat. 6:19, 20). Jesús concluye su estrategia de inversión diciendo:
“Porque donde esté el tesoro de ustedes, allí estará también su corazón” (Mat. 6:21). En otras palabras: Muéstrame en qué gastas tu dinero, y te mostraré dónde está tu corazón, porque dondequiera que pongas tu dinero, tu corazón de seguro lo seguirá, si es que aún no está allí.
¿Quieres un corazón para el Reino de Dios? Si es así, entonces pon tu dinero donde recogerás recompensas eternas. Invierte tu tiempo, tu dinero y tu oración en la obra de Dios. Si lo haces, pronto te interesarás aún más en esta obra, y tu corazón también la seguirá. Esta semana repasaremos textos e ilustraciones que nos muestran cómo acumular tesoros en el cielo y, finalmente, cosechar una recompensa eterna.
Sábado
[La] obra de transferir nuestras posesiones al mundo de arriba, es digna de nuestras mejores energías. Es de la mayor importancia e implica nuestros intereses eternos. Lo que damos a la causa de Dios no se pierde. Todo lo que damos para la salvación de las almas y la gloria de Dios se invierte en la empresa de más éxito en esta vida y en la vida futura. Nuestros talentos de oro y plata, si los damos a los cambiadores, ganan continuamente en valor, lo cual se registrará en nuestra cuenta en el reino de los cielos. Nosotros seremos los receptores de la riqueza eterna que ha aumentado en las manos de los cambiadores. Al dar para la obra de Dios, nos estamos haciendo tesoros en el cielo. Todo lo que depositamos arriba está asegurado contra el desastre y la pérdida, y está aumentando en valor eterno y perdurable (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 342).
Cada cristiano es un administrador de Dios, que tiene a su cargo los bienes del Señor… Que todos los que pretenden ser cristianos obren sabiamente con los bienes del Señor. Dios está haciendo un inventario del dinero que les ha prestado y de las ventajas espirituales que les ha concedido. ¿Harán ustedes, como administradores, un inventario cuidadoso? ¿Harán un examen para ver si están empleando económicamente todo lo que Dios les ha encargado, o si están malgastando los bienes del Señor en gastos egoístas a fin de hacer ostentación? Ojalá que todo lo que se gasta inútilmente se depositara como tesoro en el Cielo…
Dios animará a sus mayordomos fieles que están dispuestos a dar el mejor aprovechamiento a todas sus energías y dones provenientes de él. A medida que todos aprendan la lección de rendir fielmente a Dios lo que le es debido, él, mediante su divina providencia, habilitará a algunos a presentar ofrendas riquísimas. Habilitará a otros a traer ofrendas menores, y tanto las dádivas pequeñas como las grandes son aceptables para él si se entregan con el solo deseo de glorificarlo (That I May Know Him, p. 220; parcialmente en A fin de conocerle, p. 219).
¿Qué puede compararse con la pérdida del alma humana? Es algo que cada uno debe decidir por su cuenta: si ganar los tesoros de la vida eterna o perderlo todo a causa de su descuido de hacer que Dios y su justicia ocupen el primer lugar en su vida. Jesús, el Redentor del mundo… observa con pesar al gran número de cristianos profesos que no le sirven a él sino a sí mismos. Difícilmente piensen en las realidades eternas, a pesar de que él les llama la atención a la preciosa recompensa que aguarda a los fieles que quieran servirle con sus afectos indivisos. Les muestra las realidades eternas. Les ruega que calculen el costo de ser un seguidor obediente y fiel de Cristo, y dice: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Mateo 6:24 (A fin de conocerle, p. 320).
Donde esté su tesoro, allí estará también su corazón. A quienes el Señor ha dado el talento de los medios están colocados bajo una pesada responsabilidad. No han de invertir el dinero simplemente para la gratificación de deseos egoístas, pues todo lo que sea gastado de esta manera es como si se hubiera sacado de la tesorería del Señor. Gracias a la soberana bondad de Dios, el Espíritu Santo obra por intermedio del instrumento humano, y lo mueve a hacer pequeñas o grandes inversiones en la causa de Dios, a fin de que reditúen para la gloria de Dios (Reflejemos a Jesús, p. 258).
NOÉ HALLÓ GRACIA
Vale la pena considerar que, a quienes buscan tesoros en el cielo, Dios los llama para hacer cambios importantes en su vida aquí, en la Tierra. Prepárate para enfrentar lo mismo, si es necesario.
Lee Génesis 6:5 al 14. ¿Qué cambios radicales sobrevinieron a Noé como resultado de obedecer a Dios? ¿Qué principios podemos encontrar aquí para nosotros mismos en un mundo que necesita que le advirtamos sobre el juicio inminente?
Noé podría haber invertido su tiempo y sus recursos para construir un hogar propio, pero eligió hacer un cambio drástico y pasar 120 años de esa vida siguiendo el llamado de Dios para construir el arca.
Muchos escépticos hoy en día descartan la historia del Diluvio como un mito que suele basarse en especulaciones científicas sobre las leyes conocidas de la naturaleza. Esto no es nada nuevo. “El mundo antediluviano razonaba que las leyes de la naturaleza habían sido estables durante muchos siglos. Las estaciones se habían sucedido unas a otras en orden. Hasta entonces nunca había llovido; la tierra había sido regada por una niebla o el rocío. Los ríos nunca habían salido de sus cauces, sino que habían llevado sus aguas libremente hacia el mar. Leyes fijas habían mantenido las aguas dentro de sus límites naturales” (PP 84).
Antes del Diluvio, la gente argumentaba que nunca podría haber un diluvio, sobre la base de una interpretación defectuosa de la realidad; después del Diluvio, sobre la base de una comprensión defectuosa de la realidad, argumentan que en principio nunca ocurrió. Como dice la Biblia: “Nada nuevo hay bajo el sol” (Ecl. 1:9).
Mientras tanto, la Biblia también dice que la gente será escéptica con los acontecimientos del tiempo del fin, como lo fue con el Diluvio (ver 2 Ped.3:3–7). Entonces, ¿cómo podemos prepararnos para la destrucción venidera? Hay una decisión consciente llamada “gratificación diferida”. Básicamente, esto significa que debemos hacer con paciencia la obra que Dios nos ha llamado a hacer con la esperanza de una recompensa futura más gloriosa. No sabemos cuándo regresará Cristo. En cierto sentido, eso no importa. Lo que sí importa es que, como Noé, hagamos lo que Dios nos pide entretanto, aunque, como con Noé, eso implique algunos cambios radicales en la vida.
■ ¿Cuán dispuesto estarías a hacer un cambio importante en tu vida para Dios si, al igual que Noé, fueras llamado a hacer precisamente eso? (Pista: ver Luc. 16:10.)
Domingo
Noé y su familia no estaban solos al temer y obedecer a Dios. Pero el patriarca era el más piadoso y santo de todos los hombres de la tierra, y a él preservó Dios para que llevara a cabo su voluntad al construir el arca y advertir al mundo acerca de su próxima condenación. Matusalén, el abuelo de Noé, vivió hasta el mismo año cuando ocurrió el diluvio; y hubo otros que creyeron en la predicación de Noé y le ayudaron en la construcción del arca, que murieron antes que las aguas de este cayeran sobre la tierra. Condenó al mundo por su predicación y su ejemplo al construir el arca.
Dios dio a todos los que querían la oportunidad de arrepentirse y volverse a él. Pero no creyeron en la predicación de Noé. Se burlaron de sus advertencias y ridiculizaron la construcción de aquel inmenso navío sobre tierra seca. Los esfuerzos del patriarca para reformar a sus congéneres no tuvieron éxito. Por más de cien años perseveró en sus intentos por conducir a los hombres al arrepentimiento y a Dios. Cada golpe que se daba en el arca equivalía a una predicación. Noé dirigía, predicaba y trabajaba, mientras la gente lo contemplaba con asombro y lo consideraba fanático (La historia de la redención, p. 65).
Los geólogos alegan que en la misma tierra se encuentra la evidencia de que esta es mucho más vieja de lo que enseña el relato mosaico. Han descubierto huesos de seres humanos y de animales, así como también instrumentos bélicos, árboles petrificados, etc., mucho mayores que los que existen hoy día, o que hayan existido durante miles de años, y de esto infieren que la tierra estaba poblada mucho tiempo antes de la semana de la creación de la cual nos habla la Escritura, y por una raza de seres de tamaño muy superior al de cualquier hombre de la actualidad. Semejante razonamiento ha llevado a muchos que aseveran creer en la Sagrada Escritura a aceptar la idea de que los días de la creación fueron períodos largos e indefinidos.
Pero sin la historia bíblica, la geología no puede probar nada. Los que razonan con tanta seguridad acerca de sus descubrimientos, no tienen una noción adecuada del tamaño de los hombres, los animales y los árboles antediluvianos, ni de los grandes cambios que ocurrieron en aquel entonces. Los vestigios que se encuentran en la tierra dan evidencia de condiciones que en muchos respectos eran muy diferentes de las actuales; pero el tiempo en que estas condiciones imperaron solo puede saberse mediante la Sagrada Escritura. En la historia del diluvio, la inspiración divina ha explicado lo que la geología sola jamás podría desentrañar. En los días de Noé, hombres, animales y árboles de un tamaño muchas veces mayor que el de los que existen actualmente, fueron sepultados y de esa manera preservados para probar a las generaciones subsiguientes que los antediluvianos perecieron por un diluvio, Dios quiso que el descubrimiento de estas cosas estableciese la fe de los hombres en la historia sagrada; pero estos, con su vano raciocinio, caen en el mismo error en que cayeron los antediluvianos: al usar mal las cosas que Dios les dio para su beneficio, las tornan en maldición (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 103, 104).
La voz del deber es la voz de Dios: un guía innato dado por el Cielo. Ya sea [que lo que hagamos] sea placentero o no, debemos realizar la tarea que está puesta directamente en nuestro camino. Si el Señor deseara que lleváramos un mensaje a Nínive, no le sería agradable que fuéramos a Jope o Capernaum. Dios tiene razones para enviarnos al lugar hacia el cual nuestros pies son dirigidos (En los lugares celestiales, p. 228).
ABRAM, EL PADRE DE LOS FIELES
Dios llamó a Abram para que dejara su tierra natal y su familia, y fuera a una tierra que él le mostraría. Así comenzó el linaje del Mesías. Aunque no se dan detalles, Abram tuvo que dejar su tierra natal y sus primeros años. Seguramente, no fue una decisión fácil, y sin duda renunció a algunos placeres y comodidades terrenales para hacerlo.
Lee Génesis 12:1 al 3. ¿Cómo fueron “benditas [...] todas las familias de
la tierra” como resultado de esta promesa y su aceptación?
Este fue un gran evento que cambió la vida de Abram y su familia. “Por la fe Abraham, cuando fue llamado por Dios, obedeció para salir al lugar que había de recibir en herencia; y salió sin saber a dónde iba” (Heb. 11:8). “La obediencia incondicional de Abraham es una de las más notables evidencias de fe de toda la Sagrada Escritura” (PP 118).
A la mayoría no le causaría ilusión dejar su patria y a sus amigos y familiares. Pero Abram estuvo dispuesto a hacerlo. Abram estaba satisfecho de estar donde Dios quería que estuviera. Por extraño que parezca, Abram, Isaac y Jacob nunca recibieron esa tierra en vida; no obstante, permanecieron fieles a Dios de todos modos.
Lee Hebreos 11:8 al 13. ¿Qué mensaje importante encontramos para nosotros aquí?
Los que vivían alrededor de Abram lo conocían como un príncipe. Era reconocido por ser generoso, valiente, hospitalario y siervo del Dios altísimo. Su testimonio de Dios era ejemplar. Por la gracia de Dios, nosotros somos herederos con Abraham. “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Por tanto, sepan que los que son de la fe, esos son hijos de Abraham” (Gál. 3:6, 7). “Y ya que son de Cristo, de cierto son descendientes de Abraham y, conforme a la promesa, herederos” (Gál. 3:29).
Con Abraham, como con Noé, vemos a alguien que toma una decisión importante que le cambia la vida como resultado de obedecer a Dios.
■ Lee 2 Corintios 4:18. El mensaje de este versículo ¿cómo debería impactar en el tipo de decisiones espirituales que tomamos? Moisés y Abraham, ¿cómo siguieron ese mismo principio?
Lunes
Cuando Abraham recibió el llamamiento a ser un sembrador de la simiente de verdad, se le ordenó: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”. Génesis 12:1. “Y salió sin saber dónde iba”. Hebreos 11:8. Así el apóstol Pablo, orando en el templo de Jerusalén, recibió el mensaje de Dios: “Ve, porque yo te tengo que enviar lejos a los gentiles”. Hechos 22:21. Así los que son llamados a unirse con Cristo deben dejarlo todo para seguirle a él. Las antiguas relaciones deben ser rotas, deben abandonarse los planes de la vida, debe renunciarse a las esperanzas terrenales. La semilla debe sembrarse con trabajo y lágrimas, en la soledad y mediante el sacrificio (Palabras de vida del gran Maestro, p. 19).
¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Santiago 2:21, 22…Hay una creencia que no es fe salvadora. La Palabra declara que los demonios creen y tiemblan. La así llamada fe que no obra por amor ni purifica el alma no justificará al hombre. “Vosotros veis —dice el apóstol—, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”. Santiago 2:24. Abraham creyó a Dios. ¿Cómo sabemos que creyó? Sus obras testificaron del carácter de su fe, y su fe le fue contada por justicia.
Necesitamos hoy la fe de Abraham para iluminar las tinieblas que nos rodean, que impiden que nos lleguen los dulces rayos del amor de Dios y que detienen nuestro crecimiento espiritual. Nuestra fe debiera ser fecunda en buenas obras, pues la fe sin obras es muerta. Cada tarea que realizamos, cada sacrificio que hacemos en nombre de Jesús, produce una recompensa enorme. En el mismo acto del deber Dios habla y nos da su bendición (Reflejemos a Jesús, p. 71).
Largo tiempo hemos esperado el retorno del Salvador, pero ello no quita seguridad a su promesa. Pronto estaremos en la patria prometida. Allí Jesús nos conducirá junto al vivo caudal que fluye del trono de Dios y nos explicará las obscuras providencias por las cuales nos hizo pasar en esta tierra para perfeccionar nuestro carácter. Allí contemplaremos con límpida visión las bellezas del Edén restaurado. Arrojando a los pies del Redentor las coronas que puso sobre nuestras cabezas y tocando nuestras arpas de oro, llenaremos todo el cielo con las alabanzas del que está sentado en su trono.
Todo lo hermoso de nuestra patria terrenal ha de recordarnos el río de cristal y los campos verdes, los árboles ondeantes y las fuentes de aguas vivas, la ciudad resplandeciente y los cantores vestidos de blanco de nuestra patria celestial, el mundo de una belleza que ningún pintor puede reproducir y que ninguna lengua humana puede describir. “Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman” (El hogar cristiano, pp. 493, 494).
LAS MALAS DECISIONES DE LOT
Cuando Abram dejó su tierra natal en respuesta al llamado de Dios, su sobrino Lot decidió acompañarlo en su peregrinaje. Génesis 13 registra que Dios bendijo a Abram hasta el punto en que “era riquísimo en ganado [la principal medida de riqueza en esa cultura], plata y oro” (Gén. 13:2). Lot también “tenía ovejas, vacas y tiendas” (Gén. 13:5). Ambos se hicieron tan ricos con sus extensos rebaños de ganado que no podían vivir juntos. Para evitar conflictos entre sus pastores, Abram le ofreció a Lot que eligiera dónde le gustaría vivir. Por supuesto, Lot debería haber mostrado deferencia por Abram, por ser mayor que él y porque su prosperidad derivaba de su vínculo con él. Sin embargo, no mostró gratitud por su benefactor y egoístamente pidió lo que consideraba la mejor tierra disponible.
Lee Génesis 13:10 al 12. ¿Qué factores racionales podrían haber llevado a
Lot a tomar la decisión que tomó?
Por más que Lot fácilmente podría haber justificado su decisión de mudarse a la ciudad, las cosas no resultaron tan buenas para él allí, y cuando Abram se enteró de lo que le sucedió, no dijo: “Bueno, qué mal, Lot: cosechas lo que siembras”, sino que acudió en su rescate (ver Gén. 14).
A veces, en nuestro afán de más cosas, no aprendemos bien la lección. ¡Lot volvió inmediatamente a Sodoma! Pero, en su gran misericordia, Dios envió mensajeros con advertencias para Lot y su familia, para hacerles saber de la destrucción inminente de estas ciudades.
Lee Génesis 18:20 al 33. ¿Cuál le dijo Dios a Abraham que era la razón de su visita a la Tierra? ¿Cuál fue la respuesta de Abraham ante la noticia de que Dios estaba planeando destruir estas ciudades inicuas?
Debido a la preocupación de Abraham por Lot y su familia, él negoció con Dios para salvar las ciudades, si se encontraban personas justas en ellas. Empezó con cincuenta y bajó a diez. En armonía con su carácter de amor, ¡Dios nunca dejó de conceder misericordia hasta que Abraham dejó de pedir! Dios y los dos ángeles liberaron personalmente a Lot, su esposa y sus dos hijas. Pero su esposa miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal. Lot entró en Sodoma siendo un hombre rico y salió casi con nada. Cuán cuidadosos debemos ser con el tipo de decisiones que tomamos, especialmente si solo pensamos en ganancias a corto plazo en contraste con el panorama general (ver Mar. 8:36, 37).
Martes
Lot escogió vivir en Sodoma porque vio que era ventajoso desde un punto de vista mundano. Pero después de haberse establecido y haberse enriquecido con tesoros terrenales se convenció de que había cometido un error al no haber considerado la situación moral de la comunidad en la que había establecido su casa (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 112).
[Lot] eligió una tierra que tenía una excelente ubicación y que prometía grandes ganancias. Como resultado de su elección, Lot entró rico y salió sin nada. Hay una enorme diferencia en el resultado final si una persona se coloca donde pueda recibir la mejor ayuda posible de las influencias correctas, o si prefiere elegir las ventajas temporales. Hay muchos caminos que llevan a Sodoma. Todos necesitamos colirio para poder discernir el camino que lleva a Dios (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1106).
Abraham había honrado a Dios, y el Señor le honró, haciéndole partícipe de sus consejos, y revelándole sus propósitos. “¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer?” dijo el Señor… Y el hombre de fe intercedió en favor de los habitantes de Sodoma. Una vez los había salvado mediante su espada, ahora trató de salvarlos por medio de la oración…
Con profunda reverencia y humildad rogó… Siendo él mismo pecador, intercedió en favor de los pecadores. Semejante espíritu deben tener todos los que se acercan a Dios. Abraham manifestó la confianza de un niño que suplica a un padre a quien ama. Se aproximó al mensajero celestial, y fervientemente le hizo su petición…
El amor hacia las almas a punto de perecer inspiraba la oración de Abraham. Aunque detestaba los pecados de aquella ciudad corrompida, deseaba que los pecadores pudieran salvarse. Su profundo interés por Sodoma demuestra la ansiedad que debemos experimentar por los impíos. Debemos sentir odio hacia el pecado, y compasión y amor hacia el picador (Conflicto y valor, p. 51).
La parábola del hombre rico y Lázaro muestra cómo son apreciadas en el mundo invisible las dos clases que se representan. No hay ningún pecado en ser rico, si las riquezas no se adquieren injustamente. Un hombre rico no es condenado por tener riquezas; pero la condenación descansa sobre él si los medios que se le han confiado son gastados egoístamente…
El dinero no puede ser llevado a la vida futura; no se necesita allí; pero las buenas acciones efectuadas en la salvación de las almas para Cristo son llevadas a los atrios del cielo. Mas aquellos que emplean egoístamente los dones del Señor para sí mismos, dejando sin ayuda a sus semejantes necesitados, y no haciendo nada porque prospere la obra de Dios en el mundo, deshonran a su Hacedor. Frente a sus nombres en los libros del cielo está escrito: “Robó a Dios”…
Cristo levantó el velo, y presentó el cuadro ante los sacerdotes y los gobernantes, los escribas y los fariseos. Contempladlo vosotros, los que sois ricos en bienes de este mundo, y no sois ricos en lo que a Dios respecta. ¿No contemplaréis esta escena? Aquello que es altamente estimado entre los hombres es aborrecible a la vista de Dios. Cristo pregunta: “¿Qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” Marcos 8:36, 37 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 210, 211).
DE ENGAÑADOR A PRÍNCIPE
Si bien era un joven que amaba y temía a Dios, Jacob se inclinó a conspirar con su madre, Rebeca, para engañar al padre y obtener su bendición. Como consecuencia, inició su vida adulta por mal camino, teniendo que huir o, quizás, enfrentar una muerte prematura. Rebeca le dijo a Jacob: “Huye a Labán [...]. Quédate algún tiempo con él, hasta que se calme el enojo de tu hermano, hasta que se aplaque la ira de tu hermano contra ti [...]. Entonces enviaré a traerte de allí” (Gén. 27:43-45). Jacob en realidad se fue por veinte años, y nunca volvió a ver el rostro de su madre.
Lee Génesis 32:22 al 31. ¿Qué ocurrió aquí con Jacob y qué lecciones
espirituales podemos sacar de esta historia sobre la gracia de Dios, aun
cuando tomamos decisiones equivocadas?
“Por su humillación, su arrepentimiento y la entrega de sí mismo, este pecador y extraviado mortal prevaleció ante la Majestad del Cielo. Se había asido con temblorosa mano de las promesas de Dios, y el corazón del Amor infinito no pudo desoír los ruegos del pecador.
“El error que había inducido a Jacob al pecado de alcanzar la primogenitura por medio de un engaño ahora le fue claramente manifestado. No había confiado en las promesas de Dios, sino que había tratado de hacer por su propio esfuerzo lo que Dios habría hecho a su tiempo y a su modo. [...] Jacob alcanzó la bendición que su alma había anhelado. Su pecado como suplantador y engañador había sido perdonado” (PP 197).
Lee Génesis 49:29 al 33. Aunque Jacob ya no tenía posesiones en Canaán, ¿qué instrucciones les dio a sus hijos con respecto a su entierro? ¿Quiénes también estaban enterrados en esa cueva? ¿Por qué crees que Jacob formuló este pedido?
La Biblia nos informa que los tres patriarcas y sus esposas están enterrados en la misma cueva. La confianza de Jacob en Dios era fuerte, y se consideraba un extranjero y un peregrino en la Tierra (ver Heb. 11:13). A pesar de los errores, se fue de casa con nada, pero regresó a Canaán como un hombre rico.
■ A pesar de nuestros errores, Dios todavía puede bendecirnos. Sin embargo, ¡cuánto mejor es evitar los errores desde el principio! ¿Qué decisiones enfrentas ahora y cómo puedes evitar equivocarte?
Miércoles
Rebeca se arrepintió amargamente por el mal consejo que dio a Jacob, porque gracias a eso tuvo que separarse de su hijo para siempre. Este se vio obligado a huir para salvar la vida de la ira de Esaú, y ella nunca más lo volvió a ver. Isaac vivió muchos años después de bendecir a Jacob, y se convenció, por la conducta de Esaú y Jacob, que la bendición realmente le correspondía a este último (La historia de la redención, p. 91).
El error de Jacob al recibir fraudulentamente la bendición que correspondía a su hermano recayó con fuerza sobre él, y por eso temía que Dios permitiera que Esaú le quitara la vida. En su angustia oró a Dios durante toda la noche. Se me mostró que un ángel estuvo de pie ante Jacob, y le presentó la verdadera naturaleza de su error…
El patriarca luchó con el ángel toda la noche para suplicar su bendición. Este parecía resistir sus oraciones recordándole continuamente sus pecados mientras trataba de alejarse. Pero él había resuelto aferrarse al ángel, no por la fuerza, sino gracias al poder de la fe viviente. En su angustia se refirió a su íntimo arrepentimiento, a la profunda humillación que había experimentado por causa de sus errores…
Cuando [el ángel] vio que no podía persuadir a Jacob, para convencerlo de su poder sobrenatural tocó su muslo que se dislocó inmediatamente. Pero el patriarca no quiso abandonar sus fervorosos esfuerzos por causa del dolor corporal… Su fe aumentó en fervor y perseverancia hasta el mismo fin, hasta el amanecer. Estaba dispuesto a no dejar ir al ángel antes de obtener su bendición (La historia de la redención, pp. 96, 97).
Requiere sacrificio entregarnos a Dios, pero es sacrificio de lo inferior por lo superior, de lo terreno por lo espiritual, de lo perecedero por lo eterno. No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere. Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar por nuestro medio los raudales de su amor y su poder. Por amarga y dolorosa que parezca esta entrega al corazón voluntarioso y extraviado, aun así nos dice: “Mejor te es”.
Hasta que Jacob no cayó desvalido y sin fuerzas sobre el pecho del Ángel del pacto, no conoció la victoria de la fe vencedora ni recibió el título de príncipe con Dios. Solo cuando “cojeaba de su cadera” (Génesis 32:31) se detuvieron las huestes armadas de Esaú, y el Faraón, heredero soberbio de un linaje real, se inclinó para pedir su bendición. Así el autor de nuestra salvación se hizo “perfecto… por medio de los padecimientos” (Hebreos 2:10), y los hijos de fe “sacaron fuerzas de debilidad” y “pusieron en fuga ejércitos extranjeros” (Hebreos 11:34). Así “los cojos arrebatarán presa” (Isaías 33:23), el débil “será como David” y “la casa de David como… el ángel de Jehová”. Zacarías 12:8 (El discurso maestro de Jesucristo, p. 56).
MOISÉS EN EGIPTO
Moisés se destacó durante los primeros años de la historia bíblica. La providencia divina le preservó la vida. Dios obró mediante una madre emprendedora y una hermana solícita. Cuando la hija del faraón encontró al bebé Moisés en la cesta de juncos, le pidió a su madre hebrea que lo cuidara y le pagó por ello. ¡Qué bendito desafío para una joven madre exiliada y esclava! Jocabed tuvo solo doce años para enseñar a su hijo a orar, a confiar en Dios y a honrarlo, y moldear su carácter para una vida de servicio. Durante años, Moisés fue entrenado en las cortes reales de Egipto. “Moisés fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios, y era poderoso en palabras y hechos” (Hech. 7:22). Cuando Moisés maduró como hombre, tomó una decisión consciente que cambió su vida y el curso de la historia.
Lee Hebreos 11:24 al 29. Piensa en lo que Moisés dejó atrás y lo que tuvo que enfrentar a cambio. Trata de contemplarlo desde su posición, antes de que tomara la decisión. ¿Qué dejaba y qué decidió aceptar al irse?
Egipto era una de las potencias más grandes del mundo antiguo en ese momento, si no la más grande. El río Nilo propiciaba una tierra tan fértil que Egipto, lleno de cosechas, era una nación rica y poderosa, y el mismo Moisés habría estado al frente de este reino. Es difícil imaginar cuán tentador debió haber sido para él el atractivo del mundo, el mundo de Egipto y todos sus tesoros, en sus primeros años. Seguramente, la adoración, los placeres, las riquezas, le habrán resultado tentadores. Sin duda, es probable que hubiese sido muy fácil justificar el hecho de quedarse en lugar de compartir su suerte con un grupo de esclavos despreciados.
Y sin embargo, ¿qué hizo? Como dice la Escritura, “eligió antes ser maltratado con el pueblo de Dios que gozar de los deleites temporales del pecado” (Heb. 11:25). Y ¿qué decir de las aflicciones? Una parte importante del libro de Éxodo trata de las luchas y las pruebas de Moisés, quien, incluso después de todo lo que pasó, no pudo cruzar a la Tierra Prometida (ver Núm. 20:12). Sin embargo, al final, todos sabemos que Moisés tomó la decisión correcta, aunque a veces debió haberse preguntado si realmente era así.
■ Desde una perspectiva mundana, Moisés debería haberse quedado en Egipto. Sin embargo, como cristianos, se nos ha dado una visión de la realidad que nos lleva mucho más allá de este mundo. Cuando el mundo nos tienta, ¿cómo podemos mantener el cuadro completo siempre ante nosotros? ¿Por qué es tan importante que lo hagamos?
Jueves
Moisés era un hombre inteligente. En la providencia de Dios, se le dio la oportunidad de capacitarse para una gran obra. Fue cabalmente educado como general. Cuando marchaba para hacer frente al enemigo, tenía éxito; y al volver de la batalla todo el ejército le cantaba alabanzas. A pesar de esto, constantemente recordaba que mediante él Dios se proponía librar a los hijos de Israel (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1113).
La fortaleza de Moisés radicaba en su relación con la Fuente de todo poder, el Señor Dios de los ejércitos. Moisés se levantó muy por encima de todo atractivo terrenal y confió plenamente en Dios. Consideró que pertenecía al Señor. Mientras tuvo que ver con los intereses oficiales del rey de Egipto, estudió constantemente las leyes del gobierno de Dios, y así fue creciendo su fe. Esa fe resultó valiosa para él. Estaba profundamente arraigada en el terreno de sus primeras enseñanzas, y la cultura de su vida debía prepararlo para la gran obra de liberar a Israel de la opresión…
Después de dar muerte al egipcio comprendió que no había entendido el plan de Dios, y huyó de Egipto para convertirse en pastor de ovejas. Ya no pensaba realizar una gran obra, lo que le permitió alcanzar gran humildad; se disipó la bruma que nublaba su mente, y disciplinó su intelecto para buscar su refugio en Dios (El Cristo triunfante, p. 100).
La fe de Moisés lo condujo a mirar a las cosas que no se ven, las cuales son eternas. Abandonó los espléndidos atractivos de la vida en la corte porque allí estaba el pecado. Abandonó los aparentes bienes presentes que solo podían conducir a la ruina y la destrucción. Los verdaderos atractivos, los eternos, tenían gran valor para él. Los sacrificios de Moisés, en realidad, no eran sacrificios. Para él era cambiar unos bienes presentes de aspecto engañoso por otros seguros, elevados e inmortales.
Moisés soportó la reprensión de Cristo porque la consideraba una riqueza mayor que todos los tesoros de Egipto. Creyó lo que Dios había dicho y no cedió a las influencias que querían desviarlo de su integridad valiéndose de reproches mundanos. Anduvo en la tierra como un hombre de Dios libre. En su alma guardaba el amor de Cristo, el cual, además de convertirlo en un hombre digno, añadió el brillo de las verdaderas gracias cristianas a la dignidad del hombre. Moisés anduvo por un peligroso y escarpado sendero. Sin embargo, miró las cosas invisibles y no flaqueó. Para él la recompensa era atractiva. También puede serlo para nosotros. Él estaba familiarizado con Dios.
Ante ustedes tienen la tarea de mejorar el resto de su vida reformando y elevando el carácter. Con la renovación del alma empieza una nueva vida. Cristo es el Salvador eterno. Aquello que pueda ser visto como difícil de abandonar se rendirá. Las palabras altivas y dictatoriales no serán dichas y así se obtendrá una preciosa victoria. La verdadera felicidad será el resultado de todas las negaciones y todas las crucifixiones del yo. Una vez que se ha obtenido una victoria, la siguiente es más fácil de conseguir. Si Moisés hubiera desaprovechado las oportunidades y los privilegios que Dios le prometía, habría desaprovechado la luz celestial y se habría convertido en un hombre vencido y miserable… El hombre tiene la luz y las oportunidades; si las aprovecha, vencerá. Mediante su vida pueden mostrar el poder vencedor de la gracia de Dios (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 338, 339).
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Dios honró su parte del pacto al bendecir a Abraham. Y Abraham honró a Dios al no acumular tesoros en esta Tierra. “La herencia que Dios prometió a su pueblo no está en este mundo. Abraham no tuvo posesión en la Tierra, ‘ni aun para asentar un pie’ (Hech. 7:5). Poseía grandes riquezas, y las empleaba en honor de Dios y para el bien de sus prójimos; pero no consideraba este mundo como su hogar. El Señor le había ordenado que abandonara a sus compatriotas idólatras, con la promesa de darle la tierra de Canaán como una posesión eterna; y sin embargo, ni él, ni su hijo ni su nieto la recibieron. Cuando Abraham deseó un lugar donde sepultar a sus muertos, tuvo que comprarlo a los cananeos. Su única posesión en la Tierra Prometida fue aquella tumba cavada en la peña en la cueva de Macpela” (PP 166).
A medida que transcurre nuestra vida, a veces nos sentimos inclinados a la riqueza y el ocio. Se necesita una fe fuerte para practicar la gratificación diferida. “El magnífico palacio de Faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirlo; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen que los hombres se olviden de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un Reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por fe una corona imperecedera que el Rey del Cielo colocará en la frente del vencedor. Esta fe lo indujo a apartarse de los señores de esta Tierra, y a unirse con la nación humilde, pobre y despreciada que había elegido obedecer a Dios antes que servir al pecado” (PP 252).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué ocurrirá con nuestras posesiones cuando Jesús venga? (Ver 2 Ped. 3:10.) De hecho, ¿qué les puede suceder incluso antes de que venga Jesús? (Ver Mat. 6:20.) ¿Por qué, entonces, es siempre importante mantener las cosas en su perspectiva correcta?
2. Jesús advirtió sobre “el engaño de las riquezas” (Mar. 4:19). ¿De qué está hablando? ¿Cómo pueden engañarnos las riquezas?
3. En clase, conversen sobre las formas en que Moisés podría haber justificado el quedarse en Egipto en lugar de dejar todo atrás para huir con un grupo de esclavos a un desierto árido. ¿Qué es lo que, en última instancia, debió haberlo llevado a decidirse?
Viernes
Cada día con Dios, “Firmes en la salvación”, 27 de marzo, p. 93;
La historia de la redención, “La fe que prevalece”, pp. 97-99.
"ADMINISTRAR PARA EL SEÑOR... HASTA QUE ÉL VENGA"
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Dios lo bendiga!!!
Lección 6
EL SÁBADO ENSEÑARÉ...
Parte I: RESEÑA
Noé es un ejemplo de alguien que hizo tesoros en el Cielo. Caminó con Dios y, por fe, invirtió sus recursos en construir el arca en tierra firme. Al advertir al mundo que escapara de la destrucción por el fenómeno de la lluvia, que no existía en ese entonces, Noé se salvó a sí mismo y a su familia, y heredó toda la Tierra (Gén. 6:14–18). Abraham también, al creer, partió sin saber a dónde iba, confiando en que provendría una multitud de su esposa estéril (Gén. 11:30; 17:16). Más adelante, Abraham tomó a su hijo unigénito y mayor tesoro para sacrificarlo (Gén. 22:9; Heb. 11:17). Moisés, un príncipe, renunció al reino porque entendió correctamente que sufrir por causa de Dios es más provechoso que las riquezas y los placeres terrenales (Heb. 11:24-27).
Pero el amor a las riquezas puede ahogar la Palabra en el corazón de la gente (Mat. 13:22). El ejemplo de Lot, que se fue a la próspera Sodoma, y el de Jacob, que utilizó el engaño para obtener la primogenitura, terminaron en pérdida y sufrimiento para ambos. Al arrepentirse, Lot se salvó y su nombre fue preservado entre los justos (2 Ped. 2:7). Posteriormente, algunos de sus descendientes fueron injertados en el linaje mesiánico (Gén. 19:30, 37; Rut 4:10; Mat. 1:5). Jacob, mediante súplica y llanto, se convirtió en Israel, y engendró la nación escogida (Ose. 12:4, 5; Gén. 32:28). Todos estos hombres vencieron por la fe, y en última instancia dedicaron todo a la causa del Señor. Nuestro corazón también debería mostrar la misma dedicación (Mat. 6:19–21).
Parte II: COMENTARIO
Tesoros para Dios
Jesús nos aconseja que acumulemos tesoros en el Cielo (Mat. 6:19, 20). Pero ¿cómo hacemos esto? Una forma es la inversión. Cuando invertimos en la iglesia y en la caridad, reconociendo estos aspectos del Reino de Dios en la Tierra, invertimos en el Cielo.
A. Invertir
“Estos tesoros terrenales son bendiciones cuando se usan debidamente. Los que los poseen deben comprender que Dios se los ha prestado y deben gastar gozosamente sus recursos para hacer progresar su causa” (TI 1:134).
1. El lugar donde están nuestros tesoros es un indicio de las lealtades y las prioridades de nuestro corazón (afecto, compromiso y preferencias) (Mat. 6:21). Los que aman el dinero nunca tendrán suficiente (Ecl. 5:10). Pablo nos advierte que este amor es la raíz de todos los males (1 Tim. 6:10). La forma en que usamos nuestro dinero es una prueba de fidelidad para la Eternidad (Luc. 16:10, 11). Pero, si nuestro dinero se invierte solo en empresas mundanas, estaremos amando las riquezas más que a Dios (Luc. 16:13). Dios quiere nuestro corazón (Prov. 23:26), y podemos ofrecérselo invirtiendo en su obra. Por lo tanto, estaremos haciendo “amigos” entre aquellos que nos recibirán en las “moradas eternas” (Luc. 16:9), donde estaremos amando y sirviendo a Dios, no a las posesiones (Luc. 16:13).
2. La comisión divina de proclamar la salvación a todas las naciones (Mat. 28:18–20) es extensa. Se requieren grandes inversiones.
En materia de pecado, el Cielo invirtió la sangre de Jesús en nuestra salvación. Jesús, el Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo (1 Ped. 1:18, 19), nos dio la promesa de que el Espíritu Santo permanecería siempre con nosotros, como garantía de nuestra redención (Efe. 1:13, 14). La sangre de los mártires fue una inversión preciosa derramada por la Palabra de Dios (Apoc. 6:9, 10). Los muertos en Cristo son inversionistas, que esperan una herencia que incluye el fin del pecado y la restauración de todas las cosas (2 Ped. 3:13; Apoc. 21:1–7).
Invertir nuestra vida y nuestras posesiones en la difusión del evangelio (Mat. 28:19), mediante la fe, es la forma segura de acumular tesoros en el Cielo.
B. Ejemplos de buenas inversiones
1. Invertir a pesar de la oposición
La oposición a la fe es externa a nosotros y nos llega en forma de persecución (2 Tim. 3:12) y de ataques de fuerzas espirituales malignas (Efe. 6:11, 12). Pero dentro de nosotros, la naturaleza humana produce lujuria y pecado, que conducen a la muerte (Sant. 1:14, 15). Eso es porque el corazón no regenerado no es del Padre sino del mundo (1 Juan 2:15, 16). Los ejemplos bíblicos señalan situaciones en las que parecía imposible que se cumplieran las promesas de Dios debido a la oposición interna y externa. Pero los fieles se mantuvieron firmes en hacer lo que Dios les ordenó, y prevalecieron.
2. Noé (Gén. 6)
Noé y su familia sintieron la presión social de ajustarse a las creencias prevalecientes, porque sus advertencias de destrucción venidera mediante una inundación de agua iban en contra del hecho de que nunca había llovido. Quienes tenían conocimientos científicos en esa época, contrarios a la predicción divina, los persiguieron y se burlaron de ellos. Pero la fe no siempre se basa en la ciencia o las evidencias, ni está siempre en consonancia con ellas.
El mundo que rodeaba a Noé no estaba errado en cuanto a las señales naturales. Simplemente, no creían en la revelación de Dios. Los antediluvianos ponían su tesoro (y corazón) en esta Tierra, y eso marcó la diferencia entre la vida y la muerte.
No basta con tener razón y estar en consonancia con la ciencia y la opinión pública; es necesario conocer y hacer la voluntad de Dios.
Noé y su familia también debieron de haber sufrido un gran estrés psicológico causado por la reacción predominante y el hecho de ser conscientes de la inminente destrucción del planeta. Noé pudo resistir la presión únicamente dando un paso de fe y obedeciendo de todo corazón la misión que Dios le diera.
3. Abraham (Gén. 12:1–9)
Abraham se enfrentó a lo desconocido, la separación de su familia y los peligros de la vida nómada, en su larga travesía. La evidencia “científica” estaba en contra de que se convirtiera en padre de una gran multitud, ya que pasaban los años y Sara seguía siendo estéril.
Una vez más, vemos un ejemplo de temor por dentro y de evidencias contrarias por fuera, que luchan contra la palabra empeñada por Dios. En última instancia, Abraham invirtió en la misión que Dios le dio. Hizo tesoros en el cielo, al invertir todo en la obra que Dios le dio; y llegó a ser padre de una gran multitud mediante el nacimiento milagroso de Isaac.
4. Moisés (Éxo. 3:1–4:16)
Moisés era tímido, pero fue a hablar con el máximo gobernante de la Tierra; sin ejército, Moisés fue a exigir la liberación de los esclavos. Sin comida ni agua, Moisés cruzó el desierto con más de un millón de hombres, mujeres, niños y animales. Con un simple bastón, Moisés realizó milagros sobrenaturales, para los que Dios le dio el poder. Al rechazar el trono de la superpotencia mundial, Moisés renunció a la mayor fortuna terrenal que alguien jamás podría desear, y acumuló así tesoros en el Cielo.
C. Ejemplos de malas inversiones
1. Desde el punto de vista psicológico, la gente da prioridad a la satisfacción inmediata de sus deseos y necesidades urgentes, o a aquellas necesidades y deseos que están ante sus ojos. En realidad, la esperanza que se demora desanima (Prov. 13:12). Por lo tanto, se requiere paciencia para esperar el cumplimiento de las promesas de Dios según su tiempo perfecto (Rom. 8:25). El ser humano tiende a buscar la gratificación instantánea, en su deseo de acelerar el cumplimiento de las promesas y la consecución de sus expectativas.
Jacob y Lot fueron miopes en ciertos momentos de su vida. Como resultado, se vieron obligados a soportar la pérdida hasta que entregaron todo a Cristo y aceptaron la misericordia divina.
No siempre tenemos una respuesta inmediata a nuestras oraciones, y las cosas no siempre son como nos gustaría. El siguiente consejo es apropiado en esos momentos: “Recorred el paso angosto de la fe. Confiad en las promesas del Señor. Confiad en Dios en medio de las tinieblas. Ese es el tiempo cuando se debe manifestar fe” (TI 1:156).
2. Dios decidió que Jacob se convirtiera en el heredero de las promesas del Pacto y las bendiciones que eran de Esaú por derecho de nacimiento. En lugar de confiar en la Providencia para eliminar los impedimentos para su destino, Jacob accedió al plan encubierto de su madre de mentir para robar la bendición de la primogenitura que pertenecía a su hermano (Gén. 27). Al margen del poder determinante de la fe, Jacob fue un oportunista imprudente, que se apresuró a alcanzar a toda costa el resultado que consideraba beneficioso. Después de Betel (Gén. 28:11–22), Jacob fue tocado y transformado por la visión de la escalera que conecta el Cielo y la Tierra (Juan 1:51). En su encuentro en Jaboc (Gén. 32:24-29), después de mucho llanto y súplica (Ose. 12:4, 5), recibió el nombre de Israel. El cambio de nombre conmemoraba su lucha libre con Dios y su resultado victorioso. La victoria de Jacob representa la experiencia de los salvos.
3. El ambicioso Lot persiguió la promesa de ganancias y beneficios. Eligió la ciudad sobre la mejor ruta comercial, con llanuras verdes y un gran mercado de consumo. Estableció su hogar en la malvada ciudad de Sodoma, y abandonó la vida nómada de Abraham (Gén. 13:10–13). Al final, Lot perdió todas sus posesiones materiales y parte de su familia. Como sus sueños de prosperidad se hicieron añicos, se vio obligado a huir a las montañas con sus dos hijas, debido a su decisión corta de miras (Gén. 19:15–30).
El llamado de Jesús permanece válido hoy: confiar en la providencia divina y acumular tesoros en el Cielo (Mat. 6:19-21). Invierte en la predicación del evangelio mientras todavía haya tiempo.
“Existe ahora una buena oportunidad para que usen su dinero para beneficio de la humanidad sufriente y también para el avance de la verdad” (TI 1:433).
Parte III: APLICACIÓN A LA VIDA
Pide a un miembro de la clase que lea en voz alta las citas siguientes. Luego analicen las preguntas en clase.
Fe y paciencia
“Muchos se tornan impacientes cuando no pueden saber el resultado definitivo de los asuntos. No pueden soportar la incertidumbre, y en su impaciencia rehúsan aguardar para ver la salvación de Dios” (PP 742).
La presión de las circunstancias llevó a Lot y a Jacob a buscar el éxito sin esperar el tiempo perfecto de Dios.
1. ¿Qué precauciones debemos tomar para que no nos ocurra a nosotros lo que les sucedió a Lot y a Jacob?
2. La paciencia para esperar en Dios, sin buscar ansiosamente la seguridad material, ¿cómo fomenta la fidelidad en los diezmos y las ofrendas?
Fe y obras
“Los que sigan aferrándose a su tesoro terrenal, y no dispongan en forma adecuada de lo que Dios les ha prestado, perderán su tesoro en el Cielo y también la vida eterna” (TI 1:161).
La salvación es por medio de la fe (Efe. 2:8–10).
1. ¿De qué manera la fidelidad en los diezmos, las ofrendas y la ayuda a los necesitados promueve la comunión con Dios y revela confianza en su providencia?
2. Nuestra fe, ¿cómo afecta la fidelidad en los diezmos y las ofrendas?
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