Lección 6 de Intermediarios
¡NADIE ME COMPRENDE!
¿Sentiste alguna vez como si todo tu mundo se estuviera desmoronando, y que aun las personas más cercanas a ti se habían vuelto contra ti? Y para empeorar las cosas sentías como si todos se estuvieran fijando en ti? ¡Bienvenido al mundo de Job! (Textos clave y referencias: Job 3-37; La educación, cap. 16, p. 137.)
Job 3-37;
La educación, cap. 16, p. 137.
“Ahora vemos de manera indirecta y velada, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces conoceré tal y como soy conocido”
(1 Corintios 13:12).
Nuestra falta de comprensión no cambia el amor que Dios siente por nosotros.
Cuando Satanás terminó sus ataques contra Job, este lo había perdido todo: su hogar, su ganado, su riqueza y sus hijos; y ahora también había perdido su salud.
Job estaba cubierto de llagas pestilentes.
Un día, tres de los amigos de Job, Elifaz, Bildad y Zofar, fueron a visitarlo en el basural de la ciudad, donde permanecía sentado todo el día.
Estuvieron sentados con él en silencio durante una semana. Puesto que Job era mayor que ellos, debían esperar que él hablara primero antes de dirigirle la palabra.
Job habló finalmente:
—Perezca el día en que nací. No lo recuerde Dios. ¡Ojalá hubiera muerto cuando nací!
Elifaz no se contuvo y dijo:
—Tal vez te vas a enojar conmigo, pero hay algo que debo decirte. Has hecho tantas cosas buenas en tu vida. Has pronunciado consejos sabios para mucha gente cuando estaban enfermos o afligidos; pero ahora tú eres el que está sufriendo. No puedes hacer frente a los problemas en tu propia vida, y solo deseas encontrar la manera de salir. En mi opinión, tal vez has hecho algo que ha enojado a Dios. Debieras pedirle perdón y entregarle tus problemas.
—¡Vaya amigo que tengo! —dijo Job—. No necesito que me digas que hice algo que ofendió a Dios. Me estoy muriendo, y lo único que se te ocurre es decir cosas contra mí, de las cuales ni siquiera estás seguro.
Entonces Bildad intervino diciendo:
—Tal vez fueron tus hijos quienes no obedecían a Dios. Pero si no hubieras hecho nada malo, esto no te habría acontecido.
¿Qué decían nuestros abuelos? Nos decían que las plantas necesitaban agua para vivir. Es lo mismo para nosotros. Sin Dios nos marchitamos y perecemos sin esperanza. Si solo confiesas tus pecados, Dios te devolverá la felicidad.
—Sé lo que estás diciendo—contestó Job—. Pero todavía no entiendes. No importa lo que haga para convencerte, sigues diciendo que Dios ha permitido que me ocurran estas cosas horribles porque soy malo. No creo eso. No hice ninguna cosa para acarrear tanta desgracia sobre mí.
—¡Yo me doy por vencido! —exclamó Elifaz—. Es imposible que hagamos cambiar de parecer a Job. No nos escuchará. De modo que los tres amigos guardaron silencio.
Un hombre más joven llamado Eliú había escuchado la plática. Debido a su edad no había querido intervenir hasta que todos hubieran terminado de hablar.
—Escuché todo lo que dijeron —dijo—. Ninguno de ustedes ha demostrado que Job esté equivocado.
Quiero decir algo a Job. Deseo que me escuche y después podrá contestar: Job, tú y yo somos iguales delante de Dios. Insistes en decir que eres inocente y que Dios no ha sido justo. Dices que no escucha tus oraciones. ¿Acaso no comprendes que Dios a veces usa acontecimientos como este para ponerte en línea con su voluntad? No sabemos lo que Dios piensa. Pero sabemos que siempre es justo. No podemos adivinar las intenciones de Dios.
Ninguno de estos hombres sabía lo que había sucedido entre Dios y Satanás. Cada uno comprendía solo un poquito acerca de Dios, y aun lo que sabían no podían entenderlo totalmente. Pero Dios los conocía y los amaba.
Sabía que podría ayudarles a comprender la totalidad de la situación cuando
llegara el momento debido.
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Dios les bendiga!!!
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