Lección 8 de Intermediarios
EL FINAL DE LA HISTORIA DE JOB
¿Has tenido alguna experiencia tan fantástica que neutralizó algo malo que te había sucedido? Eso es lo que sucedió a Job al final de su historia. Imaginemos que Hiram y Job platican sobre lo que sucedió.
Job 42;
Profetas y reyes, cap. 13, pp. 116, 117; La educación, cap. 16, p. 137, 138.
“De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos”
(Job 42:5).
Dios hace todo lo que está a su alcance para ayudar nos a conocerlo.
—Hiram —dijo una voz profunda—, ¿qué trae hasta aquí a mi nieto favorito?
Hiram se paró frente a su abuelo para saludarlo.
—Job, eso ya no sirve más —dijo la abuela—. Hiram es lo suficientemente grande para saber que así les decimos a todos nuestros nietos.
—Muy bien —dijo Job, abrazando y palmeando en la espalda a Hiram—, entonces ¿qué trae a mi nieto mayor hasta aquí?
—Necesito algo de sabiduría —contestó Hiram.
—Así que viniste a ver a tu abuela —dijo Job sonriendo.
—Lo que sucede es que habíamos estado hablando de ti —informó la abuela.
—Y de mi mamá —añadió Hiram—. Ella dice que mis amigos son como fueron los tuyos.
—Oooh —dijo Job—. Entonces es mejor que me calle la boca.
—No, abuelo —dijo Hiram—. Quiero saber lo que ella quiere decir. Cuéntame lo que sucedió. La abuela llegó a la parte en la que Dios te estaba hablando.
—Entonces es mejor que te sientes —aconsejó Job— porque nos va a llevar un buen rato.
—Bueno, creo que es mejor que me vaya —dijo la abuela—. Si decides regresar a casa, Hiram, tengo algo para que le lleves a tu mamá.
—Está bien, abuela. Así lo haré —dijo Hiram, y se volvió hacia su abuelo, y le dijo: —Bueno, cuéntame que pasó después que escuchaste a Dios.
—Yo estaba convencido de que Dios obraba con justicia y que era el poder más grande que existía en el universo. Yo sabía que él conocía mi manera de pensar, pero de todos modos sentía que debía pedirle perdón. Sabía que había hecho mal al sentarme durante días a escuchar y tratar de razonar con gente que no conocía a Dios en la forma como yo lo conocía.
—¿Qué sucedió después de que pediste perdón?
—Dios les dijo a mis amigos que tendrían que arrepentirse por haberme criticado y por haberlo juzgado a él —explicó Job—. Debían traer siete becerros y siete ovejas para que yo los sacrificara. Luego debían pedirme que yo orara a Dios en su favor para que los perdonara.
—Si hubieran sido mis amigos los que me hicieron eso, no estoy seguro de que los habría podido perdonar y mucho menos interceder por ellos delante de Dios —dijo Hiram—. Solo habría deseado que se fueran y me dejaran tranquilo.
—Por eso Dios es Dios y tú no lo eres —dijo Job—. Dios nunca nos abandona, a menos que por nuestras palabras y acciones se lo estemos sugiriendo. Nunca nos echa de su presencia. Nosotros nos alejamos de su lado. Él no nos abandona aunque no lo comprendamos.
—¿Pero cómo puede ser tan paciente? —quiso saber Hiram.
—La paciencia es un ingrediente del carácter de Dios —explicó el abuelo—. Él desea que lo conozcamos. Desea ser nuestro amigo. Por eso hace todo lo posible para que lo comprendamos.
—Entonces pediste perdón a Dios. Le pediste que también perdonara a tus amigos. ¿Y qué sucedió a continuación?
—Dios hizo algunas cosas maravillosas —dijo el abuelo—. Me sanó. No dejó ni siquiera una cicatriz en mi cuerpo.
—¡Eso debe haber sido maravilloso! —comentó Hiram.
—Así fue. Había estado sufriendo de mucho dolor y las llagas cubrían todo mi cuerpo. Después que me sané, todos mis hermanos y hermanas hicieron una fiesta en mi honor. Todos los amigos que había tenido vinieron a verme. Cada uno me dio un regalo para que volviera a comenzar.
—Esos son buenos amigos. No estoy seguro de que los míos hubieran hecho eso por mí —comentó Hiram—. Pero finalmente conseguiste más de lo que habías perdido.
—Así es —reconoció el abuelo—. De otro modo no estarías aquí escuchándome. Mis primeros hijos eran irreemplazables, pero me alegro de que Dios nos dio a tu madre, tus tíos y tías, y además, tus primos y a tí.
Tanto el abuelo como Hiram se rieron.
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Dios les bendiga!!!
Muchísimas gracias por compartir tan valiosos materiales. Dios los bendiga.
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