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Intermediarios | Lección 11: Tres magos y un Mesías | 4to Trimestre 2024 | Año A

Intermediarios | Lección 11: Tres magos y un Mesías | 4to Trimestre 2024 | Año A
Intermediarios | Lección 11: Tres magos y un Mesías | 4to Trimestre | Año A

Lección 11 de Intermediarios

TRES MAGOS Y UN MESÍAS

 

¿Has ido alguna vez a un lugar que no conocías? Los magos se encontraban en esa situación mientras buscaban a Jesús. Casi lo único que sabían era que se trataba de un rey. Aunque su viaje sería largo, su objetivo era encontrarlo y adorarlo.


Texto y clase de referencias:
Mateo 2:1-12;
El Deseado de todas las gentes, cap. 6, pp. 43-49.
Versículo para memorizar:
“¡Alaben al Señor, proclamen su nombre, testifiquen de sus proezas entre los pueblos! ¡Cántenle, cántenle salmos! ¡Hablen de sus maravillosas obras!”
(1 Crónicas 16:8).
Mensaje:
Adoramos a Jesús al darle regalos.

 

—¡Eso debe ser! —exclamó Gaspar.

—Estoy seguro que es —replicó Melchor, su compañero de viaje.

—Por fin —dijo el otro mago—. ¡Pensé que nunca llegaríamos!

Los magos habían dejado sus hogares varios meses antes para ir en busca del nuevo Rey.

Habían viajado cientos de kilómetros para llegar a ese extraño país. Ahora Jerusalén estaba ante ellos. ¿Encontrarían al Rey en ella? Las profecías que habían estudiado y las señales que habían visto en el cielo durante meses así parecían indicarlo. Todo señalaba que se había producido el nacimiento de un rey, y ellos se habían propuesto adorarlo.

—Me parece que debiéramos ir directamente al templo —dijo Melchor a los otros—. Seguramente los sacerdotes saben dónde encontrar al Rey.

Poco después salieron frustrados del templo.

—¡Qué pérdida de tiempo —dijo Melchor—. ¿Cómo es posible que no sepan de su propio Rey?

Los tres montaron sobre sus camellos y recorrieron las calles preguntando a todos acerca del niño Rey. Todos movían la cabeza y se encogían de hombros. Al atardecer los alcanzó un soldado a caballo y les dijo que el rey Herodes deseaba verlos.

Sin que los magos lo supieran, Herodes había oído acerca de sus indagaciones. Había llamado en secreto a los principales sacerdotes para preguntarles dónde debía nacer el Cristo. Ellos le informaron que Belén era el lugar.


Cuando llegaron, Herodes pareció hacerles cientos de preguntas. Finalmente les dijo:

—Vayan a Belén y pregunten por el niño. Cuando lo encuentren, háganmelo saber para que también yo vaya y lo adore.

Los magos accedieron y ese mismo atardecer partieron rumbo a Belén.

—Queda a solo ocho kilómetros de aquí. Si nos apuramos podemos llegar antes de que oscurezca.

—Según los sacerdotes, nadie habla del nacimiento del Rey.

Los magos estaban confundidos al ver que los propios judíos no tenían información acerca de su propio Rey. Era verdaderamente un pueblo extraño.

Pensaron que tal vez habían cometido algún error de cálculo, pero llegaron a la conclusión de que no había sido así. Después de todo, habían estudiado cuidadosamente las profecías. Sabían que el niño Rey había nacido y ellos lo adorarían.

—¡Miren! ¡Ahí está la estrella nuevamente!

El grupo apuró sus camellos. El niño que buscaban estaba al otro lado de esas colinas. Su larga búsqueda por fin estaba llegando a su final.

 —¡Ahí está la casa!

—Me admira que no haya una muchedumbre frente a la casa.

Había un hombre en la puerta y se preparaba para cerrarla. Si lo hacía, tendrían que esperar hasta la maña na siguiente para encontrar el objeto de su búsqueda.

Melchor bajó del camello y se aproximó al hombre.

—Discúlpeme, pero hemos venido de muy lejos en busca del nuevo Rey. ¿Se encuentra aquí? Si está, nos gustaría entrar para adorarlo.

—Tengan la bondad de pasar —los invitó—. Mi nombre es José.

—Somos Melchor, Gaspar y Baltazar—dijo Melchor.

—Traigan los regalos —ordenó Melchor a los servidores.

Cuando los magos entraron en la casa, supieron de inmediato que José y María eran pobres.

—¿Cómo puede un rey vivir aquí? —pensó Baltazar.

—Ésta es mi esposa, María —dijo José poniendo la mano sobre el hombro de la joven mujer que tenía una criatura en los brazos.

—Y éste es nuestro hijo Jesús —dijo María y sentó al niño en su falda para que todos pudieran verlo. El niño los miró con ojos grandes. Los magos lo contemplaron con amor y se pusieron de rodillas para adorarlo. ¡Ese era el Rey!

—Les ruego que acepten estos humildes obsequios —dijo Melchor.

—Le hemos traído oro, incienso y mirra. Eso es lo mejor que tenemos, pero ni siquiera esto es digno de este gran Rey.

 

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Dios les bendiga!!!

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