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Intermediarios | Lección 5: Dios sometido a juicio | 4to Trimestre 2024 | Año A

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Intermediarios | Lección 5: Dios sometido a juicio | 4to Trimestre | Año A

Lección 5 de Intermediarios

DIOS SOMETIDO A JUICIO

 

¿Te has encontrado alguna vez en medio de una disputa o polémica? ¿Cómo te sentiste?Esta semana consideraremos una polémica en el cielo y el asombroso resultado que produjo.


Texto y clase de referencias:
Job 1; 2; La educación, cap. 16, pp. 137, 138; El conflicto de los siglos, cap. 37, p. 575.
Versículo para memorizar:
"Y después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables”
(1 Pedro 5:10).
Mensaje:
Dios nos ama y siempre nos protege.

 

Había llegado el momento de realizar un concilio celestial con todos los hijos de Dios. A Dios le agradaban esos concilios, pero esta vez las cosas se complicaron porque un ángel le informó que entre los asistentes había alguien que no había sido invitado. Era Satanás, quien se había autodenominado Príncipe de la Tierra y exigía que lo admitieran al concilio.

—Déjenlo que entre —ordenó Dios—. Veamos qué desea.

El mensajero permitió que Satanás entrara al concilio. Los demás asistentes miraron con curiosidad a ese personaje que se había ubicado junto a Dios. Él era el que había provocado una guerra en el cielo. 

Ahora había vuelto porque deseaba ver a Dios.

—¿De dónde vienes? —preguntó Dios.

—He recorrido toda la tierra —fue la respuesta.

—¿Has encontrado en tus viajes a mi amigo Job? —quiso saber Dios—. Es un amigo leal y honrado. Un amigo verdadero. No quiere tener nada que ver con el mal.

—Claro que es tu amigo. Pero eso es porque le has dado solamente cosas buenas. Si él tuviera algunas dificultades no sería tan buen amigo —dijo Satanás.

—Está bien —repuso Dios—.Te doy permiso para que pongas a prueba a Job. Puedes ejercer control total sobre las cosas que posee, pero te prohíbo que toques su vida.

—De acuerdo —aceptó el enemigo de Dios—. Ya verás lo rápido que Job se aleja de ti.

—Eso ya lo veremos —repuso Dios. Satanás no perdió tiempo.

Un día Job se encontraba en su casa y pensaba en lo agradecido que estaba a Dios por todo lo que tenía: casas, tierras, ganado, buena salud y familia. Repentinamente un mensajero llegó corriendo y exclamó:

—Amo, lamento traerte esta mala noticia. Un grupo de bandidos robaron tu ganado y dieron muerte a todos tus siervos, y yo solo he quedado.

Antes de que el primer siervo terminara su informe, llegó otro. Le dijo: 

—¡Señor, fue horrible! —dijo él—. Cayó fuego del cielo y todas tus ovejas y siervos murieron quemados. Solo yo me salvé.

En eso entró un tercer mensajero, también con malas noticias. Job pensó que eso era el colmo.

—Señor, te traigo noticias terribles —le dijo—. Todos tus hijos e hijas tenían una fiesta en la casa de tu hijo mayor. De pronto se produjo un fuerte viento del desierto y derribó la casa. ¡Todos murieron! Solo yo escapé.


Job, hasta ese momento, no había dicho ni hecho nada. Esta vez manifestó su aflicción. Rasgó su ropa y se afeitó la cabeza en señal de pesar y aflicción. Después se postró en tierra y adoró a Dios.

Satanás, que había estado observando con regocijo lo que sucedía, cambió de expresión cuando vio la reacción devota de Job, quien no había renegado de Dios. Prometió cambiar eso en la próxima reunión del concilio celestial.

Dios estaba preparado para la llegada de Satanás, aunque este no había sido invitado. 

—Job es un hombre intachable y justo. Él me ama y odia todo lo que tenga que ver con el mal. Y aunque trataste de inducirlo a decir cosas malas contra mí, él prefirió adorarme.

—No fue una prueba justa —dijo Satanás—. Un hombre está dispuesto a perder todo lo que posee para salvar su vida. Permite que le haga daño. Cuando esté acosado por el dolor, entonces te maldecirá.

—Está bien —aceptó Dios—. Pero no le quites la vida.

—Conforme —consintió el maligno.

Satanás hizo que todo el cuerpo de Job se cubriera de horribles llagas que le producían insoportable picazón y dolor. Job permanecía sentado por horas en la ceniza para mitigar la comezón. También lamentaba la pérdida de sus hijos.

—¿Todavía tienes la intención de alabar a Dios? ¡Maldícelo de una vez y muérete! —le dijo finalmente su esposa.

Pero Job no quiso culpar a Dios. En cambio le preguntó a su esposa:

—¿Crees tú que debemos aceptar solamente las cosas buenas que vienen de Dios, y no las malas?

Aunque Job tenía muchas preguntas sin respuesta, confió en Dios. Creía que Dios no dejaría que nada malo le sucediera si no tuviera un propósito para permitirlo, aunque ese propósito fuera mostrar al mundo cuán malo era Satanás.

Cuanto más pronto todos comprendieran eso, tanto más pronto Dios podría poner fin al mal. Job sabía que podía confiar en el amante cuidado de Dios.

 

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Dios les bendiga!!!

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