Lección 12 de Primarios
LA SUAVE VOZ DE DIOS
Glenda tenía miedo de la oscuridad. Se sobresaltaba al escuchar cualquier sonido. Una noche, estaba sola en su habitación tratando de dormir. Cada sombra le parecía algo que se movía. Tenía miedo. Entonces su mamá entró al cuarto. Su suave y delicada voz hizo que Glenda se calmara. Finalmente se pudo quedar dormida.
Hace mucho tiempo, Elías, el profeta de Dios, tuvo mucho miedo también.
1 Reyes 19; Profetas y reyes, cap. 13; pp. 111-117.
"Tus oídos percibirán una voz que te dirá: ‘Este es el camino; síguelo’"
(Isaías 30:21).
Escucharé la suave y delicada voz de Dios.
Elías estaba huyendo para salvar su vida.
La esposa del rey Acab, la malvada reina Jezabel, trataba de matarlo. Elías
había olvidado todas las cosas maravillosas que Dios había hecho en su favor.
Se había olvidado que Dios podía protegerlo de la malvada reina. En vez de
recordarlo, corrió durante 40 días cientos y cientos de kilómetros rumbo al
desierto. Llegó finalmente al monte Horeb, el monte sagrado de Dios. Allí se
escondió en una cueva.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó Dios.
Se puede adivinar que Elías sentía mucha compasión por sí mismo, por la forma como le contestó a Dios.
—He trabajado muy duro por ti, Señor —le dijo a Dios—. Los israelitas te han rechazado. Han roto tus altares y matado a tus profetas. Yo soy el único que quedo y ahora tratan de matarme a mí también.
Lo que Elías estaba tratando de decirle a Dios, era: "He trabajado muy duro por ti y mira qué desanimado me siento".
—Sal fuera y quédate de pie ante mí, aquí en la montaña, porque el Señor pasará delante de ti —le respondió Dios.
Era una forma de decirle: "Elías, ven aquí, que quiero hablar contigo".
Entonces vino un gran viento que desgarró la montaña y partió las rocas. Pero Elías no se levantó, porque no escuchó la voz de Dios en el viento. Dios no estaba en ese viento poderoso.
Luego un gran terremoto sacudió la montaña. Pero Elías no se levantó, porque no pudo escuchar la voz de Dios en el terremoto. Después del terremoto pasó un terrible fuego. Pero todavía Elías no escuchaba la voz de Dios. Dios no estaba en el viento, en el terremoto ni en el fuego.
Después de esas fuerzas poderosas de la naturaleza, vino un silbo o sonido suave y delicado. Algunas versiones de la Biblia le llaman "un murmullo o voz suave". Y en ese silbo o sonido suave y delicado, Elías reconoció la voz de Dios. Entonces Elías se cubrió la cara con su manto. Luego se puso de pie en la entrada de la cueva, para escuchar a Dios.
Otra vez Dios le dirigió a Elías la misma pregunta:
—¿Qué estás haciendo aquí?
Y Elías le volvió a dar esa pobre respuesta.
Dios no estaba enojado con Elías por rendirse y huir. Dios no estaba enojado
porque Elías se olvidó de confiar en él. Esa voz suave y delicada de Dios
hablaba de su amor. Dios amaba a Elías aun cuando él estuviera compadeciéndose
de sí mismo. Suavemente Dios animó al cansado profeta. Entonces lo envió
nuevamente a trabajar por él. Y Dios le aseguró a Elías que no estaba solo. No
lo estaba, porque Dios tenía todavía a siete mil adoradores fieles en
Israel.
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Dios les bendiga!!!
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