Lección 10 de Primarios
¿MUERTA O VIVA?
¿Te has enfermado gravemente alguna vez? ¿Tan enfermo que estabas demasiado débil para levantarte? Tal vez el médico te recetó medicinas o inyecciones. Vamos a leer la historia de una niña que necesitó a alguien mayor que un médico para sanarse.
Mateo 9:18-26; Marcos 5:21-42;
El Deseado de todas las gentes, cap. 36, pp. 315, 316.
verso
mensaje
La hija de Jairo, de doce años de edad, había estado enferma durante algún tiempo. Sus padres hicieron lo imposible por ayudar a su hija a sanar, pero la niña empeoraba cada vez más.
Los buenos padres aman a sus hijos y hacen cualquier cosa por ayudarlos a
sanar. Imagina cómo se sintió Jairo cuando su única hija se enfermó
gravemente. No se quería ir de su lado. Desesperadamente buscó a médicos y a
personas que conocían remedios para aplicar a niños enfermos. Pero nadie pudo
ayudarle.
Un día Jairo pensó en Jesús, el gran Maestro de Galilea. Todo el mundo estaba hablando de sus milagros. Aquella era la última esperanza de Jairo. Después de dirigir algunas palabras cariñosas a su hija, Jairo salió de su casa y fue tan rápidamente como pudo a la casa de Mateo. Jairo sabía que allí iba a encontrar a Jesús.
Cuando el siervo abrió la puerta, Jairo entró apresuradamente y le rogó:
—¡Tengo que ver a Jesús inmediatamente!
Entonces, inclinándose ante Jesús, le dijo sin más rodeos:
—Mi única hija está muy enferma. Necesito que vengas a mi casa y pongas las manos sobre ella. Entonces mi hija sanará.
A Jesús le agradó la fe de Jairo y salió con él de inmediato.
Pero ya se había juntado una gran multitud que esperaba que Jesús saliera de la casa de Mateo. La gente rodeó a Jesús y no lo dejaba avanzar. Todos estaban ansiosos de estar cerca de Jesús. La gente se empujaba y forcejeaba. A veces hasta empujaban también a Jesús.
De pronto Jesús hizo un alto en el camino.
—¿Quién me ha tocado? —preguntó.
Pedro no podía creer que Jesús hiciera esa pregunta.—Con toda esta gente que nos está empujando, Señor, ¿cómo es que preguntas quién te ha tocado?
Jesús continuó mirando a su alrededor.
Finalmente una mujer se adelantó.
—Yo soy la que te ha tocado —dijo sollozando quedamente—. He estado enferma por muchos, muchos años. He gastado todo mi dinero tratando de sanarme. Pensé que con solo tocarte me aliviaría de mi enfermedad.
Jesús se alegró al ver que la mujer tenía tanta fe en él. No podía alejarse apresuradamente.
—¡Que Dios te bendiga! —le dijo Jesús—. Has sido sanada porque tuviste fe en mí. ¡Anda y disfruta de la vida!
Antes de que Jesús y Jairo pudieran continuar su camino, uno de los siervos de Jairo se abrió paso entre la gente.
—Ya no tiene sentido que molestes al Maestro—le dijo a Jairo—. Tu hija ha muerto.
¡Pobre Jairo! Seguramente su amoroso corazón de padre se entristeció mucho. Pero Jesús le dijo:
—No te preocupes, solamente ten fe.
Jesús les pidió entonces a Pedro, Santiago y Juan, que lo siguieran. Empezó a
apresurarse para llegar
a la casa del afligido padre.
Cuando llegaron, la casa de Jairo estaba llena de gente que lloraba a grandes voces. Algunos de ellos ni siquiera conocían a Jairo, pero le mostraban su simpatía llorando a gritos.
—Despide a las plañideras —ordenó Jesús—. Tu hija no está muerta, solamente está dormida.
La gente se rió cuando escuchó aquellas palabras. Podían distinguir cuándo alguien estaba muerto. Pero sin hacer caso de su falta de fe, Jesús entró a la casa acompañado de sus tres discípulos, de Jairo y de su esposa.
Al entrar a la habitación de la niña, Jesús se paró al lado de la cama y tomó
a la pequeña de la mano.
—Niña, levántate —le dijo.
La niña abrió los ojos, le sonrió a Jesús y se sentó en la cama. Imagina su gran sonrisa al ver el rostro amigable y amable de Jesús.
—Denle algo de comer —dijo Jesús a sus felices padres.
La hija de Jairo se veía sana y alegre de nuevo. Jesús no solo se alegraba de sanar a la gente. También se deleitaba en restablecerles la vida.
“Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25), dijo. Él vino a este mundo
para salvarnos de la muerte y darnos vida. Adoramos a un Dios que nos da vida
eterna. ¿Amarás a Jesús tú también?
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Dios les bendiga!!!
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