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Primarios | Lección 2: El regalo es Jesús | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

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Primarios | Lección 2: El regalo es Jesús | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 2 de Primarios - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

EL REGALO ES JESÚS

JESÚS ES EL REGALO PRECIOSO DE DIOS PARA MÍ.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16).
PALABRA DE LA SEMANA:
AGRADECER: Significa apreciar. Comprender y aceptar el valor de una persona, un acto o un objeto. Por ejemplo: La señora García agradeció la ayuda de su vecino.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Lucas 2:1-7; El Deseado de todas las gentes, cap. 4, pp. 37-38; el Comentario bíblico adventista, t. 5, pp. 681-682. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 7, pp. 27-34.


Domingo

UN REGALO PROMETIDO

El vientre de María crecía cada vez más, y también crecía su emoción. ¡El Salvador prometido por Dios crecía dentro de ella, y pronto iba a nacer! 

Dios había prometido un Salvador mucho tiempo antes, cuando habló con Adán y Eva en el Jardín del Edén después de que pecaron. Esa promesa los llenó de esperanza. 

Luego, fieles seguidores de Dios como Enoc, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, José y Moisés también habían esperado la venida del Salvador prometido con un gran anhelo. Ellos también creyeron, sin haber visto cumplirse la promesa de Dios: tenían fe (Hebreos 11). 

Tiempo después, Jesús le explicó a un discípulo escéptico cuánto apreciaba la fe de aquellos que no pudieron verlo en persona, diciendo: «Tú crees porque me has visto; benditos son los que creen sin verme» (Juan 20:29). 

María debió de acariciar su vientre, con asombro, al pensar que pronto lo vería. Atesoraba las palabras que el ángel le había dicho: «El bebé que nacerá será santo y será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35). El regalo prometido llegaría pronto, y sería el mejor regalo de todos. ¿Por qué Dios nos daba este regalo? LEE JUAN 3:16 (el versículo para memorizar). 

La gente del pueblo de María, de toda Judea y de todo el mundo no sabía que el regalo de amor de Dios estaba a punto de llegar. No sabían que el pequeño bebé que crecía silenciosamente dentro de María era Dios, Dios Hijo, y que estaba a punto de nacer como ser humano. Casi nadie sabía lo que estaba a punto de suceder; pero con el tiempo, Dios se aseguraría de que todos tuvieran la oportunidad de aceptar y valorar el precioso regalo. ¡Oh, cómo esperaba que todos lo aceptaran!


Lunes

UN ACCIDENTADO PASEO EN BURRO

Los mensajeros corrían de pueblo en pueblo difundiendo una noticia importante para César Augusto, el gran emperador de Roma. ¿Qué noticia compartían? LEE LUCAS 2:1, 3. 

Esta era una noticia importante para José y María. Tendrían que viajar a la ciudad de donde procedía su familia, ya que sus nombres también debían incluirse en el censo. Tendrían que recorrer los 112 kilómetros (70 millas) que separaban su hogar en Nazaret de la ciudad de Belén. Ambos procedían de la familia del rey David, que había nacido allí. 

María trató de ponerse cómoda sobre el burrito que caminaba junto a José. Clip-clop. Bum-bum. Era un viaje agotador, ya que estaba a punto de nacer el bebé de María; además, el camino estaba lleno de baches. 

Dios le había dicho al profeta Miqueas que su Hijo iba a nacer en Belén (Miqueas 5:2). El burrito avanzaba lentamente. Se dirigían justo a esa pequeña ciudad. ¡Era tal como Dios lo había dicho! 

Este mensaje de Dios sobre el futuro se llama profecía. Era una pista importante para ayudar al pueblo de Dios a prepararse para la venida de su regalo. Dios ya les había hablado a los profetas acerca de su Hijo (Isaías 9:6), y le había dicho a su pueblo cuándo vendría (Daniel 9:25). ¡Dios no quería que el pueblo se perdiera la llegada del precioso regalo! Les había dicho en los rollos de la Biblia quién era el regalo, cuándo lo recibirían y dónde. Dios es muy detallista y bondadoso.


Martes

NO HAY LUGAR, NO HAY LUGAR, NO HAY LUGAR

El sol caía con fuerza sobre el camino accidentado y rocoso hacia Belén. María suspiró mientras acariciaba la crin caliente del burrito. José se secó el sudor de la frente. Juntos siguieron caminando, kilómetro tras kilómetro. 

El camino se llenó de viajeros. Las familias charlaban, los burros avanzaban lentamente y los carruajes rodaban con ellos. Todos se dirigían a la misma aldea para cumplir las órdenes del emperador Augusto. Finalmente, divisaron los edificios de barro de Belén. ¡Qué vista tan agradable después de cuatro o cinco días de viaje polvoriento! 

José y María entraron por las puertas de la ciudad y se unieron a la multitud de personas que buscaban un lugar donde alojarse. Cansados y sin hogar, recorrieron la estrecha calle, mientras preguntaban dónde dormir. Pero la respuesta siempre era no. No había sitio en la abarrotada posada, ni en una acogedora casa, ni en un cobertizo en la azotea; ni tampoco había sitio en el corazón de nadie para una joven embarazada y cansada.

En la ciudad natal del rey David, un niño rey estaba a punto de nacer. Sería el más importante de la historia, pues se lo llama «Señor de todos los señores y Rey de todos los reyes» (Apocalipsis 17:14), pero los de Belén ni siquiera lo sabían. 

Si la gente de esta ciudad elegida hubiera estudiado los rollos de la Biblia, habría estado orando con alegría y esperando al Salvador prometido, tal como Zacarías y Elisabet. Dios les habría mostrado la maravilla que estaba a punto de suceder, justo en su propia ciudad. Incluso podrían haber tenido la suerte de que él naciera en su casa o en su posada. Pero no prestaron atención, no esperaron ni oraron. Estaban demasiado ocupados... 

La gente de Belén no pudo ver ni apreciar el nacimiento del precioso regalo de Dios, porque no estaban atentos. A veces nosotros tampoco nos damos cuenta de los regalos de Dios, porque no estamos atentos. Dios nos ama y sabe que seremos felices cuando nos demos cuenta y apreciemos los pequeños regalos que nos rodean.


Miércoles

UN LUGAR PARA DESCANSAR

Una vaca mugió y una oveja baló mientras José abría la puerta chirriante y alumbraba el establo con la lámpara. Por fin habían encontrado un lugar donde quedarse: un establo. No sería un lugar agradable para dormir, pero José y María agradecieron tener un techo donde cobijarse. En silencio, prepararon una cama cómoda sobre un montón de paja limpia entre los animales. Estaban contentos porque confiaban en Dios. 

Acostada en esa cama de paja, María quizá recordó lo que el ángel Gabriel le había dicho sobre el bebé que pronto daría a luz. «Él será muy grande y lo llamarán Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de su antepasado David» (Lucas 1:32). Si bien María confiaba en Dios, es posible que se preguntara por qué alguien tan importante iba a nacer donde vivían los animales, en lugar de un palacio digno del Rey de reyes. 

Con todo, eso formaba parte del plan de Dios. Si Jesús hubiera nacido en un palacio, es posible que algunos lo hubieran aceptado solo por su noble lugar de nacimiento, y otros hubieran sentido que no eran dignos del regalo de Dios. Dios quería que la gente supiera, desde el nacimiento de Jesús, que el precioso regalo de su Hijo era para todos, sin importar quiénes fueran o dónde vinieran. ¡El regalo de Dios también es para ti! 

Al igual que María y José, tú también puedes confiar en Dios cuando las cosas no salen según tus planes. Hay muchos asuntos que no podemos controlar, pero siempre podemos confiar en que Dios obrará en cada circunstancia. En Filipenses 4:11, Pablo escribe: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación» (NBLA). 

Dios te ama profundamente y tienes el precioso regalo de su Hijo. Él puede ayudarte a apreciar lo que tienes y a estar satisfecho con eso.


Jueves

EL NACIMIENTO DEL REY

Dentro del pequeño establo, una lámpara brillaba con una luz suave y cálida. José y María contemplaban al pequeño bebé, con asombro, acurrucado en un pesebre de heno. ¡Era el Hijo de Dios! El precioso regalo de Dios había nacido durante la noche. Era la mejor manera que Dios tenía de decirle a todo el mundo: «¡Los amo!». 

La paz y la alegría llenaron el corazón de María mientras pronunciaba suavemente el nombre de su bebé: «Jesús». Un nombre tan hermoso, tan lleno de significado. ¿Qué significa ese nombre? LEE MATEO 1:21. 

El significado de un nombre era muy importante en los tiempos bíblicos. Cada vez que se pronunciaba el nombre de Jesús, la gente sabía que él era el Salvador.
A Jesús también se le llamaría por otros nombres, y cada uno tenía un significado especial. Isaías 7:14 dice: «Dará a luz un hijo y lo llamará Emanuel», que significa «Dios está con nosotros» (Mateo 1:23). 

Varios escritores de la Biblia llamaron «Mesías» a Jesús, que significa «el ungido, el elegido». Los sacerdotes y reyes de Dios eran ungidos para mostrar que su importante labor contaba con la bendición de Dios. Jesús tenía la bendición de Dios cuando fue elegido para la importante labor de salvar a la gente. 

Isaías también escribió sobre otros nombres que tendría Jesús. En Isaías 9:6, la Biblia dice: «Pues nos ha nacido un niño. [...] Será llamado Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz». 

¡Jesús es demasiado maravilloso como para tener solo un nombre! Todo el cielo se regocijó por su nacimiento, porque sabían que los nombres de Jesús lo describían bien. Él era verdaderamente el Dios maravilloso, poderoso, pacífico y eterno que vino a nuestro mundo como Salvador.
¡Qué regalo tan asombroso!


Viernes

LLEGÓ EL REGALO

En la quietud de la noche en Belén, se había dado el precioso regalo de Dios. Mientras la ciudad dormía, el bebé Jesús respiró por primera vez. María lo había envuelto, abrazado y alimentado. ¡Qué cuerpo tan pequeño para que cupiera Dios! Pero de su pequeñez surgirían cosas grandes, MUY grandes. Jesús viviría y moriría para mostrar al mundo entero un hermoso cuadro del amor de Dios. 

Un día, ya adulto, Jesús se llamó a sí mismo «el pan de vida» (Juan 6:35). Dijo esto porque sabía que las personas no pueden vivir sin pan (comida), y tampoco pueden vivir una vida feliz y significativa sin él en su corazón. Tampoco podrían vivir para siempre sin él. Jesús puede hacer por nosotros lo que nadie más puede hacer. 

Jesús era verdaderamente el precioso regalo de Dios, dado en la ciudad de Belén, que significa «casa del pan». Jesús, el «pan de vida», nació en la «casa del pan». ¡Qué asombroso que aun el nombre de la ciudad donde nació Jesús transmitía un mensaje al corazón de la gente! 

¿Qué mensaje está transmitiendo Dios a tu corazón hoy?


Especial de Sábado

EL REGALO CONTINÚA

¡El regalo de Jesús es el mejor regalo que jamás haya existido! Con pequeños detalles podemos demostrarle a Jesús cuánto lo apreciamos. ¿Qué podemos hacer? LEE MATEO 25:34-40. 

Muchas personas necesitan ayuda y amor en nuestro mundo. En este hermoso pasaje bíblico, Jesús nos dice que cada vez que somos amables con los demás, estamos siendo amables con él. Esta es una forma práctica de decirle a Jesús que apreciamos lo que ha hecho por nosotros. Hoy, hagan planes creativos en familia para mostrar bondad a los demás.

HAGAN UNA CAJA DE BONDAD

  • Busquen una cajita o recipiente (preferiblemente con tapa), papel, tijera y lápices o bolígrafos de colores.
  • Corten el papel en trozos más pequeños que quepan dentro de la caja.
  • Inviten a los miembros de la familia o amigos a pensar en un acto de bondad que podrían hacer por otra persona. Puede ser alguien que esté con ustedes en este momento o no.
  • Den a cada uno un papelito y pídanles que escriban el nombre de la persona elegida en la parte superior. Luego pueden escribir o dibujar una acción bondadosa que harán por esa persona durante la semana. También pueden escribir algo amable de esa persona y dárselo después.
  • Pídeles que coloquen los papelitos completados en la caja y explícales que el próximo sábado tendrán un momento para compartir lo que cada uno hizo, cómo le fue y cómo se sintió después.
  • Envuelve la caja para regalo y ábrela la próxima semana. Si lo deseas, puedes escribir Mateo 25:40 en una etiqueta y pegarla a la caja. «Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de estos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!» (Mateo 25:40).


LECCIONES DE PRIMARIOS
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