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Primarios | Lección 8: Llamados a seguir a Jesús | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Primarios | Lección 8: Llamados a seguir a Jesús | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Primarios | Lección 8: Llamados a seguir a Jesús | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 8 de Primarios - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

LLAMADOS A SEGUIR A JESÚS

JESÚS ME AMA TANTO QUE ME INVITA A SEGUIRLO.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Jesús habló una vez más al pueblo y dijo: “Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad porque tendrán la luz que lleva a la vida”» (Juan 8:12).
PALABRA DE LA SEMANA:
DISCÍPULO: Un discípulo es un seguidor o estudiante de un líder o maestro; es aprendiz de ellos y sigue lo que ellos hacen. Jesús tuvo doce discípulos cercanos cuando estuvo en esta tierra. Hoy tiene muchos más.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Mateo 4:18-22; Marcos 1:16-20; Lucas 5:1-11; Juan 1:29-51; El Deseado de todas las gentes, cap. 14, pp. 125-131; cap. 25. Lectura adicional: Las bellas historias de la Biblia, t. 7, pp. 119-125; 169-173.


Domingo

DOS PESCADORES

Jesús bajó por el camino rocoso del desierto y salió del solitario paraje. Confiando en la Palabra de Dios, había vencido las tentaciones de Satanás. Después de que los ángeles lo alimentaron y reanimaron, se dirigió de nuevo al río Jordán. 

Al acercarse al río, Jesús oyó la voz familiar de Juan el Bautista predicando al pueblo. Jesús se unió a ellos, se mezcló con la multitud, tratando de no llamar la atención. Pero aun así, Juan lo vio. 

La gloria de Dios iluminó el rostro de Juan, y su voz una vez más resonó con las palabras: «¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! [...] Vi que eso sucedió con Jesús, por eso doy testimonio de que él es el Elegido de Dios» (Juan 1:29-34). 

Llena de asombro y admiración, la gente miraba fijamente a Jesús. ¿Podría ser realmente el Mesías? Se preguntaban. Jesús vestía la ropa sencilla de la clase trabajadora, probablemente usada y desgastada por su estancia en el desierto. ¡Parecía tan común, tan pobre, tan parecido a ellos! ¿Dónde estaban sus ropas reales? ¿No debería parecer un líder poderoso y orgulloso que podría expulsar a los gobernantes romanos? Muchos en la multitud se sintieron decepcionados y se alejaron. 

Pero otros vieron más; vieron más que un hombre pobre y humilde. Se fijaron en los ojos de Jesús: la bondad, la dulzura y un amor indescriptible brillaban en esos ojos y llegaban a su corazón. Incluso, la atmósfera que rodeaba a Jesús parecía santa. Como un imán al metal, se sintieron atraídos por él. Juan el Bautista había predicado para prepararlos para este momento, y ahora sus corazones estaban llenos. 

Jesús vino a esta tierra como una persona pobre y humilde para que su amor y compasión pudieran llegar a todos, incluso a los pobres, los vulnerables y los solitarios. Tiempo después, ¿cómo explicó Jesús su misión? LEE MATEO 20:28.


Lunes

¡HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS!

Al día siguiente de ver a Jesús regresar al río Jordán, Juan el Bautista lo volvió a ver. Una sonrisa iluminó su rostro mientras exclamaba: «¡Miren! ¡Ahí está el Cordero de Dios!» (Juan 1:36). 

Dos pescadores, Andrés y Juan, oyeron las palabras firmes de Juan sobre Jesús. Se preguntaron qué significaba «el Cordero de Dios». Anhelaban descubrirlo, así que siguieron a Jesús. 

Al oír los pasos de Juan y Andrés detrás de él, Jesús se volvió y les dijo: «¿Qué quieren?» (Juan 1:38). ¿Qué sucedió entonces? LEE JUAN 1:38-39. 

Imagina el momento maravilloso que pasaron esos dos amigos sentados a los pies de Jesús escuchándolo hablar. Habían reconocido al Espíritu Santo en la predicación de Juan el Bautista; ahora oían al mismo Espíritu en la voz de Jesús. Juan y Andrés sabían que Jesús era verdaderamente el Mesías y que los amaba mucho. Lo habían seguido con sus pies; ahora lo seguían con su corazón. Fueron los primeros en seguir a Jesús, y eso lo hizo muy feliz. 

¡Andrés estaba ansioso por contarle la buena noticia a su hermano! La emoción lo invadió mientras corría a buscar a Simón. «Hemos encontrado al Mesías», gritó. «Luego Andrés llevó a Simón» (Juan 1:41-42). Jesús recibió a Simón de inmediato y le dio un nuevo nombre que se ajustaba a las buenas cualidades de su carácter. Ahora se llamaría «Pedro», que significa «piedra». 

Después de seguir a Jesús, Juan y Andrés pasaron tiempo con él para conocerlo. Esto es lo más importante que debemos hacer cuando seguimos a Jesús. Él nos llama a ser sus amigos y a aprender de él. Entonces, cuando realmente sepamos que él es nuestro Salvador, nuestro corazón se llenará de su amor y querremos decirles a nuestros familiares y amigos lo maravilloso que es Jesús. Al igual que Jesús, les diremos: «Vengan y vean» (Juan 1:39); vengamos y conozcamos a Jesús por nosotros mismos.


Martes

¡SÍGUEME!

Mientras Jesús avanzaba por el polvoriento camino hacia Galilea, vio a Felipe y le dijo: «Sígueme» (Juan 1:43). Y Felipe lo siguió, así de simple. Pero no sin antes correr a llamar a su amigo Natanael para que también viniera a conocer al Mesías. 

Natanael estaba entre la multitud cuando Juan el Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios. Le había decepcionado el aspecto de Jesús y no estaba seguro de si realmente era el Mesías. Estaba debajo de una higuera orando para que Dios se lo mostrara, cuando Felipe le dio la buena noticia: ¡Había encontrado al Mesías! «¡Hemos encontrado a aquel de quien Moisés y los profetas escribieron! Se llama Jesús, el hijo de José, de Nazaret» (Juan 1:45).
Las palabras parecían una respuesta directa a su oración, sin embargo... Natanael seguía dudando. En primer lugar, Jesús no tenía el aspecto que Natanael pensaba que debía tener. ¿Qué otro problema pensaba que había? LEE JUAN 1:46. 

Felipe no se molestó en discutir ni en dar explicaciones. Simplemente utilizó las palabras de Jesús: «Ven y compruébalo tú mismo» (Juan 1:46). Jesús vio a Natanael caminando hacia él y dijo: «Aquí viene un verdadero hijo de Israel, un hombre totalmente íntegro» (Juan 1:47). Entonces Natanael y Jesús tuvieron una conversación asombrosa. ¿Qué convenció a Natanael de que Jesús era realmente el Mesías? LEE JUAN 1:48-51. 

Felipe creyó al instante. Natanael dudó hasta que vio la respuesta a su oración. Pero ambos se convirtieron en fieles seguidores de Jesús. Se los conoció como discípulos de Jesús, al igual que Andrés, Pedro y Juan. 

Jesús ahora tenía cinco discípulos. Sus personalidades y su llamado a seguir a Jesús eran diferentes. Pero al final, todos se sintieron atraídos por él como las polillas por la luz. LEE JUAN 8:12, el versículo para memorizar. Antes de conocer a Jesús, su vida a veces era oscura, con momentos difíciles y tristezas. Cuando Jesús los llamó, encontraron paz y felicidad porque sabían que él era el Hijo de Dios, el Salvador del mundo. Él era como una luz que iluminaba su vida; una luz que querían seguir. 

Nuestro amigo Jesús nos llama a nosotros también a seguirlo en la luz. Porque nos ama tanto, quiere llenar nuestra vida de cosas buenas.


Miércoles

¿DÓNDE ESTÁN LOS PECES?

En la quietud de la madrugada, cuatro discípulos decepcionados arrastraron sus barcas hasta la orilla arenosa y comenzaron a lavar sus redes. Pedro, Andrés, Juan y su hermano Santiago habían intentado pescar toda la noche, pero no habían capturado nada, ni siquiera un pececito. Pedro estaba especialmente desanimado. 

Había pasado tiempo desde que Jesús los había llamado para que lo siguieran. Pedro había visto a Jesús realizar milagros y grandes maravillas. Pero los celosos líderes judíos habían rechazado a Jesús y les habían hecho la vida difícil; incluso, habían encarcelado a Juan el Bautista. Las cosas no parecían salir según lo planeado, ¡y ahora ni siquiera podía pescar! 

Jesús se acercó caminando por la playa con una gran multitud de seguidores. Al ver la barca de Pedro, Jesús subió a ella y comenzó a enseñar a la gente acerca del amor de Dios y cómo podían ser salvos de sus pecados. Ancianos con bastones, agricultores fuertes, pescadores, maestros, enfermos y niños se agolparon para escuchar las palabras maravillosas de paz de Jesús. 

Cuando Jesús terminó de enseñar, le habló a Pedro. ¿Qué le dijo? LEE LUCAS 5:4.
Pedro miró a Jesús con sorpresa. ¡Eso sonaba descabellado! La gente pescaba en este lago solo por la noche. Pero él respondió: «Maestro [...] hemos trabajado mucho durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero si tú lo dices, echaré las redes nuevamente» (Lucas 5:5). No tenía sentido, pero aun así, Pedro confió. 

A veces nos sentiremos decepcionados o desanimados, tal como les sucedió a los discípulos. Podemos sentirnos decepcionados cuando nos perdemos algo divertido o cuando sacamos una mala nota en la escuela. Podemos sentirnos desanimados cuando un amigo no quiere seguir a Jesús. Pero Jesús siempre nos amará mucho. Cuando decidimos seguirlo y confiar en él, sucederán cosas buenas. ¡Solo hay que esperar y ver!


Jueves

¡CUÁNTOS PECES!

Los ojos de Pedro se le salían de las órbitas y se quedó boquiabierto por la sorpresa. Había echado la red al agua, tal como Jesús le había dicho. Ahora, él y Andrés intentaban sacar la red llena de peces que se retorcían y se agitaban, pero pesaba demasiado. De hecho, ¡se estaba rompiendo! Y la barca se inclinaba... se hundía... ¡casi volcaba! Entonces llamaron a Santiago y Juan para que se acercaran remando con su barca y los ayudaran. 

Con remadas fuertes y rápidas, pronto llegaron. Entonces sus ojos también se abrieron como platos: ¡Qué pesca! Juntos, los cuatro pescadores cargaron los resbaladizos peces en ambos barcos hasta que casi se hundían. Lentamente, con cuidado, los discípulos remaron hasta la orilla. 

Cuando llegaron, Pedro ya no pensaba en los peces ni en el barco. Había quedado asombrado por el milagro, ya que demostraba el poder de Jesús para controlar incluso la naturaleza. Se sintió pecador y avergonzado de sus dudas y desanimado cuando se comparó con Jesús. Se aferró a los pies de Jesús y le dijo: «¡Señor, por favor, aléjate de mí; soy un hombre tan pecador!» (Lucas 5:8). Las manos aferradas de Pedro mostraban cuánto deseaba estar con Jesús, pero sus palabras revelaban lo pecador e indigno que se sentía. 

Jesús entendió el corazón confundido de Pedro. ¿Qué dijo? LEE LUCAS 5:10.
¡Una nueva misión! Además, Jesús les dio estas palabras de aliento: «No teman». Luego Jesús llamó también a Santiago, Juan y Andrés. Así que «dejaron todo y siguieron a Jesús» (Lucas 5:11). 

Jesús ya había llamado a Andrés, Juan y Pedro para que le entregaran su corazón y lo siguieran como amigos especiales. Ahora los llamaba para que trabajaran con él como discípulos cercanos. El milagro les mostró que ya no necesitaban pescar a tiempo completo para ganar dinero. En cambio, podían confiar en que Jesús proveería para sus necesidades. Nosotros también podemos seguir a Jesús y confiar en que él nos cuidará y llenará nuestra vida con su bondad.


Viernes

DISCÍPULOS

Jesús había utilizado el lenguaje de los pescadores cuando llamó a Pedro, Andrés y Juan para su nueva tarea especial. Ellos comprendieron perfectamente lo que él tenía en mente cuando les dijo: «Síganme, y los haré pescadores de hombres» (Mateo 4:19). En lugar de pescar peces, «pescarían personas» y las ayudarían a conocer a Jesús. 

Jesús sabía que necesitaría algunos amigos especiales que lo ayudaran con su misión. Ellos aprenderían con él y luego lo ayudarían a mostrarle a los demás cómo es Dios realmente. A estos discípulos se les encomendó la importante tarea de llamar a otros, tal como Andrés llamó a Pedro y Felipe llamó a su amigo Natanael. 

Jesús tenía doce discípulos cercanos. Uno de ellos era Mateo. ¿A qué se dedicaba y cómo lo llamó Jesús? LEE MATEO 9:9. 

¿Puedes nombrar a los otros discípulos? Búscalos en Mateo 10:2-4.

Los discípulos de Jesús provenían de diferentes oficios y grupos sociales, y tenían personalidades muy diferentes. Sin embargo, todos tenían dos cosas en común: sabían cuánto los amaba Jesús y decidieron responder a ese amor siguiéndolo cuando los llamó.


Especial de Sábado

LA VERDAD DEL SÁBADO

John Loughborough daba vuelta a las páginas de la Biblia con rapidez. El predicador que guardaba el domingo frunció el ceño mientras buscaba textos bíblicos para «demostrar» que el sábado era incorrecto. Escribió lo que pudo y luego fue de inmediato a escuchar a un nuevo predicador, John Andrews, que estaba enseñando a la gente acerca del sábado. Esperaba demostrar que el séptimo día, el sábado, era el día incorrecto para adorar a Dios. ¡Pero sucedió exactamente lo contrario! De inmediato, se convenció de que el sábado era el día correcto para adorar. Después de escuchar ese sermón, John Loughborough comenzó a guardar el sábado. 

Poco después, John tuvo la oportunidad de conocer a Elena G. de White. Ella le dijo que el Señor quería que dedicara su tiempo a me predicar el mensaje del sábado. Esta era una GRAN petición para John. Significaría renunciar a su trabajo. Cuando llegó a casa, se fue a orar a su habitación. Le pidió a Dios que le abriera el camino y le mostrara si eso era realmente lo que él quería que hiciera. 

Durante un tiempo, el trabajo de John no marchaba bien, ya que nadie compraba las cerraduras que vendía. Su esposa rompió a llorar cuando descubrió que solo les quedaban tres centavos. Le preocupaba cómo podrían mantenerse si John se dedicaba a predicar. Pero mientras ella estaba fuera comprando fósforos e hilo con el último dinero que les quedaba, un hombre encargó muchas cerraduras y las pagó todas en efectivo. Ahora tenían suficiente dinero para la leña, la comida y otras necesidades. 

John supo, sin lugar a dudas, que Dios realmente lo había llamado a predicar del sábado y con alegría siguió a Dios. Durante muchos años, John Loughborough predicó del sábado, y mucha gente siguió el llamado de Dios y también se convirtió en observadora del sábado. 

Historia adaptada de Historias de mi abuela, de Ella M. Robinson, © ACES, 2014. Usado y adaptado con permiso.


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1 comments:

  1. quisiera saber donde puedo descargar las plantillas para manualidades de cada lección

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