Navigation

Infantes | Lección 8: Sigue a Jesús | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 8: Sigue a Jesús | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 8: Sigue a Jesús | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 8 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

SIGUE A JESÚS

IDEA PRINCIPAL: Jesús es mi Dios. Lo seguiré.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen» (Juan 10:27).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Seguidor» - Un seguidor es alguien que sigue a un líder; escucha lo que dice e imita lo que hace. Jesús quiere que seamos sus seguidores.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Lucas 5:1-11; Juan 1; Mateo 4:17-25 y en El Deseado de todas las gentes, caps. 14 y 25.


Domingo

«¡Miren, el Cordero de Dios!»

La voz de Juan el Bautista resonó a través del río Jordán mientras anunciaba a la multitud una noticia muy emocionante. ¡El Salvador prometido estaba aquí, en la tierra, en ese mismo momento! Por fin Jesús había venido a salvar al mundo.
El murmullo corrió entre la multitud. Los ojos miraban a izquierda y derecha. ¿Dónde estaba ese rey que había venido a salvarlos? Todos los que estaban allí parecían personas comunes y corrientes, no veían a ningún rey poderoso ni a ningún gobernante influyente por ninguna parte.
Juan ya había bautizado a esta persona tan especial. Y allí estaba, tras regresar del desierto. ¿Quién era? Lean la primera parte de Juan 1:29.
El rostro de Juan el Bautista se iluminó de emoción cuando Jesús se acercó a él. Dijo: «¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo! De este hablaba yo» (Juan 1:29-30, NVI).
Todos se dieron la vuelta para ver a Jesús, ¡y qué sorpresa se llevaron! Allí estaba un hombre de aspecto humilde, vestido con ropas sencillas.
Pero cuando lo observaron más detenidamente, se dieron cuenta de que la mirada de Jesús estaba llena del amor más profundo que jamás habían visto. Parecía muy cariñoso y gentil, pero al mismo tiempo muy santo y poderoso...
La gente estaba confundida. Esperaban a un líder rico y orgulloso que se hiciera obedecer. No estaban seguros de querer seguir a un líder humilde y amable como este.


Lunes

Seguir a Jesús

Los brillantes rayos del sol calentaban con fuerza. Era otro hermoso día junto al río Jordán. Juan el Bautista estaba allí de pie, en la orilla, hablando con dos amigos: Andrés y Juan.
Estaba conversando con los dos hombres cuando, de repente, Juan el Bautista se detuvo. Sus ojos se abrieron de par en par, maravillados, cuando Jesús pasó junto a ellos. «¡Miren! ¡Ahí está el Cordero de Dios!», dijo, emocionado (Juan 1:36).
Andrés y Juan fueron los primeros seguidores de Jesús. Caminaban en silencio detrás de él, sin saber qué decir ni qué hacer, ¡más que seguirlo!
Jesús continuó caminando; sus ojos brillaban de alegría. Sabía que Andrés y Juan venían justo detrás de él.
Entonces, Jesús se detuvo y se dio la vuelta. Con palabras amables, les preguntó: «¿Qué están buscando?» (Juan 1:38, DHH).
Los dos hombres se miraron entre sí y luego miraron a Jesús. Querían estar con él, escucharlo y aprender de él.
«¿Dónde vives?», le preguntaron.
Jesús sonrió. «Vengan y vean», les dijo (Juan 1:38-39). ¡Y así lo hicieron! Los dos hombres fueron con Jesús al lugar donde se alojaba y pasaron todo el día con él.
¡Jesús también quiere pasar tiempo contigo! Él te dice: «Ven». Puedes acercarte a Jesús cuando escuchas lo que Dios dice en la Biblia y cuando hablas con él en oración.


Martes

Tiempo con Jesús

Allí sentados hablando con Jesús, Andrés y Juan no podían dejar de sonreír. ¡Él era tan maravilloso y sabio! Sus palabras estaban llenas de belleza y de verdad.
El día pasó muy rápido. Finalmente, Andrés y Juan se marcharon del lugar donde se alojaba Jesús. Su corazón rebosaba de alegría. Habían oído a Jesús hablar y realmente querían ser sus discípulos.
Andrés no podía esperar para contarle todo sobre Jesús a su hermano Simón. Corriendo por la calle, Andrés sentía que su corazón latía con fuerza y rapidez. Jadeando y sin aliento, finalmente se paró frente a su hermano.
«Hemos encontrado al Mesías», le dijo, emocionado (Juan 1:41).
Simón no perdió ni un segundo. Quería conocer a Jesús, ¡y quería conocerlo ya mismo! Juntos, los hermanos salieron corriendo a buscar a Jesús. Jesús miró a Simón con ternura. ¿Qué le dijo? Lean Juan 1:42.
¡Qué asombroso! Jesús ya sabía el nombre de Simón y el de su padre. ¡Y ahora Jesús también tenía un nuevo nombre para Simón! Se llamaría Pedro, que significa piedra. Jesús quería que Pedro también fuera su discípulo.
Jesús sabe tu nombre. Él lo sabe todo de ti y desea pasar tiempo contigo. Él dice: «Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen» (Juan 10:27).


Miércoles

Jesús te ve

Ahora Jesús tenía tres seguidores: Andrés, Juan y Simón Pedro. Habría otros seguidores también, ¡pero ellos aún no lo sabían!
Con el gozo de Dios en el corazón, Jesús partió hacia Galilea. Allí encontró a un hombre llamado Felipe. «Ven, sígueme», le dijo con una sonrisa (Juan 1:43).
Felipe asintió con la cabeza dando un gran ¡sí! Cuando te conviertes en seguidor de Jesús, es imposible mantenerlo en secreto. Felipe corrió a contárselo a su buen amigo Natanael.
En un lugar tranquilo, bajo la sombra de una higuera, estaba sentado Natanael, orando a solas. De repente, apareció Felipe, que, emocionado, le explicó cómo había encontrado al Mesías prometido. Se llamaba Jesús y era de Nazaret.
Pero Natanael no estaba tan seguro. «Ven y compruébalo tú mismo», le dijo Felipe con un brillo en la mirada (Juan 1:46).
Natanael siguió a Felipe hasta donde estaba Jesús. Jesús sonrió en cuanto vio a Natanael. «Aquí viene un verdadero hijo de Israel, un hombre totalmente íntegro», dijo (Juan 1:47).
Natanael se sorprendió. ¡Nunca había visto a Jesús! «¿Cómo es que me conoces?», le preguntó.
«Pude verte debajo de la higuera antes de que Felipe te encontrara», le contestó Jesús (Juan 1:48).
Natanael estaba asombrado. Jesús sabía que él oraba debajo de una higuera. ¡Tenía que ser el Mesías! ¿Qué dijo Natanael a continuación? Lean Juan 1:49.
Felipe y Natanael se habían unido al grupo de seguidores de Jesús. Si estudiamos la Biblia y oramos, Dios nos enseñará su verdad y nos mostrará cómo seguirlo también.


Jueves

Las multitudes lo seguían

Jesús observaba cómo el agua lamía suavemente la rocosa orilla. Se sentó junto al sereno lago y suspiró: «Ah, un momento de tranquilidad para descansar».
Llevaba muchos días seguidos enseñando y sanando a multitudes. Dondequiera que iba, Jesús siempre parecía tener seguidores. Estaba feliz de que la gente quisiera escuchar sus palabras y seguirlo, pero también estaba agradecido por los momentos de tranquilidad en los que podía estar a solas con Dios.
En los pueblos y aldeas cercanos, la noticia se difundió rápidamente. «Jesús está junto al lago. ¡Rápido! ¡Díganselo a todo el mundo!».
No pasó mucho tiempo antes de que la tranquila orilla se llenara de padres, madres, niños y abuelos que querían estar cerca de Jesús. Pronto, «la gente se amontonó alrededor de él para escuchar el mensaje de Dios» (Lucas 5:1, TLA).
Jesús tuvo una idea. Había dos barcas cerca de la orilla, así que se subió a una de ellas. ¿De quién era la barca? Lean la primera parte de Lucas 5:3.
Pedro empujó la barca para alejarla de la orilla. Jesús «se sentó en la barca y desde allí enseñaba a las multitudes» (Lucas 5:3). Jesús siempre hacía tiempo para estar con sus seguidores y siempre hace tiempo para estar contigo también.


Viernes

Pescadores

Simón Pedro estaba sentado en un rincón de la barca mientras Jesús predicaba. Suspiró y bajó la cabeza. Acababa de pasar toda la noche pescando y no había capturado nada. ¡Ni un solo pez!
Finalmente, Jesús terminó de predicar. Entonces se volvió hacia Pedro y le dijo: «Ve a las aguas más profundas y echa tus redes para pescar» (Lucas 5:4).
Pedro no había pescado nada en toda la noche, pero decidió hacer lo que Jesús le decía.
Las redes golpearon las aguas y se hundieron hasta desaparecer. Pedro comenzó a tirar de ellas hacia arriba, ¡pero algo iba mal! Pedro gruñó y gimió. Por mucho que tirara, no conseguía sacar las redes del agua. Pesaban tanto que incluso comenzaron a romperse.
Pedro les gritó a sus amigos, que estaban en una barca cercana, que por favor fueran a ayudarlo. Mientras tiraban juntos de las redes, los pescadores no podían creer lo que veían. ¡Había muchísimos peces saltando y aleteando!
¿Cuánto pesaban los peces? Lean Lucas 5:7.
¡Guau! ¡Cuántos peces! Jesús quería que Pedro viera que Dios podía satisfacer sus necesidades. Pedro podía confiar en que Jesús cuidaría de él en todo momento y todos los días.
Pedro se quedó mirando la gran cantidad de peces. ¡Jesús había hecho eso por él! Sí, podía confiar en Jesús. Asombrado y abrumado, Pedro se postró a los pies de Jesús, sabiendo que no era un hombre común. Entonces Jesús le dijo: «¡No tengas miedo! ¡De ahora en adelante, pescarás personas!» (Lucas 5:10).
Después de llevar la barca a la orilla, Pedro la dejó allí y siguió a Jesús.


Sábado

Ven a la Escuela Sabática

Larissa y Rosette la pasaban muy bien corriendo y jugando juntas. Estas dos niñas de Burundi, en África, eran vecinas y amigas íntimas. ¡Las amigas íntimas nunca quieren que termine un día divertido! Pero muy pronto, se oyó la voz de mamá llamando a Larissa para que entrara en la casa. Era la hora del culto familiar.
Larissa, de ocho años, miró a Rosette, de siete, y sonrió. Le dijo: «Ven a adorar a Dios con nosotros».
Rosette siguió a Larissa hasta el interior de la casa. La familia entonó un canto sobre Jesús, luego la mamá leyó una historia de la Biblia y, por último, todos oraron.
«Me gustó el culto familiar de Larissa», dijo Rosette, queriendo saber más de Jesús.
Entonces, Larissa invitó a su amiga Rosette a ir con ella a la Escuela Sabática. Rosette les pidió permiso a sus padres. «Me alegro de que me dejaran ir», dijo Rosette. «¡Me encanta la Escuela Sabática! Me gustan los cantos y las historias bíblicas».
Rosette siguió yendo a la Escuela Sabática con su amiga. Un día, decidió invitar a sus padres para que la acompañaran. Al principio no quisieron ir, pero Rosette siguió invitándolos. Finalmente, su mamá la acompañó. Rosette decidió seguir orando para que su papá también vaya.
A Jesús le encanta que invitemos a otros a seguirlo. Larissa dice que fue fácil invitar a su mejor amiga a ser amiga de Jesús. Ella espera que otros niños también inviten a sus amigos a ir a la Escuela Sabática. «En primer lugar, ora por ellos, luego invítalos. Si dicen que sí, genial. Si dicen que no, puedes seguir orando por ellos e invitándolos. Algún día se alegrarán de que lo hayas hecho», dice Larissa.
Adaptado de «¡Es muy sencillo!» de Gina Wahlen, Misión adventista niños, 3.ᵉʳ trimestre de 2016.


LECCIONES DE INFANTES
📖 S1 S2 S3 S4 S5 S6
S7 S8 S9 S10 S11 S12 S13



📣 COMPARTE ESTE RECURSO

¿Te fue útil este material? Compártelo con tu grupos de WhatsApp de la Iglesia, JA, Escuela Sabática, padres u otros.

WhatsApp | Facebook | Telegram

✨ APOYA ESTE BLOG

Si este recurso ha sido de bendición para ti, considera apoyarnos:


Dios los bendiga!!!

Share

Post A Comment:

0 comments:

Escribe tu comentario.