Lección 12 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús
EL HOMBRE QUE SUBIÓ A UN ÁRBOL
«Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva» (2 Corintios 5:17).
«Cambiar» - Cambiar significa hacer algo diferente. Puedes cambiarte de ropa poniéndote otra distinta. O puedes tomar una decisión diferente y jugar afuera en lugar de adentro. Puedes cambiar de opinión. Jesús puede cambiar nuestro corazón egoísta y pecaminoso y ayudarnos a ser amorosos y bondadosos, como él.
La lección de esta semana se basa en Lucas 19:1-10 y en El Deseado de todas las gentes, cap. 61.
El ladrón
Clink, clink. Zaqueo deslizó dos monedas en la alcancía con una sonrisa. Zaqueo era el «jefe de los cobradores de impuestos de la región y se había hecho muy rico» (Lucas 19:2). Tenía el trabajo de recaudar los impuestos de todos los habitantes de Jericó y de entregárselos a los gobernantes romanos.
Los comerciantes, los agricultores y los pescadores hacían fila ante la mesa de Zaqueo, esperando en silencio su turno para pagar. Pero Zaqueo era astuto y deshonesto. Sentado a esa mesa, mentía y engañaba.
¿Cuál es el octavo de los Diez Mandamientos? Lean Éxodo 20:15.
Zaqueo no seguía el camino del amor de Dios y esto le dolía a Dios. Zaqueo había elegido robar. Si un granjero tenía que pagar una moneda de plata, Zaqueo le hacía pagar dos. Zaqueo echaba una moneda en la alcancía y luego, shh... Cuando nadie miraba, la otra moneda la escondía en el bolsillo. Se la quedaba para él.
La gente sabía que Zaqueo era un ladrón, pero no podían detenerlo. Se iban de la mesa tristes y enojados, porque sus familias se quedarían sin lo que realmente necesitaban.
Cuando tomamos lo que no es nuestro, lastimamos a quienes les robamos. Jesús quiere que seamos siempre generosos y amables. ¡Él puede cambiarnos para que también queramos ser así!
Jesús pudo ayudar incluso al codicioso Zaqueo.
Grandes noticias en Jericó
En la bulliciosa Jericó, Zaqueo estaba sentado a la mesa de los impuestos, escuchando. No escuchaba el tintineo de las monedas, clink, clink, sino el murmullo de la multitud. Parecía que todo el mundo en Jericó hablaba de Jesús.
Algunos contaban historias de su bondad; otros comentaban lo sabias que eran sus palabras. También se contaban asombrosas historias de poderosos milagros. Cuanto más escuchaba Zaqueo, más deseaba conocer a Jesús.
Zaqueo no era popular. Los recaudadores de impuestos no eran muy queridos, ni siquiera los que eran honestos. ¡Y Zaqueo no era honesto! Era un estafador y un ladrón. ¿Querría conocerlo Jesús? Lean Lucas 15:2.
Un día, mientras Zaqueo estaba sentado a la mesa contando las monedas, oyó voces alegres: «¡Jesús! ¡Viene Jesús!».
Las mamás dejaron de cocinar; los papás dejaron sus herramientas; los niños dejaron de jugar. Todos juntos salieron corriendo por el camino porque Jesús estaba entrando en la ciudad de Jericó (ver Lucas 19:1).
Cuando Zaqueo oyó la emocionante noticia, su corazón se llenó de alegría. Jesús, de quien tanto había oído hablar, estaba allí mismo, en Jericó. Él sabía lo que tenía que hacer. ¡Tenía que conocer a Jesús!
Zaqueo intenta ver a Jesús
Sin pensarlo dos veces, Zaqueo se puso de pie y salió corriendo camino al encuentro de Jesús. No se detuvo a pensar en el dinero de la mesa. Zaqueo solo tenía un pensamiento: debía ver a Jesús.
Las multitudes que tenía delante se empujaban unas a otras y se apretujaban tratando de ver a Jesús pasar.
¡Oh, no! Zaqueo se detuvo y miró a la muchedumbre. Tenía un «pequeño» gran problema. ¿Qué problema tenía Zaqueo? Lean Lucas 19:3.
De puntillas, Zaqueo trató de asomarse por encima de los hombros de las personas, pero eran demasiado altas. Conteniendo la respiración, intentó colarse, pero no pudo. El gran y fuerte muro de gente impedía que se acercara más a Jesús.
Zaqueo no podía ver a Jesús, pero Dios sabía que estaba allí y se preocupaba por él. La Biblia dice que «el Señor mira desde el cielo y ve a toda la raza humana» (Salmo 33:13).
Aunque Zaqueo era pequeño y había tomado muchas decisiones equivocadas, Dios lo amaba.
El sicómoro
La gente de la multitud era muy alta y Zaqueo era muy bajito. Se encogió de hombros. Era inútil: no lograría ver a Jesús entre tantas personas.
Entonces se le ocurrió una idea brillante. ¡Un árbol! Sí, podía subirse a un árbol. Así estaría lo suficientemente alto como para ver por encima de la multitud.
Zaqueo «se adelantó corriendo [...] junto al camino, porque Jesús iba a pasar por allí» (Lucas 19:4). Sonrió al ver un gran sicómoro cuyas ramas se extendían sobre el camino, dando sombra. ¡Sí! Esto sería perfecto.
¿Qué hizo después Zaqueo? Lean Lucas 19:4.
Agarrándose a las ramas bajas con las manos y apoyando los pies contra el rugoso tronco del árbol, Zaqueo trepó, trepó y trepó. Luego, con cuidado, se subió a una rama gruesa y esperó. Con las piernas colgando, clavó la mirada fija en el camino.
Jesús y la multitud se acercaban cada vez más. Pronto, la gente estaba justo debajo del árbol. El corazón de Zaqueo latía con fuerza. ¡Jesús estaba justo debajo de él!
Entonces ocurrió algo sorprendente: Jesús se detuvo; todos se detuvieron.
Jesús levantó la vista y lo vio. Su mirada brillaba de amor. «Zaqueo», dijo Jesús (Lucas 19:5).
Zaqueo apenas podía creer lo que estaba oyendo. ¡Jesús sabía cómo se llamaba! ¡Él era importante para Jesús!
Corregir los errores
«¡Zaqueo! ¡Baja enseguida! Debo hospedarme hoy en tu casa», dijo Jesús mirando hacia el árbol y sonriendo (Lucas 19:5).
Zaqueo bajó la mirada. «¿Estoy soñando? ¿De verdad me está hablando Jesús?», pensó. Le costaba creerlo.
Al bajar del árbol, Zaqueo miró fijamente el rostro amoroso de Jesús. No sabía muy bien qué decir; no se merecía tanta bondad por parte de Jesús.
¡Jesús sabía su nombre! ¡Jesús lo amaba, se preocupaba por él y quería ir a su casa!
El amor y el perdón de Jesús estaban cambiando al mentiroso Zaqueo. ¿En qué nos puede convertir Jesús? Lean 2 Corintios 5:17.
¡Eso era precisamente en lo que se había convertido Zaqueo! Mirando a Jesús, dijo: «Daré la mitad de mi riqueza a los pobres y, si estafé a alguien con sus impuestos, le devolveré cuatro veces más» (Lucas 19:8).
De inmediato, este nuevo y amable Zaqueo comenzó a hacer lo correcto: no solo quería devolver el dinero que había tomado, sino que también quería dar a los pobres mucho más dinero del que les había robado, para decirles que lamentaba haberles hecho daño.
Cuando dejamos que Jesús nos cambie, también queremos corregir nuestros errores; queremos ser tan amorosos y generosos como Jesús.
El nuevo Zaqueo
La multitud que se encontraba al pie del sicómoro murmuraba y fruncía el ceño. ¡Jesús estaba hablando con Zaqueo, el estafador y mentiroso! Y peor aún, ¡Jesús quería ir a su casa!
La gente de Jericó se quejaba en voz alta. ¿Qué decían? Lean Lucas 19:7.
No se daban cuenta de que Jesús amaba a Zaqueo a pesar de sus errores, y el amor de Jesús ya lo había cambiado. Zaqueo había decidido regalar mucho dinero. El recaudador de impuestos de Jericó quería ser como Jesús: una persona buena y honesta.
Jesús miró con amor a Zaqueo y luego a la multitud que fruncía el ceño. Con una gran sonrisa, les dijo: «Él es un verdadero hijo de Abraham» (Lucas 19:9).
Zaqueo era una persona nueva. Pertenecía a la gran familia de Jesús. Ya no era un recaudador de impuestos mentiroso y ladrón, sino un hijo de Dios. «Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva» (2 Corintios 5:17). ¡Qué milagro tan maravilloso!
Entonces Jesús les dijo a todos que este tipo de milagro, el milagro de cambiar el corazón de las personas, era lo que él había venido a hacer. «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos» (Lucas 19:10).
El milagro de las ranas
Una masa de pequeñas bolitas viscosas flotando en el agua quizá no parezca algo muy emocionante, pero está lejos de ser común. ¡Es el comienzo de un asombroso milagro! Contiene cientos de pequeñísimos huevos resbaladizos. ¡Y de esos huevos nacerán ranas!
Estos huevitos de rana tienen un puntito negro que se parece un poco al ojo de una persona. Aunque ahora son diminutos, pronto se transformarán de manera asombrosa: se verán, sonarán y actuarán de manera completamente diferente.
Con el tiempo, el puntito se hace cada vez más grande. Primero le crece una cola. Luego, después de unas semanas, ¡eclosiona! Ahora el huevo de rana es un renacuajo, pero se parece más a un pez que a una rana. Tiene una cola larga y branquias, por lo que puede respirar debajo del agua.
El renacuajo se retuerce y nada en el agua, mordisqueando las plantas. Durante las siguientes semanas, algo más le comienza a crecer: ¡las patas traseras! Luego, le crecen también las patas delanteras. ¡Pero aún no ha terminado de cambiar!
Una vez que al renacuajo le crecen las patas, se le empieza a encoger la cola. También le crecen pulmones para respirar y tímpanos para oír mejor.
Luego, cuando su asombroso cambio se completa, salta fuera del agua convertido en rana. Ahora puede respirar aire, saltar muy alto y usar su larga lengua pegajosa para atrapar comida. ¡Qué cambio tan asombroso!
Así también, cuando Jesús vive en tu corazón, él te cambia. Cada día te hace más hermoso por dentro. Su amor te ayuda a pensar, hablar y actuar de manera diferente a como lo hacías antes.
La Biblia dice: «Todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva» (2 Corintios 5:17). ¡Qué milagro tan asombroso!
Datos curiosos y verdaderos sobre ranas
- Tienen una lengua muy rápida. La sacan rapidísimo para atrapar insectos para comer.
- Cambian de color. Algunas ranas se ponen más claras o más oscuras según si tienen frío, calor o miedo.
- No beben con la boca. Absorben el agua por la pancita y las patitas de atrás.
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