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Infantes | Lección 2: Llega Jesús, el regalo de Dios | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

Infantes | Lección 2: Llega Jesús, el regalo de Dios | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús
Infantes | Lección 2: Llega Jesús, el regalo de Dios | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 2 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

LLEGA JESÚS, EL REGALO DE DIOS

IDEA PRINCIPAL: Jesús es mi Dios, el mayor regalo que jamás he recibido.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo» (Isaías 9:6, TLA).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Humilde» - Ser humilde significa pensar menos en uno mismo y más en Dios y en los demás. Los humildes no presumen, sino que dirigen la atención hacia Dios. Sus palabras y acciones ayudan a que otros se sientan amados y valorados.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Lucas 2:1-7; y en El Deseado de todas las gentes, cap. 4.


Domingo

Hora de partir

¡Tuturutú! ¡Tuturutú!, sonaron las trompetas. El anuncio se oyó por todas las ciudades y pueblos del país. El emperador, César Augusto, había decretado que todos debían ir a la ciudad natal de su familia. ¡Y tenían que partir ya mismo! Augusto quería contar a toda la población. Y no estaba diciendo: «Por favor, si no les importa, vayan a...». ¡Nooo! ¡Era una orden! ¡Un decreto! Los que no obedecieran estarían en problemas.
¿Qué hizo la gente? Lean Lucas 2:3. 

A toda prisa, madres y padres, hermanos y abuelos se pusieron a empacar. No importaba si su lugar de origen estaba cerca o lejos; tenían que ir allí, ¡y debían partir ya mismo! 

En aquellos tiempos no había autos, motos, trenes ni aviones. La gente tenía que ir caminando, por largos y polvorientos caminos, o montada en burros y caballos que se meneaban bruscamente en cada bache. 

Antes de partir, muchas familias se inclinaron juntas para orar con humildad. Sabían que Dios promete protegernos «al entrar y al salir» (Salmo 121:8). Querían que Dios estuviera con ellos y los mantuviera a salvo en su largo viaje.


Lunes

Dios está con nosotros

José miró a María con una sonrisa. La barriga de ella estaba grande y redonda. María estaba embarazada del precioso bebé Jesús, que podía nacer en cualquier momento. 

Como María estaba a punto de dar a luz, no le resultaría fácil emprender un largo viaje, pero tenían que ir a Belén. Se les había ordenado ir a su ciudad natal para «censarse», así que tenían que ir. Después de empacar, José subió con cuidado a María a lomos del burro. Clip-clop, se pusieron en marcha. 

¿Adónde iban? Lean Lucas 2:4. 

María y José viajaron durante muchos días por caminos polvorientos y calurosos, y por vías muy transitadas. 

María sonreía y se acariciaba el vientre con ternura mientras se balanceaba de izquierda a derecha sobre el lomo del burro. No tenían que preocuparse por el largo viaje, pues Dios estaba con ellos. Sus ángeles se ocupaban de mantenerlos a salvo. Muy pronto podrían decir: «Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo» (Isaías 9:6, DHH). El mayor regalo que el mundo haya recibido jamás estaría pronto a salvo en sus brazos.


Martes

No hay lugar

José sonrió y señaló la ciudad que se veía adelante. Finalmente, tras un viaje largo y agotador, María y José podían ver la ciudad de Belén. ¿Qué otro nombre tenía Belén? Lean Lucas 2:4. 

El lento clip-clop, clip-clop del burro se convirtió en un rápido tacatá, tacatá, al apresurarse José para llegar pronto a la ciudad. 

Cuando entraron por las puertas, vieron gente por todas partes. Al igual que ellos, muchas más personas habían ido a censarse. José, María y el burro se abrieron paso entre la multitud de visitantes. Caminaban por las estrechas calles buscando un lugar donde dormir. 

José se detuvo en una posada. Toc, toc, toc. Cuando la puerta se abrió con un chirrido, José pidió una habitación para pasar la noche. El dueño negó con la cabeza y cerró la puerta. «No había alojamiento disponible para ellos» (Lucas 2:7). José probó al lado, pero tampoco había camas libres. 

Con los hombros cansados y caídos, José y María fueron de una casa a otra, buscando un lugar donde dormir. Pero no encontraron ni una sola habitación en ningún sitio. ¡Ay, no! ¿Qué iban a hacer ahora? 

Ojalá la gente supiera que el bebé que llevaba María en el vientre era el mayor regalo de Dios al mundo. Ojalá entendieran lo especial que era ese bebé que iba a nacer. Quizás entonces habrían hecho lugar para María, José y el bebé, el rey Jesús.


Miércoles

El nacimiento de Jesús

Las vacas mugían. Las ovejas balaban. María y José miraban alrededor, al pequeño y humilde establo. Allí, en un lugar donde dormían los animales, iban a pasar ellos la noche. Era el único sitio libre que habían encontrado en todo Belén. 

José ató al cansado burro y luego ayudó a María a acostarse sobre el picoso heno. ¡Había sido un viaje tan largo y accidentado! Era hora de dormir y descansar. 

Esa noche, en ese lugar, entre esos animales, ocurrió algo asombroso: ¡Nació el bebé Jesús! «Nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo» (Isaías 9:6, TLA). 

Dios había dado a Jesús al mundo. Este fue el mejor y más maravilloso regalo jamás recibido. 

María y José lo abrazaron con fuerza. Sabían que su bebé era un ser muy especial. Era «Dios con nosotros» (Mateo 1:23). 

María y José miraron su hermoso rostro y sonrieron. Este bebé especial necesitaba un nombre. El ángel resplandeciente les había dicho: «Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21, PDT). 

Jesús. Sí, ¡se llamaría Jesús!


Jueves

Los ángeles se asombran

Con mucha ternura, María envolvió al bebé Jesús en tiras de tela para que no tuviera frío y luego lo acostó para que durmiera. 

¿Cuál fue la cama del bebé Jesús? Lean Lucas 2:7. 

¿Un rey durmiendo en una cama así? Normalmente, los reyes duermen en palacios lujosos, en camas enormes con sábanas suaves. Pero no este humilde rey. 

Miles y miles de ángeles invisibles miraban al bebé Jesús acostado en el pesebre. Estaban asombrados. ¡Sabían que Jesús era el rey del universo! En el cielo, Jesús tenía un trono resplandeciente, con ángeles que le cantaban alabanzas día y noche. Y ahora había cambiado todo eso por un establo, un pesebre y animales ruidosos. 

La Biblia dice que «renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano» (Filipenses 2:7). ¡Qué humilde es nuestro Dios y Salvador! 

Los ángeles sabían que su rey merecía lo mejor, pero Jesús había renunciado a todo para salvar al mundo. Había descendido para dar su vida. ¡Ese es el mayor regalo jamás dado al mundo!


Viernes

El mayor tesoro

Olvidado en el oscuro ático de una casa en Francia se encontraba un pequeño jarrón de hermosos colores. Durante años había permanecido abandonado en una vieja y polvorienta caja de zapatos. A nadie de la familia le interesaba aquel jarrón. De hecho, ni siquiera recordaban que lo tenían. 

El jarrón era un regalo que habían recibido hacía mucho tiempo, pero la verdad era que a nadie le gustaba. Así que lo habían guardado en una caja de zapatos y lo habían subido al ático. 

Un día en que la familia subió a limpiar el ático, encontraron el jarrón. 

—Mmm —dijo el papá—, quizás deberíamos ver cuánto vale este jarrón. 

—Sí, averigüémoslo —estuvo de acuerdo la mamá. 

Y arrancaron el auto llevando el jarrón dentro de la caja de zapatos. Iban a consultar a un experto. 

El experto abrió con cuidado la caja y se quedó boquiabierto. Era un jarrón muy raro y muy valioso. Lo vendieron por diecinueve millones de dólares. ¡Esa es una cantidad enorme de dinero! 

Hace muchos años, en un establo viejo y polvoriento, entre animales ruidosos, yacía otro tesoro. Este tesoro valía más que todo el universo. Este tesoro era Jesús. Mientras él estaba allí, en el pesebre, la gente pasaba de largo sin prestarle atención. ¡Nadie se daba cuenta de que el tesoro más grande y valioso que jamás haya existido estaba entre ellos! 

¿Quieres recibir ese tesoro que es Jesús? Él es tuyo si le pides que entre en tu corazón. Él te dará amor, perdón, alegría y un lugar en el cielo a su lado para siempre. Eso sí que es un tesoro digno de atesorar.


Sábado

El regalo del bebé Jesús

¿Recuerdas bien la historia del bebé Jesús de la lección de esta semana? ¿Tanto como para representarla con tu familia?

Personajes

  • Narrador
  • María
  • José
  • Posadero

Utilería

  • Burro (escoba)
  • Bebé Jesús (muñeco)
  • Animales (juguetes)
  • Pesebre (caja o silla)

Desafío misionero 

Haz la representación para tus amigos o grábala con el teléfono y envíasela a alguien para recordarle cuánto lo ama Jesús. 

Guion para el narrador 

¡Tuturutú! ¡Tuturutú!, sonaron las trompetas. El anuncio se oyó en todas las ciudades y pueblos del país. El emperador, César Augusto, había decretado que todos debían ir a la ciudad natal de su familia para censarse. 

José y María empacaron. Con cuidado, José subió a María a lomos del burro. Clip-clop, emprendieron la marcha. 

Viajaron hasta muy, muy lejos, por colinas y caminos polvorientos. Clip-clop, clip-clop. ¡Qué viaje tan largo! Finalmente, José señaló con emoción: «¡Mira! ¡Es Belén!».
El lento clip-clop, clip-clop del burro se convirtió en un rápido tacatá, tacatá, al apresurarse José para llegar pronto a la ciudad. 

José, María y el burro caminaron por las estrechas calles de Belén, buscando un lugar donde dormir. José se detuvo en una posada. Toc, toc, toc. Cuando la puerta se abrió con un chirrido, José pidió una habitación para pasar la noche. El dueño negó con la cabeza y cerró la puerta. «No había alojamiento disponible para ellos» (Lucas 2:7). José probó al lado, pero tampoco había camas libres. 

Lo único que pudieron encontrar fue un establo para los animales. Hicieron una cama con heno y se quedaron dormidos. 

Esa noche, en ese lugar, entre esos animales, ocurrió algo asombroso: ¡Nació el bebé Jesús!
José encontró un pesebre de cama. María envolvió al pequeño rey en tiras de tela. Con cuidado, lo acostaron en el pesebre. 

Jesús nos amó tanto que vino a salvarnos. Aquí, en el establo, yacía el regalo más grande y precioso que el mundo haya recibido jamás.


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