Lección 7 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús
TENTADO EN EL DESIERTO
«He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti» (Salmo 119:11).
«Fuerza» - Tener fuerza es ser fuerte y poderoso. Con músculos fuertes, puedes levantar objetos pesados. La fuerza también es resistencia: no dejarse empujar por nada. Podemos tener fuerza en el corazón, fuerza para hacer lo correcto en cualquier situación. El Espíritu Santo de Dios y su Palabra pueden darnos esa fuerza.
La lección de esta semana se basa en Mateo 4:1-11; Marcos 1:12-13; Lucas 4:1-13; y en El Deseado de todas las gentes, caps. 12 y 13.
Fuerza interior
Jesús estaba de pie a la orilla del río Jordán. Su rostro resplandecía con la bondad de Dios. Acababa de bautizarse y había oído a Dios decir: «Tú eres mi Hijo muy amado y me das gran gozo» (Marcos 1:11).
¡Estas palabras alegraron mucho a Jesús! Más que nada en el mundo, Jesús quería agradar a Dios, porque lo amaba.
A Jesús le encantaba leer la Palabra de Dios y hablar con su Padre celestial. Eso lo hacía sentirse fuerte por dentro. Jesús obedecía la Palabra de Dios todos los días. Jesús hacía lo correcto todos los días. La Biblia dice: «He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti» (Salmo 119:11).
A veces es muy difícil hacer lo correcto. Quizás te sientes tan enojado que quieres decir o hacer algo hiriente. Quizás tienes pensamientos codiciosos o egoístas. Incluso podrías tener deseos de mentir, robar, desobedecer o ser grosero. Pero Dios promete que puedes tener la misma fuerza que tenía Jesús.
Tú también puedes tomar buenas decisiones. Para obtener esta «superfuerza», necesitarás ayuda. ¿Quién puede ayudarte? Lean Filipenses 4:13.
Un lugar tranquilo
Había llegado la hora de partir. El Espíritu Santo le habló a Jesús y le dijo que dejara el río Jordán y se fuera a otro lugar para estar a solas. Jesús obedeció.
Dejando atrás a la bulliciosa multitud, se puso en marcha. El polvoriento camino lo llevó a través de campos cubiertos de hierba y de árboles verdes cuyas hojas hacían hermosos sonidos con el viento. También pasó por montañas rocosas y paisajes de arena. Finalmente, después de un largo viaje, Jesús se detuvo. ¿Adónde lo había llevado el Espíritu Santo? Lean Marcos 1:12.
Los rayos del sol le calentaban la espalda. Hacía mucho calor y el lugar era muy seco. No había ningún otro viajero ni agricultor. Allí solo estaba Jesús. El Espíritu Santo lo había llevado a un lugar tranquilo y apacible.
Jesús necesitaba pensar y orar porque pronto iba a comenzar una obra muy importante y difícil para que todas las personas del mundo pudieran salvarse del pecado y la muerte. En oración, Jesús le pidió a Dios que le diera fuerzas para hacer todo bien.
¡Eso era precisamente lo que Dios iba a hacer! Por eso le había dado al Espíritu Santo como ayudador. Y también le había dado sus sabias palabras para guiarlo. Cuando Jesús era un niño pequeño como tú, había memorizado muchos versículos de las Escrituras. Conocía versículos como: «Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino» (Salmo 119:105). La Palabra de Dios siempre lo ayudaba a tomar decisiones correctas.
Es muy importante que nosotros también aprendamos de memoria versículos de la Biblia, porque nos ayudan a ser fuertes como Jesús.
Piedras y pan
Grrr. Grrr. Grrr. Rugía el estómago de Jesús. Estaba completamente vacío. Jesús llevaba cuarenta días y cuarenta noches orando en el desierto sin comer nada. Tenía mucha hambre y estaba muy débil. De pronto, alguien apareció justo delante de él. ¿Quién era? Lean Mateo 4:1.
Había venido para tentar a Jesús a hacer algo malo.
Dispersas en la arena había piedras duras que parecían deliciosos panes. ¡Qué rico! Jesús quería comer pan en ese momento. Pero aunque las piedras parecían pan, definitivamente no sabrían a pan.
Señalando las piedras, Satanás le dijo: «Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan» (Mateo 4:3).
Jesús sabía que Satanás estaba tratando de engañarlo y negó con la cabeza. ¡No! ¡Jesús no iba a hacer un milagro así! Su poder era para ayudar a los demás, no a sí mismo. Al instante, Jesús recordó un versículo de la Biblia. Se volvió hacia Satanás y le dijo con valentía: «La gente no vive solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4:4).
Jesús le dijo a Satanás que la comida no es tan importante como las palabras de Dios. Confiaba en que Dios le daría las fuerzas que necesitaba.
Satanás frunció el ceño porque su plan para engañar a Jesús había fracasado. Tendría que intentar otra cosa.
¡Salta!
Jesús parpadeó. Ya no estaba en el árido desierto. ¡No! Ahora estaba de pie en la cima de un edificio alto. Y no era cualquier edificio. Satanás había llevado a Jesús al punto más alto del templo de Dios en Jerusalén. Cuando Jesús miró hacia el suelo, vio que estaba muy, muy lejos allí abajo. Si alguien se cayera desde allí arriba, se haría mucho daño.
Entonces Satanás le dijo a Jesús: «Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate!» (Mateo 4:6). Satanás quería que Jesús pusiera a prueba a Dios, que hiciera algo tonto como saltar de un edificio alto, y viera si Dios enviaba a sus ángeles a rescatarlo.
¿Qué versículo bíblico le dijo Jesús a Satanás? Lean Mateo 4:7.
Jesús sabía que no necesitaba saltar de un edificio para demostrar que Dios se preocupaba por él. No, él no iba a hacer algo peligroso solo para ver si los ángeles de Dios lo salvarían.
Una vez más, las palabras de la Biblia le habían mostrado a Jesús lo que era correcto. El Espíritu Santo y la Biblia también pueden darte sabiduría y fuerzas a ti. El Salmo 119:11 dice: «He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti».
Adórame
¡Zas! Satanás llevó a Jesús muy, muy arriba, a la cima de una elevada montaña. ¡Guau! ¡Qué vista tan hermosa! Jesús podía ver ciudades resplandecientes, palacios de mármol, verdes campos y viñedos repletos de deliciosas uvas. ¡No se parecía en nada al desierto seco y polvoriento!
Satanás contemplaba el hermoso mundo desde lo alto. Ya había probado tentar a Jesús dos veces, pero Jesús había usado la Palabra de Dios para mantenerse fuerte y decir que no. Sin embargo, Satanás aún no se rendía.
Mientras Jesús también contemplaba las vistas, Satanás le dijo: «Te daré todo esto si te arrodillas y me adoras» (Mateo 4:9).
¿Qué le respondió Jesús a Satanás? Lean Mateo 4:10.
Jesús conocía muy bien la Biblia. Sabía que solo debemos adorar a Dios. Por lo tanto, él solo se arrodillaría ante Dios. El Espíritu Santo le había dado fuerza y sabiduría a Jesús. Jesús había usado las palabras de la Biblia como una espada invisible para enfrentar las mentiras de Satanás.
Satanás perdió la batalla y se marchó. ¡Jesús había vencido!
Con la fuerza de Dios, tú también puedes salir vencedor de los engaños de Satanás. La Palabra de Dios puede darte el poder que necesitas para decir no a lo que está mal y sí a lo que está bien.
Buenos amigos
Cuando finalmente se quedó solo de nuevo, Jesús cayó al suelo, exhausto. Acababa de librar una poderosa batalla contra Satanás ¡y había salido vencedor! Ahora ni siquiera podía mantenerse en pie. Allí estaba, acostado, con hambre, cansado y débil.
En un abrir y cerrar de ojos, recibió ayuda. ¿Quiénes fueron a ayudar a Jesús? Lean Mateo 4:11.
Ellos habían visto la lucha entre Jesús y Satanás, y ahora se apresuraban a ayudar a Jesús y a darle fuerzas. Con amor, le dieron comida, le dijeron palabras reconfortantes y le recordaron que Dios lo amaba. ¡Qué amigos tan cariñosos son los ángeles!
Dios cuidaba a Jesús, y también te cuida a ti.
Cuando recobró las fuerzas, Jesús se alejó del desierto. Satanás volvería a tentarlo nuevamente. La vida sería dura para Jesús, pero él estaba decidido a hacer lo correcto. Necesitaría la fuerza y las sabias palabras de Dios para que lo guiaran y lo ayudaran cada día.
La superfuerza de Dios
La joven Elena Harmon no era una mujer fuerte. Se enfermaba con frecuencia, no podía dar largos paseos ni llevar cargas pesadas. Pero Dios eligió a Elena para que fuera su mensajera especial.
Un día, mientras Elena oraba en su casa con otras personas, Dios le dio una visión. Una visión es como un sueño que Dios te da mientras estás despierto. Mientras Elena tenía la visión, tomó la Biblia de la familia y la sostuvo en alto con una sola mano. Esa Biblia era muy, muy grande. Los que estaban allí debieron de preguntarse: «¿Cómo puede hacer eso? Seguro que no puede sostener la Biblia mucho tiempo. ¡Es demasiado pesada!».
La madre de Elena sabía que ella ni siquiera con las dos manos podía levantar aquella Biblia grande y pesada. Se dio cuenta de que Jesús debía de estar dándole una fuerza especial.
Todos estaban asombrados. Durante más de media hora, Elena sostuvo la pesada Biblia con una sola mano, mientras Dios le mostraba la visión.
Todos los que estaban allí ese día sabían que la visión debía provenir de Dios.
Este milagro también demostró a todos que la Biblia es muy importante para Dios. Las palabras que contiene son poderosas y nos muestran lo que es correcto. Cuando el Espíritu Santo vive en nuestro corazón, Dios puede usar las palabras de la Biblia para transformarnos, guiarnos y hacernos fuertes contra la tentación.
La Biblia dice: «He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti» (Salmo 119:11).
Adaptada de The Great Second Advent Movement: Its Rise and Progress, de John N. Loughborough, ©1909 Review and Herald® Publishing Association. Usada con permiso.
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