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Infantes | Lección 10: Comida para miles | 3er Trimestre 2026 | Año A | Vivos en Jesús

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Infantes | Lección 10: Comida para miles | 3er Trimestre | Año A | Vivos en Jesús

Lección 10 de Infantes - Año A Trimestre 3 - Vivos en Jesús

COMIDA PARA MILES

IDEA PRINCIPAL: Jesús es mi Dios. Me da todo lo que necesito.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR:
«Danos hoy el alimento que necesitamos» (Mateo 6:11).
PALABRA DE LA SEMANA:
«Dar» - Cuando damos algo, tomamos de lo que tenemos para que sea de otra persona. A Jesús le encanta darnos lo que necesitamos, como comida, familia y un lugar cálido y seguro donde dormir por la noche.
REFERENCIA:
La lección de esta semana se basa en Mateo 14:13-21; Marcos 6:30-44; Lucas 9:10-17; Juan 6:1-14; y en El Deseado de todas las gentes, cap. 39.


Domingo

Una carrera alrededor del lago

Los discípulos estaban agotados. Había sido un día largo y ajetreado, en el que habían atendido a muchas personas. Tenían los ojos pesados, dolor en las piernas y los hombros caídos.
Jesús miró a los discípulos con bondad; él sabía lo que necesitaban. «Vayamos solos a un lugar tranquilo para descansar un rato», les dijo (Marcos 6:31).
A paso lento, los discípulos siguieron a Jesús hasta una barca que se balanceaba suavemente sobre las ondulantes olas. La empujaron hacia aguas más profundas y se subieron. ¿Adónde iban? Lean Marcos 6:32.
Ah, un lugar tranquilo en el que descansar...
La barca se deslizaba pacíficamente por el agua hacia la otra orilla del lago. Pero cuando la gente se dio cuenta de que Jesús se estaba yendo, se agobiaron. ¡Aún no estaban listos para que Jesús se fuera! Rápidamente tomaron una decisión. ¡La multitud comenzó a correr! Corrieron por las rocas y por la arena. Jadeando, corrieron por el sinuoso camino de tierra que rodeaba el lago. Corrían tan rápido que llegaron al otro lado del lago antes que Jesús (ver Marcos 6:33).
Finalmente, la barca llegó a la otra orilla. Jesús y los discípulos se dieron cuenta de que no estaban solos. La multitud los había seguido.
Jesús tenía en los ojos el brillo del amor por la gente, y del deseo de ayudarla. Podía ver cuánto anhelaban todos estar cerca de él. Jesús sabía que necesitaban su ayuda.


Lunes

Un día maravilloso

Jesús miró desde la colina a la gran multitud. Todos habían ido allí para verlo.
La multitud parecía un rebaño de ovejas perdidas. No tenían lana esponjosa ni pezuñas que hicieran ruido al caminar, pero al igual que las ovejas, buscaban un pastor. Querían que Jesús fuera su pastor, que los guiara y los cuidara.
Jesús también quería ser el pastor de ellos. ¿Qué hizo Jesús? Lean Lucas 9:11.
La gente se inclinaba hacia Jesús para oír bien sus hermosos mensajes, llenos de palabras sabias y verdaderas. Todo lo que Jesús decía era como un sol brillante y cálido. La Biblia dice: «La enseñanza de tu palabra da luz, de modo que hasta los simples pueden entender» (Salmo 119:130).
Los abuelos se sentaban con sus nietos para aprender de Jesús. ¡Las historias del amor de Dios que les contaba eran justo lo que necesitaban! Nadie quería perderse ni una sola palabra.
La gente también llevaba a sus amigos y familiares enfermos a Jesús. Con bondad, Jesús les imponía las manos y les decía palabras que tenían poder sanador. Al instante, se curaban. Gritos de alegría resonaban por las colinas y los valles.
¡Pasar el día con Jesús era maravilloso!


Martes

¡Qué hambre!

El cielo se tiñó de un color dorado. Había llegado el final de otro día y el sol se ocultaba tras las montañas. ¡Qué día tan especial habían pasado con Jesús! Les había enseñado cosas asombrosas, los había sanado y ayudado y nadie quería que acabara.
Pero al desvanecerse la luz del sol de la tarde, la gente se dio cuenta de algo. ¡Tenían mucha, mucha hambre! Les comenzó a rugir el estómago. Oh, no, ¿qué iban a hacer? Estaban muy lejos de casa y los pueblos más cercanos también quedaban lejos. No tenían nada para comer. En su prisa por encontrar a Jesús y seguirlo, la multitud se había olvidado de preparar comida para llevar.
¡Qué gran problema! Cuando los discípulos se lo contaron a Jesús, le dijeron: «Despide a las multitudes para que puedan ir a las granjas y aldeas cercanas a comprar algo de comer» (Marcos 6:36).
Jesús les sonrió, pero negó con la cabeza. Él tenía una idea mejor. «Denles ustedes de comer», les dijo (Marcos 6:37).
Los discípulos fruncieron el ceño. «¿¡Que demos nosotros de comer a cinco mil hombres hambrientos y a sus familias!?», pensaron, extrañados. ¿Qué le dijeron a Jesús? Lean Marcos 6:37.
¡Parecía imposible! Pero los discípulos habían olvidado algo muy importante: nada es imposible para Jesús.
A Jesús le encanta ayudarnos y darnos lo que necesitamos. En la Biblia nos dice que le pidamos a Dios lo que necesitamos cada día. Podemos decir: «Danos hoy el alimento que necesitamos» (Mateo 6:11). ¡Esto era justo lo que necesitaban aquellas personas hambrientas!


Miércoles

La canasta de un niño

Los discípulos suspiraron al ver la gran multitud en la ladera de la montaña. ¿Cómo iban a alimentar a tanta gente con hambre? Había más de cinco mil personas sin comida. ¡Qué problema! Los discípulos estaban preocupados, pero Jesús no.
«¿Cuánto pan tienen? Vayan y averigüen», les dijo Jesús a los discípulos (Marcos 6:38).
Los discípulos fueron corriendo a preguntarle a la gente. ¿Tenían comida los sabios maestros y los gobernantes? No, nada. ¿Y los granjeros? No, ni una migaja. ¿Y los pescadores? Tampoco, nada. Los comerciantes, los constructores, las madres y las tías dijeron que no con la cabeza. Nadie tenía comida que dar.
Entonces Andrés, uno de los discípulos, regresó junto a Jesús con un niño. ¿Qué dijo Andrés? Lean Juan 6:9.
Un muchachito, en medio de una gran multitud, tenía algo de comida para compartir. Los discípulos miraron dentro de la canasta del almuerzo del niño. Contaron cuidadosamente: uno, dos, tres, cuatro, cinco panecillos de cebada. Y dos pescados.
Jesús le mostró al niño una sonrisa de agradecimiento. Seguramente el estómago del muchacho también rugía de hambre, pero no se quedó con lo que tenía. Se lo dio todo a Jesús.
A Jesús le encanta darnos lo que necesitamos y también le encanta que seamos como él y demos a los demás. Él nos promete: «Den a los demás y ustedes también recibirán. Se les dará una cantidad mayor a la que puedan contener» (Lucas 6:38, PDT).
Todos observaban a Jesús mientras tomaba los cinco panes y los dos peces en las manos. ¿Qué haría con la comida del niño?


Jueves

El milagro

Jesús miró los cinco panes de cebada y los dos pececillos. Volvió a sonreírle al niño que se los había dado contento para que los compartiera con la gente. Luego, mirando al cielo, Jesús oró. Dio gracias a Dios por la canasta de comida que el niño había compartido con él.
Todos escucharon en silencio. Entonces Jesús, «a medida que partía los panes en trozos, se los daba a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. También dividió los pescados para que cada persona tuviera su porción» (Marcos 6:41).
Jesús les dio los trozos a sus discípulos y los discípulos los repartieron entre la multitud. «¡Un poco para ti, un poco para ti y un poco para ti también!», decían.
Fue entonces cuando comenzó a suceder algo asombroso; algo completamente increíble. ¡Seguía habiendo panes y peces! Por mucho que repartieran los discípulos, seguía habiendo más para repartir. Había más de lo que podían comer y más de lo que les cabía en las manos.
¡Hurra! Los discípulos sonrieron. La multitud sonrió. ¡Jesús estaba alimentando a miles de personas hambrientas con solo cinco panes y dos pececillos! Todos comieron contentos y hablaron del milagro con entusiasmo.
¿Qué nos promete Dios en el Salmo 34:10?


Viernes

Sobra mucha comida

«¡Mmm, qué rico!». La gente saboreaba la comida milagrosa mientras mordía y masticaba. Los estómagos, que antes estaban vacíos, ahora estaban llenos.
Entonces, «Jesús les dijo a sus discípulos: “Ahora junten lo que sobró, para que no se desperdicie nada”» (Juan 6:12).
Pedro, Andrés, Juan y los demás discípulos comenzaron a pasar por entre la multitud, recogiendo los trozos de pescado y de pan que habían sobrados. ¿Cuánto recogieron? Lean Marcos 6:43.
¡Vaya! Jesús no solo había alimentado a más de cinco mil estómagos hambrientos, sino que también había sobrado mucho. Había comida para que la multitud pudiera llevarse a casa y compartir con otros. Aquel había sido un gran milagro. ¡Cuántas cosas les iban a contar a sus amigos y familiares cuando ellos comieran también de aquella comida milagrosa de Jesús!
Dios le había dado a la gente lo que necesitaban y mucho más; y hará lo mismo por ti. Puedes confiar en él todos los días y orar: «Danos hoy el alimento que necesitamos» (Mateo 6:11).


Sábado

Una bendición en forma de alimentos

¿Acaso no es maravilloso que Jesús hiciera felices a tantas personas dándoles de comer?

Ahora tú también tienes la oportunidad de compartir algunas bendiciones con comida sorpresa. Esta semana has estado planificando y preparando comida para compartir con otros. Hoy, entrega esa comida junto con tu familia. Quién sabe, tal vez la comida sorpresa genere sonrisas, alegría e incluso nuevos amigos a quienes les puedas hablar de Jesús. 

Comparte la idea principal de esta semana con tu nuevo amigo de la comunidad.

¿Recuerdas bien la lección de esta semana? Aquí tienes algunas preguntas para poner a prueba tu memoria.

Preguntas 

1. ¿Cuántas personas tenían hambre? 

  • A 50 
  • B 5 000 
  • C 500 

2. ¿Quién le dio su canasta de comida a Jesús?

  • A Un niño 
  • B Una niña 
  • C Una abuela 

3. ¿Qué hizo Jesús después de orar? 

  • A Buscó canastos 
  • B Se comió el pan 
  • C Partió la comida en trozos 

4. ¿Cuánta comida sobró después del milagro? 

  • A Suficiente para que comieran los discípulos 
  • B Doce canastas 
  • C Una barca llena 

Reto 

Los objetos de la historia de esta semana están en esta página. ¿Puedes encontrarlos?

  • 12 canastas
  • 5 panes
  • 2 peces


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